| Anne Bachelier |
No eran presagios,
ya vividas,
| Anne Bachelier |
...
| Anne Bachelier |
| Anne Bachelier |
Hugo Urlacher
Buena la lió Cavalcanti
cuando habló de los espíritus
que sutilmente comunican
los cuerpos
y los hieren al entrar o al salir
enloquecidos de amor.
Alex Bazarin
Quizás continúen
viviendo,
más allá de
las comunes historias,
del caduco deseo,
del amor pervertido.
Toman una vida propia,
se escapan de la piel
se van por nuestros ojos
y no vuelven.
Tu espíritu y el mío
se acarician
tu espíritu y el mío
se contemplan
tu espíritu y el mío
por las noches,
juegan a
los astros,
que contemplanAlex Dewars
Casi tangibles, luminosos,
despreocupados del mundo,
sin saber si los ven o
quién los mira.
Tu espíritu y el mío
de viaje
bañándose en el mar
o por el campo.
En Polonia,
en Praga o en Ucrania,
en Londres, en Thailandia...
Alex Dewars
Tu espíritu y el mío
entrelazados.
Nos han dejado solos.
Han volado.
Tu espíritu y el mío
se están mirando.
Tu espíritu y el mío
se han fusionado,
olvidados de nosotros
y, sin embargo,
nos han dejado extrañas
incomprensibles cicatrices
al escapar
por nuestros poros.
Quién sabe si ahora
tu espíritu y el mío se han devorado.
Audrey Anastasy
Como masa extrañada
y masculina,
¿no sabías que Galatea
cuando quiere
se convierte en Pigmalión?
Yo tomara el puntero,
desbastara
el gran bloque de tu carne.
Cinceles dentados,
dientes puntiagudos
harían cosquillas por tu piel
de piedra.
Te esculpo,
te horado ,
logró unos labios enormes
palpitantes en tu rostro,
amenazan con absorber
chupar, digerir.
Taladro unos ojos brutales,
descomunales,
¡me observas!
Continúo en las formas
de tu pecho,
pico piedra.
Tus brazos.
Labro,
labro
excavaciones profundas,
observo el percutor,
lo copio.
Eres
Aquiles,
semejante a un dios.
Eres Héctor,
el de más hermosa figura.
Te modelo.
Separo tus piernas,
te esmerilo,
te froto,
te pulo,
te beso
te libo,
te derramo.
Vuelo
por la estancia.
¿Y si yo te lamiera
el cuerpo entero,
la piel coqueta,
el vello descarado,
apetecible?
....
Juro que te amé.
Juro que entendí a Dios,
no a Dios padre,
a dios mar, a dios pez.
Juro que el sol penetró
en las rocas.
Yo, yo vi la luna
caer de un árbol
mientras la tierra gritaba
ante el impacto.
¡Yo lo vi!
Estambres descosidos
de placer
en mis pistilos.
Tenías la frente azul
y tez de estrella.
Juro que amé
tu pelo
mineral de tierra.
Entré en tu boca
camino de tu alma
y llegué allí.
Bajaban flores por
tus venas
y yo las besé,
lo juro.
Y después de
tu carne,
fui rayo,
viento,
nubes.
LA IMPRENTA
Texto: Elena Pascual
Bueno, la imprenta ya estaba otra vez allí, era lunes y comenzaba el trabajo. Seis de la mañana, brumas en el exterior, brumas en mi interior, la habitación llena de brumas y mi corazón latía sin piedad, resonando por el techo, por todas las paredes, agotando mi cerebro y llenándolo de pánico. De nuevo la imprenta y yo solos.
La imprenta volvió a mostrarme sus venas, sus arterias, se ponía en funcionamiento sola para demostrarme que era más fuerte que yo. Quería eclipsar el movimiento de mis vísceras, las suyas estaban llenas de sangre negra. Una vez demostrada lo que ella suponía su superioridad y yo llamaba prepotencia, callaba un momento, era el momento del saludo. Aun las fieras en sus fosos se permiten una tregua.
Ella calló, me invitó a acercarme, me sonrió burlona, yo también sonreí, el otoño invadía mi espíritu, mi soledad estaba rodeando mi cuerpo y aunque leve y suave, no podía esconderla y ella, mi cruel asesina, asesinalotodo, estampalotodo, devora, traga, imprime, sigue, rueda, lucha, toma, retoma, agarra, mata, estampa, la veía con la nitidez de la crueldad más vil.
Y yo me acercaba, sigilosa claridad que se vislumbraba por la ventana, llena de sarna y del odio que respiraba.
Pat Rocha
Era el momento, a qué más demora, el olvido y la muerte podrían ser inalcanzables, un segundo más y entraba en el mar del fracaso, confusión y pérdida.
Pat Rocha
Llegaba el instante propicio, si yo conseguía empezar la rotación sin perder un miembro, sin que el monstruo enorme y negro me engullera, ya estaba salvado. Hasta siete días después no comenzaba la trampa, una semana de descanso.
Un botón, unos papeles que ruedan, que yo coloco y todo seguía su ritmo, metía mis brazos en la boca gigante y negra y los volvía a sacar. Una lágrima fluía por mi mejilla hinchada del terror, ¡estaba salvado!, una semana más de vida.
Pat Rocha
Llegué a casa a comer a las cinco, era tarde, ¡estaba muerto de hambre!
Disfrutaba siete días de la vida como un condenado a muerte. Degustaba mi comida como si fuera la última, la espada de Damocles se cernía sobre mi cabeza. Cada momento en que gozaba, tenía su máximo esplendor y de repente un segundo, el terror, la angustia más recóndita nublaba todo mi alrededor, anegaba mi alma de fango, me dejaba ciego, pero era un segundo... después disfrutaba de todo nuevamente, ¡ay!, cenaba fuera, visitaba museos, leía libros, acudía al cine, me reunía con amigos; un segundo de ceguera y otra vez volvía a la vida.
Llegó el lunes, no había remedio, el tiempo pasaba inexorable. Venas, arterias, corazón, saludos al monstruo. Y el monstruo me saludó, me impuso su fuerza y volvimos al silencio. Una vez más la lucha se iba a disputar. Me acerqué sigiloso, empequeñecido, febril, metí la mano. Apareció la rotativa:
EMPLEADO DE IMPRENTA MUERE DESCUARTIZADO EN UN TRÁGICO ACCIDENTE.