CUENTO DE LOS SERES SIN TIEMPO
- Fue durante las vacaciones. A primera hora de la tarde quedamos para dormir horas y horas y horas, incluso en un ocasión pasamos un día y medio entero durmiendo, no nos cansábamos, los sueños se mezclaban con las realidades, también podíamos intercambiárnoslos entre nosotros como los pensamientos.
- Creo que en una ocasión vi a Sebastián subido por la barandilla de la terraza desde la cama, pero hoy ya dudo, probablemente fue otro sueño.
- Se me llenan los ojos de lágrimas cuando pienso que aquella noche una estrella iluminaba el rostro de Sebastián tan profusamente que parecía que estaba en un teatro recitando un monólogo e inundado por la luz de los focos... también fue un sueño, ¡fue algo tan hermoso!
- Un día al despertar, comimos todo lo que teníamos en la despensa, estábamos extenuados de tanto dormir pero seguíamos teniendo sueño. Después intentamos hacer el amor y no pudimos, en parte porque teníamos sueño pero también porque el intercambio de pensamientos y de sueños nos hacía intercambiar nuestros roles masculinos y femeninos, positivos y negativos y nos sentimos desorientados, no lo quisimos reconocer ninguno de los dos, pero tampoco pudimos ocultarnos los pensamientos.
- Ah, pero qué maravillosos era hablarnos sin palabras.