ALERTA CURSI
ATENCIÓN, LECTOR. Lo que sigue es un texto que incluye las palabras ‘caricias’, ‘corazones’, ‘colores’, ‘ecléctico’ y 'regalo'. Este blog recuperará su actividad habitual el Sábado, 29 de Octubre, al finiquitarse el periodo de luto oficial establecido por sus administradores. Rogamos disculpen las molestias.
¿Sabes ese regusto raro de tener la certeza de que estás ante el final de algo, pero no te hace ni puta gracia, a pesar de lo cual lo aceptas, pues quizás en el fondo quieres que sí sea el final de algo? … ¿No?
Isabel –una amiga que tuve en otra vida, y que me gustaría seguir teniendo en ésta– me explicó una vez el concepto de círculo hermenéutico. Hasta tal punto molaba que lo empleábamos en nuestras conversaciones por el Messenger. Ahora hago memoria –Octubre tendrá su revancha– y, si me pongo en plan cursi-simbolista, casi podría decir que nuestra historia (¿se puede decir ‘historia’?) tiene forma de círculo hermenéutico. Aunque tú no entiendas las palabras esdrújulas.
Escribir ahora un texto cursi me apetece lo mismito que introducirme la bombona de butano vía anal. No me agrada detallar que he estado llorando hasta decir basta, mirándote hasta decir basta, queriéndote hasta decir basta, como quieren los locos que respiran mal, metidos de lleno en los estertores del querer absurdo. Nuestro cuento –periodo de entreguerras, según mi diario 1.0. Saluda, diario 1.0–…
(Potatitos y un gusano custodian a diario 1.0 para la foto)
… Digo que nuestro cuento es eso, un cuento. Y que es estúpido e irrisorio condensar en un post de miedda una relación (¿se puede decir ‘relación’?) de siete meses y medio. Relación que terminó en Marzo. Cuando te moriste.
Fue una putada que te murieses. Dolió mucho, mucho, mucho, mucho. Y costó asumir el deceso. Y pasaron a consolarme mujeres vestidas de negro. Y sí te guardé el luto. Fue una putada que te murieses. Te eché de menos muchos días, muchas noches, en esas fechas tan señaladas, en el tiempo ordinario, hasta decir basta.
Suerte que, antes de morirte, me guardaste las espaldas. Yo, que capaz soy de ponerme de un bucólico-parnasiano que da asco, contigo aprendí a quererte sin idealizarte. Aprendí que eras un humano, simple y llanamente un humano, y que, oh, sorpresa, el Amor de Mi Vida también lo era. Quizás no lo aprendí, quizás ya lo sabía. Tú me recordaste que lo sabía. Aún te debo una. O tal vez no. Humano.
Podría coger cualquier autobús con tal de un beso más, dice la canción. Es justo lo que he hecho. El vídeo. Salir corriendo. Aquí la lista, la que no tuvo pegas en perderse en Roma, en Lisboa, en Atenas, así, al lío, aquí la imbécil se pone reparos a la hora de ir al pueblo del al lado. Déjate de hostias. Dejo-me de hostias. Ya voy a verte, ya voy a verte…
El abrazo no sé contarlo. Tal vez me salga mañana. Sé que no fue como aquel, pero fue. El mero hecho de que fuera me convierte, nos convierte, en privilegiados. Y sonríes igual. A primera vista, nadie diría que llevas siete meses muerto. Te han crecido las pestañas. Y uno de los lunares. Se me está poniendo cara de tonta, pero Lot y Orfeo están rabiando de envidia.
(Orfeo inconsciente)
Y luego vinieron la juventud, la confianza, la hostia –lo siento, mi memoria histérica lo reclamaba, te guardaba esta hostia–, las cosquillas, las caricias, tu cuerpo, el mío, esa remembranza de costumbres antiguas que, conforme escenificas, te vas percatando de que empiezas a parodiarlas; los corazones de colores en la muñeca, esos que llamarían la atención de mi gato y de tu psique; la comida en la facultad, mucha sustancia, precio barato, café para mí, chocolate para ti; tu nueva coraza de borde, restos de maquillaje en el cuello de la camiseta, y mi dios favorito, tu jefe.
Me quedo con tu ‘bueno, xiqueta’ como colofón. Crecer es aprender a despedirse, Risto dixit.
(Ay)
Aunque nos hemos emplazado a compartir cosas –conciertos, paseos en coche, tontadas que hacen las personas–, tú y yo sabemos que son entelequias. Que los muertos no saltan, los muertos no conducen, los muertos no eyaculan. Yo, al menos yo, tengo claro que, cuando nos despidamos a pie de tranvía, tú regresarás al reino en el que ahora habitas y yo volveré a centrarme en el Dadaísmo y sus circunstancias, esas que no has entendido, con lo cual sí has entendido.
("Esa es la actitud")
Me voy con el regusto de haber cerrado nuestro círculo hermenéutico. Con el privilegio, pero también con la nostalgia. Saudade, me temo. Tal vez hasta se me antoje la torpeza de volver a echarte de menos. No me fío un pelo de mí. Me fío casi menos que de ti.
Ojala que te vaya bonito, como dice la canción. No sé si te dejarán venir, no sé si podré contar contigo –o podrás contar conmigo– alguna vez en este mundo que de vez en cuando nos duele tanto, pero sí se una cosa: nos la bufa. Hemos protagonizado una novela breve que gustaría a Paulo Coelho, a Antonio Gala y a Tristan Tzara por igual. Estoy contenta con el trabajo realizado. Con las líneas esbozadas por ti en el ecléctico (¿se puede decir ‘ecléctico’?) mapa amorfo de la vida verdadera.
Eso sí: está aquí el bajón y dice que se queda al menos 24 horas en mi casa. Que le dé cama y cobijo. Shit.
- Él se murió en Marzo –trato de explicarle a mi tía y madrina, con la cabeza en su regazo, con Jorge Javier Vázquez en la tele–. Lo de hoy ha sido un regalo. Un poder despedirse, un regalo, eso. Quien diga que no le gustan las despedidas, es mentira. ¿Quién no querría volver a ver a sus muertos, aunque fuese un momento, y poder despedirse como Dior manda? Un regalo –me auto-convenzo, llorosa–, lo de hoy ha sido un regalo.
- ¿Qué regalo ni qué regalo? –mi tía y madrina es más pragmática que yo, y nunca ha leído a Tristan Tzara– ¡Ni regalo ni leches! Si está muerto desde Marzo, ¡¡lo de hoy ha sido necrofilia!!