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viernes, 29 de noviembre de 2019
La carreta fantasma
Han transcurrido varias secuencias de La carreta fantasma (Korkarlen, 1921), de Victor Sjostrom (autor del guión junto a Selma Lagerlof), cuando un personaje, Georges (Tore Svennberg), alude a la leyenda de la carreta fantasma que recoge a los muertos, cuyo conductor será aquel que muera el último en la vispera del nuevo año, lo que suscita la risa de David (Victor Sjostrom). La narración, en este primer segmento, se trama sobre la incógnita o las interrogantes, no distante del modo en que posteriormente Atom Egoyan estructurará sus narraciones. Una salvacionista, Edit (Astrid), que agoniza por la tuberculosis demanda la presencia de David. ¿Por qué ese empecinamiento? Salen a buscarle, pero sólo encuentran, en una casa desastrada, a la esposa de David, interpretada por Hilda Borgstrom, sentada en el suelo de cara a la pared, mientras sus hijos duermen en la cama. Cuando la incorporan, parece un peso muerto tal es su expresión de pesadumbre. ¿Por qué?.
David se encuentra emborrachándose en el cementerio, cuando quedan veinte minutos para el año nuevo, junto a dos amigos, a los que narra otra situación: Una partida de cartas en un barracón, años atrás, en la que Georges, con expresión atemorizada porque teme su propia muerte, narra la leyenda de la carreta fantasma, que da pie a otro flashback dentro del flashback, en el que se suceden unas fascinantes imágenes de esa carreta conducida por un ser encapuchado con una guadaña, que recoge a un hombre rico que se suicida en su mansión o bajo el agua a un ahogado. De vuelta al presente, David se niega a acudir a la llamada de Edit cuando le encuentran, lo que propicia una pelea con dos amigos, que le dan por muerto. Y así parece, muerto, en ese admirable juego visual de superponer las figuras de los muertos sobre los vivos, cuando ve llegar a la carreta fantasma y a la vez a su cadáver. El conductor al que debe tomar relevo no es otro que Georges.
A partir de aquí el relato combinará los tiempos presentes con ese pasado que irá dando luz sobre esas incógnitas, desde esa primera secuencia luminosa con su esposa e hijos, y cómo progresivamente se va degradando la relación, a partir de su iniciación en el alcohol, inducido precisamente por Georges, que deriva en que sea recluido en prisión, y que al salir se encuentre con que su esposa e hijos se han fugado lejos. David se convierte en alguien amargado, alguien que rechaza la ayuda que le ha dado Edit, acogiéndole, y cosiéndole su chaqueta ( sobrecoge el momento en que se desgarra la chaqueta delante de ella, en vez de agradecérselo) o alquien capaz, cuando contrae la turbeculosis, de desear contagiárselo a los demás porque no merecen vivir mejor que él. La crudeza llega a ser dolorosa. Hay momentos de descarnada tensión, como cuando es encerrado en una habitación por su esposa, porque no tiene reparos en lanzar el aliento a sus hijos para contagiarles, y Sjostrom exaspera con un proverbial sentido del montaje alterno los intentos de la esposa por vestir a los niños para huir y los hachazos que él da a la puerta para salir. Como emotivo había sido el momento previo en el que ambos se reúnen, después de varios años, reencuentro propiciado por Edit, a la que, en su agonía, remuerde que su buena intención había propiciado un nuevo terror en esa relación, ya que David no había superado su amargura y su inclinación a la violencia.
Resulta sorprendente la singular y compleja estructura narrativa de este melodrama que fusiona los mimbres del folletín dickensiano y del fantástico, como combina saltos en el tiempo y de perspectivas, incluso con flashbacks dentro de flashbacks. La precisión narrativa se conjuga con una afinada modulación que aúna aspereza y lirismo. Es una fábula fantástica o cuento moral en donde un personaje, David, como el Scrooge de Dickens, se enfrenta a los errores y desatinos de su pasado, a su desprecio a la vida y a los demás, que no era sino falta de madurez (es la oración que se dice al final:que haya madurado antes de que venga la muerte a recogerle). Además, reserva un sorprendente giro narrativo último que replantea el relato, qué es real y qué soñado, lo cual propicia otra magnífica secuencia de exasperado montaje alterno que es salvación en doble sentido, la propia de David y la de su familia, en un cierre de obra magistral como emotiva lección moral y como prodigiosa lección de sabiduría narrativa.
lunes, 4 de febrero de 2013
En rodaje: Ingmar Bergman y Victor Sjostrom
sábado, 25 de agosto de 2012
Lillian Gish - El viento
jueves, 20 de octubre de 2011
El viento -Imágenes de un rodaje
Lillian Gish, Victor Sjostrom y Greta Garbo ( de visita en el set) en varios momentos del rodaje de 'El viento' (The wind, 1928), de Sjostrom. Podemos ver a Lilian bien pertrechada para protegerse en el desierto de Mojave, donde se utilizaron los motores a toda potencia de ocho aviones para crear las tormentas de arena.'El Viento' es una de las grandes obras de la era muda. Una intensa obra que hila sutilidad las correspondencias entre la peripecia externa, la presencia de las fuerzas de la naturaleza, y la del conflicto de las emociones. Por lo que parece las condiciones de rodaje, en el desierto de Mojave, llegaron a ser insoportables, dadas las altas temperaturas; la misma Liliian Gish, mareada, sufrió quemaduras al asir el metal de la manecilla del coche.
miércoles, 27 de julio de 2011
sábado, 23 de julio de 2011
Greta Garbo, la mujer divina
sábado, 11 de diciembre de 2010
Trío sueco en Hollywood: Victor Sjostrom, Greta Garbo y Mauritz Stiller
Victor Sjostrom, Greta Garbo y Mauritz Stiller, el trío estelar sueco que recaló en Hollywood tras fueran invitados por el capitoste de la Metro Goldwyn Mayer,Louis B Meyer. Primero, sería Sjostrom, en 1923, y dos años después, Stiller, que convenció a Meyer de que también contratara a Garbo, a quien él había descubierto, y 'diseñado' con su imagen glamourousa (incluido su apellido artístico, de Gustafsson a Garbo). Mayer no había quedado muy impresionado con Greta Garbo en la película de Stiller con la que despuntó con un personaje secundario, 'La leyenda Gosta Berling', ni en la que interpretó después con George Wlihelm Pabst, 'La calle sin alegría' (1925), pero acabó aceptando ante la insistencia de Stiller. Irónicamente, Garbo se convertiría en toda una estrella, y Stiller retornaría a Suecia tras repetidos conflictos con los productores.
domingo, 22 de agosto de 2010
Lon Chaney, el hombre de las mil caras
Lon Chaney caracterizado como payaso en 'He who gets slapped' (1924), de Victor Sjostrom. Chaney, apodado 'el hombre de las mil caras' interpretó, entre otros personajes, a Quasimodo o El fantasma de la opera, así como estableció una fructífera colaboración con Tod Browning. Tan responsable y entregado a su trabajo, lo que le provocó fricciones en este rodaje con John Gilbert que priorizaba el pasárselo bien durante cual bon vivant que era, como extremadamente minucioso y perfeccionista: en el rodaje de 'The penalty' (1920), de Wallace Worsley, en la que su personaje tenía amputadas las piernas, llegaba hasta saltar sobre sus rodillas atadas; ésto determinó que fuera sufriendo problemas físicos, como con sus vertebras, algo intensificado con'Garras humanas' (1927), de Browning, en la que llevaba un más que ajustado corsé, ya que su personaje no tenía brazos.
viernes, 4 de junio de 2010
El viento
En escasas ocasiones la presencia, e influencia, de las fuerzas de la naturaleza han alcanzado tal carga de intensidad, de tensa fisicidad, como en 'El viento' (1928), de Victor Sjostrom, ya desde esos planos de su virulento torbellino de arena y polvo que Letty (Lilian Gish), que viaja de la ciudad a un remoto pueblo de Texas para vivir con su primo y esposa, contempla, no con poco espanto y aprensión, a través de la ventanilla del tren. Otros vientos, estos los de las pasiones y afectos, son los que dominan la trama, o revoltijo, de relaciones entre los personajes. Desde la esposa, que ya recibe a Letty, con gesto reticente (en contraste con el efusivo recibimiento del primo) y con premonitorio cuchillo en ristre, al trasiego afectivo que sufre Letty, encandilada en principio con un un ganadero que conoce en el tren, Roddy (Montague Love), que también representa la posibilidad de salir de ese infierno, y el cortejo intensivo al que la someten Lige (Lars Hanson) y su amigo. En la fiesta en que participa la comunidad se dispara la tensión en todos los frentes, a la vez que sufren la amenaza de un ciclón; la esposa, celosa, exige que Letty abandone su hogar, a la par que los cortejadores, sobre todo Lige, entran en callada lid tensa con Roddy (a retener el detalle que Roddy se sacuda el polvo de la manga,con gesto despectivo hacia ellos, y después ambos lo repitan cuando son rechazados por Letty que no toma en serie su propuesta de matrimonio).
Pero Letty, sin hogar, al ver que Roddy era un mero seductor, además casado, debe optar por casarse con Lige. Magnífica la secuencia de su noche de bodas, cargada de tensión, que llega a su punto álgido cuando se alternan planos de sus piernas, cada uno en su habitación, con planos de mitad de cuerpo para arriba, hasta que ambas piernas se unen cuando él, impaciente e impetuoso, la besa con excesiva pasión, que provoca el rechazo de Letty, y la desolación de Lige (Sjostrom dilata el plano sobre su rostro traspuesto). Como digo, la presencia de pregnante fisicidad de la naturaleza domina todos los poros de la narración, ya sea entrando el polvo y la arena en la casa en fuertes golpes de viento cuando se abre la puerta (imposible mantener la limpieza en el hogar; el gesto impotente de Letty con la escoba en mano es elocuente),o en las cabalgadas por el desierto. Adquiere ese viento, sobre todo el del norte, el que aparece en el climax, una condición sobrenatural, ya que la tribu de los Injuns consideran que ese viento lo causa un caballo fantasma encabritado. Los espectrales planos de ese caballo blanco parecen encarnarse en ese terrible afuera de emociones en contraste con ese adentro de emociones revueltas, cuyo emblema puede ser ese plano de Letty mirando con expresión consternada por la ventana desde el interior de su hogar.
Todo el climax final es admirable, de una tensión exasperada. A destacar el momento en que Letty dispara sobre Roddy, que no cesa en acosarla. Un plano en negro, como el revoltijo del viento, se acompasa la disparo, al que sucede un intenso travelling sobre el rostro de Roddy, que cae. Ese rostro que el viento, cuando lo haya enterrado, volverá a surgir cuando el viento levante el polvo y la arena, en unos planos tan inquietantes como terroríficos. En la primera versión, al final acababa Letty perdida, loca, en el desierto. En la versión estrenada, Letty vence los miedos. Hermoso el plano ene el que abre la puerta, a la vez que abre los brazos, ya expuesta al afuera, resuelto su conflictivo adentro, ratificado por ese último plano en el que Lige la abraza por detrás,ambos mirando desde el hogar, a través de la puerta abierta, hacia el horizonte.
'El viento' (1928), del cineasta sueco Victor Sjostrom, es una de las grandes obras de la era muda. Una intensa obra que hila sutilidad las correspondencias entre la peripecia externa, la presencia de las fuerzas de la naturaleza, y la del conflicto de las emociones.Por lo que parece las condiciones de rodaje, en el desierto de Mojave, llegaron a ser insoportables; la misma Liliian Gish, mareada, sufrió quemaduras al asir el metal de la manecilla del coche. Sjostrom dejaría de dirigir a partir de los treinta, siendo también recordado por interpretar, admirablemente, al protagonista de 'Fresas salvajes' (1956), de Ingmar Bergman.
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