Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Wong Kar Wai. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wong Kar Wai. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de febrero de 2025

Chungking Express

 

Las dos historias que se suceden en Chungking express (1994) podrían ser la misma, una variación, una replica o una proyección. En ambas se agita la posibilidad, el incierto cruce o roce que propicia un futuro compartido, o su opción o incógnita. Todo puede ser cuestión de números, de azar. Los mismos protagonistas masculinos tienen adjudicados un número, como policías que son, el primero el 223 (Takeshi Kaneshiro) y el segundo el 663 (Tony Leung). El primero se rozará con una mujer en la calle, y su voz en off dirá: 57 horas después me enamoré de esta mujer. En el fast food que regenta su primo trabaja una chica que, como también dirá, seis horas después se enamorará de otro hombre, que no es otro que 663. En ambas historias se agita el peso de un pasado que es decepción y, por lo tanto, lastre que condiciona sus presentes. 223 está obsesionado por buscar latas de piña con fecha de caducidad del uno de mayo. Si los recuerdos tienen fecha de caducidad la decepción puede evaporarse, como el agua del cuerpo tras realizar el jogging, que practica compulsivamente cada vez que sufre un revés amoroso. Quizás corriendo huya al fin de un pasado que no deja de pesar como una lata. La mujer de la que se enamora tiene un aire irreal, quizá fruto de sus emociones irresueltas, un aire de femme fatale, con sempiterna peluca rubia y gafas oscuras, que no se arredra en utilizar la pistola. Esta mujer se dedica al narcotráfico y utiliza a extranjeros, emigrantes hindúes, como tapadera, que en un momento desaparecen. Hay cosas, emociones que cuesta que desaparezcan, y otras desaparecen cuando no quieres. La cámara, con esta mujer, hay ocasiones en que se agita en planos de cámara rápida o en un ralentí que pareciera estirar la proyección (frame by frame), como las emociones de 223, que la pregunta si también ha sufrido una decepción amorosa. Pero como apareció en su vida, desaparece, sin materializar lo que anhelaba 223.

Y quizá la historia que toma el relevo, que es salto de eje, pues ahora la enamorada es una mujer, es una sustitución, un intento de rectificar lo que la realidad no ha respondido a través de la figura de esa mujer investida de aire de mujer fatal, a la que también parece pesar un pasado doliente (ese extranjero al que sólo vemos follar en un bar con mujeres a las que pone una peluca rubia, y al que, precisamente, ella descerrajará la cabeza de un tiro). La chica del fast food, Faye (Faye Wong), que siempre escucha la misma canción, California dreaming, de The mamas & the papas, no parece decidida a expresar lo que siente a 663, se hace repetidamente la encontradiza con él, guarda una carta de la mujer que abandonó a 633, una azafata, y se introduce clandestinamente en el piso de él como si así sintiera que habitara la casa, y fuera la restitución de la decepción amorosa de 663 ( en un momento dado, él al entrar en casa evoca cómo la azafata a veces le sorprendía escondida en el armario, como un juego, y vemos cómo quién está ahora escondida es Faye). Si 223 estaba obsesionado por las latas, 663 conversa repetidamente con los objetos de su casa ( trapos, muñecos, camisas) como si fueran depositarios, huellas, de aquel amor que aún le lastra como un fósil, manteniendo su vida como en un ámbar, esos objetos de ella que aún permanecen en su hogar, quizá el sueño de que pueda de nuevo recuperarse lo que se perdió.

Wong Kar Wai saltea la narración con planos que encarnan esa detención emocional, aquel que encuadra a Faye y 663 en el fast food, mientras figuras difuminadas pasan por delante de la cámara, como difuminada parece la mirada perdida de él, contemplada fijamente por Faye; o aquel plano al ralentí en el que introduce una moneda en un jukebox, mientras tras él, las figuras se precipitan en una emborronada velocidad. Tiempos, velocidades, pasado y futuro difuminados en un presente detenido que parece narcotizado. Faye vuela a California sin acudir a la tan anhelada cita con 663, pero le deja un billete dibujado en un papel para encontrarse en un año. El azar, los números, sustituciones y replicas. Ella retorna como azafata, y él regenta el fast food, y el encuentro se produce, y lo posible, por fin, parece que rasga los telones del pasado para hacer del sueño opción real y no distancia de proyección. Chungking Express, la cuarta película de Wong Kar Wai, supuso la revelación de este extraordinario cineasta que hace de los reflejos y los fragmentos lírica de sentimientos en desencuentro, de procesos de restituciones, suplantaciones, rituales que buscan cauterizar un pasado que es decepción, procesos alquímicos que posibilitan un reinicio tras superar los tránsitos en los que las piezas del puzzle se descomponen en un juego de espejos en el que cuesta discernir la imagen verdadera o la proyectada, y entre las tensiones entre lo no dicho y lo anhelado, el sueño y la realización, fantasmas sentimentales y materia que espera su conjugación en una relación que son dos miradas encontradas y ya juntas.

jueves, 11 de febrero de 2021

2046

                          
Todo es una invención, aunque las experiencias se cuelan.  En Deseando amar (2000), Chow (Tony Leung) alquilaba la habitación 2046 de un hotel, para escribir sus relatos, pero también como el espacio, agujero negro, pantalla en blanco, en el que cicatrizar una herida, el abandono de su esposa; un espacio en el que escribir con su vida, una recreación (otra historia, la de otros, la de aquellos que abrieron una herida) pero también de gestación, una sustitución que se revelaba como revelación, como vértigo de lo excepcional, porque el modelo y otro cuerpo se confundían, como sus sentimientos. Ese otro cuerpo era el de Su Li Zhen (Maggie Cheung), la esposa del hombre por quien su esposa le había abandonado. Chow aún sigue en esa habitación. 2046 (2004) comienza con un relato de ciencia ficción, un mundo llamado 2046, en el que se pueden recuperar los recuerdos perdidos, porque ahí nada cambia. Aunque quién sabe si es así o no porque nadie vuelve. Chow piensa, siente, que desaprovechó una circunstancia excepcional, la aparición del amor. Piensa que el amor para que se realice necesita de su momento adecuado. Quizá no lo fue. O Quizá ella no le amaba. Quizás. La interrogante lacerante, intrigante, del quizá, de lo que Su Li Zhan sentía, de si no se hizo lo que podía haberse hecho. Deseando amar finalizaba con Chow en un templo de Camboya compartiendo con una hendidura su secreto, lo no dicho, lo no compartido. Así también comienza 2046, porque su relato, entre la evocación, la invención, lo real y lo imaginario, no es sino el relato de esa hendidura, de ese lienzo en blanco que es agujero negro, de una herida que no deja de sangrar en la mente de Chow. El relato de ciencia ficción es un relato de especulación, refugio y huida, hacia un futuro, porque hay una relación no conciliada con el pretérito. Es un relato dentro de otro relato, un relato de de especulación, inventado, al que las experiencias inundan. Aunque los rostros sean otros, no dejan de ser los de Su li Zhen. Cada rostro, cada personaje, es como una transposición de lo que quedó pendiente en su mente, el cúmulo de emociones que le han convertido en cautivo de una resaca, la de la frustración de lo no realizado, las interrogantes que le siguen abrasando, espinas que siguen envenenándole, como un caballo que sigue sacudiendo las llamas que queman las ramas atadas a su cola. Su imaginación, su mente, sopla para apagar, calmar, ese fuego.

Hay quien, como el personaje de Gong Li, se llama del mismo modo, Su Li Zhen, a la que Chow dice que cuando logre huir de su pasado no deje de buscarle. El callejón donde se lo dice recuerda, como un reverso sombrío, a aquel en el que se encontraban Chow y Su Li Zhen, cual especie de limbo, en Deseando amar. Esta otra Su Li Zhen es como la sombra de aquella. Una mujer que juega a las cartas, el azar, lo incierto, el misterio, como esa mano enguantada de negro que no se sabe lo que oculta, como su pasado resulta una incógnita: Esa incógnita que quedó como huella, costra, y rastro de la Su Li Zhen de la que no ha podido desasirse en su mente. Por eso,  los recuerdos son huellas de lágrimas. Con Bai (Zhang Yiyi) se encarna el despecho que se sigue arrastrando, la respuesta airada a un rechazo; el uso del dinero como intercambio que distancia de la implicación afectiva, la negación del sentimiento como forma de afirmar un dominio, la relación convertida en pulso de poder donde las vulnerabilidades se guardan bajo llave, bajo el gesto indiferente. La cauterización de una herida con la desafectación, como si en la imaginación pudiera cauterizarse.

Wong, se convierte en la representación de la falta de sentimiento, el robot que no siente nada, como Chow piensa que aquel quizá de Su Li Zhan no era sino reflejo más que de indecisión de una no implicación sentimental. Simplemente, no le amaba. Es el segundo intento de cauterizar una herida. La segunda linea especulativa que le haga sentir, consoladoramente, que no desaprovechó una posibilidad de amor. Cuando conoce a Wong, ella está enamorada de un hombre japonés, al que interpreta el mismo actor que al protagonista de la obra de ciencia ficción que escribe Chow. Habla de otros, aunque hable de sí mismo, porque también los rostros de ellas son sólo el de una, el rostro que no puede sustituir. Wong le ayuda a escribir el relato, como hizo Su Li Zhan. Intenta escribir un relato que se llama 2047, otro intento de desasirse de los garfios de un recuerdo, y de abrirse a otras posibilidades, a otro rostro, a otro amor. El personaje, en la obra, logra salir de la habitación o mundo 2046 para volver a enamorarse (entrevemos en un fugaz plano aquel callejón donde se encontraban Chow y Su Li Zhan).


Es como si Chow evidenciara, a través de su obra, en su mente, que está cautivo en un bucle, en ese estado emocional cuyo nombre es mundo o habitación 2046. Porque, como dice, no se puede crear un sustituto en el amor. Por eso, brega en su mente, como una forma de domar aquel quizá que se ha convertido en su trampa, en su celda. Las horas, los días, los años pasan. Nada cambia. El escenario permanece. Y la memoria atrapada (su pluma detenida, sin escribir, y los rótulos intercalados:una hora después, diez horas después, cien horas después) . Chow especula y escribe en su mente, en su turbina mental. Hay personajes que dicen que no vuelve a ver, y reaparecen, como Bai, como si intentara amortiguar su despecho, y afirmarse en un sentimiento del que no puede huir, y que no puede <<desinfectar>> con tergiversaciones (pensar que era un mero pulso de voluntades). Hay a quien se supone muerta, y se la ve de nuevo viva, como Lulu (Carina Lau), aunque hay quien dice que se llama Mimi (personaje que aparecía en aquella historia de un pájaro que no tenía patas, por lo que sólo podía tocar tierra una vez, para morir, es decir, aquel que tiene miedo a posarse en las emociones de quien ama, Days of being wild, 1991; en la que ya aparecía Su Li Zhan, interpretada por la misma Maggie Cheung; como el propio Chow en el enigmático plano final). Hay con quienes realiza elocuentes variaciones de gestos que había compartido con Su Li Zhan en la película previa (como en el taxi, recostándose sobre Bai, o solo; en la obra previa era ella la que recostaba la cabeza sobre su hombro), conversaciones de cuerpos semiocultos tras arcos en forma semicircular, de ojo (en Deseando amar las que mantenía la esposa de Chow con su amante; aquí él o Bai).
Hay quienes habitan esa habitación 2046, mientras él las espía y escucha desde la 2047, como si escuchara y espiara a las creaciones de sus emociones irresueltas, con las que pugna para liberarse de su condena. Chow dota de otros nombres y rostros y varía circunstancias, elementos del decorado. Distorsiona mientras grita a la oscuridad, sin encontrar respuestas, sin lograr la llave que le permita salir de esa habitación 2046, de ese mundo en el que se extravía en un muy largo tren (como la protagonista de Breve encuentro, 1946, de David Lean, vivirá siempre pensando por qué no cogió aquel otro tren) en el que sigue dando vueltas, retorciendo, a unos recuerdos que no dotarán de cuerpo al sentimiento no realizado, a las interrogantes que seguirán abrasándole como incógnitas no resueltas, convertidas en maraña de múltiples reflejos. (Texto integrante de Fantasmas y reflejos del cine del siglo XXI. Ed. Innisfree)

domingo, 31 de enero de 2021

Deseando amar

                          

Mirar hacia el pasado como en un cristal cubierto de polvo. La imagen se presenta confusa, borrosa. El vértigo de lo que no fue. El fuera de campo que no se hizo presencia, que no se realizó. La mirada confusa, los sentimientos enredados. Otra historia que se recrea, otra historia que se convierte en la propia. Pero ¿dónde está el límite? ¿Dónde finaliza la sugestión y dónde comienza el genuino sentimiento? En Deseando amar (In the mood for love, 2000) Su (Maggie Cheung) y Chow (Tony Leung) se encuentran recurrentemente en un espacio que asemeja a un limbo, un callejón, un espacio intermedio, de tránsito, como ellos mismos con sus emociones, desencajadas, con el paso trastocado, tras que hayan comprendido que sus respectivas parejas mantenían una relación, un fuera de campo que han deducido por ciertos detalles. Un fuera de campo que comienzan a recrear con ellos mismos, con el que comienzan a especular, como quien aún no encaja un golpe, el dolor de una herida infligida, e intenta asumir que una proyección, una película, es real, que no es cuento. Pero a la vez lo conjuran, el dolor, con la ficción de una recreación, que no es sino especulación: imaginar cómo comenzó su idilio, cuáles fueron sus primeras palabras, quién dio el primer paso. Incluso, él alquila una habitación, la 2046, como símbolo de ese fuera de campo, de esa clandestinidad, con la que jugar con lo posible, como si fueran los actores que ensayan una obra que, progresivamente, sienten que desean escenificar, ¿O es que el papel, la obra, les sugestiona, y también creen sentir lo que aquellos sienten, como si fueran sus réplicas en su sentido amplio, como si se dejaran poseer, enajenar, por lo que les ha ensombrecido,  la revelación que les ha despojado de su condición de cuerpos, arrasados por la consternación? Se convierten en sombras en una pantalla, figuras que el humo, el aliento dolorido, de sus sentimientos traza con el tizón ardiendo de la imaginación.

Quien en principio expresa los sentimientos es Chow. Es quien primero manifiesta que anhela materializar una relación, reflejo de lo que él siente, o cree que siente. Su se queda suspendida en el quizás que canta Nat King Cole. Trabaja en una agencia de viajes, pero no se decide a tomar el vuelo de la relación, a despegar. La oportunidad se desvanece, y desaparecen aquellos momentos, convertidos en borrosos y confusos recuerdos. Lo que es no se sabe qué es, pero ya fue, la maraña se hizo recuerdo, el desenfoque sigue siendo enigma. Wong Kar-Wai asociaba el personaje de Chow con el Scottie de Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock, por compartir esa obnubilación que pierde el sentido del discernimiento, ¿qué es real y qué es proyección? Chow modela una realidad sin quizá ver a quien tiene delante, ¿Ama a Su o desea amar de nuevo a su esposa en Su? Chow escribe un relato de ciencia ficción, como lo será el prólogo de la siguiente obra, interconectada,  2046 (2004), como una historia teje en su relación con Su, de modo deliberado, consciente, cual director de puesta en escena (que matiza las frases en las circunstancias imaginadas: ¿Cómo reaccionaría ella si su marido le reconociera su otra relación?), aunque también inconscientemente (lo que emborrona sus sentimientos).


La narración se teje sobre esa atmósfera de entresueños, de deslizamientos, como en un hechizo, como la evocación sonámbula, entre fueras de campo (a las parejas respectivas se las escucha, y si se las ve en los encuadres es de espaldas o fragmentariamente, o sino borrosas), múltiples reflejos (hay planos de ambos multiplicados por los reflejos en los espejos), y objetos interpuestos en el encuadre que corporeizan ese discernimiento confuso, condicionado, interferido. Los planos, los cuerpos, las emociones, se ralentizan y congelan, como si estuvieran cautivos en un ámbar, suspendidos en una realidad que es ya la de la mente que orquesta los sueños de lo posible, flotando como reflejos en una realidad que ya sólo llora, como la lluvia que les acompasa en una coreografía de sombras errantes en un espacio en tránsito,  unas escaleras, o en ese limbo de espacio intermedio donde se encuentran, un espacio despojado, indefinido, como un papel en blanco, en el que la imaginación pueda trazar las notas de una música que se convirtió en mero humo. Y en el tránsito permanecerán como condenados, sombras desdibujadas. Por eso, sólo restará contar a la piedra un secreto, el del silencio al que se ha abocado su vida. (Texto perteneciente a El cerco y el infinito. Escenarios del sentimiento en el cine del siglo XXI. Editorial 8mm) 

 

 

viernes, 31 de mayo de 2019

EL CERCO Y EL INFINITO. ESCENARIOS DEL SENTIMIENTO EN EL CINE DEL SIGLO XXI. YA A LA VENTA EN LA WEB DE LA EDITORIAL 8MM

SUMARIO: INTRODUCCIÓN. ANÁLISIS DE PELÍCULAS: 1. Deterioros, degradaciones, desconexiones, rupturas. La duquesa de Langeais (Jacques Rivette, 2007) Amour (Michael Haneke, 2012) En un lugar sin ley (David Lowery, 2013) Amor bajo el espino blanco (Zhang Yimou, 2012) Deseo, peligro (Ang Lee, 2007) Lejos del cielo (Todd Haynes, 2002) Revolutionary road (Sam Mendes, 2008) Delta y Pleasant days (Kornel Mundruczo, 2002 y 2008 ) Twentyninepalms (Bruno Dumont, 2004) Respira (Melanie Laurent, 2014) Like someone in love (Abbas Kiarostami, 2012) Cherry pie (Lorenz Marz, 2014) Después del amor (Joachim Lafosse, 2016) Los climas (Nuri Bilge Ceylan, 2006) 5x2 (Francois Ozon, 2005) Martes, después de navidad (Radu Muntean, 2010) To the wonder (Terrence Malick, 2012) Euphoria ( Ivan Vyrypaev, 2006) Nubes de verano y Mujeres en el parque (Felipe Vega, 2002 y 2006) 2.Desenfoques, distorsiones, perturbaciones, proyecciones, sublimaciones y pruebas de enfoque La vie nouvelle (Philippe Grandrieux, 2002) Shame (Steve McQueen, 2011) Zoo (Robinson Devor, 2007) Paraíso: amor (Ulrich Seidl, 2012) La pianista (Michael Haneke, 2001) Canibal (Manuel Martín Cuenca, 2013) Más allá de las colinas (Cristian Mungiu, 2012) Hadewijch (Bruno Dumont, 2008) Hombres, mujeres, niños (Jason Reitman, 2014) Blue jasmine (Woody Allen, 2013) Elle (Paul Verhoeven, 2016) Young adult (Jason Reitman, 2011) 36 (Nawapol Thamrongrattanarit, 2013) En la ciudad de Sylvia (Jose Luís Guerin, 2008) Aloys (Tobias Nolle, 2016) Two lovers (James Gray, 2008) Her (Spike Jonze, 2013) Phoenix (Christian Petzold, 2014) La mejor oferta (Giuseppe Tornatore, 2012) Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008) Behind the candelabra (Steven Soderbergh, 2013) y The girl (Julian Jarrold, 2013) La Venus de las pieles (Roman Polanski, 2013) Pasiones secretas y Los ángeles exterminadores (Jean Claude Brisseau) It follows (David Robert Mitchell, 2014) The myth of the american sleepover (David Robert Mitchell, 2010) Attenberg (Athina Rachel Tsingari, 2010) Mary is happy, Mary is happy (Nawapol Thamrongrattanarit, 2013) L'age atomique (Helene Klotz, 2012) Cuando tienes 17 años (André Techiné, 2016) Un amour de jeunesse (Mia Hansen-Love, 2011) Somersault (Cate Shortland, 2004) Tu dors Nicole (Stephane Lafleur, 2014) Joven y bonita (Francois Ozon, 2013) 3. Donde la emoción perdió su centro: Penumbras, fluctuaciones, extravíos, indecisiones, intemperies y extrañezas. Aliados (Robert Zemeckis, 2016) La ciudad de las estrellas (Damiel Chazelle, 2016) Asuntos privados en lugares públicos (Alain Resnais, 2007) Las hierbas salvajes (Alain Resnais, 2009) Para todos los gustos (Agnes Jaoui, 2000) Un cuento francés (Agnes Jaoui, 2013) Juegos secretos (Todd Field, 2006) All the real girls (David Gordon Green, 2003) The good girl (Miguel Arteta, 2002) El tiempo de los amantes (Jerome Bonnell, 2013) Margot y la boda (Noah Bambauch, 2007) Knight of hearts (Terrence Malick, 2015) Castillos de arena (Olivier Dahan, 2014) Enxaneta (Alfonso Amador, 2013) 10.000 KM (Carlos Marquet-Marques, 2014) ¿Qué hora es allí? (Tsai Ming Liang, 2001) Traición (Kirill Serebrennikov, 2012) Deseando amar (Wong Kar Wai, 2000) Bajo la arena (Francois Ozon, 2000) El pasado (Asghar Farhadi, 2013) 3 corazones (Benoit Jacquot, 2014) 45 (Andrew Haigh, 2015) Tokyo blues (Tran Anh Hung, 2010) The grandmaster (Wong Kar Wai, 2013) The invisible woman (Ralph Fiennes, 2013) After (Alberto Rodriguez, 2009) Je l'aimais (Zabou Breitman, 2009) Mud (Jeff Nichols, 2013) Una nueva amiga (Francois Ozon, 2014) Frantz (Francois Ozon, 2016) Antes del frío invierno (Philippe Claudel, 2014) The deep blue sea (Terence Davies, 2011) L'Annulaire (Diane Bertrand, 2006) Puro vicio (Paul Thomas Anderson, 2014) 4. Reinicios, despertares, gestaciones y alquimias de amor Villa Amalia (Benoit Jacquot, 2009) Calle Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg, 2015) My blueberry nights (Wong Kar Wai, 2007) Una vida en tres días (Jason Reitman, 2013) 17 fois Cecile Cassard (Christophe Honoré, 2002) Restless (Gus Van Sant, 2011) Monster's ball (Marc Forster, 2001) La desaparición de Eleanor Rigby (Ned Benson, 2014) Concussion (Stacie Passon, 2013) Una pareja perfecta (Nobuhiro Suwa, 2005) Pit stop (Yen Tan, 2013) Flandres (Bruno Dumont, 2006) The spectacular now (James Ponsoldt, 2013) Magia a la luz de la luna (Woody Allen, 2014) The lunchbox (Ritesh Batra, 2013) Embriagado de amor (Paul Thomas Anderson, 2002) Amelie (Jean Pierre Jeunet, 2001) La camarera Lynn (Ingo Haeb, 2014) De óxido y hueso (Jacques Audiard, 2012) Vendredi soir (Claire Denis, 2002) Algo debe romperse ( Ester Martin Bergsmark, 2014) Carol (Todd Haynes, 2015) Loving (Jeff Nichols, 2016) Rumba (Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy, 2008) Antes del atardecer (Richard Linklater, 2004) Un lugar donde quedarse (Sam Mendes, 2009) Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013) Tropical malady (Apichatpong Weerasethakul, 2004) Sólo los amantes sobreviven (Jim Jarmusch, 2013) https://editorial8mm.com/libros/el-cerco-y-el-infinito-escenarios-del-sentimiento-en-el-cine-del-s-xxi/

lunes, 27 de junio de 2016

El cine de Wong Kar Wai, de peor a mejor

Hoy hace 21 años se estrenó en España la obra que puso en órbita internacional al cineasta Hongkones Wong Kar Wai, 'Chungking express' (1995), también gracias a la admiración de cineastas con predicamento cinéfilo como Quentin Tarantino. Su estilo de narrativa fragmentada resultaba llamativo, pero su cine no era un mero juego singular con las formas sino una compleja y sutil exploración de los recovecos de los sentimientos. En este sentido, 'Deseando amar' y '2046' son cenit del cine de las últimas décadas, y de la historia del cine en general. Su estilo fascina, aunque costase aprehender su sustancia, como ocurría con el viaje mental de la segunda. En su cine, el uso de la música resulta factor fundamental en la ecuación cautivadora, hipnótica, de inmersión en las emociones y sensaciones. Quizá por no resultar tan escurridiza en su construcción formal, su aventura estadounidense,'My blueberry nights', fue menospreciada como un sucedáneo de su estilo, cuando no deja de ser otra incisiva disección de las proyecciones afectivas. En cambio, la densidad emocional de 'The grandmaster' no ha sido advertida quizá por el desconcierto de su constitución de sombría película de artes marciales. Ahora prepara una serie de dos temporadas compuesta por 18 capítulos, de título provisional Blossom', que se estrenará el próximo año.
En su obra resaltan colaboradores como el diseñador artístico William Chang, que ha participado en todas sus obras, el director de fotografía Christopher Doyle, quien colaboró desde 'Days of being wild' hasta 'The hand', el excelente fragmento de 'Eros' (2004), o intérpretes como Leslie Cheung, Maggie Cheung, y en especial, Tony Leung. Wong Kar Wai es un extraordinario cineasta que hace de los reflejos y la construcción fragmentaria lírica de sentimientos en desencuentro. Sus trayectos dramáticos son procesos de restituciones, suplantaciones, rituales que buscan cauterizar un pasado que es decepción, procesos alquímicos que posibilitan un reinicio tras superar los tránsitos en los que las piezas del puzzle se descomponen en un juego de espejos en el que cuesta discernir la imagen verdadera o la proyectada entre fantasmas sentimentales, siempre en la tensión entre lo no dicho y lo anhelado, el sueño y la realización. Repasemos sus largometrajes de mejor a peor.
As tears go by. Su primera obra intenta afirmar una mirada propia, y excepcionalmente singular, entre las coordenadas más marcadas de una modalidad genérica en auge entonces, el thriller hongkones centrado en las triadas, con sus grandilocuentes y exuberantes coreografias de violencia, traiciones y venganzas, en el que destacaba John Woo, y el modelo argumental y dramático referencial de 'Malas calles' de Martin Scorsese. Los hermanos que interpretan Andy Lau y Jacky Cheung, el personaje cool carente de ambiciones y el joven alocado sediento de sangre, son réplica de los que encarnaban Harvey Keitel y Robert De Niro en la obra del cineasta italo americano. Wai se pliega a un guión más convencionalmente trazado, corsé del que se iría desprendiendo posteriormente, a medida que fuera controlando la producción de sus películas, ya que su proceso de elaboración de sus obras no parte de un guión ya ferreamente concebido, ni siquiera de una planificación predeterminada, sino que es más tendente a crear primero una atmósfera emocional y una modulación anímico narrativa, y el mismo proceso de rodaje es inspirativo al respecto, que a la priorización a la condición escénica de situación dramática y clásica caracterización personajes: es un cine primordialmente de montaje, de fragmentos que buscaran la cohesión (como la misma constitución fracturada o indefinida, aún sin perfilar, por una razón u otra, de los personajes de su obra). En su cine Wai hará exquisita poética de esa fractura, de la incompletitud. Por eso, ya buscaba en esta obra fugas que buscaban la distorsión, ya sea desde la misma planificación, con el uso de exagerados grandes angulares y composiciones forzadas, a apuntes caricaturescos o grotescos. Por esas combinaciones, o coordenadas referenciales, es una obra en colisión, balbuceante, en la que la historia de amor, con la primera colaboración de Maggie Cheung, no acaba de conjugarse engrasadamente con las otras líneas narrativas. Los planos de humo de cigarrillos, la percepción y la manifestación difusa de los sentimientos, y la presencia de la lluvia, o lágrimas ambientales, ya se esbozan como marcas de estilo en una planificación que combina los modos convencionales del género en boga y las distorsiones compositivas a las que tendió el estilo de Wai hasta 'Fallen angels'.
Ashes of time. Wai no quedó muy satisfecho del resultado de la película estrenada en 1994, aunque le diera la satisfacción de poder contar con medios de los que no había dispuesto hasta entonces, y decidió montar una nueva versión 13 años después, conocida como Ashes of time redux, no sólo realizando cambios estructurales sino incluso rodando nuevas escenas y utilizando una nueva banda sonora. Es una obra que resiente de cierto desequilibrio entre su exuberancia estética y cierta condición difusa y errática de su trayecto dramático. La cualidad inmersiva de su cine, como viaje emocional, parecía vacilante, quizá un poco desafinada, aunque no carente de momentos deslumbrantes. Apuesta por una variación heterodoxa, y más bien abstracta, más cercana a la poesía que a la prosa, del género wuxia. En su uso de la ecuación de combates de artes marciales y lances amorosos, resulta un apreciable borrador de lo que lograra materializar magistralmente en 'The grandmaster' De nuevo, el peso de los recuerdos, la condena de no poder olvidar las frustraciones o decepciones amorosas pasadas, la constitución de los personajes secundarios como reflejos, o posibles, del protagonista, las diversas metáforas de la ceguera, las duplicaciones y los brillos en las diversas subtramas de los guerreros o mercenarios que acompañan,o reflejan, el tránsito de un mercenario que parece un alma errabunda en un desierto emocional que quedó cautivo de las cenizas del tiempo y de la dificultad de conseguir amar.
Fallen angels. 'Fallen angels' surge de una trama que quedó fuera de 'Chungking express', de la cual no deja de ser un reflejo, quizá más errático y desigual, no sólo porque comparte algún elemento (reaparece 223 y las latas de piña, o al final quien reaparece como azafata tras una transformación radical de su vida), lo que las convierte en un particular y escurridizo díptico. También se duplica en dos relatos, o en dos aparentes líneas de trama diferentes, porque bien puede dudarse, como en la anterior, que una y otra historia sean un juego de reflejos, variantes desde otros ángulos, o complementos de unos estados emocionales de un mismo personaje (rostros diversos que son uno, como ocurrirá también en '2046'). A veces la voz en off que acompasa la narración parece pertenecer a cada uno de los protagonistas de cada trama. Uno es un asesino profesional que señala que prefiere que le indiquen lo que tiene que hacer, como si fuera a rebufo de la voluntad de otros o de los impulsos y caprichos de sus deseos. No deja de ser una metáfora de la irresponsabilidad en los lances amorosos, como quien mata los sentimientos del otro por meramente dejarse llevar. En los pasajes finales remarcará que deberá comenzar a tomar en su vida las decisiones. El otro es un personaje que no habla, pero no deja de imponerse a otros, a la vez que se enamora de quien no le corresponde porque está obcecada con otro. Lo que se acompasa a las reflexiones del primero de conseguir consolidar un amor. La idea de compañero (partner) se duplica en cuanto pareja y colaborador profesional, De hecho, todo parece duplicarse en su habitual juego de múltiples reflejos, con esa combinación de estética cool y aliño vintage (que encontrará su sublimada orquestación en el diptico de 'Deseando amor' y '2046'), con oclusiva fragmentación de montaje de video clips de la MTV. De nuevo, destaca la sensualización de ciertas secuencias coreografiadas al son de un tema musical,. Desplazamientos y poses también delatan ese contraste entre búsquedas infructuosas de la estabilidad sentimental y la inmovilidad de una incapacidad o de un ensimismamiento. Los personajes se contorsionan con sus emociones, y no deja de tener también una faceta grotesca, Lo sublime y lo ridículo en cuestiones de amor a veces se confunden.
My blueberry nights. Figuras entrevistas a través de los cristales esmerilados. Juegos de llaves que la gente deja en los bares para que otra persona las recoja, pero nadie viene a por ellas. Tartas que nadie come, que nadie desea, y permanecen intactas en la vitrina al final del día. Cintas de video de una cámara de seguridad en un bar, que recoge todo aquello que ha sucedido delante de ti, pero que no has visto, entregado a tu labor en la barra. Amores atrapados en reflejos, de los que hay que desprenderse, para abrir la ventana del corazón a una nueva luz. Estos son algunos de los 'acordes' que componen esa hermosa película que es 'My blueberry nights' (2007). Lizzie (Norah Jones) ha sufrido una decepción amorosa, el hombre que ama está con otra. Herida, deja sus llaves en un bar para que él las recoja, como clausura de una relación, pero le duele aún más que él no venga a recogerlas. Es como si ya no existiera, y no fuera digna ni de una mínima consideración. Los repetidos encuadres de los personajes a través de cristales y ventanas son como rimas de figuras que no han quebrado el muro tras el que yacen sus emociones, ancladas en un tiempo pasado que ha convertido en fósil su presente, o atoradas en la costra de una decepción de la que cuesta desprenderse para reiniciar un nuevo 'viaje sentimental'. Antes de reiniciar su corazón Lizzie tiene que hacer un viaje para limpiarlo. Necesita alejarse para dar rienda suelta a esa intimidad que se va gestando con Jeremy (Jude Law). Dos encuentros trazan su simbólico trayecto interior. El primero, la inmersión en el núcleo de su dolor, reflejado en el espejo que le devuelve otra relación, ya rota, y doliente, impregnada de negrura, la de Arnie y Sue (David Strathairn y Rachel Weisz). Desear que el otro sufra lo mismo que uno no es más que empañarse en el esmerilado lastre del recuerdo, en vez de liberarse de él Y conoce a una jugadora de cartas, Leslie (Natalie Portman), alguien que juega con el azar, con el impulso liberado de no tener ningún apego, surcando las carreteras sin que nada parezca afectarla, gane o pierda. Pero todos tienen sus lastres, su anhelo de compañía, por mucho que parezcas ya indiferente, como si nada te hubiera dañado, como en el caso de Leslie la relación con su padre. Y Lizzie comprende que dependemos de los otros, como espejo en el que nos vamos definiendo. Y en alguno hasta nos encontramos con un beso de tarta de arándanos.
Happy together. La imagen, repetida en varios momentos de 'Happy together' (1997), de las tumultuosas aguas de las cataratas de Iguazu, en una ralentizada, y hermosa, panorámica aérea, condensan la entraña del conflicto de la obra. Las turbulencias que agitan la relación de encuentros y desencuentros de Lai (Tony Leung) y Ho (Leslie Cheung), una relación que es destierro, ya que su pasión parece continúa colisión, como el espacio ajeno en el que se desarrolla, las tierras argentinas, lejos de su Hong-Kong. Asímismo, esas cataratas es el espacio que permanece en suspenso de ser visibilizado, de ser visitado, ya que, desde las primeras secuencias, es un viaje planeado por ambos que es demorado. Demora que no es sino reflejo del atasco en que permanece varada, tensada, su relación, entre rupturas, reconciliaciones fugaces y miultiples discusiones. Su relación es más bien un turbulento tango: la música de Astor Piazolla puntúa la narración, que culmina con la canción 'Happy together' de The turtles, que, como señalaba el director, no posee un componente irónico, sino que refleja cómo el fluir es posible cuando se sabe romper con el pasado. Además, la obra es la más descarnada en lo sexual, de las obras de Kar-wai, aunque tampoco sean demasiadas, ya que la crudeza se centra más en su colisión emocional. Trenes que se han cruzado, como refleja la imagen final, y hay quien ha sabido ponerse en movimiento, tras romper amarras, y quien se queda atascado en el lamento en su encierro, en el de una voragine de deseo y emociones que eran puro desbocamiento.
Días salvajes. ‘Días salvajes’ (1991) es la historia de un pájaro que no tenía patas, por lo que sólo podía tocar una vez tierra, para morir. Es la historia de un pájaro que no llegaba a ninguna parte, porque ya estaba muerto al principio. Pero Yuddi (Leslie Cheung) no es un pájaro. Ni sabe volar, ni amar. A So Lai Chen (Maggie Cheung) le dice que soñará con él, que recordará ese minuto por siempre, como si fuera un hechizo, o una condena. Un momento puede durar poco, o puede durar toda una vida. En los sueños lo momentos parecen encapsularse en la eternidad. Pero los despertares a veces sangran. En un bellísimo excurso o giro narrativo, como si la narración se deslizara por otros senderos que abren ángulos como si abrieran una herida, So Lai Chan conoce a un policía (Andy Lau) que se enamora de ella. Pero los sentimientos están atrapados en frascos que huelen a pasado, y las llamadas que se esperan son las de otro tiempo, las de otra voz y otro rostro. Y quizá sea ya demasiado tarde cuando decidas mirar al presente, y este ya no sea un policía sino un marino que marchó a otro país. Sueños, recuerdos, hacia adelante, y hacia atrás, pero nadie vuela, cautivos en una tierra intermedia, suspendida. Yuddi dijo que no era capaz de concretar a qué mujer había amado más, pero se pregunta qué estará haciendo. Quizá aquel minuto aún dura en él, siempre en su corazón, pero prefirió seguir creyendo que volaba, aunque ya estuviera muerto. Siguió prefiriendo negarse.
Chungking express. Las dos historias que se suceden en 'Chungking express' (1994) podrían ser la misma, una variación, una replica o una proyección. En ambas se agita la posibilidad, el incierto cruce o roce que propicia un futuro compartido, o su opción o incógnita.Todo puede ser cuestión de números, de azar. Los mismos protagonistas masculinos tienen adjudicados un número, como policias que son, el primero el 223 (Takeshi Kaneshiro) y el segundo el 663 (Tony Leung). El primero se rozará con una mujer en la calle, y su voz en off dirá: '57 horas después me enamoré de esta mujer'. En el fast food, que regenta su primo, trabaja una chica, Faye (Faye Wong), que 'seis horas después se enamorará de otro hombre', que no es otro que 663. En ambas historias se agita el peso de un pasado, que es decepción y por lo tanto lastre que condiciona sus presentes. 223 está obsesionado por la fecha de caducidad de las latas (en especial, las de piña). Si los recuerdos tienen fecha de caducidad la decepción puede evaporarse, como el agua del cuerpo tras realizar el jogging, que practica compulsivamente. La mujer de la que se enamora tiene un aire irreal, quizá fruto de sus emociones irresueltas, un aire de femme fatale, con sempiterna peluca rubia y gafas oscuras, que no se arredra en utilizar la pistola. Esta mujer se dedica al narcotráfico, y utiliza a emigrantes hindúes como tapadera, que en un momento desaparecen. Hay cosas, emociones que cuesta que desaparezcan, y otras desaparecen cuando no quieres.Y quizá la historia que toma el relevo, que es salto de eje, pues ahora la enamorada es una mujer, es una sustitución, un intento de rectificar lo que la realidad no ha respondido en la figura de esa mujer investida de aire de mujer fatal, a la que también parece pesar un pasado doliente. La chica del fast food, que siempre escucha la misma canción, 'California dreaming', no parece decidida a expresar lo que siente a 663, se hace repetidamente la encontradiza con él, guarda una carta de la mujer que abandonó a 633, una azafata, y se introduce clandestinamente en el piso de él como si así sintiera que habitara la casa, y fuera la restitución de la decepción amorosa de 663. Y con el tiempo reaparecerá como azafata. Tiempos, velocidades, pasado y futuro difuminados en un presente detenido que parece narcotizado. El azar, los números, sustituciones y replicas.
The grandmaster. Una belleza escurridiza, que cala profundamente. ‘The grandmaster’ (2013) es un sueño, un teatro, una partida de ajedrez, una coreografía de penumbras. A simple vista, una película de artes marciales. Hay tres etapas de aprendizaje en las artes marciales: Aprender a conocerse a sí mismo, aprender a conocer el mundo, y aprender a conocer las cosas vivientes. Hay quien expresa que no sentir remordimientos haría la vida aburrida. Hay quien, en cambio, no mira atrás, porque no hay orillas. Los sueños son como el viento que fluye, y así fluye la narración de ‘The grandmaster’, un teatro en permanentes penumbras. Pareciera que transcurriera entre decorados, aunque la nieve caiga, la lluvia azote El tiempo se sacude entre elipsis, transcurren varias décadas, el tiempo salta, como los combatientes cuando se enfrentan. Duelos, el mejor es aquel que permanece en pie. Aunque los duelos pueden ser filosóficos. Y los héroes, o las heroínas, pueden perder, incluso la vida, aunque sea muy lentamente. O quizá no los haya, sino sólo maestros y alumnos. Y caminos en los que trazar senderos, los del aprendizaje. La vida es una partida de ajedrez, un ir y venir, una partida en la que el perdedor no tiene de qué lamentarse. En ‘The grandmaster’ parece que concurrieran Peckinpah, Von Sternberg y Ophuls. Hay rostros surcados de dorado, que pueden convertirse en ambar, como esos sentimientos que no se expresaron, esas palabras que no se dijeron, esas acciones que no se realizaron. Y que se revelan cuando ya es demasiado tarde. O quizás el logro sea simplemente revelarlo, aunque confirmes que nunca hubieras sobrepasado la orilla.
2046. 'Todo es una invención, aunque las experiencias se cuelan'. En 'Deseando amar', Chow (Tony Leung) alquilaba la habitación 2046 de un hotel, para escribir sus relatos, pero también como el espacio en el que cicatrizar una herida, el abandono de su esposa; un espacio en el que 'escribir con su vida', una recreación (otra historia, la de otros, la de aquellos que abrieron una herida) pero también espacio de gestación, a través de una sustitución que se revelaba como revelación, porque el modelo y otro cuerpo se confundían, como sus sentimientos. Ese otro cuerpo era el de Su Li Zhen (Maggie Cheung), la esposa del hombre por quien su esposa le había abandonado. Chow aún sigue en esa habitación. '2046' comienza con un relato de ciencia ficción, un mundo llamado 2046, en el que se pueden recuperar los recuerdos perdidos, porque ahí nada cambia. Chow siente, que dejó desaprovechar una circunstancia excepcional, la aparición del amor. Piensa que el amor para que se realice necesita de su momento adecuado. Quizá no lo fue. O Quizá ella no le amaba. La interrogante lacerante, intrigante, del quizá, de lo que Su Li Zhan sentía, de si no se hizo lo que podía haberse hecho. 'Deseando amar' finalizaba con Chow en un templo de Camboya compartiendo con una hendidura su secreto, lo no dicho, lo no compartido. Así también comienza '2046', porque su relato, entre la evocación, la invención, lo real y lo imaginario, no es sino el relato de esa hendidura, de ese lienzo en blanco que es agujero negro, de una herida que no deja de sangrar en la mente de Chow. El relato de ciencia ficción es un relato de especulación, refugio y huida, hacia un futuro, porque hay una relación no conciliada con el pretérito. Es un relato dentro de otro relato, un relato inventado, al que las experiencias inundan. Aunque los rostros de las diversas mujeres sean otros, no dejan de ser los de Su li Zhen. Chow dota de otros nombres y rostros y varía circunstancias, elementos del decorado, mientras retuerce con la imaginación unos recuerdos que no dotarán de cuerpo al sentimiento no realizado, a las interrogantes que seguirán abrasándole como incógnitas no resueltas, convertidas en maraña de múltiples reflejos.
Deseando amar. Mirar hacia el pasado como en un cristal cubierto de polvo. La imagen se presenta confusa, borrosa. El vértigo de lo que no fue. El fuera de campo que no se hizo presencia, que no se realizó. La mirada confusa, los sentimientos enredados. Otra historia que se recrea, otra historia que se convierte en la propia. Pero ¿dónde está el límite? ¿Dónde finaliza la sugestión y dónde comienza el genuino sentimiento? En ‘Deseando amar’ (In the mood for love, 2000) Su (Maggie Cheung) y Chow (Tony Leung) se cruzan, primero, en un espacio de transición, unas escaleras, y se citarán, encontrarán, recurrentemente, cual fantasmas, en un espacio, un callejón, que asemeja a un limbo, un espacio intermedio, de tránsito, como ellos mismos con sus emociones, desencajadas, con el paso trastocado, tras que hayan comprendido que sus respectivas parejas mantenían una relación, un fuera de campo que han deducido por ciertos detalles. Un fuera de campo que comienzan a recrear con ellos mismos, con el que comienzan a especular, como quien aún no encaja el dolor de una herida infligida, e intenta asumir que una proyección, una película, es real, que no es cuento. Imaginan cómo comenzó su idilio, cuáles fueron sus primeras palabras, quién dio el primer paso. Incluso él alquila una habitación, la 2046 como si fueran los actores que ensayan una obra que, progresivamente, sienten que desean escenificar. ¿O es que el papel, la obra, les sugestiona, y también creen sentir lo que aquellos sienten, como si fueran sus réplicas en su sentido amplio, como si se dejaran poseer, enajenar, por lo que les ha ensombrecido, la revelación que les ha despojado de su condición de cuerpos, arrasados por la consternación? Se convierten en sombras en una pantalla, figuras que el humo, el aliento dolorido, de sus sentimientos traza con el tizón ardiendo de la imaginación. Los planos, los cuerpos, las emociones, se ralentizan y congelan, como cautivos en un ámbar, en una realidad que es ya la de la mente que orquesta los sueños de lo posible en una realidad que ya sólo llora, como la lluvia que les acompasa como en una coreografía, en ese limbo de espacio intermedio donde se encuentran, un espacio despojado, como un papel en blanco, en el que la imaginación pueda trazar las notas de una música que se convirtió en mero humo, ese en el que las emociones se desfiguran. Y sólo quedará la hendidura donde exponer el fracaso de una indeterminación.

jueves, 19 de marzo de 2015

75 películas del 2014

75. Viajo sola
74.Viva Italia
73-St Vincent
72. Lucy
71. Cómo entrenar a tu dragón 2
70.Jersey boys
69.Crónicas diplomáticas
68.El amanecer del planeta de los simios
67.El tiempo de los amantes
66.Violette
65.Godzilla
64.Cuando todo está perdido
63.Joe
62.X -men días del pasado
61.Locke
60.La mujer del chatarrero
59. Los canallas .
58. 10.000 km
57. Magia a la luz de la luna
56.El gran cuaderno
55.Hombres, mujeres y niños
54.Los boxtrolls
53. Mr Turner
52.¿Qué nos queda?
51.Relatos salvajes
50.Nunca es demasiado tarde
49.Boyhood
48.Oh boy
47.La venus de las pieles
46.Orígenes
45.Hermosa juventud
44.Miel
43. La desaparición de Eleanor Rigby
42.Interstellar
41.Antes del frío invierno
40.The lunchbox
39. Un cuento francés
38.El hombre más buscado
37.Matterhorn
36.Welcome to New York
35.El extraordinario viaje de T.S Spivet
34. Frances Ha
33.El viento se levanta
32.Al filo del mañana
31.En un lugar sin ley
30.Una vida en tres días
29.Black coal
28.Adiós al lenguaje
27.La isla mínima
26.Camino de la luz
25.Madre e hijo
24.20.000 días en la tierra
23.Enemy
22.Joven y bonita
21.La sal de la tierra
20.Stella Cadente
19.Dos días, una noche
18.Nebraska
17.El gran Hotel Budapest
16.El pasado
15.Borgman
14.The invisible woman
13.Snowpiercer
12.Un toque de violencia
11.Magical girl
10.Loreak
9.Her
8.Sacro Gra
7.Winter sleep
6.Ida
5.The grandmaster
4.La imagen perdida
3.Sólo los amantes sobreviven
2.Perdida
1.A propósito de Llewyn Davis Dos nucas, dos guitarras, miradas que se han quedado atrapadas en el pasado, miradas que nunca se hicieron presentes, figuras en un paisaje, colmenas que son circunvalaciones, cuerpos que son plastilina, espacios que se suspenden sobre las cabezas de quienes no acaban de decidirse o enfocarse o recuperarse en una realidad que parece difusa como un parabrisas empañado. Las nucas son las de la incógnita, porque puedes no saber cuál es el rostro real de aquel con el que convives o aquel al que crees amar, o amaste, y ahora no sabes si es un reflejo un tanto difuso que quizá, también no te has preocupado mucho de mirar, de discernir, o quizá ya no te preocupa mucha mirar. Y un día esa nuca se vuelve y estás perdido, porque no imaginabas lo que ibas a ver. Hay nucas que miran de espaldas a la realidad, ya no la miran, no se esfuerzan en mirarla. Se han hecho de piedra, y la piedra sobre todo se mira a sí misma. En el invierno, quizá los caballos se liberen, y no se disparen a los conejos y el paisaje no sea un plano general sino el rostro de quien comienzas a ver cómo mira. Alguien toca la guitarra, y hace sentir que su mirada no pertenece al entorno en el que no se siente integrado, esa oscuridad de mentes nada inquietas que no usan su imaginación. Su música invoca otras conexiones que comparte quien hace de su música danza para fundir sus cuerpos con los colmillos que saben dónde se despliega la carne de la vida. Otro toca la guitarra, pero navega a la deriva, no quiere dejar de existir, pero se va difuminando con un paisaje helado, coo parece su interior, un interior que no sabe conectar con los rostros que se desplazan en ese exterior que siente como pasillo angosto. Hay miradas que quedaron cautivas de un pasado que ya no será presente, un pasado que ya no habla, como sus emociones ya no hablan, sólo escuchan una voz con la que suplanta un vacío que no logra aún hacer cicatriz. Pero esa otra voz niega la herida, niega el silencio que debe escuchar para poder alzarse de nuevo en el presente. Hay miradas que no lograron hacerse contorsión presente, conjunción de cuerpos que no sólo fueran contendientes sino también coreografos de deseos y sentimientos. En el pasado se quedó detenida, y se hizo sombra y ruinas, una figura encogida en la intemperie que no dejó de soñar. Hay figuras que componen un paisaje como un relato de fantasmas, o de cuerpos que se niegan a convertirse en fantasmas, o que quizá no les preocupa que no le sean en las circunvalaciones de un realidad en la que parecen figuras difuminadas, a no ser que acerques la mirada y adviertas su singularidad aún.O quizá sean recuerdos que no quieren yacer en el olvido, ese olvido en el que no hay ni fantasmas, porque se esconde bajo las alfombras o recónditos arcones de la memoria, como las figuritas con las que se jugaba en la infancia. Y no eran figuritas de plastilina sino cuerpos que sangraban,cuerpos que sentían el dolor que fue amordazado en la memoria de la conveniencia. Hay espacios que hacen sentir abismos sobre las cabezas de los personajes, esos abismos que no se sienten porque no se encuadran, y se escurren a la observación, mientras los personajes se desplazan en la deriva de sus sentimientos, sin aún logar enfocar lo que sienten, confusas entre reflejos en los que buscan un hilo del que sostenerse y no convertirse en marionetas desmadejadas de unas emociones que las sumen en el extravío o la indefinición. Son espacios que se ciernen e indican que aún no hay direcciones que constituyan un techo de una raíz, que definan cuál es la habitación de tu realidad, de qué modo habitas la realidad. A veces, las direcciones que se pueden tomar parecen opuestas, y lo son, y hay que optar,o quizá, si es posible, mantenerse en una frontera que se denomina incertidumbre. Son las diez películas que encabezan este listado de 75 películas del 2014. Quizá parezca fuera de tiesto hacer una lista de estas características cuando ya han transcurrido tres meses del 2105. Cuando todos realizaron sus listas a finales de años. Tampoco tiene que haber fechas establecidas, a veces las estaciones también se pueden construir donde no existían indicaciones de que hay una estación. También sirve de recordatorio. Mirar atrás y apreciar el paisaje, y convertirlo en población con variados ángulos y diversas perspectivas. Por qué seleccionar sólo diez, al fin y al cabo. Por qué no evocar que al menos hubo 75 estrenos que dejaron su satisfactoria huella, un rastro de emociones y pensamientos que se constituyeron en sembrado. Viajamos solos, pero hay muchas habitaciones que conocer.