
1.Million dollar baby (Clint Eastwood, 2005)

2.Nadie puede vencerme (Robert Wise, 1949)

3.Toro salvaje (Martin Scorsese, 1980)

4.Cuerpo y alma (Robert Rossen, 1947)

5.The bóxer (Jim Sheridan, 1997)

6.El luchador (Walter Hill, 1975)

7.El triunfo del espíritu (Robert M Young, 1989)

8.Cinderella man (Ron Howard, 2006)

9.Gentleman Jim (Raoul Walsh, 1943)

10.Campeón (Mark Robson, 1949)
El boxeo es un deporte que no sólo no me gusta, sino que me repele. Pero ha dado pie a obras de lo más sugerentes, porque propicia ese cuadrilatero, esa violencia y esa competitividad por ser el mejor, la parábola sobre el cuadrilatero en el que suele convertirse la propia vida, y de modo más específico, esta sociedad industrial capitalista que tanto incentivva la competitividad y la 'zanahoria' complaciente de ser el número uno. Eastwood lo condensó contundentemente, a modo de abismo, en 'Million dollar baby'. No hay piedad. La integridad no es lo que se recompensa. Cualquier medio es válido. Wise, Rossen o Robson también lo reflejaron con abrasiva lucidez, aunque la del segundo diera un respiro a la posibilidad de que la integridad no fuera sometida por la falta de escrúpulos que ve a los seres humanos como piezas en un tablero, como peones sacrificiales en la batalla del cuadrilatero, de la vida, de la que salen casi siempre impunes los que la rigen desde las sombras. También puede ser el reflejo de otras inconsistencias, de otras estulticias, de otros cuadrilateros las de los fanatismos nacionalistas, como refleja 'The boxer'. O de la barbarie de los exterminios, como en 'El triunfo del espíritu' en la que un prisionero griego tiene que sobrevivir peleando porque el que es derrotado acaba en una cámara de gas, una obra por cierto muchísimo más bella, conmovedora, y revulsiva, y menos maniquea, que otra que tuvo gran reconocimiento en su momento, 'La lista de Schindler'. O el cuadrilatero de la precariedad económica, el que también se refleja en 'El luchador', supervivencia a ras de suelo, a puño desnudo. O el del ego inflamado, la enajenación del que se ve el dueño del ring, y espera que los demás se adapten y acomode al cetro de sus puños, de su voluntad, como en 'Toro salvaje'. Otras obras también merecen consideración, caso de 'El campeón' (1931), de Vidor (pudiera haber ocupado la posición de la de Robson, si no lo he hecho es porque la tengo más lejana en la memoria), y también, aunque ya menos logradas, 'The fighter' (2009), de David O'Russell, 'Más dura será la caída' (1956), de Mark Robson, 'Invicto' (2002), de Walter Hill o 'Requiem por un campeón' (1962), de Ralph Nelson. Sé que muchos echarán en falta 'Fat city' (1972), de John Huston, pero la última vez que la revisé me supuso gran decepción. La recordaba como una notable obra, pero en esta ocasión no pude ni terminarla. Me parecía desvaída, y hasta su realismo sórdido, impostado. En esta antología integraría una fabulosa secuencia, uno de los más bellos y elocuentes flashback que ha dado el cine, el de 'El hombre tranquilo', la muerte en un combate que reflejaba la miseria de una violencia, la de la degradación de un tipo de vida, que impulsó al protagonista a buscar su opuesto, la Arcadia soñada.