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jueves, 24 de diciembre de 2015
24 bandas sonoras del 2015
1. Sicario. Johan Johansson
2. Black mass. Tom Holkenborg
3. It follows. Disasterpeace
4. El puente de los espías. Thomas Newman
5. Lejos de los hombres. Nick Cave & Warren Ellis.
6. The imitation game. Alexandre Desplat
7. Ex machina. Ben Salisbury, Geoff Barrow
8. Macbeth. Jed Kurzel
9. Mr. Holmes. Carter Burwell
10.Todo saldrá bien. Alexandre Desplat
11. Victoria. Nils Frahm
12. Sufragistas. Alexandre Desplat
13. La teoría del todo. Johan Johansson
14. 3 Corazones. Bruno Coulais
15. Puro vicio. Johnny Greenwood
16. Everest. Dario Marianelli
17. Slow west. Jed Kurzel
18. Lost river. Johnny Jewel
19. Man of Uncle. Daniel Pemberton
20. Mad Max: Fury road. Tom Holkenborg (Junkie XL)
21. Una nueva amiga. Philippe Rombi
22. Nightcrawler. James Newton Howard.
23. El despertar de la fuerza. John Williams
24. Tomorrowland. Michael Giacchino
Una selección de excelentes y diversas bandas sonoras de películas estrenadas en el 2015. En primera línea, un modelo de integración entre modulación narrativa y música. Villeneuve se ha convertido en alumno ejemplar de Fincher en la utilización orgánica de la música, para la constitución de una narración líquida (aparte de confluencias en tratamientos lumínicos y cromáticos). Uno de los grandes, Newman, resurge con una gran banda sonora (de escasa presencia en la película: un modelo de sabia utilización de la ausencia de música como 'música'). 'It follows' y 'Ex machina' son dos ejemplos de sabia utilización de la música electrónica (la primera con una turbiedad pegajosa que se engarfia bajo la piel), Desplat demuestra con tres composiciones más porque es quizá el más grande compositor actual (y crea uno de los temas principales más vibrantemente pegadizos de los últimos años), como una vez más por qué Cave & Ellis es el duo creativo más singular y fascinante. Burwell vuelve a dar, con su reconocible singular sonido, otra bellísima delicada banda sonora, y el australiano Kerzel se revela como una admirable nueva incorporación en el paisaje de las bandas sonoras.
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viernes, 30 de octubre de 2015
Actualización del curso Miradas al cine del siglo XXI
Actualización del curso Miradas al cine del siglo XXI, que impartimos Israel Paredes, Carlos Tejeda y yo. Se puede optar por la matrícula mensual o por las sesiones que se prefieran.
2 noviembre-De Heimat, de Edgar Reitz, a Victoria, de Sebastian Schipper y La camarera Lynn, de Ingo Haeb. Los planos secuencias y el cine impresionista. Las huellas del nuevo cine alemán (de los 70: Wenders, Herzog)
16 noviembre- 3 corazones, Dheepan y Eden. Entre Jacquot, Audiard y Hansen-Love: Tres generaciones del cine francés alternativo. La intermedia generación fantasma de Bonello, Desplechin, Dumont…Heterodoxias narrativas y despojamientos. Cine de cuerpos, ausencias y presencias.
23 noviembre-Sicario y el cine de Denis Villeneuve. Aproximación a las singularidades del cine canadiense- Spectre y el cine de Sam Mendes. El cine de los espías y los abismos de las apariencias.
30 noviembre – The assasin, de Hou Shio Shen y el cine de artes marciales – Slow west, de McLean y The homesman, de Tommy Lee Jones: ¿Revive el western? -Black mass, de Scott Cooper y la evolución de los gangsters (forajidos urbanos) en el cine.
7 diciembre- Langosta, de Lanthimos, y el cine griego. Conexiones con los encuadres taxidermistas del cine rumano y austríaco.
Matricula: 40 euros mensuales. 100 trimestral.
alexzarate14@gmail.com
Tfno: 605 74 92 07
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domingo, 11 de octubre de 2015
Victoria
En un momento dado estás evocando la vida que pudieras haber tenido si te hubieran reconocido talento como pianista, y en otro, una hora después, comienzas a asimilar cómo tu vida, de modo imprevisto, casi se revienta en pedazos después de entrever una posible dirección que quizá te rescatara de tu vida en suspenso, entre la inmovilidad y el sentimiento de exilio. La vida es un continuo que no toma pausa para las rupturas. Continúas en movimiento aunque tu mirada aún no enfoque, aturdida, quizá enturbiada por la sangre, desde luego arrasada por la desolación. La vida siempre sigue, pero solo para los vivos, solo para los que sobreviven. 'Victoria' (2015), de Sebastian Schipper está narrada en un solo plano secuencia que dura dos y cuarenta minutos. Pero más allá del alarde (para el que realizaron tres intentos después de dos meses de ensayos), lo realmente destacable es el giro radical que se produce ya avanzada la narración, que trastoca la dirección que parecía seguir, una dirección en un escenario corriente, ese en el que una chica, Victoria (Laia Costa), baila en una discoteca y conoce a unos chicos que se llaman Sonne (Sol), Blink (Parpadeo), Fuss (Lío) y Boxer (Boxeador), y toma unas últimas cervezas en una azotea antes de abrir la cafetería en la que trabaja, y flirtea con uno de ellos. Todo parece corriente, esas derivas casi sin trama, o trama intercambiable con otras miles que ocurren cada noche en miles de ciudades, con solo la peculiaridad de breves tránsitos en los que la música (fabulosa, de Nick Frahm) se superpone sobre las voces, como si asomara por un instante el interior de las emociones. Y de repente irrumpe lo extraordinario, lo anómalo. Y todo se vuelve del revés.
No es un extraterrestre, como en la también estupenda 'Cloverfield' (2008), de Matt Reeves, también rodada con cámara móvil (aunque aquí no la lleva ningún personaje) pero la conmoción casi es parecida, cuando se ven involucrados con seres que parecen de otra dimensión, esos que los que viven vidas corrientes entre centros comerciales y discotecas piensan que sólo suceden en las películas, y por eso no imaginan que portaran pistolas, que su vida corra peligro, y que crucen ese umbral tras el que ya la vida nunca podrá ser la misma. El hecho de que la narración se suceda en continuidad, sin corte, imprime una tensión que progresivamente se va haciendo más urgente y desesperada porque no se ha separado de lo corriente sino que es su continuación, no ha habido cambio de coche en la atracción de feria, todo es parte del mismo movimiento, la realidad está constituida por esos accidentes y esos imprevistos volantazos, y ahora conoces a quien puede ser el amor de tu vida, y minutos después puedes perder la vida y ser perseguida por la policía.
Victoria (Laia Costa) es una chica madrileña que soñó con ser pianista, una chica cuyo sueño fue extirpado cuando le dijeron que sus años de exhaustiva dedicación, siete años al día, no tenían sentido. Fue arrancada de sus sueños. Y su vida fue interrumpida, y cambió de canal, y de país, y se marchó a Berlin, y reinició una nueva vida en un país en el que era una extraña, y una noche, entre tantos rostros intercambiables, que no se distinguen en un desenfoque, porque todos son uno, o quizás por su vida estaba desenfocada, y se singulariza su historia cuando sufre un requiebro inesperado que no es el que primero parece, el encuentro con alguien con quien quizás iniciar una historia sentimental que hacer duradera, sino una ruptura con todo lo que conocía hasta ahora que la deja con las entrañas conmocionadas, como el cuerpo que sale despedido con la onda expansiva de una explosión.
En sólo dos horas y cuarenta minutos tu vida ya no es para nada la misma. Parpadeas, pero no por la luz del sol que de repente asoma a tu vida, para iluminar las sombras mustias que la dominaban, sino porque la vida te golpea como un boxeador invisible, lo hizo cuando asimilaste que el movimiento que parecía continuo en tu vida con dirección a convertirte en pianista fue seccionado de cuajo, y lo hace cuando te enreda en una circunstancia en la que estás a punto de morir cuando por un instante no eres una camarera en la corriente de una vida anodina sino la conductora de un coche que realiza un atraco. En ocasiones, parece que la cola de la lagartija no se regenera. No sabes, de nuevo, cuál será tu dirección, si de nuevo será truncada, pero, de algún modo, con la mirada que no deja de parpadear, sigues. Quizá en el próximo recodo lo que se asome sí sea el sol.
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