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viernes, 4 de noviembre de 2022

Ronin

 


En el ecuador de la narración de Ronin (1998), de John Frankenheimer, una de sus diversas memorables set pieces acaece en un coliseo romano en donde, entre turistas, no en la arena, algunos de los personajes que se enfrentan por la posesión de una maleta de enigmático contenido, combaten entre disparos y puñetazos. Los espectadores no contemplan desde la inmune distancia las maniobras violentas, sino que pueden ser abatidos, por accidente, en la refriega. La arena de la obra de Frankenheimer supone un ruptura con el convencional escenario del cine de acción predominante de los 80 y 90, en donde los héroes sufrían percances que desde una perspectiva realista hubiera supuesto múltiples fracturas cuando menos, por no hablar de la condición de bulto de los extras que eran eliminados en los enfrentamientos violentos. En Ronin hace palpable que no hay distancias, y que es una vida la que se pierde, cuando un transeunte es abatido en un tiroteo o se ve inmerso en una colisión que acaba con su vida. Frankenheimer recuperó la rotunda fisicidad de los thrillers de los 70, y la noción (y constatación física) de vulnerabilidad. Un estilo, que evitaba los atropellos de montaje, y que influyó en el thriller de principios del siglo XXI, empezando por James Gray en La doble cara de la ley (2000), o La noche es nuestra (2008), en la que hay una persecución automovilistica casi tan imponente como la que hay aquí.

En Ronin, por un lado, tenemos la explícita referencia a los ronin, samurais mercenarios que ofrecían sus servicios al mejor postor, como los ex agentes de diversas nacionalidades (norteamericano, inglés, ruso o francés) que son contratados por una mujer irlandesa (perteneciente al IRA), Deirdre (Natasha McElhone), para robar la citada maleta (aplicando, de manera modélica, los estilemas y procesos de la prototípica películas de atracos: contratación, preparación, ejecución, consecuencias), y aún más en concreto, la referencia a los 47 ronin (sobre los que realizaron obras Kenji Mizoguchi, Kunio Watanable, Hiroshi Inagaki o Kon Ichikawa), samurais que al quedarse sin señor decidieron vengar su muerte en vez de buscar su mero beneficio. Es un apunte, a través de la perspicaz mirada de Jean Pierre (Michael Londsale), mientras organiza su maqueta con samurais, que aporta una sutil insinuación de variación de enfoque sobre las posibles implicaciones de alguno de los implicados, caso de Sam (Robert De Niro), ya que intuye, a otra escala, que el papel de de Sam en el escenario de conflicto no es lo que parece. Por otra parte, tenemos esa configuración de los combatientes como gladiadores en una arena que se extiende a las calles y carreteras, en donde sus armas son metralletas o pistolas, y sus cuadrigas son los coches en los que circulan a toda velocidad. No recuerdo secuencias de persecuciones automovilísticas de tal refinado e imponente calibre, aunque fueran brillantes las célebres de Bullit (1968), de Peter Yates o French connection (1971), de William Friedkin; generalmente las suelen rodar directores de segunda unidad, pero en este caso se responsabilizó de ellas expresamente el propio Frankenheimer, quien rehuyó efectos digitales y buscó el más palpable realismo.

Los personajes están perfilados con escuetos y precisos rasgos, entre lo sugerido y lo manifiesto, a través de gestos, detalles, miradas. Se definen en sus acciones, para lo que era primordial un brillante plantel de actores (la gelidez de reptil de Stellan Skarsgard, la nerviosa viscosidad de Sean Bean, la calma firmeza de Jean Reno). En el guión participó David Mamet, pero prefirió utilizar seudónimo, Richard Weisz, porque no estaba de acuerdo en compartir crédito con J.D Zeik, quien, como confirmó Frankenheimer, sólo participó en la elaboración del argumento. En la excepcional primera secuencia ya se sedimenta la sustancia de esta obra, de realidades escurridizas, en las que resulta difícil discernir su entraña, como en los rostros las intenciones. Unos son más perspicaces, como los hay más transparentes. En esa secuencia, varios de los personajes, Sam, Vincent (Jean Reno) y Larry (Skip Sudduth) se reúnen en un bar, como lugar cita, en donde está sirviendo en la barra Deirdre. Las miradas tantean, escrutan, buscan la distancia adecuada para tener la visión precisa de lo que puede sorprenderles o de lo que se ajusta a las apariencias o no. Esa interrelación entre los personajes marca el proceso de la narración. La incógnita permanente, en cuanto incertidumbre, mientras se busca la incógnita de lo que puede haber dentro de la maleta. Los personajes se estudian, prueban. Especulación, interpretación, representación. Planes, maquetas, puesta en escena, actuaciones sobre hielo. El hielo de un escenario escurridizo en el que lo imprevisible es factor consustancial, condicionante. Un escenario en el que se está en continua tensión de desciframiento, del próximo gesto que pueda realizar un contrincante, de cuál será su jugada. Nunca sabes cuándo una bala va a rebotar en una pared y alcanzarte. A veces, los imprevistos son fatales. Hay quien sabe realizar mejores faroles, o esconder sus intenciones, o disimular el alcance de lo que le importa aquello sobre lo que le presionas.

Ronin es la quintaesencia del cine de acción. Un año después Ridley Scott realizaría Gladiator (2000). Sus secuencias violentas eran toda una ceremonia de la confusión en donde no lograbas distinguir donde estaban unos y otros. Los espadazos lo realizaban los bruscos cortes de plano. Frankenheimer da toda una lección de dominio del espacio, de orientación, y a la vez de dinamismo narrativo, mediante su característico uso de lentes que potencian el uso expresivo de la profundidad de campo o de la interacción de las figuras en los distintos términos del encuadre. La obra pisa el acelerador desde el primero momento y mantiene la misma velocidad, sin perder fuelle en ningún instante, ni tampoco precipitarse o atropellarse. Su puesta en escena es milimétrica. La tensión resulta sofocante en la secuencia en la que realizan el trueque de las armas por dinero, como arrolladora es la secuencia del asalto a la caravana de coches para robar las maletas, o pura filigrana es la secuencia en la que Sam improvisa en la puerta del hotel para realizar unas fotografías de aquellos a quienes tienen que realizar el robo. Como sobrecogedora, para recordar la carne que se tritura y desgarra en la arena de un incierto escenario, la secuencia en la que Vincent tiene que extraer sin anestesia la bala en el costado de Sam bajo su guía y orientación (con un espejo). Condensa la potencia soberana de esta gran obra, que también nos extirpa sin anestesia el aliento. Frankenheimer hubiera querido concluir con una secuencia que planteaba un cierre de círculo con tañido fatal, pero la audiencia de los pases de prueba no aceptó un final con cariz trágico o descarnado. En la secuencia final Sam y Vincent se despiden en el mismo bar que la secuencia inicial. Se percibe que Sam espera que aparezca Deirdre, pero no es así. En la secuencia que había rodado Frankenheimer, Deirdre si observa el café desde fuera, pero decide no entrar; cuando se dispone a hacerlo en su coche, es introducida en una furgoneta por unos compañeros del IRA que la califican de traidora, con lo que se sugiere que su final será trágico. Aunque la citada maleta, de contenido enigmático pero peligroso, haya sido neutralizada, y capturado un peligroso terrorista, la violencia y el daño sigue rigiendo. El círculo apuntaba a un bucle sin posible final.

sábado, 29 de octubre de 2022

Mis textos en Dirigido por Noviembre 2022

 

En Dirigido por de Noviembre 2022, mis textos sobre Armageddon time, de James Gray, La maternal, de Pilar Palomero, El cuarto pasajero, de Alex de la Iglesia, Halloween: el final, de David Gordon Green, Buenas noches, mamá, de Matt Sobel y, para el Dossier sobre Edward Dmytryk, Cita en Hong Kong

viernes, 2 de septiembre de 2022

Los amos de Brooklyn

 

Los amos de Brooklyn (2009), es casi un requiem fúnebre ( o sin casi) que destaca por su atmósfera descarnada y fronteriza. El centro neurálgico de esta obra es la deriva de los tres principales personajes, cuya circunstancia está en un punto vital límite, desesperado, a punto de quebrarse. Significativamente no nos son presentados de acuerdo a su profesión sino a su circunstancia vital, como tres hombres que evidencian que han cruzado un umbral del que no hay vuelta posible, o que están tentados de hacerlo. A uno el asesinato que realiza le corroe con la desesperación y la culpa, otro siente que su vida carece de propósito, por lo que se introduce una pistola en la boca nada más levantarse, y un tercero contempla una realidad en el que los límites, la defensa de la ley o el asesinato, parecen difuminar sus fronteras. Los tres trayectos de estos policías nos son narrados en paralelo en una estructura arriesgada que alterna los trances que sufren cada uno, sin que casi se crucen unos con otros (salvo muy fugazmente), hasta que confluyen, aunque no coincidan, en un mismo (nocturno) espacio. Ya la presentación de cada personaje marca el tono de la película, y el estado en el que está sumido cada uno de ellos. Sal (Ethan Hawks), un oficial de narcóticos, ha soprepasado los límites éticos de la ley, tomándose la justicia por su mano, asesinando en un arrabal, en la noche, a un confidente que había disparado sobre unos policías. Lo que no evita que se sienta culpable y busque, más que consuelo, una ayuda, con un confesor. Queda pronto patente que es un hombre desesperado por la precariedad económica y las dificultades para mantener a su familia, compuesta por cinco hijos y uno en camino. Eddie (Richard Gere), se levanta una nueva mañana, en una habitación despojada, como si casi fuera un muerto viviente, como si le pesara incorporarse al mundo. Le quedan ya sólo siete días para el retiro, y transmite la sensación de que siente que ha desperdiciado sus veinte años como policía, ya vencido por la inercia última.


Tango (Don Cheadle) nos es presentando contemplando las secuelas, en el barrio, de la muerte de un adolescente a manos de un policía; lleva trabajando tres años como infiltrado entre bandas de delincuentes, y ya siente que empieza a perder la noción de lo que es, y de cuáles son los límites, cuando a punto está de agredir a un patrullero que les detiene en la carretera. Ya no puede más con su situación, quiere salirse de ese papel que le ha sumido en agujero negro en el que su misma identidad peligra (su mismo hogar, en las alturas, de pulido diseño, parece un espacio vaciado, no habitado); siente que ha hecho demasiadas concesiones para alcanzar ese anhelado ascenso, y por añadidura, como última prueba, tiene que incriminar a un amigo, delincuente, Caz (Wesley Snipes) que acaba de salir de la cárcel. Su matrimonio se quebró como el de Eddie, mientras que Sal brega con una circunstancia en la que peligra la salud de su mujer por el moho de su casa. Una situación tan precaria y urgente, que implica poder encontrar cuanto antes otro hogar para sanar a su esposa, determina que pueda hacer cualquier cosa por ganar dinero. Mientras, Eddie busca un imposible futuro con una prostituta, aunque descubra que el intento por recuperar la noción de que está vivo, de que no se ha convertido en un espectro que ha realizado durante décadas su trabajo como un trámite, implica involucrarse de verás en lo que se supone era su trabajo, proteger y ayudar, un compromiso con otras vidas ajenas, que se había entumecido porque él ya era el reflejo enquistado consecuencia de las actitudes que le rodeaban en su entorno (entre funcionarios y policías justicieros que ven su trabajo como heroicos marines que viven dentro de una película): al respecto, es sobrecogedora la secuencia en la que, el último día, entrega la placa y pistola; un espacio vacío, con un oficial que realiza el tramite con robótica indiferencia.

Los amos de Brooklyn, o de modo más certero el cáustico título original, Brooklyn finest (Lo mejor de Brooklyn), recupera con vigor y con rasgante pulso sombrío el brillo acerado de los thrillers policiacos de los 70, caso de la magnífica Los nuevos centuriones (1972), de Richard Fleischer. No es un cine referencial, sino que sabe asimilar una herencia, perdida en estas décadas, con destellos puntuales, como Distrito 34: corrupción total (1990), La noche cae sobre Manhattan (1997) o Antes de que el diablo sepa que has muerto, todas de Sidney Lumet, Atrapado por su pasado (1993), la mejor obra, a mi parecer, de Brian de Palma, Hasta el límite (1991), de Lili Fini Zanuck, las magistrales Camino a Perdición (2002) y Zodiac (2007), de David Fincher, o las esplendidas obras de James Gray, La otra cara de la ley (2000) y La noche es nuestra (2007), vibrantes incursiones en los abismos de la noche, en donde los límites se desvanecen y se quiebran. Como así es el final de esta áspera y nocturna obra, un final desolador como un disparo con silenciador, en donde ni la realización del gesto comprometido exime de esa sensación de intemperie vital y moral. Antoine Facqua realiza, con Los amos de Brooklyn, como en Día de entrenamiento, otro retrato tan corrosivo y tenebroso del universo de los representantes de la ley, y de lo que suponen como espejo de una sociedad. Un oscuro viaje a las tinieblas desazonador y nada complaciente.

martes, 17 de septiembre de 2019

Ad Astra

Nos tenemos sólo a nosotros. El comandante Roy McBride (Brad Pitt) se siente incómodo cuando le preguntan cómo se siente. Quizás porque no se siente a gusto consigo mismo. Siempre quiso ser astronauta. Su mirada siempre se dirigió hacia las estrellas. La expresión Ad astra, a las estrellas, alude a la frase de Seneca, per aspera ad astra, a través de las dificultades a las estrellas (en Cabo Cañaveral hay una placa conmemorativa con esa frase en homenaje a los astronautas fallecidos en el Apolo 1, cuando se incendio). Pero las dificultades que explora, o intenta dejar en evidencia, James Gray en Ad astra (2019), son las que se padecen a ras de tierra, o en el interior de una mente, ese firmamento con agujeros negros emocionales, las dificultades de conexión con los otros, en especial con los que se supone que son los seres queridos, por tanto las dificultades de consolidar una relación que no emborrone, o subordine, a los otros, por buscar algo más allá de las estrellas, esto dicho, en un sentido amplio, figurado. En las primeras secuencias se escucha a Roy leer una declaración en la que afirma que no distraerá su atención de lo que debe ser su foco prioritario: al fondo, en segundo término del encuadre, se distingue, desenfocada, a su esposa, que abandona la casa. Roy ha priorizado en su vida su dedicación o vida exterior, ha sido su objetivo preferente, lo que implica mirar siempre hacia la distancia, hacia lo que se quiere conquistar o descubrir. Como su padre, Clifford (Tommy Lee Jones), cuando se marchó, como responsable del Programa Lima, hasta Saturno para intentar demostrar que hay vida inteligente en algún lugar del Cosmos (lo que por extensión, no sólo implica vida alienígena, sino esa obcecación humana por constatar la presencia de un dios o varios como autores del libreto que es nuestra existencia). De hecho, Clifford, que partió casi treinta años atrás, y desapareció, dándosele por muerto, trece años atrás, declara en una de sus grabaciones que podía sentir la presencia de Dios. No deja de estar, también, relacionado con esa necesidad de sentirse dios, controlador aéreo de la vida (y no sólo la propia). Como si la realización de la existencia se materializara como protagonista, que se eleva por encima de los demás, en un escenario.
Este es el relato de un viaje interior, puntuado por la voz en off de Ray. En las primeras imágenes, de modo difuso, se insinua el rostro de Roy, con el firmamento como telón de fondo. El espacio sideral, el espacio interior de Roy. Una imagen temblorosa. Así es como se mira a sí mismo Roy, quien se siente lejos de todo. Siente que ha cometido demasiados errores, que habló cuando debería haber escuchado, que se irritó cuando debía haber reaccionado con calma. Siente que se dejaba llevar por la furia cuando era una manera de no enfrentarse al miedo, por eso interpone distancia, y parece una piedra que se muestra susceptible si quieren saber cómo se siente. En las primeras secuencias, en una plataforma de elevada altitud que supera la atmósfera terrestre, Roy se precipita en el vacío. No ha dejado de precipitarse en el vacío toda su vida, por construirla sobre la negación. Esa caída está provocada por una explosión en Neptuno que ha afectado a las corrientes eléctricas en la Tierra, provocando miles de muertes. Se teme que el efecto de esa explosión pueda derivar en la destrucción de toda vida en el sistema solar. El modo de contrarrestarlo implica un viaje hasta la nave de su padre en Neptuno, quien, según le notifican sus superiores, puede aún seguir vivo. Y a Roy le asignan esa misión. Pero ese es el planteamiento argumental. Y este A las estrellas, ante todo, y no lo esconde, es un viaje interior, y por lo tanto simbólico, en la línea de Solaris, de Andrei Tarkovski o Steven Soderbergh, o, particularmente, Interstellar, de Christopher Nolan (por su estructura episódica) o Gravity, de Alfonso Cuaron (por centrarse en el proceso de un personaje confrontado con sus emociones irresueltas, con la pérdida de gravedad emocional o inclinación a la huida o negación). No sólo no lo esconde, sino que lo expone sin las sutilezas a las que recurrían las obras citadas. Es un viaje hacia las sombras interiores, como también lo era una obra sí vinculada con sucesos reales, pero ante todo un viaje interior, en este caso más inspirado, o no tan desequilibrado, First man (2017), de Damien Chazelle.
Es un viaje con diferentes escalas, o episodios, como Interstellar, con desvíos del camino, u obstaculizaciones con las que se encuentra. En uno de esos episodios, se detienen para atender la llamada de una nave, en la que encuentran sueltos animales agresivos. En la siguiente secuencia Roy reflexiona sobre su furia reprimida, y cómo también la sufría su padre. Se confronta con su represión como condicionante de su incapacidad de conectar y relacionar. Al simbolo le sucede el comentario, o la interpretación. O, también podría verse cómo un suceso suscita en el protagonista una revelación sobre sí mismo, ya que este es un viaje interior, salpicado de imágenes impresionistas, rodades en diferentes formatos, que evocan la infancia o la relación marital de Roy, huellas emocionales, reminiscencias, en la línea de las que desplegaba Terrence Malick en La delgada línea roja.
En su primera mitad, en armoniosa conjugación con la música de Max Richter, prima el flujo de una atmósfera impresionista, pero a partir de esa secuencia citada, símbolo y atmósfera comienzan a desajustarse. Me evocó Eyes wide shut (1999), de Stanley Kubrick, porque resultaba sugerente el desciframiento simbólico (sustentado en la excelente novela de Arthur Schnitzler, Relato soñado), pero el relato cinematográfico en sí parecía ir por otra dirección, convirtiéndose en lastre, por su rancia y rudimentaria aproximación expresiva, carente de atmósfera y fluidez. En el caso de Ad Astra, más que deficiencias de estilo o fluidez narrativa (Gray despliega su habitual elegancia y refinamiento formal, con esa característica iluminación que amortigua la luz, y no adolece de la espesa y artrítica narrativa que definía al cine de Kubrick), el desajuste proviene de que el símbolo se superpone, de lo cual se resiente el trayecto dramático (aparte de que no sea un entramado conceptual particularmente complejo; tampoco lo era el de Gravity pero fluía, prioritariamente, de modo armónico como curso emocional). Sentí el trayecto no como la progresión hacia una catarsis, o depuración (en un sentido alquímico, como era también en el caso de Gravity o Interstellar) sino hacia un significado, la asunción de que estamos solos con nosotros mismos, y hay que dejar de mirar tanto a las estrellas, es decir, a nuestros egos y arrogancias, y enfocar en lo fundamental, la capacidad de conectar con los otros, los que están a nuestro lado. Ni hay dioses más allá, ni somos dioses nosotros. Por eso, en las secuencias finales la figura desenfocada en las iniciales ya está bien enfocada, porque ya no se mira hacia las difusas estrellas, hacia la distancia que es el propio ombligo.

domingo, 2 de julio de 2017

Lo mejor del segundo trimestre del 2017

10. Stefan Zweig: Adiós a Europa, Maria Schrader
9. Las películas de mi vida, Bertrand Tavernier
8. La vida de Anna, de Nino Basilia
7. El rey de los belgas, Peter Brosens y Jessica Woodworth
6. Rosalie Blum, de Julen Rappeneau
5. Norman, el hombre que lo conseguía todo, Joseph Cedar
4. Los demonios, de Philippe Lesage
3. Lady Macbeth, de William Oldroyd
2. Bajo el sol, de Dalibor Matanic y (abajo) 1. Personal shopper, de Olivier Assayas.
Fantasmas. Cuerpos que no encuentran su lugar, que no consiguen conectar, que se sienten desclasados, fuera de lugar. Exploradores de espacios que quizá no existan, aunque quizá lo fundamental sea la actitud el propósito que evidencian las faltas de la configuración de un supuesto orden, de una estructura de sociedad, de sentido. La ciudad perdida de Z es como la entidad que no sabes si es sobrenatural o real, si eres tú mismo o es la realidad afuera, esa realidad de ventas y compras, de pantallas e intercambios difusos (Personal shopper). Soledades. Cómo conectar, cómo sentir junto a otro, seres en el tiempo que nos enfrentamos con los abismos de nuestro pasado, de nuestro incierto futuro o movedizo presente (Rosalie Blum). Cómo nos confrontamos con la decepción, con el contraste entre lo que soñamos y lo que fuimos (Wilson, Colossal). Cómo nos construimos, cómo nos definimos, quiénes somos en el proceso de formación, cómo nos confrontamos con la multiplicidad de emociones, impulsos, deseos, instintos, cómo nos configuramos como adultos, cómo realmente se relacionan los adultos (¿la formación en qué forma derivó?¿cómo se logra lidiar o encauzar con los demonios?). (Los demonios, La chica dormida)
Rivalidades. Los enfrentamientos entre colectivos. Qué es Europa,, qué es el otro, cómo nos relacionamos con los otros, como construcciones identitarias (genéricas, étnicas...sea de otra nacionalidad, religión, género sexual, raza...), máscaras que se injertan, y disgregan y separan: las rivalidades, la ignorancia de cómo es aquella otra cultura. La imperiosa tendencia humana a la destrucción, y a la estigmatización. La brutalidad de su naturaleza básica: El monstruo del impulso a hacer daño. La sublevación de quien sufrió el estigma, la utilización de los mismos recursos: todo depende de la posición. Y ¿Cómo afrontar el daño, la pérdida, por qué la necesidad de la retribución, el victimismo que se convierte en agresión? (Bajo el sol, El rey de los belgas, Stefan Zweig: Adiós a Europa, Déjame salir, Lady Macbeth, Life, Una historia de venganza). Funciones. El ser humano convertido en agente, en ejecutor de procedimientos, intermediario o estratega, la realidad como escenario de cálculo y conveniencias, alianzas y trámites, pulsos y partidas. Seres en medio sin vida íntima que transitan en un escenario virtual, intangible, como el universo escurridizo de las finanzas que nos domina como dictadura. Mientras, entre las ruinas de lo real forcejean quienes boquean para poder sobrevivir porque se arrastran entre míseros empleos con los que mal sobreviven, sin lograr encontrar la salida, aunque por desesperación piensen que puede estar en otro escenario geográfico, otro país, otro continente (Miss Sloane, Norman, el hombre que lo conseguia todo y La vida de Anna).
Mejor interpretación masculina: Michael Fassbender (Alien:covenant). Joseph Hader (Stefan Zweig: Adiós a Europa). Woody Harrelson (Wilson). Edouard Tremblay Granier (Los demonios). Arnold Schwarzenneger (Una historia de venganza)
Mejor interpretación femenina: Kirsten Stewart (Personal shopper). Ekaterina Demetradze (La vida de Anna). Jessica Chastain (Miss Sloane). Tihana Lazovic (Bajo el sol). Florence Pugh (Lady Macbeth).
Mejor dirección fotográfica: La ciudad perdida de Z (Darius Khondji). Lady Macbeth (Ari Wegner). Una historia de venganza (Pieter Vermeer). La chica dormida (Andrew Commis). Colossal (Eric Kress)
Mejor banda sonora: Miss Sloane (Max Richter). Una historia de venganza (Mark D Todd). Déjame salir (Michael Abels). La ciudad perdida de Z (Christopher Spelman). Life (Jon Ekstrand).
Mejor guión: Norman, el hombre que lo conseguía todo (Joseph Cedar). Personal shopper (Olivier Assayas). Rosalie Blum (Julen Rappeneau). Stefan Zweig: Adiós a Europa (Maria Schrader, Jan Schomburg). Lady Macbeth (Alice Birch).
Mejor edición: Personal shopper. Lady Macbeth. Bajo el sol. Los demonios. Norman, el hombre que lo conseguía todo.

sábado, 22 de octubre de 2016

30 Curiosidades de Marion Cotillard

Si contempláramos su mirada descubríríamos lo que faltaba en las miradas desorientadas de quienes no lograron comprender qué había tras los niveles de ese bello viaje alquímico que es 'Origen' (2010), de Christopher Nolan, donde precisamente se encontraba el rostro de esta excepcional actriz, el rostro ausente, el rostro dolorido por el daño de quien no cree en las alturas del amor, personaje que algunos malinterpretaron calificando de femme fatale, como a otra dañada por las sombras del amor, la pérdida, su personaje en 'Largo domingo domingo de noviazgo'(2003), su primer eslabón hacia el éxito, apuntalado por un rostro arrasado, sin cejas y de alma perforada por la pesadumbre, como era el de Edith Piaf, papel que le reportó el Oscar a le mejor actriz en el 2008, la cantante que cantaba la vida en rosa, la canción que sonaba, insistente, en 'Origen', el recordatorio de que la vida no es rosa, sino que está perforada por la pérdida.
Pocas miradas en el cine de hoy, como la de Marion Cotillard, refleja la fragilidad y vulnerabilidad de nuestra condición, como bien expresó,a flor de piel y en carne viva, en dos de las interpretaciones más sublimes del cine de este siglo, en 'De óxido y hueso' y 'Dos días, una noche'. Destaquemos un reguero de curiosidades de esta actriz, cantante, modelo, activista medioambiental y dueña de restaurantes
1.El primer recuerdo como espectadora. Marion no hablaba demasiado cuando era niña. Se sentía excluida de la relación de sus dos hermanos gemelos. Y en el colegio se sentía extraña. No entendía la relaciones entre la gente. La primera película que recuerda haber visto fue 'ET'. Lloraba tan alto que los espectadores que estaban alrededor pidieron que la sacaran del cine. Y así fue. De alguna manera, quizá 'quería volver a su casa' porque no la encontraba en el mundo alrededor. 2.La actriz que también soñó con ser cantante. Ha declarado que si no hubiera consolidado su carrera como actriz, se hubiera dedicado a la música. Curiosamente, el papel que la encumbró fue el de una cantante, Edith Piaf. La música es parte de su infancia. Su madre, también actriz, como su padre, cantaba con frecuencia. No recuerda un viaje en coche en el que no se cantara. Marion domina varios instrumentos, la guitarra, el bajo, el piano o la pandereta. Para 'Toi et moi'(2006), de Julie Lopes Corval, tuvo que aprender en un mes a tocar el violoncello. Usa el seudónimo de Simone, nombre de su abuela, cuando canta con el grupo Yodelice, con quienes realizó una gira por Francia y Bélgica en el 2010. Y puso su voz a un par de canciones en su álbum 'Cardioid'. Ha compuesto e interpretado varias canciones en diferentes producciones. Para 'Les jolie choses' (2001), coescribió y cantó 'Le fille de joie', y para el cortometraje que Olivier Dahan realizó para Cartier, 'Love range' (2008), coescribió y cantó 'The strong ones', junto al cantante canadiense Hawksley Workman, a quien admira especialmente.
3.Su música favorita. Sus grupos o cantantes predilectos son David Bowie, Janis Joplin, The rolling stones, The Beatles, Otis Reding, Radiohead y Elvis Presley
4.Dar a luz por partida doble. Debutó, se dio a luz en la pantalla, dando a luz en 'Saving Grace', el decimoséptimo episodio de la primera temporada de la serie 'Los inmortales' (1992), aunque su nombre no constaría en los títulos de crédito. Si constaría en 'Nowhere to run', el 21º de esa temporada, en el que interpretaba a Lori Bellian, personaje ya con frases. Se sentía extraña cuando era niña y su primer papel en pantalla es en otra lengua, en inglés.
5.Primer protagonista. Su primer papel protagonista fue en 'Chloe' (1996),de Denis Berry, junto a Anna Karina, como una joven quinceañera abocada a la prostitución por un hombre del que se enamora. La presencia de Anna Karina conecta con su personaje de Nana, la prostituta protagonista de 'Vivir su vida' (1992), de Jean Luc Godard
6.El salto a Hollywood. Marion era una gran admiradora del cine de Tim Burton. Por eso, durmió durante un mes con el guión de 'Big fish' (2003), por si le daba suerte para ser escogida. Pensaba que si lo conseguía sería la confirmación de que su carrera podía tener un futuro. Sino se resignaría a su suerte. Pero el gran pez de Hollywood picó e interpretó a la pareja embarazada del hijo que no comprende a su padre.
7.La mujer que no era una mujer fatal. El personaje en 'Un largo domingo de noviazgo' (2004), de Jean Pierre Jeunet, le reportó su primer premio Cesar de la Academia francesa. Lo que amaba de ese personaje es que no era un cliché de mujer fatal (como algunos la calificaron apresuradamente). Más bien era uno de esos personajes extremos que particularmente le entusiasman. Era una chica que amaba a su hombre y se siente desesperada cuando lo pierde. No es sólo una cuestión de venganza. Ella está perdida, destruida. Es el triste y sombrío contrapunto del personaje protagonista que encarna Audrey Tatou, quien por cierto era la preferencia de los productores de 'La vida en rosa', papel que consiguió por la insistencia de su director, Olivier Dahan..
8.Actriz multipremiada. Sus interpretaciones en 'Taxi express' (1998), de Luc Besson, y, como dos gemelas de carácter contrapuesto, en 'Les jolie choses' (2001), de Gilles Paquet-Brenner, le habían reportado nominaciones como actriz revelación en los Premios Cesar. Como mejor actriz ha sido nominada, hasta ahora, en seis ocasiones. Lo ganó en el 2007, por su encarnación de Edith Piaf en 'La vida en rosa', interpretación por la que ganó también el Oscar a la mejor actriz, el segundo caso en el que una actriz francesa ha ganado el Oscar, tras Simone Signoret en 'Un lugar en la cumbre' (1959), de Jack Clayton y la segunda vez que lo ha ganado una actriz con un personaje que habla en otra lengua que no sea el inglés, tras 'Sofia Loren en 'Dos mujeres' (1961), de Vittorio Da Sica. Fue de nuevo nominada por otro papel en el que no hablaba en inglés, en 'Dos días, una noche' (2014), de los Hermanos Dardenne.
9.Otra Marion en la ducha de Psicosis. Para la revista Vanity Fair recreó fotográficamente, en el 2008, la secuencia de la ducha de 'Psicosis'.El personaje que interpretaba Janet Leigh en la película de Hitchcock se llamaba Marion.
10.Películas predilectas. Sus películas favoritas son El gran dictador (1940), de Charles Chaplin, '¡Qué bello es vivir' (1946), de Frank Capra, 'Soy Cuba' (1964), de Mikhail Kalotozov, 'El guateque' (1967), de Blake Edwards, la película de animación 'El rey y el ruiseñor' (1980), de Paul Grimault, 'El hombre elefante' (1980), de David Lynch y 'Tandem' (1987), de Patrice Leconte 11. Lady Dior, Lynch y el bolso de Shanghai. Ha aparecido en más de 200 portadas en revistas de todo el mundo. En el 2008 fue elegida el rostro de Lady Dior. Interpretó un personaje ficticio creado por John Galiano en una serie de cortometrajes, realizados entre el 2008 y 2011, ubicados en diferentes ciudades para promocionar los bolsos de Lady Dior: Lady Noire Affair (en París), dirigida por Olivier Dahan, Lady Rouge, dirigida por Jonas Akerlund, Lady Grey London, junto a Ian McKellen, y L.A dy Dior, ambos dirigidos por James Cameron Mitchell y el más extenso, Lady Blue Shanghai, otra fascinante joya dirigida por David Lynch. En el 2012, incluso, diseñó uno de los bolsos de Lady Dior.
12. Diseñadora de muñecas y joyas. En el 2010, diseñó su propia muñeca para la campaña francesa de Unicef, 'Les Frimousses Font Leur Cinéma'. El dinero conseguido con la venta se invirtió en vacunas para miles de niños en Dafur. En el 2015 se ha decidido por el diseño de joyas 'verdes'. 13.Música para Lady Dior.En el 2010 grabó' The eyes of mars', que co escribió con Franz Ferdinand, para la campaña Lady Rouge. En el 2012 escribió y cantó 'Lily's body' para la el documental de la web de Lady Dior. 14. La sombra luminosa de Edith Piaf. En dos obras previas a 'La vida en rosa' se pueden escuchar canciones de Edith Piaf, 'Chloe' y 'Quiereme si te atreves' (2003). Tras que fuera contratada para participar en 'Origen', Nolan se planteó cambiar la canción 'La vie en rose', que se utiliza de modo recurrente, para evitar que se especulara con lo que no era sino una mera coincidencia, pero el músico Hans Zimmer le hizo desistir de esa idea.
15.Cuando llama un dios y es Woody Allen. Para su personaje en 'Midnight in Paris' (2011) , la mujer de otro tiempo que fue amante de Picasso, fue la primera opción de Woody Allen. Cuando el cineasta le llamó a su casa para proponerle el papel estuvieron hablando alrededor de una hora. Cuando colgó, Marion aún alucinada se dijo: “Cielos, ese era Woody Allen. ¡Era la voz de Woody Allen!”
16.Papeles que no interpretó. Iba a participar en 'Cosmopolis', de David Cronenberg, pero, debido a su embarazo, fue reemplazada por Sarah Gadon. La promoción de 'De óxido y hueso', de Jacques Audirard, impidió, por conflicto de fechas, que pudiera protagonizar 'El pasado' (2013), de Asghar Faradi. Su papel lo interpretaria Berenice Bejo. Hizo una prueba para 'Gravity' e en el 2010, pero rechazó el papel porque prefería participar en 'Origen'.
17. Brangelie a la francesa. Desde el 2007 mantiene una relación con el actor y director Guillaume Canet. Son considerados los equivalentes de Brad Pitt y Angelina Jolie. Suelen eludir lo más posible que les hagan fotos juntos. Mantienen su relación, lo más posible, lejos de los focos de atención mediática. Ambos se declaran fetichistas de las guitarras. Como el vampiro protagonista de la exquisita 'Sólo los amantes sobreviven' (2013), de Jim Jarmusch, se declaran fetichistas de las guitarras, que se puede decir que infestan su piso.
18.Madre superwoman. Así la calificó Christopher Nolan, como una superwoman, tras que se incorporara al rodaje de 'The dark knight rises' (2012), un mes después de haber dado a luz a Marcel, nombre puesto en homenaje al boxeador Marcel Cerdan, el gran amor de la cantante Edith Piaf. .
19.Tetas en la frente. Para que los hombres miren a los ojos en vez de a las tetas, la solución, unas 'tetas de frente'. En 2010 participó en una parodia, en forma de anuncio: 'Forehead tittaes' (tetas de frente), de Jake Zymanski, para la web Funny or die.com. Taraji P Henson y Lesley Ann Warren se unieron a la sorna.
20. La admiración de otra estrella. Cate Blanchett, otra de las grandes del cine actual, escribió un texto en Variety en el que declaraba su encendida admiración por la interpretación de Marion en 'De óxido y hueso' (2013), de Jacques Audiard, a la que calificó de inesperada y nada sentimental y sí descarnada como la propia película. Destaca cómo revela brutalidad emocional y fragilidad casi en una misma respiración, y fuerza en el semblante de una abrumadora incertidumbre. 21. Activista medioambiental. Es una apasionada defensora del medio ambiente. Ya reciclaba en los años 80, gracias a la sabia educación de su abuela. Fue portavoz de Greenpeace en el 2005. Contribuyó en el libro 'Dibujos para el clima', publicado para recaudar fondos para la organización. En el 2010 viajó con Greenpeace al Congo para visitar las selvas tropicales amenazadas por las empresas de talas, participando en el documental 'The congolose forests: living on borrowed time'. El en el 2012 apoyó a los indios amazónicos en la protesta por el proyecto de construcción de una hidroeléctrica. En el 2013 se enjauló en las cercanías del Louvre para reclamar la liberación de 30 activistas de Greenpeace encarcelados en Rusia por sus protestas contra el maltrato medioambiental al Artico. Antes de entrar en la jaula, gritó 'Soy una defensora del clima. En el 2014 firmó 'Manifiesto del tigre', un llamamiento para que consumamos productos que no impliquen la destrucción de los bosques, y en concreto impedir la tala de los bosques de Indonesia que está poniendo en peligro de extinción al tigre de Sumatra.
22. Dueña de dos restaurantes. En el Glou y el Jaja, inaugurados el 2010, se privilegian productos de la tierra, de acuerdo a su respeto por el medio ambiente. Todo los alimentos son 'Bio' (para los no versados, y sobre todo devoradores de hamburguesas: origen natural, sin componentes químicos) 23. El canto de Juana De Arco. James Gray, con quien ha trabajado en 'El sueño de Ellis', y Jacques Audiard la han comparado con Maria Falconetti, la actriz que interpretó a Juana de Arco en 'La pasión de Juana de Arco' (1928), de Carl Dreyer., personaje que admiraba en la pantalla de un cine en 'Vivir su vida' el personaje de Nana, encarnado por Anna Karina, con quien había trabajado en 'Chloe'. Marion la ha interpretado en el oratorio 'Juana de Arco en la hoguera', de Arthur Honniger, en el 2005, el 2012 y el 2014, con la orquesta de Orleans, la sinfónica de Barcelona y la Filarmónica de Nueva York.
24. Los intérpretes que admira. Sus intérpretes predilectos son Greta Garbo, Romy Schneider, Juliette Binoche, Charles Chaplin, Peter Sellers y Sir Laurence Olivier. Iniciada pronto por su padre al cine mudo, cuando era niña solía fingir que era Louise Brooks o Greta Garbo. Aunque ella no aspiraba en convertirse en alguien como Greta Garbo sino en alguien como Charles Chaplin. En la actualidad, admira particularmente a Kate Winslet, sobre quien escribió un texto laudatorio acerca de su interpretación en 'Una vida en tres días' (2014), de Jason Reitman. La actriz británica había rechazado el papel que acabó interpretando Marion en 'Origen', porque no se veía en ese personaje, y consiguió finalmente el papel que le reportó el Oscar por 'El lector', para el que había sido considerada Marion. 25. El polémico video sacrílego de David Bowie. En el 2013 intervino, junto a Gary Oldman, en el controvertido video de la canción 'The next day' de David Bowie, dirigido por Floria Sigismondi, con representantes del clero en un club de alterne (en el que actúa Bowie). El sacerdote que encarna Gary Oldman saca a bailar a una prostituta, encarnada por Marion, y durante el baile comienza a brotar sangre de orificios en las manos de Marion, como estigmas de las heridas infligidas a Cristo en la cruz.
26. Incomodidad con las escenas de sexo. Le disgusta rodar las escenas de sexo. Excepto las de 'De óxido y hueso' (2012), con Mattias Schoenaerts, en concreto la primera, porque era un momento especial para el personaje, ya que era la primera vez que tenía sexo desde que había perdido sus piernas. La actriz reconoce que es el personaje que más le ha conmovido interpretar.
27. La actriz dramática que quiere ser cómica. En el show de Jay Leno en el 2012, declaró que admiraba a comediantes como Will Ferrell, Seth Roger y Jonah Hill, y que le encantaría trabajar con ellos en alguna comedia. Una año después realizaba un cameo en 'Los amos de la noticia' (2013), de Adam McKay, en la secuencia final del combate entre varios equipos de noticiarios. En esa escena también realizan cameos Jim Carrey, Will Smith, Liam Neeson, Harrison Ford, Kanye West, Sacha Baron Cohen, Amy Poehler, Tina Fey y Kirsten Dunst.
28.El guión que aceptó sin pestañear. Aceptó sin leer el guión la propuesta de los hermanos Dardenne de protagonizar 'Dos días, una noche' (2014).Se lo plantearon en un ascensor durante el rodaje de 'De óxido y hueso', de la que era coproductores. Aunque tuviera que rodar tomas que duraban siete minutos, y realizar como media entre 50 y 60 tomas para cada plano (y en un caso, 82), considera que ha sido la experiencia más satisfactoria entre todos los rodajes en los que ha participado. 29. Cantante y también directora. En el 2014 escribió y cantó la canción 'Snapshot in L.A'.Posteriormente, con esta canción, escribió y codirigió, junto a John Cameron Mitchell, un video para la campaña de Lady Dior, 'Enter the game – Dior cuise 2015'.
30. Próximos estrenos y proyectos Antes de final de año estrenará tres películas: 'Allied', de Robert Zemeckis, junto a Brad Pitt, 'Just la fin de monde' del nuevo enfant terrible que vende lo viejo con apariencia de nuevo para despistados, Xavier Dolan, y su nueva oolaboración, tras'Macbeth', con Justin Kierzel y Michael Fassbender, en 'Assassin's creed'. Ha rodado también 'Mal de pierres', de Nicole Garcie y 'Rock'n roll', de su pareja Gillaume Canet. Y se encuentra en pleno rodaje de 'L'fantome d'Ismael' de Arnaud Desplechin. Take it all, Nine, 2010