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sábado, 24 de enero de 2026

Historias del buen valle

 

Raíces y desfiguración. Un espacio que es dentro y a la vez fuera de un entorno urbano. Una extensión que es a su vez otredad, en cuanto pasado y posibilidad. Un último resquicio de lo natural en un escenario urbano que se define por la apropiación. Vallbona, el buen valle, un barrio periférico de Barcelona, es huella de un pasado, de una raíz que se ha ido desfigurando. Un sentido de la comunidad que las sucesivas transfiguraciones del espacio, con las construcciones de autopistas y altos edificios, decorado de las prototípicas ciudades dormitorios, fueron desfigurando. Los planes de otras programaciones de modificaciones del espacio se sienten como amenazas, sobre todo porque no tienen en cuenta lo que quiere la comunidad, sus reales necesidades. Eso les afecta más que la progresiva llegada de personas de diversas procedencias, de variadas zonas del planeta, que se han ido integrando, como reflejan esas congregaciones en el espacio del agua, el río, aunque estén prohibidas por la ley, otro ejemplo de cómo se amordaza un modo de vida y comunidad, de contacto con la naturaleza y con los demás.

Este valle es un espacio en el que los trenes pasan pero no se detienen, como contraste con los de las películas de Yasujiro de Ozu, o los de tanto westerns en los que se espera la llegada de un tren. Un espacio en el que las aguas eran más hondas y las mujeres africanas ensayaban con sus instrumentos de percusión. Un espacio en el que se transmite cómo las margaritas ya secas disponen de semillas que se pueden desperdigar para que germinen nuevas flores. Un lugar, pues es un lugar, en sentido handkiano, en el que los distintos ciudadanos, en especial los ancianos que conocieron aquella comunidad seminal décadas atrás, evocan el pasado . O cómo añoran a aquellos con los que compartieron vida. O cantan, como en las películas de John Ford, con júbilo pero también con tristeza. A través de ese lazo comunitario Historias del buen valle (2025) se engarza con otra película pretérita de Jose Luís Guerin, Innisfree (1990), una de sus grandes obras, junto a Tren de sombras (1997) y, en especial, En la ciudad de Sylvia (2007).

Una mujer traslada árboles para replantarlos en otro lugar, y es observada a través de las ventanas por otros cuyas miradas añoran y a la vez buscan sentir la raíz en su vida, que no sea apropiada por esa voraz mentalidad que carece de todo principio social. Todos y cada uno de ellos, sea cuál sea su procedencia, ahora parte de una comunidad, disfrutan juntos de ese pequeño reducto de agua, aunque tengan que salir corriendo si ese fuera de campo en forma de uniforme irrumpe para remarcar ese cerco de realidad en el que les han confinado, aunque, paradójicamente, se haya convertido ese espacio comunitario, ese valle, o barrio, en el último reducto de singularidad natural en las lindes del escenario de una gran urbe y, por lo tanto, preciado oasis del que apropiarse para reconfigurarlo según un molde que implica desfiguración de una raíz o de habitar una realidad con raíz. Así el eco de los tambores dejará de sonar en el agua.

viernes, 31 de mayo de 2019

EL CERCO Y EL INFINITO. ESCENARIOS DEL SENTIMIENTO EN EL CINE DEL SIGLO XXI. YA A LA VENTA EN LA WEB DE LA EDITORIAL 8MM

SUMARIO: INTRODUCCIÓN. ANÁLISIS DE PELÍCULAS: 1. Deterioros, degradaciones, desconexiones, rupturas. La duquesa de Langeais (Jacques Rivette, 2007) Amour (Michael Haneke, 2012) En un lugar sin ley (David Lowery, 2013) Amor bajo el espino blanco (Zhang Yimou, 2012) Deseo, peligro (Ang Lee, 2007) Lejos del cielo (Todd Haynes, 2002) Revolutionary road (Sam Mendes, 2008) Delta y Pleasant days (Kornel Mundruczo, 2002 y 2008 ) Twentyninepalms (Bruno Dumont, 2004) Respira (Melanie Laurent, 2014) Like someone in love (Abbas Kiarostami, 2012) Cherry pie (Lorenz Marz, 2014) Después del amor (Joachim Lafosse, 2016) Los climas (Nuri Bilge Ceylan, 2006) 5x2 (Francois Ozon, 2005) Martes, después de navidad (Radu Muntean, 2010) To the wonder (Terrence Malick, 2012) Euphoria ( Ivan Vyrypaev, 2006) Nubes de verano y Mujeres en el parque (Felipe Vega, 2002 y 2006) 2.Desenfoques, distorsiones, perturbaciones, proyecciones, sublimaciones y pruebas de enfoque La vie nouvelle (Philippe Grandrieux, 2002) Shame (Steve McQueen, 2011) Zoo (Robinson Devor, 2007) Paraíso: amor (Ulrich Seidl, 2012) La pianista (Michael Haneke, 2001) Canibal (Manuel Martín Cuenca, 2013) Más allá de las colinas (Cristian Mungiu, 2012) Hadewijch (Bruno Dumont, 2008) Hombres, mujeres, niños (Jason Reitman, 2014) Blue jasmine (Woody Allen, 2013) Elle (Paul Verhoeven, 2016) Young adult (Jason Reitman, 2011) 36 (Nawapol Thamrongrattanarit, 2013) En la ciudad de Sylvia (Jose Luís Guerin, 2008) Aloys (Tobias Nolle, 2016) Two lovers (James Gray, 2008) Her (Spike Jonze, 2013) Phoenix (Christian Petzold, 2014) La mejor oferta (Giuseppe Tornatore, 2012) Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008) Behind the candelabra (Steven Soderbergh, 2013) y The girl (Julian Jarrold, 2013) La Venus de las pieles (Roman Polanski, 2013) Pasiones secretas y Los ángeles exterminadores (Jean Claude Brisseau) It follows (David Robert Mitchell, 2014) The myth of the american sleepover (David Robert Mitchell, 2010) Attenberg (Athina Rachel Tsingari, 2010) Mary is happy, Mary is happy (Nawapol Thamrongrattanarit, 2013) L'age atomique (Helene Klotz, 2012) Cuando tienes 17 años (André Techiné, 2016) Un amour de jeunesse (Mia Hansen-Love, 2011) Somersault (Cate Shortland, 2004) Tu dors Nicole (Stephane Lafleur, 2014) Joven y bonita (Francois Ozon, 2013) 3. Donde la emoción perdió su centro: Penumbras, fluctuaciones, extravíos, indecisiones, intemperies y extrañezas. Aliados (Robert Zemeckis, 2016) La ciudad de las estrellas (Damiel Chazelle, 2016) Asuntos privados en lugares públicos (Alain Resnais, 2007) Las hierbas salvajes (Alain Resnais, 2009) Para todos los gustos (Agnes Jaoui, 2000) Un cuento francés (Agnes Jaoui, 2013) Juegos secretos (Todd Field, 2006) All the real girls (David Gordon Green, 2003) The good girl (Miguel Arteta, 2002) El tiempo de los amantes (Jerome Bonnell, 2013) Margot y la boda (Noah Bambauch, 2007) Knight of hearts (Terrence Malick, 2015) Castillos de arena (Olivier Dahan, 2014) Enxaneta (Alfonso Amador, 2013) 10.000 KM (Carlos Marquet-Marques, 2014) ¿Qué hora es allí? (Tsai Ming Liang, 2001) Traición (Kirill Serebrennikov, 2012) Deseando amar (Wong Kar Wai, 2000) Bajo la arena (Francois Ozon, 2000) El pasado (Asghar Farhadi, 2013) 3 corazones (Benoit Jacquot, 2014) 45 (Andrew Haigh, 2015) Tokyo blues (Tran Anh Hung, 2010) The grandmaster (Wong Kar Wai, 2013) The invisible woman (Ralph Fiennes, 2013) After (Alberto Rodriguez, 2009) Je l'aimais (Zabou Breitman, 2009) Mud (Jeff Nichols, 2013) Una nueva amiga (Francois Ozon, 2014) Frantz (Francois Ozon, 2016) Antes del frío invierno (Philippe Claudel, 2014) The deep blue sea (Terence Davies, 2011) L'Annulaire (Diane Bertrand, 2006) Puro vicio (Paul Thomas Anderson, 2014) 4. Reinicios, despertares, gestaciones y alquimias de amor Villa Amalia (Benoit Jacquot, 2009) Calle Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg, 2015) My blueberry nights (Wong Kar Wai, 2007) Una vida en tres días (Jason Reitman, 2013) 17 fois Cecile Cassard (Christophe Honoré, 2002) Restless (Gus Van Sant, 2011) Monster's ball (Marc Forster, 2001) La desaparición de Eleanor Rigby (Ned Benson, 2014) Concussion (Stacie Passon, 2013) Una pareja perfecta (Nobuhiro Suwa, 2005) Pit stop (Yen Tan, 2013) Flandres (Bruno Dumont, 2006) The spectacular now (James Ponsoldt, 2013) Magia a la luz de la luna (Woody Allen, 2014) The lunchbox (Ritesh Batra, 2013) Embriagado de amor (Paul Thomas Anderson, 2002) Amelie (Jean Pierre Jeunet, 2001) La camarera Lynn (Ingo Haeb, 2014) De óxido y hueso (Jacques Audiard, 2012) Vendredi soir (Claire Denis, 2002) Algo debe romperse ( Ester Martin Bergsmark, 2014) Carol (Todd Haynes, 2015) Loving (Jeff Nichols, 2016) Rumba (Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy, 2008) Antes del atardecer (Richard Linklater, 2004) Un lugar donde quedarse (Sam Mendes, 2009) Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013) Tropical malady (Apichatpong Weerasethakul, 2004) Sólo los amantes sobreviven (Jim Jarmusch, 2013) https://editorial8mm.com/libros/el-cerco-y-el-infinito-escenarios-del-sentimiento-en-el-cine-del-s-xxi/

viernes, 14 de agosto de 2015

En la ciudad de Sylvia

Reflejos móviles, el reflejo de la luz desplazándose en la pared, en la pantalla. Prendas de ropa, las proyecciones de las ilusiones visten a la realidad, lo que la mente desplaza a través de los reflejos en la pantalla de la mente. Vestimos la realidad, diseñamos la constitución de la realidad, los sueños intentan que la realidad se ajuste a la talla y medidas de las proyecciones y sueños. Un mapa, y unas llaves. Un mapa para desplazarse en el laberinto de las emociones y sentimientos, de los recuerdos y las expectativas. Lo que no fue y lo que se anhela que sea. Una llave, la llave de ese rostro que se singularice entre el resto. Una abstracción, un rostro difuso en el recuerdo, un rostro por definir, como un solar entre edificios, entre los múltiples rostros. Una llave para llenar un vacío, una falta. Un rostro, el de él (Xavier Lafitte), el sujeto que sueña, y proyecta, y construye en su mente ilusiones, con un aspecto, el cabello alborotado, el leve bosquejo de barba, que remite a cierto icono del poeta o literato del romanticismo decimonónico, una figura, sentada en la cama, con la mirada absorta en un fuera de campo que no es visible, una mirada concentrada, meditabunda, prendida en la distancia, en los recovecos de su mente, que transcribe en palabras en un texto. Un fuera de campo, el de sus ilusiones, que intenta dotar de cuerpo, de presencia en el encuadre de su vida. Es la secuencia inicial de 'En la ciudad de Sylvia' (2007), de Jose Luís Guerin.
Él se encuentra en una ciudad, Estrasburgo, a la que ha regresado después de seis años. Se encuentra en la ciudad de Sylvia, se encuentra en un espacio de su mente, la ciudad de Sylvia es, como una ciudad invisible de Italo Calvino, la ciudad de los posibles que reconstituya lo que no fue. Se encuentra entre un pasado difuso que espera reencontrar y un presente en construcción que puede reedificarse desde el vínculo con una línea del pasado interrumpida, una ilusión que permaneció en ilusión, en proyecto, en reflejo móvil que no ha dejado de desplazarse en la pantalla de la mente. Pero en principio, es una mirada que se desplaza entre la multiplicidad de rostros, una mirada aún incógnita porque aún no se ha definido que rastrea, si solo en el presente que se presenta a su mirada, o si hay un pasado que quiere reencontrar, un presente que dibuja, o un pasado que quiere dibujar en su presente. Él se sienta en la terraza de un bar, y observa los rostros de la gente alrededor, en especial de las mujeres. Mirada que escruta, al acecho de los gestos, quizá rostros que reescriban la realidad, que abran una brecha y otras líneas posible de relato en su vida. Dibuja los rostros en la pantalla en blanco de su cuaderno. Retrata los múltiples rostros alrededor, rostros que son páginas de diferentes libros, y el tiempo se escancia acompasado a la deriva de mirada que se sumerge en la diversidad de rostros, rostros de lo posible. En cada persona sentada en las mesas colindantes se insinúan los diversos relatos, figuras fugaces que permanecen como enigmas en el cruce de tránsitos de la realidad. Su relato parece el del observador que enfoca en los rostros de las mujeres, sin particular vinculación con ninguno, sino solo una mirada abierta a lo posible, o la búsqueda de una aún indefinida Ella entre ellas, una mirada que ansia modelar un cuerpo con el vértigo de la sublimación (una de las chicas se recoge el pelo y no deja de recordar a la disposición del cabello de Kim Novak en 'Vértigo', 1956, de Alfred Hitchcock, la obra summa sobre las sublimaciones, con permiso de Max Ophuls).
Pero hay un rostro que se singulariza, o su enfoca se centra en un rostro, y esa singularización definirá su mirada, el relato que anida en esa mirada, los cimientos con los que construía con su rastreo alrededor. Entre los reflejos de los múltiples rostros parece singularizarse el rostro de lo que no fue. Cree entreverlo en una definida Ella (Pilar López de Ayala). Y el Ellas se reconstituye y enfoca en un Ella que pueda ser la que sí dispone de nombre en su recuerdo, en la pantalla de su sueño. Había una imagen que se intentaba ajustar a los rostros. Y se desplazan por la ciudad, uno detrás de la otra, en un laberinto de calles en el que a veces el cuerpo que se persigue, la llave del sueño que se intenta materializar de nuevo, nombrar y hacer realidad, como una aparición que haga posible lo que no fue, se escurre y diluye en el laberinto, como si entre los pasadizos se hiciera opacidad, y el mapa resultara inúltil, y sólo la aleatoriedad puede posibilitar que, paradójicamente, se haga la luz de nuevo, aunque sea una luz difusa, luz de reflejo, luz que revela pero no lo que se proyectaba. Mientras Él contempla en una ventana a una chica de espaldas que se seca el cabello, porque piensa que es Ella, Ella está de nuevo detrás de él, como lo estaba antes en el bar, entre reflejos (de otras mujeres), tras el cristal, y ahora incluso entre luces, porque es una tienda de iluminación. El no ha dejado de mirar una figura de espaldas que no tiene rostro, anhelando dotarla del rostro soñado.
Y la persecución de reflejo móvil concluye en un espacio móvil, un tranvía, en el que el equívoco es resuelto cuando las miradas y las palabras se confrontan. Ese rostro que asociaba con su pasado, con la singularidad en su vida, no se corresponde con quien creía que era. La proyección colisiona con la decepción. El recuerdo de lo singular no era lo suficientemente consistente, este rostro del presente que ha creído que era el cuerpo de su ilusión era un reflejo que conducía a un callejón sin salida. Lo singular era realmente difuso. Prevalecía el viento desbocado de su imaginación, como el cabello de una mujer de espaldas zarandeado por el viento que compone una coreografía aleatoría, la realidad configurada por la espiral de su imaginación. Pero subsiste la necesidad, la necesidad de encontrar un cuerpo que se adapte y ajuste a la idea de lo sublime, al acontecimiento excepcional, un rostro singular entre los múltiples rostros, aunque no sea Sylvia, aunque no se le parezca, aunque no sea un rostro que recuerde o crea recordar, como en las paredes de las calles es recurrente un graffiti que dice 'Laura, te amo'. No importan los nombres, no importa el tiempo concreto, ni el pasado ni el presente, sino la ilusión, la proyección de lo sublime, la persecución de un sueño, seguir escrutando entre los rostros, al acecho de los gestos, al acecho del destello que se singularice entre el resto, entre los rostros de lo transitorio, y le haga sentir que habita una ciudad, una realidad, que se distingue del resto, en la que habita sólo él y el fulgor hecho cuerpo que le haga sentir que la ilusión se edifica con los rasgos de un rostro concreto, un reflejo que se desplaza y no sólo es pantalla estática, el rostro de lo sublime que desafía al tiempo.