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sábado, 1 de junio de 2024

Mis textos para Dirigido por nº Junio 2024


 En el nº de Junio de 2024 de Dirigido por se publican mis textos sobre Hit man. Asesino por casualidad, de Richard Linklater, Memory, de Michel Franco, Amigos imaginarios, de John Krasinski, La caja de cristal, de Asli Özge y, para el dossier Rare Mistery Thrillers, Pasión prohibida (1949), de Bernard-Roland, Leur dernier nuit (1952), de Georges Lacombe y Les intrigantes (1954), de Henri Decoin.

lunes, 14 de junio de 2021

Un lugar tranquilo 2

Un lugar tranquilo 2 (A quiet place: Part II, 2021), es una continuación no solo argumental de Un lugar tranquilo (2017), ya que prosigue en el punto en que concluyó, sino en cuanto sus mismas cualidades de capacidad de síntesis, concisión y modulación narrativa. Sí hay un breve prólogo, magnífico, que narra el momento en que la invasión alienígena irrumpió en la vida de la familia protagonista: admirable el modo cómo, tras unos primeros indicios, en el cielo, de que algo anómalo está ocurriendo, irrumpe, literalmente, en el encuadre el primer alienígena, desde la perspectiva de Lee (John Krasinski), y en la posterior secuencia, el segundo, desde la perspectiva de Evelyn, ya que en ese momento ambos están separados, ella con los dos hijos varones, y él con la hija. Demuestra un afinado uso tanto del fuera de campo como de la profundidad de campo (los términos en el encuadre), y ya anticipa la construcción de dos de las secuencias de tensión más brillantes, una construcción en paralelo que es puro refinamiento coreográfico de montaje, por su hábil dominio del espacio y el tempo (que no desmerece del demostrado por Guy Ritchie en la excelente Despierta la furia). La depurada concisión narrativa también se refleja en cómo los personajes, fundamentalmente, se definen por sus acciones. En la introducción también introduce un elemento que adquirirá su relevancia con respecto a uno de los personajes, el hijo, Marcus (Noah Jupe). En los momentos previos a la invasión, Marcus está a punto de participar como bateador en un partido de béisbol; su madre, desde un lateral intenta insuflarle ánimos para que supere su nerviosismo. No logrará demostrar si puede o no superar ese trance porque la alarma determina que todos se dispersen para retornar a su hogar. Pero durante la narración deberá ponerse a prueba en varias ocasiones; en algún caso, su atolondramiento pondrá en peligro la vida de sus seres queridos, por eso pende la duda cuando en la secuencia climática deba demostrar si es capaz de realizar, con un alienígena, un lanzamiento que sea suficientemente expeditivo.

En la conclusión de Un lugar tranquilo la familia quedaba rota por la pérdida del progenitor, muerto por un alienígena. Krasinski, autor del guion en esta ocasión, opta por una certera idea de recomposición. En su diáspora, Evelyn y sus dos hijos se encontraran con un vecino, Emmett (Cillian Murphy), que ha perdido a su esposa y sus hijas. Los añicos se recomponen en la solidaridad. Las direcciones por las que optamos son las narrativas de vida que tejemos. Mientras Evelyn, o su hija Regan (Millicent Simmonds) representan la determinación que aún cree, además, en lo posible, Emmett encarna el escepticismo anegado por la decepción. No cree en lo posible, porque ha visto de qué miserable modo han actuado mucho de los supervivientes, por eso piensa que lo mejor es mantenerse oculto, preocupado exclusivamente por la propia vida (las tres variantes han dispuesto de su manifiesto eco en las actitudes que han prevalecido durante la pandemia: el sugerente contraste, ya que se rodó previamente, es reflexionar sobre cuál ha sido la predominante).  Afuera no solo hay una amenaza alienígena, sino también humana. Será la determinación de Regan la que vaya minando la reticencia de Emmett. Y resulta elocuente que el espacio en el que su alianza, o colaboración, se selle, sea en un tren descarrilado. Emmett no creía en la posibilidad de ninguna dirección, mientras Regan (que en la anterior se sentía responsable, y no suficientemente querida por su padre, por la muerte de su hermano pequeño) es quien muestra la enérgica decisión de recorrer cientos de kilómetros para corroborar si la señal que proviene de una isla corresponde a unos supervivientes.


En la secuencia nuclear de Un lugar tranquilo 2, una dilatada, y espléndida, secuencia de acción a tres bandas, Marcus, al cuidado del bebé, por un lado, se dejará superar por sus nervios, mientras espera que su madre vuelva de su incursión en la ciudad, con las medicinas necesarias para curar su pierna herida, y por otro, Regan y Emmet se enfrentarán, en el puerto, con la vertiente rapaz y cruel de los humanos supervivientes, en ambos casos, con la correspondiente irrupción, como amenaza, de alienígenas. Un prodigio del dominio del montaje o modulación de los tiempos. También se duplicarán las amenazas en la secuencia climática, y además, pese a la distancia geográfica, en feliz ocurrencia de guion, ambas convergiendo para que la resolución sea tan satisfactoria, y expeditiva, como lo fue la de la obra precedente pero multiplicado por dos (vástagos).





martes, 2 de abril de 2019

Cementerio de animales

Las consecuencias de no afrontar la muerte. En una de las primeras secuencias de Cementerio de animales (2019), de Kevin Kölsch y Dennis Widmyer, la pareja que conforman Louis (Jason Clarke) y Rachel (Amy Seimetz) discuten sobre qué es lo que deben decir a su hija de diez años, Ellie (Jete Laurence) con respecto a qué habrá o no después de la muerte. Louis aboga por la perspectiva frontal,decir que nada, mientras que ella se inclina por la reconfortante opción amortiguadora de decirle que los que mueren nos observan desde el más allá. El relato, como el espectáculo, continua, como ha sido la necesidad de tantos seres humanos de pensar que la historia no termina con nuestra muerte. Hay un continuará. Aunque Louis, médico, se enfrenta a una circunstancia desconcertante cuando no logra salvar a un paciente al que han atropellado. No sabe si es una alucinación o qué. Pero quien presuntamente creía muerto le dice que debe mantener la barrera. ¿A qué barrera se refiere?.
Tanto Ellie como Louis han conocido el cementerio de animales que hay en su propiedad, en el que los habitantes de la zona entierran a sus mascotas. Pero hay una barrera interpuesta, una zona más allá cuyo acceso se intenta dificultar. ¿Por qué? Ese es el espacio que representa la incapacidad de afrontar la muerte, en particular la pérdida de seres queridos. Cuando fallece su mascota, a la que especialmente quiere Ellie, ambos padres discuten cuál es la mejor opción: ¿decirle la verdad o contar un cuento, una mentira, decirle que se ha escapado, para así conseguir que el sufrimiento sea menor? De nuevo, las evasivas, los relatos para no afrontar directamente los hechos. Mejor maquillar, mejor negar. La misma madre sufrió con la enfermedad de columna que padecía su hermana,y se siente responsable, incluso, de su muerte, aunque sobre todo lidia con el deseo oculto, ese que nunca expresamos, o procuramos no expresar, y que nos cuestionamos a nosotros mismos, el deseo de que muriera de una vez, no sólo por lo que sufría sino por lo que le hacía sufrir a ella. Así que tanto uno como otro, Louis y Rachel, están habituados al sentimiento de impotencia, ya sea con la muerte de un paciente que no pueden salvar, o con la muerte de su hermana. Pero no puedes huir de lo que es la realidad, aunque, como Louis, haya optado por buscar un ambiente más relajado que el de la ciudad en esa propiedad rural que han adquirido. No puedes huir, aunque de nuevo recurras a los relatos que maquillen lo que es necesario afrontar de frente.
Y lo siniestro se hace realidad para reflejar tu inconsecuencia. La inconsecuencia recurre a ese más allá de esa barrera que no se debería cruzar, porque es la dirección de la enajenación, y el autoengaño, la no aceptación de ese otro incierto más allá, la muerte, la no aceptación de lo irremisible, de un vacío que no retornará en forma de cuerpo ni de espíritu que te contempla desde esas indefinidas pero plácidas alturas. En las primeras secuencias se destaca con eficacia la constitución vulnerable y frágil del cuerpo, materia que se puede quebrar, materia que se deteriora y descompone, materia que se deforma, sea a través de las heridas del paciente, o la enfermedad de la hermana de Carol. Cuando el cuerpo es otro, cuando ya no es esa pantalla que nos hace sentir que seamos inmunes, que no hay camiones que surjan de modo inesperado para arrollarnos, ni filos que hiendan en la carne, ni tumores que proliferan en nuestras piernas inmovilizadas. Más allá de las barreras del cementerio de animales prima la niebla, parece otro paisaje, otro mundo, se escuchan berridos, como si provinieran de la bestia de la pesadumbre, la bestia de la no aceptación de lo irremisible, de la pérdida. Cuando se cruzan las barreras de la no asunción de esa vulnerabilidad y fragilidad, y de nuestra irremisible condición finita, se invoca a los monstruos de la negación. Y estos ya no son lo que quisieras que fueran, el recuerdo de lo que añorabas, sino el arañazo y el desgarro que te confronta con tu negación y tu misma condición vulnerable y finita. La muerte ya no sabe de vínculos de sangre, de nostalgias y calidez de afectos, sólo sabe de descomposición.
Cementerio de animales destaca, dentro de las actuales exangües coordenadas del género de terror, por centrar o focalizar el drama en las emociones, en los personajes. Los dilemas que se plantean son los de las emociones, o se generan en estas, en su dificultad de confrontarse con la realidad, con lo que es, por eso recurrimos a los relatos como posibles refugios o consuelos cauterizadores. Dibuja con precisión a los personajes, sus dilemas y sus contradicciones, por qué toman unas decisiones y por qué rechazan otras. El relato prioriza la precisión y concisión, sin permitir que lo siniestro se convierta meramente en la aparatosidad de la barraca de feria que domine o desestabilice el relato. En ese sentido, recuerda a los pasajes más inspirados de Hereditary, de Ari Astter, cuando se centra en las secuelas de la pérdida de un ser querido, y no, afortunadamente, a los finales, cuando se extravía en un desquiciado efectismo. Su contención, atenta a los procesos emocionales de los personajes, con la consideración del trance anómalo, fantástico, como reflejo de sus forcejeos interiores, la empareja a otras de las escasas propuestas estimables del reciente género de terror, Cadáver, de Diederik Van Rooijen, y Un lugar tranquilo, de John Krasinski. Lo siniestro se gesta en las turbulencias de las emociones de los personajes, en los monstruos que generan la desesperación, la impotencia, el miedo y el dolor. Por eso, se hace el silencio cuando el más devastador dolor arrasa la vida de esta familia con la vida de uno de sus miembros. Por eso, ante ese vacío, ante ese silencio, el ser humano ha decidido cruzar barreras que implican esconder la cabeza, no mirar de frente a lo que es, a nuestra condición mortal, al vacío que apaga nuestra vida cuando dejamos este mundo, y simplemente nos descomponemos. Cementerio de animales va más allá que sus predecesoras: la variación del miembro que muere complejiza más el proceso, y enfrenta con más crudeza a la paradoja o absurdo de que por no afrontar la muerte de un ser querido tengas que enfrentarte a la posibilidad de tener tú que matarlo. Y resulta aún más contundente en su conclusión dada la inversión radical de la vida de esta familia por no saber afrontar la muerte.

martes, 24 de abril de 2018

Un lugar tranquilo

El acople de la voz disconforme. Espacios abandonados, ya sólo habitados por desechos, sombras furtivas que se desplazan sigilosas en lo que fue un establecimiento comercial, una familia que busca medicación para uno de los tres hijos. Son sombras porque quieren pasar inadvertidas, y el sigilo parece su salvoconducto para que así sea. Un mínimo ruido y la amenaza se hará visible, irrumpirá de cualquier parte, con consecuencias fatales, como una súbita y expeditiva extracción. En un segundo, quedas fuera de la realidad. Es la secuencia introductoria de Un lugar tranquilo (2018), tercera obra de John Krasinski. Ya evidencia sus principales cualidades, su capacidad de condensación y la precisión, con pocos elementos, con que traza una atmósfera de amenaza. Nos define la circunstancia colectiva a través la portada de un periódico, una invasión de alienígenas, y a través de las notas escritas por el padre en su refugio nos sitúa en la circunstancia individual, el número de alienígenas avistados en la zona, tres, criaturas ciegas que localizan a través del sonido (como los murciélagos), y la interrogante que pende como el resquicio que pudiera incrementar las posibilidades de su supervivencia: ¿cuál es su punto débil?. Los personajes se comunican con el lenguaje de sordos. De hecho, la hija mayor, Regan (Millicent Simmonds) padece de sordera, lo que determina que los planos desde su perspectiva carezcan de sonido alguno.
En cierto momento, los padres, Lee (John Krasinski) y Evelyn (Emily Blunt) se preguntan quiénes son si no son capaces de proteger a su familia. Para amplificar su desvalimiento, y multiplicar de modo exponencial los desafíos para su capacidad de solventar las adversidades, estas se acrecientan con el hecho de que Evelyn esté embarazada (¿cómo evitar los berridos de un bebé o los gritos durante el parto?). Sólo unos sonidos más fuertes, como el de una cascada o unos fuegos pirotécnicos, puede camuflar, como una cortina, los sonidos que emitan. Lee se esfuerza en lograr diseñar el aparato de sordera que facilite que su hija pueda escuchar. Hasta el momento no han sido fructíferos, pero la hija rechaza su nuevo intento. En su gesto, en su hosca reacción pende el resentimiento, y la desesperación, por no sentirse lo suficientemente querida, y sí sentirse responsable de la tragedia que extirpó a uno de los componentes de su familia. Siente que fue su negligencia la que lo determinó, negligencia relacionada con su diferente relación con la realidad, que siente como menos capaz, por estar condicionada por su dificultad de oír, por tanto, menos consciente de lo que posibilita la amenaza. Cuando decida probar el último aparato de sordera, siente un acople que provoca una aguda distorsión de sonido. Ella no deja de ser una interferencia en el seno de su familia, una voluntad en colisión, el reflejo de una falta de comunicación, ya que el padre ignora cómo se siente de culpable o no querida su hija, más atento a una amenaza exterior ante la que no hacerse audible o visible. Pero ese acople de sonido también determinará otra interferencia, y esta no estará relacionada con los desajustes internos sino con la posibilidad de una sublevación, la de un sonido que no tema dejarse oír sino todo lo contrario.
Krasinski evidencia una notable pericia narrativa, manifiesta en las secuencias nucleares, los ataques de las criaturas alienígenas. A este respecto, hay que destacar cómo dosifica el discernimiento de su aspecto. John Krasinski mencionaba a Tiburón (1975), de Steven Spielberg como referente. Como también en Alien (1979), de Ridley Scott, el avistamiento será fugazmente entrevisto, o parcial, hasta que podamos disponer de una visión completa, ya en su último tramo. Al fin y al cabo, el miedo no suele mirar de frente. Krasinski señalaba, en concreto, cómo el policía, que encarnaba Roy Scheider había decido trasladarse de la ciudad a esa pequeña localidad costera para evitar situaciones amenazantes: la confrontación con la amenaza del tiburón no dejaba de ser la confrontación con sus propios miedos. Es decir, un lugar tranquilo que realmente no lo es, pero que quieres creer que lo es porque haces oídos sordos a la realidad. Espejismos de refugios. Por eso, Un lugar tranquilo, aparte de la relevancia de la cuestión familiar (lo primero que le atrajo del guión, que leyó cuando él y Emily acababan de tener su segundo hijo) también dispone de sutiles resonancias con respecto a la circunstancia política del país: Puedes cerrar los ojos y esconder la cabeza en la arena, o puedes decidir intervenir en lo que está pasando, declaró Krasinski. Puedes temer que sepan lo que piensas, por sus posibles consecuencias funestas para ti o tu familia, pero no hay que temer a los monstruos que no aceptan discrepancias. Hay que dejarse oír, crear el oportuno acople que afecte a los que quieren imponer su voz, su criterio. Por eso, el gesto final, excelente plano de cierre, es bien elocuente. Alan Silvestri compone una excelente banda sonora