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lunes, 30 de julio de 2018

El arte fotográfico de Jeff Bridges

24 fotografías de Jeff Bridges durante los rodajes de Los fabulosos Baker boys, K-Pax, Texasville, Volar por los aires, El gran Lewobski, Tucker, El rey pescador, Wild Bill, Valor de ley y Sin miedo a la vida.

sábado, 27 de agosto de 2016

K-Pax

Caídas y pérdidas. Algo se puede caer, algo se puede perder. Pierdes el paso, pierdes a quien te conectaba con la vida como impulso y refugio, a quienes amabas como tu propia vida. Caes en la desesperación, en la decepción. La vida no deja de confrontarte con las caídas y las perdidas. Intentas seguir elevando la mirada hacia arriba, con la ilusión aún encendida, o el impulso de la pregunta que no deja de explorar lo que aún no se sabe. Pero a veces, la mirada se precipita en el vacío, cae incluso en un agujero negro. O, cuando se desvía tanto de los extremos como de la exuberancia de la vida, permanece en la línea recta que no enfoca demasiado ya alrededor ni a sí mismo sino que se deja conducir por los trámites como el tren que se coge a la misma hora, una mirada que ya no se preocupa demasiado de quienes conforman su entorno, como si también fueran piezas de un mobiliario, una rutina diaria cotidiana confortable. Pero irrumpe lo extraño, lo desconcertante, y el paso se cambio para encontrarse con ángulos inusitados, y las respuestas, para variar, se escurren. Y te confrontas con el hecho de que creías saber lo que realmente no sabes, ya que aquella superficie en la que discurría tu existencia era meramente la trama y la pantalla protésicas sobre la que te dejabas arrastrar funcionarialmente en la inercia de los días. Eso es lo que le ocurre en 'K-Pax' (2001), de Ian Softley, al psiaquiatra Powell (Jeff Bridges) cuando trata a Prot (Kevin Spacey), un paciente que se sale completamente lo habitual, al que no logra enfocar como siempre enfocaba al resto en la cuarta o quinta sesión. Más bien le suscita más interrogantes. Ese hombre que dice provenir del planeta K-Pax, le hace plantearse su propia vida, su propia forma de mirar la realidad. De hecho, la primera vez que se cruzan, ambos rostros se funden en un mismo reflejo a través del cristal que les separa. Un cristal a través del que 'parece' que sólo puede ver Powell, porque Prot sólo 'parece' poder ver su propio reflejo, pero realmente 'parece' que le ve, que cruza su mirada con Powell.
Ese hombre, esa incógnita, 'aparece' en un espacio de tránsito, como si fuera parte de un haz de luz. Porta gafas porque la luz de este planeta afecta su vista. En K-Pax no existen las conexiones que pueden establecerse entre los humanos, los lazos afectivos. La vida duele, el espejismo de la desconexión hace sentir inmune al dolor de la pérdida cuando una conexión está rota. Powell descubrirá que Prot es Robert Porter un hombre cuya mujer fue violada, y asesinada, como su hija. Aquel dolor le condujo a sumergirse en las aguas, como hundidas sentía sus entrañas. Y ahora parece uno que es también otro, Prot y Robert Porter, Porque ¿quienes somos?. En el hospital psiquiátrico demuestra una anómala capacidad para conectar con el resto de los pacientes, una cualidad empática excepcional de quien sabe sentir como los otros. Entre quedarse arrasado por la pérdida de la conexión y el afinado temple de quien sabe ponerse en la piel y mirada de los otros, entre el dolor que te arranca las entrañas y la alumbradora capacidad de proporcionar alivio. El arco potencial de sentir de los seres humanos. En el primero nos podemos perder, desamparados, en el segundo se refleja el don que menos cultivamos porque tendemos a quedarnos en el tibio espacio intermedio del ensimismamiento y el entumecimiento por los resortes emocionales y las rutinas, los reducidos patrones de conducta emocional en los que nos restringimos: “.Voy a decirte una cosa Marc. Los humanos… la mayoría suscribís la política del ojo por ojo, una vida por otra, que en todo el universo se considera una estupidez (…) te aseguro que cuesta imaginar como habéis llegado tan lejos.
'K-Pax' se desplaza en dos direcciones, desciende a la raíz, y se eleva hacia las alturas de los territorios desconocidos que no dejan de plantear preguntas. En un momento dado, Prot/Robert Porter le dice a Powell, yo aceptaré que pueda ser Robert Porter si tú eres capaz de aceptar que puedo ser Prot. La inmersiva narrativa, propulsada por la excelsa banda sonora de Edwasd Shearmur, alienta la calidez así como la interrogante desde la mirada sabía de Kevin Spacey, la mirada que abre brechas en las alturas que suscitan interrogantes que no encontrarán fáciles respuestas. Precisamente, en la secuencia precia a su conversación con los científicos en el Planetario, cuando les demuestra conocimientos astronómicos que no puede tener un ser humano, observa el entorno de la calle, mientras es conducido en un coche. A alguien se le cae frutas, una niña pierde un globo, con un rostro de alienigena, que asciende hacia las alturas. En estas se encuentra la mirada sonriente que se esboza en la secuencia final en el semblante catatónico de Robert Porter, en el que quizá habitó por unos instantes lo insólito, alguien llamado Prot que provenía de otra galaxía. Quizás. Pero en ese quizá alienta la siembra de interrogantes que despierta la mirada que enfocará con más atención y empatía su entorno, como Powell, quien tras los títulos de crédito, contempla desde su jardín el firmamento. Su mirada ha asimilado que aún hay mucho que no sabe. Y la asunción de esa ignorancia es radiante impulso de acción. Edward Shearmur, quien también había compuesto una banda sonora excelente para la obra previa de Ian Softley, la notable 'Las alas de la paloma', compuso para 'K-Pax, una extraordinaria banda sonora que considero entre las más bellas que ha dado este siglo.

jueves, 26 de mayo de 2016

Helena Bonham Carter - Sus 10 mejores personajes

La actriz británica Helena Bonham Carter cumple hoy 50 años. En los tres primeros lustros de su carrera parecía atrapada en el tiempo, o mejor dicho en otros tiempos, ya que parecía representar un prototipo de mujer británica de épocas pretéritas, o su físico no parecía pertenecer al tiempo presente. Era la reina del corsé, aunque también encarnó figuras con túnica porque parecía desenvolverse bien en cualquier siglo pasado: 'Una habitación con vistas' (1984), , 'Lady Jane' (1986), 'Francesco' (1989), 'Hamlet' (1990), 'Regreso a Howard's End' (1992), 'Frankenstein' (1994), o, la mejor de este lote, 'Las alas de la paloma' (1997). Sí participó en alguna obra estaba ubicada en la actualidad, caso de 'Poderosa Afrodita' (1995), pero ya se sabe que el cine de Woody Allen, pertenece a su propia galaxia, y la intelectualidad puede parecer de otra época, así que casaba bien. Desde luego, no parecía preocuparle demasiado el glamour, por lo menos por cómo se presentó a una rueda de prensa cuando se proyectó en un lejano festival de Barcelona la producción italiana 'La máscara' (1988), con unos pantalones cortos holgados, aunque holgada parecía toda su vestimenta, como uno se imagina a una turista británica en algún crucero. Un desaliño que no dejaba de desafiar a cierto culto a las apariencias. Su carrera se define, precisamente, por la multiplicidad de caracterizaciones, y por otro lado ha demostrado que no tiene conflictos con el pudor. Gestos que la dignifican: A pesar de su fobia al pescado, el año pasado aceptó posar desnuda junto a un atún de 27 kilos en apoyo de la campaña de 'Blue sea foundation' para concienciar sobre la insostenibles prácticas de pesca que están destruyendo el ecosistema marino.
El giro radical en su carrera fue su extraordinaria interpretación en la prodigiosa 'El club de la lucha' (1999), de David Fincher. Y giro radical pero en su vida supuso conocer a Tim Burton con quien, en el rodaje de 'El planeta de los simios' (2001), iniciaría relación sentimental, y profesional, porque ha colaborado en casi todos sus posteriores proyectos, 'Big fish' (2003), poniendo voz en 'La novia cadáver' (2005), 'Charlie y la fábrica de chocolate' (2005), 'Sweeney Todd' (2007), 'Alicia en el país de las maravillas' (2010) y 'Sombras tenebrosas' (2011). Vivían en casas distintas, una junta otra, pero sentimentalmente dejaron de estar juntos en el 2014. En el 2009 fue considerada en la revista Times una de las diez mejores actrices británicas de todos los tiempos, junto, entre otras, Helen Mirren, Audrey Hepburno, Judi Dench o Maggie Smith. Eso sí,sigue y seguirá atrapada en otros tiempos lejanos, pretéritos o fantasiosos, como la pérfida Bellatrix en la saga de Harry Potter, o en 'El discurso del rey' (2010), 'Les miserables' (2012), 'Grandes esperanzas' (2012), en la que interpreta a Miss Havisham, en una breve pero inolvidable aparición en la notable 'El llanero solitario' (2013), 'Cenicienta' (2015) o en 'Sufragistas' (2015). Un personaje más actualizado también es un singular universo aparte, el de Jean Pierre Jeunet, en la estupenda 'El extraordinario viaje de TS Spivet' (2014). Destaquemos para conmemorar su onomástica diez de sus más singulares personajes en la gran pantalla.
Lucy. En 'Una habitación con vistas' (1985), de James Ivory, Lucy parece que es una mujer de habitación interior con vistas, pero durante la narración se enfrentará al hecho de que quizá lo sea de una habitación interior más bien cerrada. Descubrirá que tanto engañaba a los demás, como a sí misma. Parecía contrastar con su acompañante, Maggie Smith, pero quizá no sabía captar lo que transpiraba Florencia, como cuando se desmaya ante la vista de sangre de un hombre apuñalado, y sí en cambio parece amoldarse mejor a la vida de costumbres reglamentadas, como una ordenada vitrina, de Gran Bretaña. Se siente atraída por el impetuoso George, que expresa lo que siente sin miramientos, como besarla sin mediar palabra, pero se pliega a las convenciones aceptando un matrimonio con el atildado Cecil, alguien que no le ha besado antes de pedirle que se case con él, ni sabe hacerlo cuando se lo pide, como una torpe abeja que no sabe picar con su aguijón. Fue su primer papel protagonista, su revelación. De nuevo colaboraría con James Ivory en otra adaptación de una novela de Henry James, 'Regreso a Howard's end'.
Kate Croy. Fue el personaje con el que su carrera despegó por segunda vez, el despegue definitivo que supuso su consolidación como una de las mejores actrices británicas de su generación. Compuso un personaje de múltiples matices, reflejando la desesperación de la necesidad, el cinismo de la superviviente que es capaz de recurrir al medio que sea para conseguir materializar lo que desea, y el derrumbe completo cuando todas las ilusiones y todas las planificaciones se desmoronan. Su personaje no quiere plegarse a voluntades ajenas que quieren imponer que se case con un hombre que no ama sólo por su fortuna. Para conseguir casarse con quien ama, que no posee la suficiente riqueza, opta por la manipulación de sentimientos ajenos, e involucra al hombre que ama, para que sea el depositario de la herencia de una mujer de frágil salud. La secuencia final de 'Las alas de la paloma', de Ian Softley, cuando toma consciencia de que su artera manipulación ha propiciado lo inesperado, y más terrible, que el hombre que ama ame a otra, es uno de los momentos interpretativos más sobresalientes de aquella década, y define cuán gran actriz es.
Marla Singer. Una gran personaje para una de esas películas visionarias que marca un antes y después en la Historia del cine. La actriz pidió a la maquilladora que le maquillara con la mano izquierda, porque consideraba que Marla no debía ser muy habilidosa. Se basó en los últimos años de Judy Garland, en los estragos de quien ya interiormente estaba deshecha. Fincher, quien la eligió por su interpretación en 'Las alas de la paloma', la llamaba Judy durante el rodaje. Transmite el glamour fronterizo de la descomposición. Se desplaza en la realidad como si no se estuviera desmoronando, pero al fin y al cabo su desajuste y fragilidad no dista del que padece el protagonista encarnado por Edward Norton. Gafas oscuras y una cortina humo surgiendo de su boca, esa es Marla, o más bién su máscara protectora, desplazándose por la vida como si paseara por una alfombra roja sin perder el paso, pese que a por dentro sienta que se descascarilla. Su torpe maquillaje evidencia su temblor.
Jenny y La bruja. En 'Big fish', de Tim Burton, es un personaje desdoblado en el tiempo, y desdoblado en la mujer real y en la representación literaria. Es lo siniestro y lo vulnerable. Es la bruja del cuento que puede mostrar cuándo y cómo se morirá, una bruja ajada que ya refleja el deterioro del tiempo, una bruja tuerta porque representa lo que no se puede ver, pero adquiere otra dimensión cuando se revela que la mujer real más que ser la materialización de los temores de su hijo, la amante del padre, era una mujer enamorada que no fue correspondida, porque quizá el padre fue consciente de que traspasar aquella barrera de la infidelidad hubiera supuesto una pequeña muerte en vida (hubiera sido mirar la vida con el ojo tuerto). Su relato no era sino reflejo indirecto del amor entregado que sentía por su esposa, Sandra, y que determinaba que a las otras mujeres considerara como brujas. Porque para él las otras mujeres eran la muerte, para él su vida era Sandra.
Mrs Lovett. No me parece que 'Sweeney Todd' esté entre las obras más logradas de Tim Burton. Resulta cargante, por saturación, el tono predominante del film, tenebrista, turbio y nihilista hasta decir basta, como los pobres contrastes almibarados. Y lastra la efectividad dramática que sean tan predominantes los pasajes cantados. Pero hay que reconocer el gran trabajo de diseño de producción y fotográfico, y las estupendas interpretaciones de Depp, Rickman y Bonham Carter. Precisamente, ella protagoniza el único instante con cierta gracia, y fuerza expresiva como contrapunto, cuando Mrs Lovett evoca con sus canciones el imaginario mundo luminoso que podría ser su vida con Sweeney
Bellatrix Lestrange (Harry Potter y la orden del fénix, y el misterio del príncipe, y las reliquias de la muerte, 2007, 2009, 2010. 2011). En su expresión ya se evidencia su naturaleza sádica, su regusto en la tortura, en infligir daño. Frente a la contención de reptil de Valdemort, Bella es el desbocamiento, la mirada que parece que ya saborea el dolor que va a causar. Es una mirada que ya muerde, y lo hace con el júbilo de la anticipación. Es también una xenofoba integrista que cree en la pureza. Los que no pertenecen a su condición no son de su categoría y por tanto son exterminables. Es la representación desaforada dela crueldad, presente en las torturas de los padres de Harry. De hecho, es quien mata a la nueva figura paternal en la vida de Harry, Sirius, y la entrañable representación de la entrega, Dobby.
Red queen. En 'Alicia en el país de las maravillas', quienes componen el séquito de la reina roja llevan postizos para crear la apariencia de deformidad en sus rasgos, y de este modo complacer a la reina roja caracterizada por una desorbitada cabeza cual bulbo. No quieren que se sienta anómala. La reina roja al fin y al cabo corta cabezas porque piensa que puede y debe dominar la realidad. Es quien la rige, por lo tanto la realidad se conforma según su criterio. Es la norma, por lo tanto, la normalidad. No puede ser anómala. Su realidad es, por tanto, postiza, que es lo que siente Alicia con respecto a su entorno 'real', ese que quiere que se pliegue a su voluntad, por conveniencias, ese entorno que está convencido de lo que es normal, y por lo tanto de lo que debe ser. La caprichosa y arrogante reina roja de este mundo paralelo es su trasunto distorsionado. Particularmente memorable el momento en que la reina roja intenta averiguar quién de sus ranas lacayos se ha comido la tarta de frambuesa
Duquesa York. La actriz temía cómo enfrentarse a una figura tan icónica, con tan marcada personalidad escénica como la Reina Madre. Escarbó tras su condición de actriz, de su personaje dulce y delicado cara a la galería, y creo un personaje de rotunda firmeza. Al fin y al cabo, fue quien tomó la decisión de contratar a un especialista que curara el tartamudeo de su marido, el duque de York, quien se vería en la imprevista circunstancia de ser rey por la negativa de su hermano mayor. Precisamente, la secuencia en la que contacta al especialista (el gran Geoffrey Rush), condensa su gran interpretación en 'El discurso del rey', de Tom Hooper, que fue reconocida por un premio Bafta a la mejor actriz secundaria: Su sinuosa manera de intentar no revelar quién es su marido, y su modo de 'desenfundar' la revelación, su sutil manera de contener su contrariedad porque no es tratada según su rango, porque no lo explicita, en lucha con la altivez de quien está habituada a ser complacida. La secuencia posterior en la que muestra su consternación, con afilada elegancia, como quien estira el meñique mientras toma la toma de té y te clava la uña , porque su marido y el especialista se tutean, y espera que ella y su esposa no lo hagan, es otro momento de gran ductilidad interpretativa.
Dr Claire. La actriz compone una entrañable y sutil variante de la científica despistada y distraída que parece absorta en sus investigaciones y desconectada del mundo real. T.S, El niño protagonista de 'El extraordinario viaje de TS Spivet', no deja de asombrarse de que dos personas, o dos universos, tan diferentes que parecen contrarios o extremos, como son su padre y su madre, la doctora Claire, se hayan enamorado, y convivan juntos, y hayan formado una familía. Parecen dos sustancias que no puedan nunca fusionarse, él un cowboy de escasas palabras cuyo ganado son unas cabras, y ella una científica, una entomóloga, que parece sólo concentrada en su singular universo paralelo. Pero que aparentemente no parezca estar ahí no implica que no esté ahí del modo más solícito y entregado como se evidencia en las conmovedoras secuencias del reencuentro en el programa televisivo.
Edith. En la estimable 'Sufragistas', de Sarah Gavron, la doctora y farmacéutica Edith representa la mirada cabal, perseverante y curtida en la lucha sufragista por conseguir que fuera fuera concedido el derecho de voto a las mujeres en Gran Bretaña (no lo sería hasta 1928). Ella se considera más una soldado que una sufragista. Pero es una combatiente con temple, que mantiene la firmeza necesaria no sólo para persistir en un propósito sino para apoyar a quienes quizá no tengan la misma capacidad de resistencia o la misma determinación. Curiosamente, su bisabuelo, H.H Asquith, era entonces, en 1912, el primer ministro, ( lo fue de 1908 a 1916), quien se oponía con rotundidad al movimiento sufragista femenino.

lunes, 4 de abril de 2011

K-Pax - Edward Shearmur - Taxi Ride


Hay bandas sonoras que resultan especialmente entrañables, que han ejercido de inyección propulsadora vital en ciertos momentos, como esta de Edward Shearmur para 'K-Pax' (2001), una estimulantemente terapeutica obra de Ian Softley, con unos magníficos Kevin Spacey y Jeff Bridges.Una de esas obras que inyectan vida.