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lunes, 10 de febrero de 2025

Caravana de paz

 

Caravana de paz (Wagon master, 1950) fue un de los proyectos que John Ford puso en marcha con la productora que fundó junto a Merian C Cooper, Argosy Pictures, desde 1947, con El fugitivo (1947) hasta su colapso en 1953 por el fracaso de The sun shines bright (1953). Fueron producciones que controlaba sin intromisiones de Estudios, como fue el caso de Fort Apache (1948), Tres padrinos (1948) o La legión invencible (1949). Caravana de paz supuso el primer protagonista para Ben Johnson, a quien tras años dedicado a la labor de especialista, Ford le ofrecería papeles secundarios en Tres padrinos y La legión invencible, posibilitando su primer protagonista en una producción de Argosy, Mighty Joe Young (1949), de Ernest B Schoedsack. Caravana de paz partió de una idea del propio Ford tras enterarse, durante el rodaje de La legión invencible, de la expedición mormona Hole in the rock, entre 1789 y 1880. Propuso a su hijo Patrick y a un frecuente colaborador, desde 1948, Frank S. Nugent, que desarrollaran su idea. Sorprendente es el abrupto inicio de Caravana de paz. Una sobreimpresión de unos pasquines de Se busca sobre la imagen de uno de los cinco componentes de la banda-familia de los Cleggs, cual variante de los Clanton de Pasión de los fuertes (1946), del mismo Ford, en el momento de realizar el atraco a un banco. Tras una acción que demuestra la inclemente crueldad de su líder, Uncle Shiloh (Charles Kemper), aparecen los títulos de crédito (no era usual en aquellos tiempos comenzar una obra con una secuencia previa a los títulos de crédito). Esa amenaza gravitará sobre las imágenes posteriores, definidas por la distensión y la luminosidad, por el desapego vital y un radiante espíritu solidario, en especial a través de gestos y acciones. Ya manifiesto en la posterior presentación de los dos amigos protagonistas, Travis (Ben Johnson) y Sandy (Harry Carey), que regresan a la civilización para vender los caballos que han capturado en las tierras salvajes de los Navajos, con esa conversación en la que Sandy intenta calcular infructuosamente el dinero que van a ganar, siendo corregido cálidamente por Travis. O en el encuentro con Wiggs (Ward Bond), que comanda la caravana de mormones. Durante la conversación negocian la venta de caballos. Contrasta la actitud relajada de Travis (cortando con su cuchillo un trozo de madera) y la intemperancia de Briggs, quien también les propone que les guíen, como jefes de carretas (wagon masters) hasta la tierra donde quieren asentarse, precisamente de donde vienen Travis y Sandy.

La armonía preside la narración, puntuada por excéntricos detalles, característicos de Ford, como la mujer, la hermana Ledeyard (interpretada por Jane Darwell, la madre de Las uvas de la ira, 1940), que toca el cuerno, un tanto desafinadamente, para poner en movimiento la caravana, o el encuentro con la caravana del doctor Locksley (Alan Mowbray, el actor que recitaba a Shakespeare ante la horda de los Clanton en Pasión de los fuertes), varados en mitad del desierto porque se quedaron sin agua, y sin mula ( ya que desapareció encabritada tras darle whisky), y completamente borrachos. Antológica la presentación de los componentes de esta troupe formada por tres, en la que destaca Denver (Joanne Dru), con quien, a lo largo de la narración, Travis establecerá un proceso de atracción y cortejo, con sus vaivenes, ante todo definido por los gestos y las miradas. Frente a los representantes de la pureza y corrección moral (aunque Perkins, Russell Simpson, reprenda con frecuencia la tendencia de Wiggs a los juramentos), la troupe del doctor es la de la embriaguez y la picaresca (Locksley es una especie de farsante curandero). En el cine de Ford la primera no es nada sin la segunda, o sin ella conduce a la hipocresía y la inflexibilidad, tan terrible como la salvaje brutalidad de los Cleggs, que se unirán a la caravana.

Sin duda, el salvajismo a temer no es el de los indios, con quienes compartirán una pacífica noche de bailes en su poblado, sino el de unos supuestos civilizados, los Cleggs, quienes se unirán a la caravana por conveniencia (Clegg tiene aún en su brazo la bala disparada por el cajero del banco a quien luego mató a sangre fría). El primer conflicto acontecerá cuando uno de los Cleggs, Jesse (Mickey Simpson), intente forzar a una india, lo que determinará que Wiggs ordene que lo azoten como castigo para no soliviantar a los indios. Resulta particularmente admirable la serie de primeros planos de los rostros en el enfrentamiento entre los Cleggs y Briggs, Travis y Sandy: un auténtico duelo de miradas, contrapunteados por los de los indios. Para asentarse en un territorio virgen, en un entorno natural, salvaje, y establecer un espíritu civilizado definido por la conciliación y la solidaridad ( un espacio casi mítico) se hace necesario extirpar el salvajismo definido por la depredación y la crueldad, por la imposición de la voluntad. Pese a que ayudaran a Shiloh, extrayéndole una bala de su hombro, y les suministraran comida, los Cleggs no dudarán en pretender sustraerles su fundamental sustento, el cual es a la vez posibilidad de futuro, el grano para cultivar. Será el detonante del definitivo enfrentamiento violento, tras el cual Wiggs señalará a Travis que pensaba que no mataba humanos, y Travis responde que así es, solo a serpientes. Aunque, curiosamente, la intervención de los Cleggs, cuando se apoderan de la caravana, determinará que Denver no se marche, pese a que Travis le había propuesto que fuera su pareja, hecho que posibilitará que puedan afianzar su relación. Ford plasma a través de su fluida narración, como la del movimiento de la caravana, cómo se realiza una progresiva integración con el paisaje, con el entorno, como si desplazamiento y residencia se conjugaran. En el cine de Ford todo reside en el entre.

sábado, 9 de noviembre de 2024

Mis textos en Dirigido por nº Noviembre 2024

En Dirigido por nº noviembre 2024 se publican mis textos sobre Strange darling, de T.J.Mollner, Blitz, de Steve McQueen, y para el Dossier La antigua Roma en el cine, sobre Quo Vadis (1951), de Mervyn LeRoy y Los últimos días de Pompeya (1935), de Ernest B. Schoedsack
 

domingo, 2 de julio de 2023

Mis textos para Dirigido por nº Julio-Agosto 2023

En el número de Julio-Agosto de 2023 de Dirigido por se publican mis textos sobre las diferentes versiones de Las cuatro plumas, para el Dossier Aventuras Coloniales, y The boogeyman, de Rob Savage
 

martes, 15 de octubre de 2019

Noche de bodas

¿Dispuesto a lo que sea para ser un privilegiado?. ¿Estás dispuesto o no a asumir los riesgos que implican acceder al disfrute de privilegios y lujos, es decir, la confortabilidad de ser rico? Es una apuesta, puedes convertirte en cazador pero también presa. Es un juego, una competición, puedes ganar pero puedes convertirte en la pieza sacrificial necesaria, por ejemplo, ser despedido porque hay que economizar, para que otros mantengan su estatus y sigan enriqueciéndose y gozando de los caprichos y lujos que deseen, porque no se considera que tengan límites cuando ya se detenta esa posición privilegiada. Se disfruta de esos lujos simplemente porque se puede. Por supuesto, la veda abierta para la caceria (competitiva o purgadora) se envuelve en el papel cuché de la justificación de que para sobrevivir hay que hacer lo que sea, cualquier medio es válido, porque la dinámica competitiva es inestable e impredecible. No hay que dejar de afilar el colmillo ya que siempre habrá alguien que quiera arrebatar tu posición. Es parte consustancial de la sociedad que vivimos. Dispuesto/a o no (Ready or not), es el título original de Noche de bodas, de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillet. En cierto momento, alguien dice que los ricos son distintos. Detentar una posición privilegiada, sea por nacimiento o adquirida (por enriquecimiento o matrimonio conveniente), es lo que tiene, enajena. Y a veces puede ser una enajenación un tanto extrema. En esa posición se es más procilive a considerar a los demás números o piezas. Grace (Samantha Weaving) se casa con Alex (Mark O'Brien) hijo del pudienteTony Le Domas (Henry Czerny), cuya riqueza, con hondas raíces (y siniestros acuerdos) en el tiempo, se evidencia en su magnificente mansión con amplios pasillos y múltiples estancias, e incluso pasadizos secretos (acorde a una doblez intrínseca). Pero, por el prólogo, ya se sabe que se dedican a actividades un tanto abyectas. Rituales de prueba de acceso o drásticos juegos de aceptación para quien aspira a formar parte de su familía.
Noche de bodas sigue la estela del éxito de Déjame salir, de Jordan Peele. En aquel caso, la cuestión fundamental era la apropiación étnica. La falaz apariencia que escondía esa apropiacion era el camuflaje de una persistente xenofobia. Y el desarrollo narrativo se desplegaba a través del extrañamiento, mediante la dosificación de apuntes tan desconcertantes como perturbadores, hasta que se revelaba el colmillo tras la sonrisa. En Noche de bodas, es una cuestión de clases. El escenario de la realidad lo dirigen y traman los ricos: deciden, aceptan o eliminan. Hay quien acepta lo que sea, se desprende de cualquier escrúpulo o remordimiento de conciencia, para disfrutar de la posición de privilegio. Si implica una manifiesta, cara a cara, caza de un ser humano, se acepta, sea con gusto o resignación. El juego más peligroso era la traducción del título original de El malvado Zaroff (1932), de Irving Pichel y Ernest B Schoedsack. Un hombre pudiente se entretenía con la caza humana, y dos náufragos se convertían en sus presas; el decorado, o pista de persecución, eran los pantanos. En este caso, con el nombre de El escondite, el juego comienza en las estancias y recovecos de la mansión. Pero dado su aislamiento (que adquiere dimensión simbólica más amplia: ajena, distanciada y separada de la realidad), se amplia a los espacios anexos de la extensa propiedad, sea un bosque o el establo para las cabras, en el que la protagonista, Grace, podrá degustar, entre múltiples cadáveres putrefactos, lo que implica ser desdeñada por los poderosos o pudientes cuando han decidido que eres prescindible y debes abandonar la empresa, perdón, ser eliminada antes del amanecer.
Noche de bodas muestra sus cartas desde un principio, lo terrible combinado con el absurdo. En este caso, a diferencia, pongamos, de Tarantino, que propicia la risa en situaciones violentas para justificar a los personajes y nuestras emociones más turbias, en este caso más bien amplifica, con la nota macabra en la acción cruenta, el desafuero de quienes justifican la actividad que realizan. Para ellos la circunstancia imprevista sanguinolenta es una contingencia incómoda que resolver. No hay congratulación en ese humor escabroso, menos para justificar las acciones violentas defensivas de quien padece su persecución. Se combina armónicamente la desesperación de quien se enfrenta, desvalida, a la violentación de toda coherencia, como si la realidad hubiera sido astillada, con el absurdo de la mirada ajena. La causticidad se evidencia tanto en el reconocimiento de dos personajes femeninos con respecto a que sus matrimonios, y la aceptación de juegos crueles como este, son factores de una ecuación que hay que asumir para disponer de la posición acomodada y lujosa, como, a la inversa, en la escueta acción expeditiva final de Grace, todo un fulminante gesto declarativo para desprenderse de la infección virulenta que ha intentado acabar con su vida con la indiferencia de quien realiza un tramite aunque lo llame juego.

domingo, 24 de junio de 2012

Merian C Cooper y los sueños de King Kong

Photobucket Photobucket Jessie Lasky, productor en la Paramount, pensó que Merian C Cooper estaba mal de la cabeza cuando, a finales de 1930, le propuso la premisa argumental de 'King Kong'. En cambio David O'Selznick, productor recién llegado en la RKO, pensó que podría ser el productor que podría propiciar el éxito de taquilla que necesitaban para aupar al Estudio. El primero fue la esplendida 'El malvado Zaroff' (The most dangerous game, 1932), de Ernest Schoedack e Irving Pichel. Su segundo rpoyecto fue propulsar 'King Kong'. Cooper, que había realizado documentales en Siam y Persia, y que había sido piloto en la primera guerra mundial, combatiente, en setenta ocasiones, para Polonia contra los bolcheviques durante la revolución rusa, y uno de los fundadores de Pan American Airways, dijo en alguna ocasión que la idea le vino cuando vio en una ocasión un avión volar sobre un rascacielos. Aunque en otra comentó que fue debido a una pesadilla que tuvo sobre un simio atacando Mueva York. Cooper contrató para los efectos especiales a Willis O'Brien, y como guionista al novelista Edgar Wallace. Cooper y O'Brien, el mayor experto en stop-motion, que había rodado los efectos especiales de 'El mundo perdido' (1925), concibieron dos secuencias de prueba, la del ataque de King Kong a los hombres que cruzan sobre un tronco un abismo, y la pelea de Kong con el tiranosaurio. Acompañadas de imagenes de un triceratops atacando a un hombre, de un proyecto frustrado de Cooper titulado 'Creation', rodaron las dos secuencias con Robert Armstrong, Fay Wray y Bruce Cabot (que sustituyó al inicialmente previsto Joel McCrea). Dado el visto bueno para el rodaje, Erneste Schoesdack se concentraría en las secuencias 'en vivo' y Cooper en las de los efectos especiales.Wallace escribió el prier borrador en cinco días, a inicios de 1932, pero moriría a causa de una neumonía. Tomó el relevo Ashmore Creelman, que había escrito el guión de 'El malvado Zaroff', acentuando la fiereza de Kong, y aportando la idea vertebral del contraste de 'la bella y la bestia' ( a él se debe la frase final de 'Fue la belleza la que mató a la bestia'). La esposa de Schoesdack, Ruth Rose, escribiría otra versión, eliminando la explicación de cómo trasladan a Kong a Nueva York en el barco (de lo que también se despreocupa Jackson en la reciente versión), aportando, fundamentalmente, la figura del director, Denham. Para los efectos de sonido Murray Spivak utilizó, para los rugidos de Kong, su propia voz a través de un megáfono. Exceptuando los grtos de Fay Wray, el resto eran suyos. Para los golpes que Kong se daba en los pechos, utilizaba una baqueta sobre el pecho de su asistente, colocando el micrófono a su espalda

miércoles, 17 de agosto de 2011

Peter Peterson, el desconocido mago de 'Stop motion'

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En 'El gran gorila' (1949), de Ernest Schoesdack, los efectos visuales estaban a cargo de las dos figuras más señeras en (la evolución de) la técnica de 'stop motion', Willis O'Brien y (como asistente) Ray Harryhausen. Pero también llegó a colaborar, dado los retrasos, una figura poco conocida como Peter Peterson (en la foto), tramoyista, encargado de realizar los decorados en miniatura. Peterson practicó en casa con miniaturas de figuras, incluso grabando sus experimentos para ir aprendiendo, y se ofreció como colaborador a O'Brien, que le contrató como segundo asistente. Y Peterson se encargaría e dos secuencias (en el nightclub, y la fuga en un camión). Durante los siguientes siete años siguió con su trabajo de tramoyista, condicionado por su esclerosis múltiple, hasta que siete años después O'Brien, dado que Harryhausen se había 'independizado'y además en alza, le contrató para colaborar con él en los diseños para los efectos visuales para 'The black scorpion' (1957), de Edward Ludwig. Posteriormente, antes de morir de cáncer de riñón en 1962, 'The giant behermoth' (1959), de Eugene Lourie y Douglas Hickox. Y ha quedado como un hito su cortometraje, o prueba, de dos minutos y medio, 'Las Vegas monster'.