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martes, 31 de diciembre de 2013

35 películas del 2013. Tendencias.

1. The master, de Paul Thomas Anderson Entre la pared y el cristal, qué se siente, qué se percibe, quizás no que es una jaula en la que te revuelves. ¿Quién es aquel hombre que parece articular, fundir todas tus piezas que sientes quebradas? ¿Por qué te conviertes en su perro, que muerde a aquel que contraría su voluntad o visión? Hay otras delgadas líneas rojas, otros campos de batalla, que son invisibles, que quieren atrapar nuestra mente, encadenarla, hacerla prisionera con el espejismo de una luz que se convierte en cepo.
2. Camille Claudel, 1915, de Bruno Dumont Dumont filma los cuerpos en relación con los espacios y los otros cuerpos, el naufragio de unos gestos, como el silencio de una armonía, como una pintura que los atrapara en un marco que es celda. Y los gritos no se escuchan, sólo las oraciones de quien habla con el vacío de una ausencia trascendente mientras niega los temblores de los cuerpos.
3. Erase una vez en Anatolia, de Nuri Bilge Ceylan En el principio era el desenfoque. La mirada se interna en la espesura de la realidad. El recorrido es sinuoso. Los indicios son equívocos, los signos confusos. Hay, incluso, deslumbramientos que ofuscan el discernimiento. La verdad resulta escurridiza. A veces, un golpe de azar, una injerencia imprevista, es la que la desentierra, la que la revela a la mirada que se esfuerza por descubrirla, desesperada, en ocasiones, porque la sinuosidad se espiraliza. Las apariencias puede resultar abismos cuando la mirada no logra prenderse, cuando la realidad parece una pantalla esquiva en la que no destaca la singularidad que intenta descifrarse.
4. Mud, de Jeff Nichols Ellis comienza a dar sus primeros pasos en el barrizal del amor, y descubre que las personas pueden ser volubles, caprichosas, inconstantes. Mud es como un sueño que hubiera invocado, la ilusión que no sabe de límites, la perseverancia que confía en lo posible, en otra sonrisa en el horizonte, en la posibilidad de la vida como un viaje que nos rescate de nuestras inercias, del veneno de nuestro inmovilismo, varados en nuestros lamentos, sin saber dar luz al fango.
5. Betrayal (Traición), de Kiril Serebrinnikov La vida puede parecer un turbio sueño, o una paradoja que a veces sangra. Tus dientes se apretaban con la furia años atrás, y ahora tus actos provocan que los hagan los de otros. Te sientes el centro de un escenario, pero este puede variar radicalmente, y tu posición en él. O desaparecer, por accidente, del modo más grotesco.
6. Bestias del sur salvaje, de Benh Zeitlin Las partículas del universo y los latidos de la vida que intentamos descifrar para sentir que las piezas encajan aunque todo parezca que se desmorona alrededor. Hushpuppy es una heroína de la estirpe de Huckleberry Finn o el Jim Hawkins de ‘La isla del tesoro’, una pirata de bayou que sabe que los monstruos, los uros (que más bien se parecen a su mascota, el cerdo, en versión gigante y con grandes cuernos en el morro), no son enemigos sino ella misma aceptando que los diques de la vida se pueden romper, y que hay que resistir los embates y tormentas de la vida, y continuar con la música, la que hace presencia mientras a tu alrededor las personas que amas, e incluso los paisajes, desaparecen.
7. Díaz - No limpieis la sangre, de Daniele Vicari. Nos recuerda aquellas voces cuyas protestas escarbaban en el cieno de un sistema económico corrompido, y cómo, primero, intentaron acallarlas a golpe de porrazo. En el 2001 se realizaron unas manifestaciones en Genova durante la reunión de los principales representantes de los países que componían el G 8. Como bien se recuerda en la introducción, no se conocían, previamente, manifestaciones en las que no se reclamara algo para los propios manifestantes, sino para el mundo en general, la radical transformación de una política económica que estaba degradando a pasos agigantados el medio ambiente, del mismo modo que cada se acentuaba más la desproporción en la distribución de riqueza.
8. Sólo el viento, de Benedek Fliegauf Su estilo adopta esa variante de cierto cine semidocumental que se extendió en la última década (en la que los se tendió a difuminar los límites entre ficción y documental, documento y dramatización); obras con una apariencia de reportaje, en el que la cámara sigue a los personajes, en ocasiones casi adheríéndose a ellos, reflejando acciones ordinarias, los agujeros que rehuye la ficcionalización ortodoxa (tránsitos, desplazamientos) como si lo relevante fueron los flecos, el movimiento de unas acciones. Un vaciado de dramatización que se transformaba en respiración dramática; era la cámara, la modulación, la que tramaba, más que un entramado argumental.
9. Prisoners, de Denis Villeneuve No es invulnerable como podía imaginar, ni nunca se está del todo listo, porque puede la alimaña, la amenaza, superarte, cazarte y atraparte, convertirte en su pieza, bajo su punta de mira. El laberinto se convierte en círculo, en contraplano del plano inicial. Un trayecto que es reconocimiento en lo otro. Quizás Keller haya aprendido que también él es un venado. Quizás haya aprendido lo que es sentirse en la piel de un venado.
10. En la niebla, de Serguei Loznitsa La niebla hace acto de presencia física en las secuencias finales, pero se puede decir que, figurativamente, hay una niebla que ofusca la percepción y el juicio a los personajes, por cómo parece que tras año y medio de guerra, nadie parece ya conocer a nadie, y se confía más en los invasores, los alemanes, que en quien se conocía desde hacía décadas. ¿Es que de repente se es diferente? O ¿Tanto se puede cambiar para que tu juicio o consideración varíe tanto y creas al amigo capaz de realizar algo que consideras una abyección?¿Es el ser humano tan voluble, tan variable según las circunstancias?
Dos cuerpos que se consumen, dos mentes que se extraviaron. Figuras en la arenas, distorsiones de la percepción. Heridas no cerradas, miradas tambaleantes. Contapuntos: Falaces y enajenadores sanadores, la enajenación de las ideas absolutas, del dogma. Cuerpos e ideas : 'The master' y 'Camille Claudel'. Desenfoques, realidades elusivas, lesionadas. Proyecciones, tanteos en la oscuridad. Cadáveres desenterrados por el azar, sinuosos senderos del conocimiento, barcos suspendidos entre las ramas de los aires, apariciones sin huellas. Dos obras tramadas sobre la mirada: 'Erase una vez en Anatolia' y 'Mud'. Realidades inciertas, fundidas. Un sendero que conduce a una realidad que puede ser alternativa, el otro lado del espejo en el que se invierte tu posición en el tablero de la realidad. ¿Y entonces, quién eres, lo que reprchas ahora lo realizas, lo que padecías ahora lo inflinges? Posiciones. La realidad que no se puede controlar. Los uros están en nostros desde el principio de los tiempos. La bestia que aviva nuestros caprichos. Pero siempre nos quedará ser Hushpuppy. Dos obra que florecen entre lo incierto: 'Betrayal' y 'Bestias del salvaje sur'. Realidades rotas, el grito de la desesperación, de la impotencia. La barbarie que no cesa, la bestia que no descansa, y purga y elimina al que se opone y protesra con su voz, o al que es diferente, al que no pertenece a la misma facción. La civilización supura voracidad de violencia que niega al otro. Dos obras que combaten el silencio que nos sigue ahogando y amordazando. 'Diaz - No limpies la sangre' y 'Sólo el viento'. Prisioneros en la niebla. Prisioneros de nuestra ceguera. La niebla de nuestras limitaciones, de nuestra incapacidad de ver, de nuestra autocomplaciencia, conveniencia, y victimismo. La facilidad con la que estigmatizamos al otro, la facilidad con la que golpeamos a la pantalla de la realidad porque no logramos aprehenderla ni comprenderla. Dos obras que recuerdan nuestras miserias, la torpeza de nuestra falta de perspectiva, la ceguera de nuestro instinto desatado: 'Prisioneros' y 'En la niebla'.
11. La noche más oscura, de Kathryn Bigelow En la secuencia final de ‘En tierra hostil’, Warren retornaba al combate, porque en su hogar sólo resonaba el vacío, al verse cara a cara fuera del enajenador fragor de combate. Al final de ‘La noche más oscura’ Maya retorna tras la tarea realizada, en otro vuelo. ¿A dónde? Las lágrimas surcan su rostro. ¿De qué están hechas las lágrimas que cierran una herida largo tiempo abierta? ¿La cierran?
12. The act of killing, de Joshua Oppenheimer Anwar y Herman escenifican junto a un gran pez, una atracción de feria, y una esplendorosa cascada, un musical colorido, en el que participan, como coro, unas chicas. Sonríen. Aunque la sonrisa de Arwan se hará arcada que expulsa una bilis invisible tras que en una escenificación (emulación de una película de gangsters) se haya puesto en el lugar de cualquiera de los torturados que asfixiaba con el cable. En aquella terraza donde evocaba orgulloso cómo se le ocurrió el sistema más limpio para asesinar, ahora su cuerpo se ve sacudido por estentóreas arcadas. Una nausea que llega con décadas de retraso. Ante la música de la escenificación la arcada de lo real desafina.
13. The imposter, de Bart Layton ¿Quiénes somos?¿Qué representamos para los demás?¿De qué materia moldeable estamos hechos? ¿Cuántos podemos ser? ¿Cuán sugestionables podemos ser? Ser, parecer. Una obra, como en esta magistral producción británica tramada sobre los cenagosos límites entre realidad e impostura, también entrecruza sus territorios expresivos: es un documental narrado como una ficción, ¿o quizás a la inversa? Narrado con una estética tenebrista, y un ritmo arrollador, hipnótico
14. Kauwboy, de Bodeuwijn Koole El escondite que utiliza, para evitar que el padre vuelva a echar al grajo, será el lugar al que el padre no acude, el espacio de su olvido, el cobertizo donde la madre grababa sus canciones, donde Jojo escucha la música de su madre, como simula conversaciones telefónicas con ella, porque aún espera volver a escuchar su voz. El grajo son las alas que añora, que no quiere sentir cortadas. El luto que no ha asumido aún.
15. La cabaña en el bosque, de Drew Goddard Antes de que lo formulario atasque el desarrollo narrativo tiene lugar el sorprendente giro narrativo que deriva el relato hacia los senderos, o abismos, lovecraftianos, haciendo posible lo ‘raro’ e inusitado en el género hoy en día en el género, con una magnífica secuencia subterránea entre ‘cubos’ o ‘planos potenciales’, y un festín final en el que lo siniestro, el caos, se rebela y derroca no sólo al encorsetado dominio de las formulas de laboratorio que han sumido al género en un sintético adocenamiento, sino que abre una fisura en cualquier presunción de certeza o firmeza sobre los cimientos de eso que denominamos realidad. Y es que no vemos lo que no queremos ver. Quizás haya que ‘alucinar’ para lograr ver.
Tendencias: - La mirada infantil, la mirada que descubre, la mirada agredida, confundida, la inocencia ante el abismo, la mirada que intenta perfilar, superar el dolor, la decepción, afrontar la pérdida,: 'Kauwboy', 'Rebelde', 'Bestias del sur salvaje', 'Mud'. Y la muda y transformación, los ritos de paso a la vida adulta, superar los sótanos de la marginación, del desajuste con una realidad en la que te sientes extraño, en la que no logras sentirte integrado, que no logras articular o en la que sientas reflejado que te articulan, la realidad que descubres manipulada, pantalla, y cuya realidad descubres en la intemperie que hace sangrar cuando tu mirada se despliega a la luz de lo real: 'Tú y yo', 'Lore', 'Las ventajas de ser un marginado'. - Entre el documental y la ficción. Fusión e intersecciones. Documentales con modos ficcionales, y a la inversa. La transgresión y difuminación de límites: 'Sólo el viento', 'Diaz- No limpieis la sangre', 'La noche más oscura', 'Capitán Phillips', 'The imposter', 'The act of killing', 'Searching for sugar man'. Las coordenadas más ortodoxas: 'El espíritu del 45'. -Entre el impresionismo y la abstracción: La narrativa se teje a través de gestos, miradas, tránsitos, secuencias a veces interrumpidas, como si les faltara un hilo, o este se estuviera descosiendo. La narración busca dar cuerpo a un estado interior, a una herida, entre el impresionismo y la abstracción, entre la inmediatez de una cámara inestable, y una narrativa quebrada: 'Inch'allah', 'Rebelde', 'Kauwboy', 'To the wonder', 'Lore'. - La superación de las situaciones más adversas, reflejo de unas circunstancias sociales y económicas que tienden a lo agónico, a la asfixia de ilusiones, y se hace necesario el despertar de la infección apatía, reconocerse en el otro, el hasta ahora calificado como marginal, porque los márgenes cada vez están más extendidos: 'Gravity', 'Capitán Phillips', '12 años de esclavitud', 'World war Z'. - Los estremecimientos del género: James Wan y Drew Goddard, la veneración de los lugares comunes y la irreverencia que recupera la esencia perdida. El blockbuster: las apariencias sospechas de maniqueismo y la métafora transgresora: World war Z, Capitán Phillips. El espéctaculo vacío o la reflexión alegórica: Star trek y el reflejo siniestro, la responsabilidad en la creación de los monstruos. Prisoners y los monstruos habitan y representan el Orden instituido, los abismos del depredador y cazador.
16. 'Rebelde' de kim Nguyen 17. Inch'allah, de Anais Barbeau-Lavette 18. Lore, de Cate Hortland 19. Paraiso: Fe, de Ulrich Siedl 20. Paraiso: Amor, de Ulrich Siedl 21. Antes del anochecer, de Richard Linklater 22. To the wonder, de Terrence Malick 23. Gravity, de Alfonso Cuaron 24. Doce años de esclavitud, de Steve McQueen 25. Tú y yo, de Bernardo Bertolucci 26. La nostra vita, de Daniele Luccheti 27. El llanero solitario, de Gore Verbinski 28. El espíritu del 45, de Ken Loach 29. Capitán Phillips, de Paul Greengrass 30. Efectos secundarios, de Steven Sorderbegh 31. Star trek, de JJ Abrams 32. World war Z, de Marc Forster 33. Searching for sugarman, de Malik Bendjellou 34. No, de Pablo Larrain 35. Las ventajas de ser un marginado, de Stephen Chbosky

viernes, 10 de mayo de 2013

Díaz - No limpieis la sangre

 photo OIR_resizeraspx_zps442cd86d.jpg La colisión de unos aviones contra unas torres amortigüan el sonido de unos porrazos. Amplía la apuesta: más sangre derramada, la de cientos de muertos, supera a la de unos contusionados, o sumidos en el coma, tras ser brutalmente apalizados. Los porrazos intentan acallar las protestas, es como la versión del poli malo, pero es mejor pasar por víctima para desviar la atención de un griterío que empezaba a poner demasiado en cuestión un injusto estado de cosas (Estados Unidos, como el G8, ya se encontraba contra las cuerdas, con las presiones para que cambiara el protocolo de contaminación medioambiental; una oportuna colisión acalló las voces cuestionadoras: ¿cómo se podía seguir haciéndolo con quien había sufrido tal tragedia, como si quedara, además, representado todo Occidente, que debía unir fuerzas ante quien tenía que considerarse el principal enemigo?). De este artero modo el monstruo se camuflaba bajo la apariencia de ultrajada víctima.  photo OIR_resizeraspx10_zpscb5c5575.jpg La espléndida y contundente ‘Díaz – no limpiéis la sangre’ (2012), de Daniele Vicari, nos recuerda aquellas voces cuyas protestas escarbaban en el cieno de un sistema económico corrompido, y cómo, primero, intentaron acallarlas a golpe de porrazo. En el 2001 se realizaron unas manifestaciones en Genova durante la reunión de los principales representantes de los países que componían el G 8. Como bien se recuerda en la introducción, no se conocían, previamente, manifestaciones en las que no se reclamara algo para los propios manifestantes, sino para el mundo en general, la radical transformación de una política económica que estaba degradando a pasos agigantados el medio ambiente, del mismo modo que cada se acentuaba más la desproporción en la distribución de riqueza.  photo OIR_resizeraspx6_zps30569e92.jpg Cuando hubo terminado el encuentro, entre la noche del 21 al 22 de julio, 300 policías entraron en Díaz, la sede del Foro social de Genova, golpeando con saña a los jóvenes (o no tan jóvenes) que se encontraban en su interior, dejando a 3 de ellos en coma. 93 fueron detenidos, los cuales seguirían siendo apalizados, y humillados con crueldad en las estancias de la comisaría. Entre los apalizados se encontraba algún periodista. Algunos de los policías fueron condenados por la brutalidad que ejercieron, pero sólo 27 de los que entraron en la sede. Y poco más de cuarenta de los que realizaron algún tipo de abuso en las comisarías. La tortura no estaba condenada por ley, además. Amañaron pruebas, y se presentaron como víctimas (incluido algún falso herido).  photo OIR_resizeraspx2_zps1bf6b362.jpg ‘Todo por una botellita’. Una botella que es lanzada contra un coche policial, sin darle, es la imagen que abre la película. Una situación, como leitmotiv (las imágenes ralentizadas de la botella volando por el aire y de los policías cruzando entre una nube de jóvenes manifestantes), que se repetirá en varias ocasiones, en los diversos saltos hacia atrás y adelante con los que está (medidamente) estructurada la impecable e implacable narración (espléndido guión ‘radial’ de Vicari, junto a Laura Paolucci), que aborda los hechos desde varios ángulos: los de algunos de los jóvenes que se encontraban en Díaz, participantes y organizadores de las manifestaciones, de algún periodista (encarnado por Eli Germano el protagonista de la notable ‘La notra vita’ de Daniele Luchetti), un anciano pensionista, quien también se había manifestado contra la política del G 8, que busca cobijo para dormir en Díaz, de un oficial policía que es la nota discordante con el resto de sus compañeros, porque, previamente, se niega a realizar una carga en una manifestación por la carnicería que supondría dada la configuración espacial del entorno, el cual, en la carga en el edificio, al apercibirse de la carnicería que se está realizando, ordena a sus hombres que dejen de golpear a los jóvenes.  photo OIR_resizeraspx5_zpsa9d59aad.jpg Y la perspectiva de quienes organizan y ordenan la carga en lugar (los poderes, algunos definidos, con cargo, otros de inquietante condición indefinida: el hombre que llega en avión al inicio, y quien es el que propone la idea de carga brutal). Todo porque se había agrandado aquel lanzamiento de una botella, ante lo que había que responder contra los ‘peligrosos comunists’, esas ‘escoria’ (es fascinante, por añadidura, cómo se sugestiona, por otro lado, al ciudadano corriente y moliente, espectador sugestionado y manipulado por los medios: entre ellos, los mismos policías, los que cargan, convencidos de que los jóvenes representan lo más ‘repulsivo’, una ‘infección’ que hay eliminar, a base de porrazos).  photo OIR_resizeraspx4_zpsd310d6d4.jpg ‘Diaz- No os limpiéis la sangre’ es una película necesaria. La sangre con la que salpica corroe la conciencia como el ácido. Por un lado, una vez más, apunta cómo las injusticias y abusos de poder en las diversas sociedades seguirán produciéndose mientras existan tantos esbirros prestos a colaborar, a cumplir Órdenes. Y por otro, además, implica otras interrogantes que no dejan de sumir en la desesperación y la impotencia, porque quizá conocer la respuesta hace perder la confianza en el género humano. ¿Por qué hay seres humanos que sienten tanto placer golpeando sin piedad, con saña, a otro ser humano, por qué ese placer en infligir daño, en ser cruel, en humillar a otro ser humano? ¿Por qué esa tendencia a unirse en grupos que disfrutan humillando y machacando a otro y otros? ¿Por qué la naturaleza produce esas aberraciones?  photo OIR_resizeraspx3_zps44cf4c74.jpg Vicari logra sortear cualquier efectismo, mostrando con una descarnada desnudez toda la violencia que ejercen los policías en su irrupción en local, en sus repetidos aporreamientos, como en las humillaciones y crueldades que ejercen en la comisaría. Logra estrujar las entrañas, como la conciencia, con una aspereza que hurga en el centro de la herida. Junto a ‘Cesar debe morir’ (2011), de los Hermanos Taviani o ‘La nostra vita’ (2010), de Daniele Luchetti refrenda que algo se está moviendo en el cine italiano, un cine que reacciona, que hace temblar los cimientos, las indulgencias y ensimismamientos, la autocomplacencias de los lamentos, el entumecimiento, la falta de cohesión a la hora de enfrentarse a un injusto estado de cosas.  photo OIR_resizeraspx11_zpsa1584909.jpg Nada ha variado desde hace doce años, aquellos gritos acallaron, o fueron amordazados, a golpe de avión, de porrazos, de aturdimiento, de cultivar el miedo a ser despedidos, a perder la escasa estabilidad que se posee y que impide mirar la degradación de un conjunto social, cómo se extiende la injusticia, o de despertar esa mezquina naturaleza humana: pocas intervenciones más lamentables he visto en televisión como aquella de Josema Yuste cuando le preguntaron sobre qué sintió tras ver el atentado de las torres gemelas: venganza, replicó; y toda conciencia fue arrasada, como los cuestionamientos ‘aporreados’ aunque ahora fuera en silencio. La mirada había logrado enfocarse hacia otro lado, la amenaza, la infección, provenía de ‘afuera’. Las protestas vuelven a aflorar, a despertar, a despegar, a intentar derruir esas torres que nos sojuzgan y aprisionan, aquellas que visionariamente, en ‘El club de la lucha’ (1999), David Fincher supo señalar que era necesario derruir, porque ese es el enemigo que nos sigue aporreando en silencio, dejándonos en coma vital.  photo OIR_resizeraspx8_zps10234dfe.jpg