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sábado, 6 de enero de 2018

Mis 30 películas predilectas estrenadas en el 2017

30. Los demonios, de Philippe Lesage
29. Demasiado cerca, de Kantemir Balagov
28. Barry Seal: el traficante, de Doug Liman
27. Rosalie Blum, de Jean Rappenau
26. La vida de Anna, de Nino Basilia
25. Múltiple, de M Night Shyalaman
24. La batalla de los sexos, de Valerie Faris y Jonathan Dayton
23. El tercer asesinato, de Hirokazu Kore Eda
22. La suerte de los Logan, de Steven Soderbergh
21. Norman, el hombre que lo conseguía todo, de Joseph Cedar
20. Lady Macbeth, de William Oldroyde
19. Dunkerque, de Christopher Nolan
18. En realidad, nunca estuviste aquí, de Lynne Ramsay
17. Wonder wheel, de Woody Allen
El gran showman, de Michael Darcey
15. El rey Arturo: La leyenda de Excalibur, de Guy Ritchie
14. Columbus, de Kogonoda
13. Ana, mon amour, de Calin Peter Netze
12. Bajo el sol, de Dalibor Matanic
11. La tortuga roja, de Michael Dudok De Wit
10. Logan, de James Mangold
9. Reparar a los vivos, de Katell Quillévére
8. El viajante, de Asghar Farhadi
7. Detroit, de Katrhyn Bigelow
6. Loving, de Jeff Nichols
5. Jackie, de Pablo Larrain
4. Billy Lynn, de Ang Lee
3. Personal shopper, de Olivier Assayas
2. Blade runner 2049, de Denis Villeneuve
1. A ghost story, de David Lowery

domingo, 2 de julio de 2017

Lo mejor del segundo trimestre del 2017

10. Stefan Zweig: Adiós a Europa, Maria Schrader
9. Las películas de mi vida, Bertrand Tavernier
8. La vida de Anna, de Nino Basilia
7. El rey de los belgas, Peter Brosens y Jessica Woodworth
6. Rosalie Blum, de Julen Rappeneau
5. Norman, el hombre que lo conseguía todo, Joseph Cedar
4. Los demonios, de Philippe Lesage
3. Lady Macbeth, de William Oldroyd
2. Bajo el sol, de Dalibor Matanic y (abajo) 1. Personal shopper, de Olivier Assayas.
Fantasmas. Cuerpos que no encuentran su lugar, que no consiguen conectar, que se sienten desclasados, fuera de lugar. Exploradores de espacios que quizá no existan, aunque quizá lo fundamental sea la actitud el propósito que evidencian las faltas de la configuración de un supuesto orden, de una estructura de sociedad, de sentido. La ciudad perdida de Z es como la entidad que no sabes si es sobrenatural o real, si eres tú mismo o es la realidad afuera, esa realidad de ventas y compras, de pantallas e intercambios difusos (Personal shopper). Soledades. Cómo conectar, cómo sentir junto a otro, seres en el tiempo que nos enfrentamos con los abismos de nuestro pasado, de nuestro incierto futuro o movedizo presente (Rosalie Blum). Cómo nos confrontamos con la decepción, con el contraste entre lo que soñamos y lo que fuimos (Wilson, Colossal). Cómo nos construimos, cómo nos definimos, quiénes somos en el proceso de formación, cómo nos confrontamos con la multiplicidad de emociones, impulsos, deseos, instintos, cómo nos configuramos como adultos, cómo realmente se relacionan los adultos (¿la formación en qué forma derivó?¿cómo se logra lidiar o encauzar con los demonios?). (Los demonios, La chica dormida)
Rivalidades. Los enfrentamientos entre colectivos. Qué es Europa,, qué es el otro, cómo nos relacionamos con los otros, como construcciones identitarias (genéricas, étnicas...sea de otra nacionalidad, religión, género sexual, raza...), máscaras que se injertan, y disgregan y separan: las rivalidades, la ignorancia de cómo es aquella otra cultura. La imperiosa tendencia humana a la destrucción, y a la estigmatización. La brutalidad de su naturaleza básica: El monstruo del impulso a hacer daño. La sublevación de quien sufrió el estigma, la utilización de los mismos recursos: todo depende de la posición. Y ¿Cómo afrontar el daño, la pérdida, por qué la necesidad de la retribución, el victimismo que se convierte en agresión? (Bajo el sol, El rey de los belgas, Stefan Zweig: Adiós a Europa, Déjame salir, Lady Macbeth, Life, Una historia de venganza). Funciones. El ser humano convertido en agente, en ejecutor de procedimientos, intermediario o estratega, la realidad como escenario de cálculo y conveniencias, alianzas y trámites, pulsos y partidas. Seres en medio sin vida íntima que transitan en un escenario virtual, intangible, como el universo escurridizo de las finanzas que nos domina como dictadura. Mientras, entre las ruinas de lo real forcejean quienes boquean para poder sobrevivir porque se arrastran entre míseros empleos con los que mal sobreviven, sin lograr encontrar la salida, aunque por desesperación piensen que puede estar en otro escenario geográfico, otro país, otro continente (Miss Sloane, Norman, el hombre que lo conseguia todo y La vida de Anna).
Mejor interpretación masculina: Michael Fassbender (Alien:covenant). Joseph Hader (Stefan Zweig: Adiós a Europa). Woody Harrelson (Wilson). Edouard Tremblay Granier (Los demonios). Arnold Schwarzenneger (Una historia de venganza)
Mejor interpretación femenina: Kirsten Stewart (Personal shopper). Ekaterina Demetradze (La vida de Anna). Jessica Chastain (Miss Sloane). Tihana Lazovic (Bajo el sol). Florence Pugh (Lady Macbeth).
Mejor dirección fotográfica: La ciudad perdida de Z (Darius Khondji). Lady Macbeth (Ari Wegner). Una historia de venganza (Pieter Vermeer). La chica dormida (Andrew Commis). Colossal (Eric Kress)
Mejor banda sonora: Miss Sloane (Max Richter). Una historia de venganza (Mark D Todd). Déjame salir (Michael Abels). La ciudad perdida de Z (Christopher Spelman). Life (Jon Ekstrand).
Mejor guión: Norman, el hombre que lo conseguía todo (Joseph Cedar). Personal shopper (Olivier Assayas). Rosalie Blum (Julen Rappeneau). Stefan Zweig: Adiós a Europa (Maria Schrader, Jan Schomburg). Lady Macbeth (Alice Birch).
Mejor edición: Personal shopper. Lady Macbeth. Bajo el sol. Los demonios. Norman, el hombre que lo conseguía todo.

sábado, 18 de febrero de 2017

Bajo el sol

Una trompeta no es un fusil. Una puerta abierta no es un fusil. El trayecto narrativo de 'Bajo el sol' (Zvizdan, 2015), de Dalibor Matanic, es el trayecto que parte de una trompeta que es acallada por un fusil hasta una puerta abierta que ofrece la posibilidad que destierra la irrupción de cualquier fusil. 'Bajo el sol' es una coproducción croata, bosnia y eslovena. Es una obra en tres tiempos, 1991, 2001, y 2011. Dos actores, aunque no los mismos personajes, protagonizan tres diversas historias sentimentales que reflejan el trayecto narrativo del conflicto balcánico durante dos décadas, sus agujeros y parches, sus desenfoques y heridas. El agua es una presencia recurrente, un contraste con respecto a los cuerpos que se odian o se agreden o determinan un escenario de ruinas, de edificios agujereados o de emociones quebradas.
El primer pasaje se inicia en una orilla. Dos chicos se aman, Jelena (Tihana Lazovic) e Ivan (Goran Markovic). Pero ambos pertenecen a comunidades distintas, y entre ambas se han establecido barreras y alambradas, controles en la carretera, fusiles que señalizan quién pertenece o no a una facción. La música queda relegada. La amplitud de los campos y del lago en el que ella se baña, y junto al que él toca su trompeta, queda cercada por las miradas abrasadas que sólo transpiran odio. El otro, más allá de la frontera establecida, no es ni música ni agua, sino alguien sólo aceptable en la distancia. Una llama ocupa el primer término en un encuadre en el que un hijo y padre hablan, una araña ocupa el primer término en un encuadre, en el que hermano y hermana discuten. Llamas que van abrasando los interiores de quienes no quieren convivir con quien no considera que sea como ellos, y el hilo de la araña se teje para enmarañar sus mentes y convertirlas en fusil con el que se dispara al que no consideran que sea como uno. No importa que no porte otro fusil, no importa que sólo porte una inofensiva trompeta.
La transición entre el primer relato y el segundo es una sucesión de casas agujeradas, su interior ha sido destruido, ya no son hogares, sino ruinas, residuos quemados, abandono. A una de esas casas retorna Natasa con su madre, ya terminado el conflicto. Pero sólo el de los fusiles. Quien les remoza la casa, Ante, pertenecía a la otra facción. Surge la atracción, pero esta se niega, porque no se puede desear a quien más bien representa, por extensión de pertenencia, el dolor y el resentimiento. Por eso, se esconde en los cascos en los que escucha música como si se aislara de la confrontación con lo que siente. Ante reconstruye, pero Natasa forcejea consigo misma porque no quiere que surja la atracción que siente por él, como el rostro que sale a la superficie del agua y mira de frente a quien le atrae. Se bañan juntos pero después, sin mirarle, ella saca a colación el dolor calcinado como resentimiento que aún palpita en ella. Natasa no le mira porque aún se encostran en su mirada como una herida no cerrada los rostros indiferencidos de quienes representaban la otra facción. Pero él no es aquellos, él también perdió a seres queridos, como le grita mientras la zarandea como si intentara despertarla de su negación. El sexo brota, pero es más bien desesperación, espasmo, porque aún pesa más la sombra de una herida, como ese angosto espacio en sombras, entre los edificios, en que ella se encoge apartada de la vida, como un encierro de resentimiento que no puede superar.
En el tercer pasaje aún se perciben los residuos de un conflicto que no ha dejado de serlo aunque la violencia sea más bien sorda, reflejada en distancias y negaciones. Luka vuelve al pueblo para asistir a un concierto de música, y se reencuentra con sus padres, con los que interpuso distancia, resentido, y con Marija, la mujer que amó, con la que interpuso distancia forzado por su entorno, su familia, porque ella no pertenecía a la misma comunidad, no era uno de ellos, y él bajó la cabeza y asumió el influjo de su entorno. No hubo balas que zanjaran un conflicto sino distancias que impidieron que las emociones se sumergieran juntas. Intenta aturdirse, olvidarse, con música que parecen sustraerle de su presente, y otros cuerpos, pero el arrepentimiento no le ha abandonado, no siente el agua en otros cuerpos, porque no ha dejado de pensar en la misma mujer pese a los años transcurridos. Y los arrepentimiento y los remordimientos parecen amortiguarse, conjurarse, con una puerta abierta que ofrece la posibilidad de que ni las balas ni las distancias se interpongan, con la interferencia de la divergente pertenencia, en el amor que dos sientan. Por eso, esta es una película de sensaciones, gestos, miradas, materia, que nos recuerda que somos cuerpos, que sienten y sangran, y no sombras y reflejos de representaciones.