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martes, 3 de febrero de 2015

Robert Blake, entre infancia de abusos y juicios por asesinato

Robert Blake sufrió abusos sexuales de su padre alcoholico. Ambos, padre y madre, le infligieron un constante maltrato. Fue frecuentemente encerrado en un armario, u obligado a comer en el suelo. En la escuela no le fue mejor. Sufrió el acoso de sus compañeros, y se enzarzó en numerosas peleas. Acabó siendo expulsado. A los 14 años decidió fugarse de casa. Su auténtico nombre era Michael Gubitosi. Cuando comenzó a trabajar en el cine, con 12 años, se hizo llamar Mickey Gubitosi. Entre 1939 y 1944 participó en la serie de cortometrajes de 'La pandilla' en la que alcanzó condición de protagonista. En 1942 cambiaría su nombre artístico, Robert Blake. Entre 1944 y 1947 fue el niño indigena 'Pequeño castor' (Little Beaver) en 23 de la serie de westerns de Red Ryder para la Republic. En 1946 encarnó en su infancia al personaje de John Garfield en 'De amor también se muerte' de Jean Negulesco, y en 1948, su papel más célebre como actor infantil, el niño que le vende el boleto de lotería al personaje de Humphrey Bogart en 'El tesoro de Sierra Madre' (1948). En 1950 se alistó en el ejercito, y al volver ingresaría en la Escuela de interpretación de Jeff Corey. Se acreditaría como Robert Blake en 1956. Entre sus interpretaciones más recordadas, 'A sangre fría' (1967), de Richard Brooks, 'El valle del fugitivo' (1969), de Abraham Polonsky, 'La piel del asfalto' (1973), de James William Guercio, 'Manos sucias sobre la ciudad' (1974), de Peter Hyams. Entre 1975 y 1978 alcanzó la celebridad como protagonista de la serie 'Baretta'. Posteriormente, intervendría en obras como 'Asalto al tren del dinero' (1995), de Joseph Ruben y, particularmente memorable, en 'Carretera perdida' (1997), de David Lynch. En 2002 fue arrestado y acusado del asesinato de su esposa, con dos cargos de encargo de asesinato y un cargo por conspiración de asesinato. En el 2005 sería declarado inocente de todo cargo. Después de ser absuelto, se declaró en bancarrota, y encontró trabajo como ayudante en un rancho. No ha vuelto a la interpretación, como esperaba. Actualmente, tiene 81 años.

domingo, 11 de enero de 2015

24 actores 2014

1. Philip Seymour Hoffman En 'El hombre más buscado' es un hombre que transpira fatiga, un espía abocado a quedar aprisionado en el frío que predomina en las inclementes e insensibles actitudes que predominan en su entorno laboral. Baqueteado por una sucesión de decepciones y los estragos de las pérdidas, se desplaza como si la vida ya sólo fuera peso, una espesura de sombras en la que cada vez resulta más complicado desenvolverse. Es alguien, por ello, ya en trance de convertirse en espectro, aunque en su mirada exhausta aún palpita la llama de quien piensa que se puede hacer algo por mejorar el mundo, ya sea impedir que alguien abofetee de nuevo a su pareja, o dilucidar si el considerado como amenaza terrorista quizá no lo sea, pero en el primer caso la abofeteada acepta que una bofetada es parte de la dinámica de su relación, y en el segundo caso ante todo lo que importa son las funciones que cada uno supone en un escenario de conveniencias más allá de lo que sea o sienta. Por eso, ese rostro cansado decide desaparecer del encuadre, de la vida que ya ha sido dominada por los escenarios. Hoffman, desafortunadamente, abandonó también el encuadre de la vida. No sé si el cansancio que aquí transmite se corresponde con el que él realmente sentía. Pero su última interpretación como protagonista está entre sus más memorables, y son unas cuantas.
2. Jose Sacristán En 'Magical girl', en algún momento perdió el paso, las matemáticas se desmenuzaron. Las ecuaciones se hicieron espirales, las emociones y deseos recovecos en los que extraviarse. Su mirada, tan fatigada de recorrer la misma dirección una y otra vez como un bucle del que no puede evadirse, se quedó cautiva en la pieza del puzzle que nunca encontró ni nunca encontrará. Aún sí siempre volverá, esté o no esté, porque no hay truco, sino lo que duele, y a veces se llama magia.
3.Bruce Dern En 'Nebraska', en su vida retirada de la circulación, estacionada, apoltronada, siente una imperiosa fuerza que se asemeja al desbocamiento. Es una figura renqueante que no parece resistirse a realizar algún sueño, aunque sea como la falena que se dirige a la llama de un espejismo. No quiere desaparecer, su rostro encorvado no quiere postrarse, no quiere aceptar que su vida fuera una figura incompleta que no fue lo que prometía o lo que esperaba. Por eso, echa a andar hacia un espejismo, empecinado, resuelto, como un gesto que es un espasmo de una insatisfacción acumulada durante tantos años estacionado ante un televisor, entre suspiros que son exhalaciones de vida que dejó que se fugara.
4. Oscar Isaac En 'A propósito de Llewyn Davis' su gesto siempre parece que se abisma en la gravedad, adusto, como si una sonrisa fuera un fenómeno paranormal. La música es su profesión, no una emoción a compartir. Para Llewyn, compartir es como un dilatado fundido en negro. Y su mirada parece en constante fundido en negro, una oquedad oscura que le impide conectar con los demás, porque el remolino de su insatisfacción, de sentirse un náufrago que bracea mientras se hunde, es más poderoso. Por eso, no mira como el gato cómo pasan las estaciones. Hasta que ve la sombra del gato renqueante que atropellado desvanecerse en la distancia. por un instante, se ve a sí mismo en la herida de la distancia que había interpuesto con los demás. Por un instante.
5. Jake Gyllenhaah En 'Enemy' parece que fuera a desintegrarse, como si una agitación corroyera su interior. Quizá la que su personaje en la anterior obra de Villeneuve 'Prisoners' intentaba contener con tatuajes. Por eso allí encontraba lo que otro buscaba mientras se perdía. Aquí siente que su vida será ya controlada, sin posibilidad de diversificarse, de multiplicarse. No podrá ser otros, no podrá disfrutar de otras vidas, o siente que ya no dispondrá de esa posibilidad. Por eso, parece un temblor en forma de cuerpo, como si la imagen fuera a desestabilizarse, y convertirse en muchos, o meramente diluirse en una figura borrosa.
6. Tom Hiddleston En 'Sólo los amantes sobreviven' su semblante parece embriagado de melancolía, por eso su cuerpo parece que fuera a correr el telón en cualquier momento, como una sombra que errara por el universo con un gesto ralentizado. Su mirada parece surcada por mechones de gravidez de pesadumbre, hastío, porque el mundo se ha escombrado en la predominante elección de la inexistencia. Lánguido, se estira como un gato que a la vez quisiera replegarse. Piensa en la desaparición, porque le oprime un mundo que carece de música interna. Parece el reverso de la energía desbordada que quiere hacer el mundo suyo de su personaje de Loki en 'Thor, un mundo oscuro'. Ahí, su sonrisa perversa tiene otros matices.
7. Javier Gutierrez En 'La isla mínima', orina sangre, y su mirada también pareceinfectada, a la vez difusa, como si muriera, o estuviera entre medias de la tierra y el agua. Una mirada que parece dolerse, pero que quizá fuera una mirada que causó mucho dolor a otros, y con saña. En su mirada se confunden las emociones, y confunde la percepción. Sumergirse en las marismas de sus ojos implica ante todo sembrarse de muchas interrogantes.
8. Ralph Fiennes En 'El gran Hotel Budapest' sabe ser refinado, una filigrana de elegancia, y modelo de integridad, siendo a la vez un dibujo animado. En 'The invisible woman', es el hombre visible que se repliega en sus sombras, y sabe traslucir con su precisión de orfebre actoral tanto el resplandor como las cadenas que él mismo forja.
9. Leonardo Di Caprio En 'El lobo de Wall Street' también demuestra que domina el arte de difuminar los límites entre un ser humano y un dibujo animado. Dota de cuerpo a la enajenación que sabe enajenar a otros con su arrolladora elocuencia de animal escénico. Realiza un admirable alarde interpretativo de quien sabe cuál es el justo, y mordaz, equilibrio para no ponerse por encima de su personaje. Su interpretación parece una orquesta en pleno.
10. Vlad Ivanov Una de las figuras ilustres del cine rumano. Memorable en 'Cuatro meses, tres semanas, dos días', en 'Madre e hijo' realiza una breve aparición, remarcando con su gestualidad la petulancia de su personaje, el conductor testigo del accidente. En 'Snowpiercer' su personaje permanece en segundo plano, un personaje sin voz, durante gran parte de la narración, y su cuerpo se convierte en un misil que da un volantazo a la narración cuando se convierte en un implacable perseguidor de características casi sobrehumanas, que revive hasta cuando parecía muerto.
11. Irrfan Kahn En 'The lunchbox' matiza el progresivo proceso, con desfallecimientos y repliegues, de quien despierta de un coma vital, de quien tenía aparcada su vida, desde que había quedado viudo, entregado a la contabilidad, a los números, con los que había mantenido una aplicada relación durante muchas décadas. Una mirada que parecía ya un abaco, una mirada severa que ejecuta trámites, y esa mirada comienza, entre vacilaciones, mientras sus engranajes se sacuden, a tomar de nuevo contacto con la vida.
12. Colin Firth En 'Magia a la luz de la luna' La evolución de Stanley se precisa en sus variaciones interpretativas. En los primeros pasajes, su arrogancia y presunción se evidencia en su elevado volumen de voz, como si actuara en un escenario, y los demás fueran espectadores en la distancia de un teatro, y en la rigidez de sus maneras. Progresivamente, cuando comienza a poner en duda su propia perspectiva, modera y suaviza su volumen de voz, y sus gestos corporales resultan más desenvueltos, expresivos, acordes a la flexibilidad de mirada, de actitud, que va adoptando, o, dicho de modo más preciso, con la que se va empapando.
13. Eddie Marsan En 'Nunca es demasiado tarde' con la economía expresiva de una música minimal de gestos logra definir toda una compleja partitura emocional de una persona cuidadosa, ordenada, metódica y atenta. Quien puede parecer un mueble, un engranaje humano, por el orden con el que configura su entorno y su vida, rebosa un aliento vital de luminosa generosidad, aunque no sea nada exuberante en apariencia.
14. Tom Hardy En 'Locke' conjuga emociones en tránsito, en disputa. Su semblante circula entre emociones que se colisionan, atropellan, se atascan, se topan desvíos, buscan atajos, o recuperan rumbo. Su semblante se convierte en narración, en trayecto. En 'La entrega' logra dotar de rostro y cuerpo a quien no se ve venir. No es fácil lograr dar cuerpo al truco de magia que te sorprenda. Sientes que está ahí, aunque lo veas cuando aparece.
15. Joaquin Phoenix En 'Her' se siente como alguien que desconcierta, como un rostro, unas emociones, que se escurren fugitivas, indecisas, indefinidas. Es un semblante que puso un tema musical melancólico, y aún no ha cambiado de pieza. Es un cuerpo que aún balbucea, como quien da pasos en distintas direcciones sin decidirse, con el gesto siempre un tanto encorvado, como si buscara esconderse, protegerse de una intemperie. Y su mirada parece apagada, porque aún yace en la distancia de su pasado.
16. Niels Arestrup En 'Diplomacia' y 'Crónicas diplomáticas' sabe ser, respectivamente alguien capaz de realizar un terrible acto de destrucción pero también de ser razonable, y alguien que puede ser el mejor consejero incluso cuando se queda dormido en una reunión. Consigue un raro equilibrio, ese que sabe dejar resquicios de sensibilidad, de fragilidad, en la bestia, en la figura inflexible de autoridad, y ese que deja intuir que puede ser más cabal que el resto de políticos que le rodean porque sabe quedarse dormido sin rubor.
17. Daniel Auteuil En 'Antes del frío invierno' el cuerpo de emociones congeladas sufrirá una transformación, una torpe muda, por eso no tiene en consideración sus efectos en quien te rodean, en las mujeres que ahora son representación, de lo que fue y de lo que empieza a entrever que puede ser. No es deseo lo que siente, y eso desconcierta, a una y otra. El dolor no deja de asomar y quiebra las presas de las cicatrices y las costras, comienza a desencajar los clavos y las grapas que intentó apuntalar en su vida feretro. Pero ya no quedan. Y se desplazará en la intemperie, y la música no dejará de sacudir sus diques, no dejará de recordarle que es un cuerpo que tiembla y que se pregunta cuáles serán sus próximos pasos. Hay sangre reseca en su mirada, tristeza que alumbra lo que ya no puede tener nombre.
18. Vincent Lindon En 'Los canallas' su semblante recuerda al de un perro de mirada compungida. Es el rostro de un marino que parece que se quedó varado de repente. Y esa tristeza le impulsa, pero al mismo tiempo es ancla, y le confunde, por eso su decisión también tiene algo de deriva, como si sintiera que logra ver en la niebla. Por eso, no advierte los remolinos.
19. Bill Murray En 'St Vincent' hay otros recovecos que permanecen ocultos tras esa apariencia que pone alambres de espino ante el mundo y los demás. Realmente no es ni santo ni demonio, sino demasiado humano, un deshecho, alguien quemado, alguien disconforme, alguien que resiste un alud de contrariedades y adversidades, como si la vida se cebara sobre él. Es Bill Murray con su expresión en huelga del mundo como si lo hubieran dejado abandonado en un arcén.
20. Matthieu Amalric En 'La venus de las pieles' es magnífico cómo se insinúa, en las conversaciones telefónicas, cómo es la relación de Thomas con su novia; cómo baja el volumen de su voz, e incluso cómo inclina y encorva su cuerpo. Es el reverso que evidencia la motivación del juego escénico, o de dominio, que proyecta Thomas en la obra, la negación orgullosa de no plegarse a la voluntad y requerimientos de la mujer, del amor. Menos mal que no fue Louis Garrel, la primera opción de Polanski, quien interpretara el personaje.
21. Jude Law En 'Dom Hemingway' progresivamente, despoja al personaje de esa máscara que adoptó desde que se convirtió en un personaje, el ladrón que se ajusta a unos códigos de actuación, es decir, el modo en que se ve o quiere verse a sí mismo, un chuleta jactancioso y vocinglero que piensa que en la vida hay que ladrar fuerte. En 'El hotel Gran Budapest' también oscila con afinado arte entre los extremos, sea como un atildado escritor de gafitas como corona de un vestuario en el que cada prenda parece ajustada como en un patrón, o como escritor con gorrito de nadador que mantiene la misma circunspección en cualquier situación.
22. Ed Harris Si tienes que enfrentarte a un creador o a quien ha configurado un universo con sus diversos compartimentos jerárquicos en un tren tras un apocalipsis, tiene que tener el semblante de Ed Harris. Al final el protagonista de 'Snowpiercer' se enfrenta a él como Truman en 'El show de Truman'. No hay adjetivos para cómo dice 'excelente' (fine) con escueto encogimiento de hombros cuando va a explotar el tren y todo el sistema de vida que había construido.
23. Josh Brolin En 'Una vida en tres días', se parece más a Nick Nolte, más que a su padre. Cada vez más, cada mínimo gesto, cada mínima mirada, es una inmensidad. Es de esos escasos actores que hace honor a la calificación actoral de 'presencia'. Puede ser una ambigua amenaza, o un rescatador, sin que hayas casi percibido la transición.
24. Ellar Coltrane En 'Boyhood', a medida que va creciendo, que su personalidad va perfilándose, densificándose, dotándose de cuerpo, su personalidad se desmarca de la convención, de las vidas alrededor. Se distingue, no de un modo forzado, sino porque no deja de probar o preguntarse, siempre con una actitud que asemeja al que murmura y camina de puntillas, deslizándose, sin ánimo de imponerse. Alguien que camina entre resquicios y umbrales, que forja su mirada desde la observación que es interrogante.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

La amenaza

En las imágenes que acompañan los títulos de crédito de 'La amenaza' (The threat, 1949), de Felix E Feist, los guardianes de la cárcel disparan con sus fusiles y ametralladoras a la noche. Una peligrosa amenaza se ha fugado. Como si surgiera de las fauces de esa noche, esa amenazante presencia, aún sin rostro, atrapa, como si los engullera en el interior de su coche, al detective Williams (Michael O'Shea) y a Carol (Virginia Grey), de quien queda como residuo en el asfalto uno de sus zapatos de tacón. Esa amenazante presencia, como si fuera emanación de las sombras, se dota de rostro cuando irrumpe en el despacho del fiscal del distrito, McDonald (Frank Conroy), el hombre que determinó que fuera encarcelado. Ahora será su prisionero, como también Williams, el detective de policía que le detuvo, y Carol, la que cree que fue su delatora. Esa amenaza tiene nombre, Kluger, y la imponente presencia de Charles McGraw. Ese rostro granítico, esa mirada que parecía expeler veneno letal o un golpe seco en el estómago, y esa voz áspera y grave como arenilla que se arrastra sobre la piel, no le convertirían en un icono del film noir, pero sí en una de las figuras más estimulantes del género, desde que apareciera su figura perfilada en la noche, junto a la de William Conrad, en la secuencia inicial de la magistral 'Forajidos' (1946), de Robert Siodmak.
McGraw fue presencia recurrente en el cine de Mann, no sólo en este periodo, casi siempre como villano, en las excelentes 'La brigada suicida' (1947), 'El reinado del terror' (1949), 'Incidente en la frontera' (1949) o 'Side street' (1950), sino posteriormente en 'Cimarron' (1960), o 'Espartaco' (1960), en la que Mann sería sustituido por Stanley Kubrick (que realizó una obra, afortunadamente, más Manniana que kubrickiana, por eso es, con notable diferencia, su obra más destacable), sin olvidar, entre otras, sus estimulantes intervenciones en dos brillantes obras de Robert Parrish, 'Más rápido que el viento' (1958) o 'Más allá de Río Grande'. Fue protagonista en alguna ocasión, como en los estupendos noirs de Richard Fleischer, 'Asalto al furgón blindado' (1950) y 'The narrow margin' (1952), o en un apreciable noir de Harold Daniels, 'Roadblocked' (1951), en el que interpretaba a un agente de seguros que se corrompe por proporcionar los lujos que desea la mujer que ama. 'La amenaza' es un vibrante y eficaz muestra de cine negro, que concentra en una escueta hora, la ejecución de un secuestro, la huida en la noche, ocultos en un camión de transporte, y la espera, en una cabaña en el bosque, de un avión que les recoja (y en la que destacan un par de sugerentes movimientos de cámara sobre los captores y cautivos que condensan la exasperación del paso del tiempo). Pero, ante todo, es la contundente presencia, e interpretación, de McGraw, quien domina, y eleva, el relato. Resulta tan amenazante cuando dispara a sangre fría a quien ha convencido de que le entregue el arma, o golpeando con una silla en la cabeza de quien tiene inmovilizado en el suelo pisando sus brazos, como en las miradas que saben persuadir a alguien de que no haga lo que quiere hacer sino desea que cumpla lo que su mirada amenazadoramente sugiere.

domingo, 26 de octubre de 2014

martes, 26 de agosto de 2014

5 de las mejores interpretaciones de Richard Attenborough

No son necesariamente las mejores, pero sí son algunas de sus interpretaciones más destacadas, y, sobre todo, muestra de su versatilidad.
Attenborough realiza una gran interpretación en el espléndido noir británico 'Brighton rock' (1947) de John Boulting,mediante una mirada afilada (ausente de vida, como si fuera la hoja de una navaja; quizás los rescoldos de la rabia de que la vida 'no hubiera sido de otro modo'). Pinky es uno de los personajes más fascinantes creados por Graham Greene, en su novela 'Brighton Rock', de 1938, que él mismo, junto a Terrence Ratigan, convierte en guión para Boulting. Se condensa en que un personaje que carece de cualquier escrúpulo, que desprecia cualquier emoción, que es capaz de cualquier abyección o crueldad, diga, en cierto momento, que su ilusión de pequeño era ser sacerdote, y que quizás si lo hubiera sido nada hubiera sido como es.
Entre las obras menos conocidas de la filmografía de Richard Attenborough, hay que destacar 'Salida al amanecer' (1950), de Roy Ward Baker, en la que Attenborough realiza una admirable composición que pareciera con su nervioso y quebradizo personaje, el reverso del mineral e implacable gangster de la excelente ‘Brighton rock’, 1948, de John Boulting
En 'Comando de la muerte' (1958), de Guy Green, una de las más sugerentes muestras del poco (re)conocido cine bélico británico (y diría que una de las más notables propuestas del género en un sentido amplio) Richard Attenborough interpreta al jovial y deslenguado Brody, que no tiene miramientos en hablar a un oficial sin respetar las normas, o de rellenar con coñac su petaca cuando tiene que realizar su misión.
‘No soporto a los lobos solitarios, da igual en qué bando estén’ dice Martindale (Laurence Naismith), el dueño de la fábrica, mientras observa, a través de la ventana, cómo uno de los obreros, Tom (Richard Attenborough), cruza la valla de entrada, tras superar al grupo de obreros en huelga apostados en la entrada. Es el único esquirol que se mantiene firme, el único, de los que en principio no estaban de acuerdo con la huelga, que no se deja arredrar por la presión social, silenciosa, de desprecio, o la violencia (destrozos de sus propiedades) de algunos de los obreros que realizan la huelga. ‘El amargo silencio’ (The angry silence, 1960), de Guy Green, es una película incómoda, y escasamente conocida.
Una de las interpretaciones más recordadas a raíz del deceso de Attenborough ha sido su magnífica encarnación de John Reginald Christie, el hombre que, en la década de los 40, se aprovechaba de mujeres que necesitaban asistencia médica, para anestesiarlas, violarlas, estrangularlas, y enterrarlas en su jardín. 'El estrangulador de Rillington place' (1971), es otra afinada exploración de Richard Fleischer de esa 'compulsión' -(título original de una de sus grandes obras,'Impulso criminal' (1959)- que determina realizar un acto violento, entroncado con la inclinación natural del ser humano a la violencia, y con la influencia de un contexto social.

jueves, 1 de mayo de 2014

Richard Boone

Richard Boone, las arrugas del talento, las arrugas de la sabiduría. Un personaje memorable, en 'La carta del Kremlin' (1970), de John Huston. Quizá su presencia contagió de desacostumbrada inspiración al usualmente anodino John Huston.