
¿Qué
pueden tener en común dos obras aparentemente tan disimiles como Un
corazón en invierno,de
Claude Sautet, y Cuando
ruge la marabunta
(The naked jungle, 1954), de Byron Haskin. La desestabilización de
la cuadriculada y reprimida reserva de un universo masculino, que
ilusoriamente cree que controla, por la música o la marabunta de las
emociones, representadas en la figura de una mujer. La primera
secuencia de Cuando
ruge la marabunta,
basada en Leiningen versus the ants (1937), un relato corto de Carl
Stephenson, ya
nos pone en situación, y no sólo con respecto a la circunstancia,
peculiar, de los personajes, sino por cuanto percibimos
desconcertantes signos que avisan de una posible desestabilización
del orden.
Joanna (la excelente Eleanor Parker) viaja, en 1901, en un pequeño
barco por un rio de una selva centroamericana, y su destino es la
plantación de cacao que ha erigido Christopher Leininger (Charlton
Heston), usurpando
espacio
a la naturaleza, conteniendo las aguas con presas, para mantener su
espacio roturado, su mansión,
símbolo de su poder sobre las fuerzas de la naturaleza. El motivo
del viaje no es otro que el de un matrimonio por poderes. Nunca se
han visto ambos hasta ese inminente momento, para perplejidad del
dueño de la barcaza, que no logra entender por qué una esposa
pregunta por cómo es su marido, y cómo no puede haberle conocido
antes de casarse. El detalle
inquietante,
en cuanto anómalo, con el que se abre el film, es el extraño
comportamiento
de un ave zancuda, que abandona esas tierras contradiciendo su
tendencia natural, sus hábitos. Algo fuera de lo corriente debe estar
sucediendo, o va a suceder, y de algún modo, ya insinúa y anuncia,
por asociación, la condición de cuerpo
extraño perturbador
de Joanna, como anomalía, en la rígidamente pautada vida de
Leininger desde hace quince años, desde que, con diecinueve, empezó
a modelar un espacio (una realidad) de acuerdo a su voluntad e
intereses.

Tras
la llegada de Joanna a la plantación, en dos sucesivas secuencias, o
intercambios y duelos de frases, entre ambos, quedará definido con
precisión lo que está en juego,
y las personalidades y actitudes de ambos. Leininger ya quiere dejar
claro quien debe marcar
los pasos
en la relación. Aparece tarde, a caballo (aunque de entrada tendrá
poco de caballero)
lo que ya en sí es una manera implícita de decir quién debe estar
supeditado al otro, y añádase la fusta que lleva como símbolo de
(pretendido) dominio.
En su primer intercambio de frases se insinúa a través de sus
miradas cómo ambos se sienten atraídos mutuamente, pero el teatro
de sus palabras, condicionado sobre todo por la susceptibilidad de
él, se convierte en un duelo de tanteo y camuflaje, sobre todo por
parte de Leininger, circunstancia escénica que evidencia quién
tiene o necesita un ansia de control. Rápidamente señala que no le
gusta que le interrumpan, y que el sentido del humor (irónico y
punzante) que aprecia en Joanna no lo considera precisamente una
virtud. Leininger ya deja entrever que bajo su apariencia ruda y
expeditiva encubre una susceptible inseguridad. Pero Joana es una
mujer con una fuerte personalidad, tanto en que es más razonable,
como en su sarcasmo, que tan pronto desestabiliza a Leininger, así como un temperamento que tiene poco de sumiso, sabe con claridad lo
que quiere, y no se escuda en máscaras protectoras, siempre incisiva
y cuestionadora (un espíritu tan razonable como indómito e
insurgente). En la posterior cena, Leininger mantiene ese
autoafirmativo duelo, marcando distancias, evidenciado por sus
posiciones opuestas en una larga mesa, con acerados, y menos sutiles,
sarcasmos. Tras terminar, Leininger le plantea que toque el piano, a
lo que ella accede (detalle, la primera pieza que ella interpreta la
interrumpe, porque es demasiado triste, lo que señala cómo se
siente).Joanna pronto advierte que sus preguntas son como la
comprobación de quien examina la dentadura de un caballo que quiere
comprobar; son preguntas que intentan calibrar un producto.
Y piensa que debe haber algún fallo, una fisura, una deficiencia,
porque no puede ser tan impecable (lo que a ella le hace comprender
que le gusta y le atrae).

A
su vez, en ese tanteo, Leininger sigue definiendo posiciones,
remarcando lo que le ha costado levantar su imperio, tras esos años
de denodados esfuerzos, sustrayendo espacio a la naturaleza, cómo se
ha hecho a sí mismo, sin necesitar de nadie, ni tener miedo de nada
o nadie, luchando porque el mundo se ajuste a sus necesidades, a lo
que él quiere. Y al fin advierte la deficiencia
en
el producto, la fisura que evidencia que no se ajusta su expectativa
o ideal, cuando ella reconoce que es viuda, cosa que él no sabía
(un detalle que su hermano, quien había realizado la búsqueda de su
esposa en Nueva Orleans, había omitido), es decir, ha habido otro
hombre en su vida, y por lo tanto no es virgen, no es un espacio
natural que él puede hollar el primero, como hizo con la selva. ¿Por
qué le inquieta tanto? ¿por qué esa necesidad de remarcar que él
quiere cosas nuevas, que no hayan sido de nadie, como ese piano que
se trajo recorriendo 300 kilómetros por el río?. Aquí habría que
señalar el por qué del sugestivo título original, The naked
jungle, la selva virgen. Esa naturaleza que ha reprimido en él, y
que ha querido dominar (cuyo emblema por extensión es su
plantación), y esa virginidad que no halla en Joanna. Pero como ella
le replica, usando como asociación el piano, un piano suena mucho
mejor cuánto más se ha usado. Aunque realmente, como le confesará
después Leininger, si esa revelación tanto le desestabiliza es
porque él sí es virgen: en los poblados en los que hacia
incursiones en busca de mujer tenía un nombre,
y a él no hizo falta que se lo dieran, lo que ya delata cómo ha
supeditado su naturaleza, o sus emociones y deseos, a su rígido
orgullo. Joanna a su vez comprende, para su satisfacción, que bajo
esa máscara de rocosa rudeza, que quiere imponerse a toda costa, se
esconde el miedo, la fragilidad de la inexperiencia. Leininger teme a
Joana, se siente tan atraído que le impone sobremanera su presencia,
y por añadidura no sabe desenvolverse con las mujeres. Joana aprecia
entonces que esa esquiva rudeza no es más que un mecanismo de
defensa. Pero él no quiere abandonar su máscara protectora, y que
las emociones le inunden. Por eso se emborracha para entrar en el
dormitorio de Joana como un
bárbaro,
poseído por su inhibido deseo, para asaltarla,
una tosquedad que no es sino el reflejo de lo poco que ha sabido
tratar con las emociones, acción de la que prontamente se
arrepiente, porque no es natural en él.

Avergonzado,
por actuar así, y por dejar en evidencia lo que siente, y lo que le
impone ella, decide que lo mejor es que ella abandone la plantación.
Porque ya sabe que no puede dominarla, pero a la vez, dado cómo le
ha tocado
profundamente, empieza a sentir ya que no quiere dominarla. Es cuando
se hace explicita la aparición de la amenaza de la marabunta
(millones de hormigas devorando a su paso todo lo que se le pone a
tiro, vegetal o animal), el motivo de que aquel ave zancuda
abandonara esas tierras, precisamente tras que la
marabunta de las emociones
ya ha empezado a mostrar las primeras fisuras en la presa
emocional
de Leininger, por eso antes de partir, Leininger se muestra ya ante
Joanne sin ninguna máscara, humilde y sincero, exponiendo su
vulnerabilidad. El resorte que lo provocará será un libro de poesía
(espejo de emociones) de Fontaine. Joanna está leyendo ese libro en
la cama, y le señala que había advertido la gran biblioteca de
Leininger posee. Él, huidizo, replica que los compró a peso, pero
ella señala que un libro así indica más bien que alguien lo ha
elegido conscientemente, y eso quiere decir que tiene una mayor
sensibilidad que la que muestra. Él lo reconoce, le gusta la poesía,
y cita una frase del libro de Fontaine, 'Existen
tres tipos de hombre, el que crees que eres, el que los demás creen
que eres, y el que realmente eres',
y ella pregunta, qué cuál es ahora. Leininger le dice que el
tercero, un hombre inseguro, tosco, bastante fatuo, e irrisorio (pero
ella le vuelve a remarcar que él no es nada irrisorio para ella).Ya
está puesta la semilla de su acercamiento. Por eso, ¿Cómo va a
poder ella irse?. Cuando realizan ese desplazamiento para dejarla en
el poblado en el que coja el barco que la aleje, es cuando se hace
manifiesto la cercanía de la marabunta, aproximándose en su voraz
paso a la plantación de Leininger. Al fin y al cabo, el reflejo o
encarnación de cómo Leininger en su interior está dejando que las
emociones empiecen a desbordarse en él. Una criatura diminuta que
arrasará con toda la grandeza de sus plantaciones y mansión, o en
suma, la de su arrogancia hasta que deja que la emoción desborde su
coraza. La lucha para vencer a la marabunta, narrada su progresión
con proverbial tensión, pasará por dejar inundar sus plantaciones,
su dominio,
haciendo explosionar las presas, y dejando que la selva virgen, la
naturaleza, recupere su dominio, de la misma forma, como correlato,
que él ha dejado ya que las emociones fluyan entre ambos, de igual a
igual, como celebración de las fuerzas naturales liberadas.