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miércoles, 27 de noviembre de 2024

Verde es el peligro

 

Verde es el peligro (Green for danger, 1946), de Sidney Gilliat, es un estimulante whodunit que adapta una novela de Christianna Brand. Una intriga detectivesca que se amolda a los patrones de un género del que Agatha Christie sigue siendo su más celebre representante, no exenta de unos sugestivos aspectos tenebrosos. Gilliat escribió junto a Frank Launder el guión de Alarma en el expreso (1937), de Alfred Hitchcock, así como el de la interesante Tren nocturno a Munich (1940), de Carol Reed, y juntos fundaron una productora, Individual pictures. Colaboraron en cuarenta producciones, en ocasiones uno como director, en otras el otro y en algunas formando dúo. Hay tres aspectos que destacan, y que dotan de una gratificante singularidad a este atractivo relato de misterio que transcurre en un hospital, y al que la voz en off del narrador, el inspector Cockrill (Alistair Sim), prontamente nos introduce, presentando al que será la primera víctima, un anciano cartero, y, en un opresivo ambiente nocturno, a los seis personajes que serán los sospechosos (ya remarcando que dos morirán y otro se revelará como el asesino en el plazo de una semana): Una panorámica nos los presenta embozados, con su vestuario de faena en el quirófano, a los dos doctores, a las dos monjas y a las dos enfermeras. Una eficaz manera siniestra de ponernos en situación. El primero aspecto a resaltar nos sitúa en el tiempo de la acción, otra amenaza que constantemente se cernía sobre la población de Londres y alrededores, las bombas volantes, los v1, cuyo motor escuchaban con temor hasta que el silencio más inquietante indicaba que la bomba iba a caer. Esa bomba es la causante de que el cartero sea herido y tenga que ser operado, operación de la que no saldrá con vida. Durante el resto del relato no dejará de suministrar tensión añadida la aparición de ese turbador sonido, o más aún el de su silencio.

El segundo aspecto a destacar es la atmósfera lóbrega del hospital, esas sombras que parecen también cargadas de otro tipo de explosivos, los que se ocultan en las mentes de los personajes, en los pasados no explicitados o compartidos (qué hábilmente se insinúan en los momentos previos a la operación del cartero) o en las más manifiestas tensiones o rivalidades, como las que hay entre el cirujano Eden (Leo Genn) y el anestesista, Barnes (Trevor Howard), y cuya causa es una de las enfermeras, Freddi (Sally Gray), hasta justo ese día comprometida con Barnes. Destaca el empleo de esas sombras en la secuencia nocturna tras que uno de esos seis personajes haya declarado en una fiesta que sabe quién mató al cartero, lo que determinará su muerte, en una secuencia en la que Gilliat realiza un muy certero uso de lo entrevisto (la fugaz visión del asesino o asesino embozado en un destello de luz), y con un afinado empleo atmosférico de las corrientes de aire que azotan las puertas, provocadas por el intenso viento.


El tercer notable aspecto es la singularidad del inspector Cockrill (que es también la de su intérprete). Fue el papel que propició que Alistair Sim dispusiera de papeles protagonistas, durante esta década y la siguiente (ya que durante los sesenta se centró fundamentalmente en el teatro). Sus más célebres personajes fueron el popular ávaro de la novela de Charles Dickens en Scrooge (1950), de Brian Desmond Hurst o su memorable papel como el padre del personaje de Jane Wyman en Pánico en la escena (1950), de Alfred Hirchcock, o el inspector protagonista de An inspector calls (1954), de Guy Hamilton. Se escribió pensando en él el personaje que acabaría interpretando Alec Guinness en El quinteto de la muerte (1955), de Alexander Mackendrick. De hecho, Guinness basaría su caracterización e interpretación en Sim. Sin duda, su personaje es el que transfigura el relato, dotándole de una distinción de la que carecía el retrato de conflictos y perfiles más convencionales entre los personajes sospechosos. Su acidez, su descarnada falta de tacto, que no deja de poseer una afilada capacidad de provocación, su falta de complacencia, son memorables, como su misma presentación protegiéndose torpemente cuando escucha el ruido de una de las bombas volantes (y así será también su despedida de la función/narración). Irónicamente, él no deja de poseer esa cualidad, esa forma de hacer ruido, que tiene bastante de estrategia desestabilizadora, para sorprender con sus silencios, con el movimiento imprevisto, a los sospechosos (es impagable su expresión divertida cuando Barnes y Eden se lían a puñetazos). Hay películas que no se desea que se termine por seguir en compañía de alguno de sus personajes. Este es uno de esos casos.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Plácidas pausas de rodaje: Alec Guinness, Muriel Pavlow y Anthony Steel. Historia de Malta, historias de un asedio

Photobucket ec Guinness, Muriel Pavlow y Anthony Steel comparten sonrisas con miembros de la 70 Right wing de la RAF durante el rodaje de 'Historias de Malta' (Malta story, 1952), de Brian Desmond Hurst, a quien persuadió John Ford de que aceptara d irigir este proyecto porque parecía hecho a su medida.De hecho el director en principio asignado era uno de los dos guionistas, Thorold Dickinson. La construcción del guión, episódica, es uno de los aspectos más sugerentes de su planteamiento, que intenta ofrecer una visión de conjunto del 'Sitio de Malta' (entre mediados de 1940 y 1942), pero no se consigue la necesaria cohesión dramática entre todas las piezas, como entre las imágenes documentales y las de ficción. Hay británicos que suelen remarcar, en ocasiones, frente a los estadouidenses, que el episodio crucial en la segunda guerra mundial fue la victoria sobre las tropas alemanas en el norte de Africa, en donde estaba en lid algo tan decisivo como poseer el suministro de petroleo. Los británicos consiguieron que los alemanes no conseguieran su propósito de dominar las existencias de suministro en extremo oriente. Decisivo estrategicamente fue la posición de Malta, desde donde Gran Bretaña enviaba los aviones para bombardear tanto navíos que intentaran enlazar el desembarco desde Sicilia de tropas alemanas e italianas en dirección a Libia. Tras que Rommel calificara, en mayo de 1941, a Malta de que posicionamiento crucial se sucedieron constantes los bombardeos, así como se presionó para que no logran llegarles suministros de comida y cedieran por el hambre. Las imágenes de los escasos navíos que llegaban, con agujeros en su casco,o cadáveres de soldados, son estremecedoras. Aunque no se consiga esa cohesión dramática, no dejan de destacar secuencias sueltas: los intensos primeros planos que capta el flechazo entre el piloto/arqueólogo Ross (Alec Guinness) y María (Muriel Pavlow) en el refugio, mientras caen las bombas; el díalogo entre la madre de María, Melita (Flora Robson) y su hijo Giusseppe (Nigel Stock) que ha sido detenido como espía nazi o el viaje en autobús del comandante Bartlett (Anthony Steel) con su viaje, en el que un niño juega con su corbata; tras que desciendan del mismo las bombas convierten al autobús en un amasijo de hierro y humo.