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sábado, 7 de enero de 2023

10 Obras literarias del 2022

1. Las frías noches de la infancia (Errata naturae), de Tezer Ozlu.

2. Tiempo sin lluvia (Chai Editora), de Cynan Jones.

3. El caballo ciego (Muñeca infinita), de Kay Boyle

4. Cosas pequeñas como esas (Eterna Cadencia), de Claire Keegan

5. Hombres fatales. Metamorfosis del deseo masculino en la literatura y el cine (Acantilado), de Elisenda Julibert

6. Los abandonos (Sexto piso), de Russell Banks.

7. Rendición. En busca de la existencia en un planeta dañado (Errata naturae), de Joanna Pocock.

8. Caso clínico (Impedimenta), de Graeme Macrae Burnett.

9. La vida después (Chai Editora), de Donald Antrim

10. Sin fallos (Blatt & Ríos), de Lee Child.

viernes, 23 de diciembre de 2022

Sin fallos (Blatt & Ríos), de Lee Child

 

En las primeras páginas de Sin fallos, séptima novela de Lee Child protagonizada por Jack Reacher, se menciona a Chacal (1973), de Fred Zinneman y la notable En la línea de fuego (1993), de Wolfgang Petersen, como dos modalidades diferentes de intento de atentado a una figura presidencial, una desde la distancia, como francotirador, y otra desde la cercanía, usando el camuflaje de una falsa identidad y de un arma que no pueda ser detectada (y con la consciencia de que el intento, tenga éxito o no, implicará la propia muerte). Jack Reacher las menciona porque ha sido contratado para realizar una auditoria sobre las posibilidades de que sea factible un atentado con éxito contra vicepresidente. Evidentemente, se requiere tal auditoria porque hay temor de que exista esa real amenaza. Las obras de Child suelen conjugar la minuciosa descripción de procedimientos y especulaciones con la detallada descripción de las acciones violentas que muestran la fulminante capacidad de Reacher. Sin fallos, una de las novelas más brillantes de Child, se centra más que otras en la primera vertiente, propiciada por el mismo punto de partida. La misma labor del servicio secreto se centra en la observación de posibles amenazas. La realidad es una espesura de signos en la que hay que detectar la anomalía, el detalle que no encaje y que pueda ser percibido, con la suficiente anticipación, para evitar la catástrofe.

La realidad se convierte en un espacio incierto con múltiples recovecos e incógnitas porque se ignora de quién proviene la amenaza. Existe, pero no firma ni justifica el porqué de esa amenaza. Si es de corte político o es personal. Eso implica la búsqueda de la relación con el objetivo, pero también suscita la interrogante sobre cuál puede ser realmente el objetivo, si el vicepresidente mismo o si este es más bien el medio que el fin. Como factor de enmarañamiento se añade la rivalidad entre las diversas agencias ya que, para cuidar la imagen, se prefiere demorar lo más posible, la colaboración con las otras agencias, caso del FBI. Y la sensación de vulnerabilidad se amplifica porque la capacidad de penetración de la amenaza, con diversas notas, parece que no dispone de límites. Con lo cual las interrogantes se amplían, ya que no se sabe si la amenaza proviene de dentro o de fuera, o hay una alianza que conecta ambos espacios. Por tanto, no hay ángulo seguro porque es posible que la amenaza provenga desde cualquier ángulo, incluso el que resulta familiar.

Con respecto a esa confrontación con una difusa realidad, ejerce de sugerente contrapunto la relación que establece Reacher con la responsable de los Servicios Secretos que le contrata, Froelich, quien fue pareja de su hermano hasta un año antes de su muerte. En la relación se confunden los límites, ya que no resulta claro si ella ve en Reacher a la transposición de su hermano o se siente atraída por él. ¿A quién está percibiendo? Quizá en la relación que quiere establecer con Reacher subyace la necesidad de rectificar una frustración, no solo por la pérdida, sino por la ruptura de una relación, ya que fue él quien la abandonó. Reacher también tendrá que especular con esa difusa maraña de sentimientos que pueden regir las decisiones de Froelich. Esa densidad emocional otorga una singular complejidad, como contrapunto, a un proceso de especulación sobre una amenaza sobre una de las figuras más poderosas. No hay control sobre la realidad como tampoco sobre los sentimientos. La realidad es una maraña de incógnitas que además puede estar manipulada de modo conveniente, por lo que puede ser difícil advertir cuál puede ser el camuflaje que se utiliza para convertirse en componente inadvertido de la pantalla o espesura de realidad. Cualquier mínimo detalle puede ser la fisura que reconfigure la percepción sobre el escenario de la realidad.

lunes, 2 de mayo de 2022

Escuela nocturna (Blatt & Ríos), de Lee Child

 

Escuela nocturna (Blatt & Ríos), de Lee Child, es la veintiuna novela protagonizada por Jack Reacher, pero retrocede en el pasado, al tiempo en que Jack Reacher era un comandante militar antes de convertirse en una figura errante que viaja con lo puesto, incluido el dinero en efectivo necesario. Aún era un hombre institucional que cumplía su función dentro de un sistema, antes de decidirse a salirse del mismo, como una figura flotante que simplemente se desplaza en el espacio del territorio estadounidense, sin vínculos fijos, ni móvil ni vida registrada en la red virtual. Un singular fantasma que resuelve entuertos allá donde se los encuentra. Esa <<escuela nocturna>> a la que se refiere el título no es sino una tapadera para una pasajera asociación entre varías agencias gubernamentales, la militar con la CIA y el FBI, para resolver, contrarreloj, una circunstancia que aparente amenaza aunque no se sepa con precisión cuál es en concreto esa amenaza y de qué calibre. Los datos que se conocen, y que hacen sonar las alarmas, los facilita un iraní que ejerce de agente doble en Hamburgo. Un grupo terrorista de Oriente medio ha establecido un trato con un estadounidense no identificado que implica el desembolso de 100 millones de dolares. Se ignora qué es lo que va a suministrar el estadounidense, pero, dada la cifra que se está dispuesta a pagar, debe ser algo que adquiere la consideración de peligroso.

La narración se convierte en una vibrante dinamo narrativa que, con la despojada concisión característica de Child, transmuta en ritmo secuencial la carrera contrarreloj para realizar esas averiguaciones que delineen la necesaria línea de puntos, constituida por la identificación del qué y el quién, que posibiliten la interceptación de ese intercambio. De nuevo, la capacidad especulativa de Reacher, en este caso escoltado por la sargento Negley, se aúna a su capacidad resolutiva física cuando se da la circunstancia del encontronazo con figuras del puzzle que también habrá que identificar, ya que en la maraña a la que se enfrentan, y que hay que esclarecer, también participan otros interesados, otros grupos con su particular agenda, que intentan averiguar, o directamente apropiarse de ese misterioso qué, el cual, por un motivo u otro, parece muy valioso. Es un campo de juego en el que, progresivamente, se va descubriendo a los participantes, aunque algunos tengan la habilidad de permanecer largamente en la sombra, sin ser advertidos. Y del mismo modo que, en ocasiones, la línea de puntos perfila una dirección decisiva solo porque alguien hizo una anotación tonta acerca de una llamada telefónica tonta, que sobrevivió más o menos siete niveles distintos de burocracia, también las líneas no se cruzan aunque quizá la distancia entre perseguidores y perseguido sea de unos pocos metros. En varios momentos, el norteamericano perseguido y Reacher se rozan sin saber que están a escasa distancia el uno y el otro. El azar también juega su papel, más allá de la pericia especulativa.

Esa persecución con tiempo limitado de resolución puede también recordar a la del asesino Chacal por parte de la policía francesa, que trata de identificarle e interceptarle antes de que atente contra el presidente francés, en la novela de Frederick Forsyth, cuya adaptación cinematográfica, en 1973, fue dirigida por Fred Zinnemann (y que tuvo una variación, en otro contexto y tiempo, dirigida por Michael Caton-Jones, en 1997). Se alternan sus evoluciones, en un montaje alterno, pero también, puntualmente, aun en menor medida, las de otros participantes en la partida, la mensajera del grupo terrorista, la policía alemana (que investiga el asesinato de una prostituta) y las averiguaciones que realiza cierta organización que dispone de útiles contactos en la dirección de tráfico para interferir en la persecución. En suma, un tráfico en el que las direcciones casi se cruzan sin saberlo o a veces colisionan de modo imprevisto, colisiones que, en ocasiones, reconfiguran el mapa del tesoro ( o de ese misterioso qué), en cuyo origen se encuentran unas historias familiares (Es como si las historias hubieran sido un mapa del tesoro). En en el entramado enmarañado de figuras individuales se bosquejan diversos escenarios de conflicto que conectan presente con pasado, desde el presente conflicto en Oriente Medio, y la amenaza terrorista a finales del siglo XX, cinco años antes del atentado de las Torres Gemelas, hasta la pervivencia del nazismo en la sociedad alemana, pasando por los residuos de las tensiones de la Guerra Fría entre Rusia y Estados Unidos durante la década de los cincuenta. Conflictos tramados con la misma carne podrida de la bestia que reside en el ser humano, da igual la nacionalidad o la justificación o creencia que se enarbole. La historia que se repite, aunque varíe el decorado. El ser humano y su tendencia a la inconsecuente (auto)destrucción. Reacher imparte otra lección de escuela nocturna, otro desafío para evitar que el ser humano se convierta en las ruinas de su inconsecuencia.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

12 Libros 2021

 

12. La serpiente Cósmica (Errata naturae), de Jeremy Narby

11. Un tratado de estética japonesa (Alpha Decay), de Donald Richie
10. Se ahogarán en las lágrimas de sus madres (Nórdica libros), de Johannes Anyuru
9. El héroe (Blatt & Ríos), de Lee Child
8. El club de los desayunos filosóficos (Acantilado), de Laura J. Snyder
7. La desaparición de Adele Bedeau (Impedimenta), de Graeme Macrae Burnet
6. Un reflejo velado en el cristal (Hoja de lata), de Helen McCloy
5. Aprender a vivir y a morir en el Antropoceno (Errata naturae), de Roy Scranton
4.  Coníferas (Acantilado), de Marta Carnicero Herranz
3. Rápido, tu vida (Errata naturae), de Sylvie Schenk
2. Filosofía felina (Sexto piso), de John Gray
1. El corazón de las tinieblas (Eterna cadencia), de Joseph Conrad

lunes, 8 de noviembre de 2021

El héroe (Blatt & Ríos), de Lee Child

                            

En El héroe (Blatt & Ríos), el hilo con el que el escritor británico Lee Child se interroga sobre la naturaleza del héroe, lo que es preguntarse sobre su función y necesidad como figura imaginaria fuera de lo ordinario, comienza con la interrogante sobre la génesis de cualquier ocurrencia, descubrimiento o invención humana, lo que es preguntarse sobre la formación (como bien escribió Gaston Bachelard, “el misterio no es la forma sino la formación”; y el ser humano tiende a anclarse demasiado en la forma, lo que es decir en lo que se instituye como costumbre o certeza). ¿Quién no se ha preguntado quién fue el primero al que se le ocurrió que algo pudiera disponer cualidades nutritivas o curativas, o que fuera útil por un motivo u otro? A alguien se le debió ocurrir por primera vez, y de algún modo se extendió por todo el planeta. Del mismo modo que a los más jóvenes les puede sorprender que existiera hace poco más de veinte años un mundo sin móviles, también lo hubo sin motores o arados o destornilladores o espadas. Alguien se dijo que era posible y descubrió cómo era posible, con qué materia y de qué modo darle la forma necesaria. Me encantaría saber quién fue el primero que probó cualquier cosa. Quién fue el primero que arrancó una raíz extraña o un tubérculo cualquiera y pensó, eh, ¿sabéis qué?, quizás debería cocinar esto y comérmelo. También se hace otra pregunta al respecto. En concreto, me gustaría saber cuántos se murieron probando cosas. El conocimiento se basa en prueba y error, y es de suponer que fue necesario, para muchas cosas que damos ya por sentadas, o que usamos o consumimos, de modo inercial, un considerable número de pruebas. Otra dirección convergente con la que inicia su sugerente reflexión sobre el héroe es la de la estructura del lenguaje, o cómo se forman las palabras, de dónde surgen. Comienza preguntándose por qué Félix Hoffmann, a finales del siglo XXI, llamó a  cierta sustancia heroína, a partir de la palabra alemana para heroico. Como con las invenciones que forman ya parte de nuestro paisaje ordinario, también ignoramos de dónde proceden, o cómo se han gestado las palabras que utilizamos. Los griegos denominaron bárbaros a los que no sabían griego. Para los griegos, todo lo que esa gente conseguía emitir era bar-bar-bar, un poco como las ovejas. De ahí bár-ba-ro. O rival originalmente significaba alguien que compite por un río. La palabra, y el concepto, evolucionó. También el concepto de héroe, que sigue siendo una palabra del griego antiguo, y como en bárbaro, el concepto que tiene detrás debe de haber sido moldeado – en efecto, especificado en gran detalle y subliminalmente- por las necesidades, preocupaciones, deseos, prejuicios, aspiraciones y miedos de esa cultura antigua.

En el principio la palabra en griego heros significaba protector o defensor, de la misma raíz protoindoeuropea que la del verbo el latín servare, que significaba salvaguardar. Pero fue Odiseo, con la obra La Iliada, quien dotó al héroe de la concepción que se consolidó hasta nuestros días, como alguien que sufre, alguien que resiste, alguien que sobrevive a un viaje largo y complicado a través de riesgos y peligros, y después de eso aparece con su honor y su identidad intactos. Una concepción a la que se añadió en el siglo XIX otro matiz que sustituyó la última parte por la finalidad de hacer el bien de una manera vaga e inespecífica. El héroe tiene que estar al servicio de los demás. No es meramente alguien que realiza una gesta extraordinaria. La acción heroica no es solo un logro personal. Desde luego, no para Lee Child, quien, por eso, puntualiza que no cree que haya héroes en la vida real, pese que fácilmente se utilice ese término, por ejemplo en el terreno deportivo. Para él solo hay héroes en la fantasía (literaria o cinematográfica). Una de las variantes de lo que considera un héroe genuino, el caballero andante, es la que aplicó en la configuración de su personaje Jack Reacher, que ha protagonizado ya veinticinco de sus novelas, y que ha encarnado Tom Cruise en sus dos traslaciones a la pantalla, la notable Jack Reacher (2012), de Christopher McQuarrie y Jack Reacher: Never go back (2016), de Edward Zwick. Alguien, como explica en un complementario segundo texto, “Sobre Jack Reacher”, a quien motiva, sobre todo, contrariar a la gente que quiere imponer su voluntad a los demás.

La figura del héroe parece responder, desde el principio de los tiempos, a una necesidad del ser humano ordinario. Para explorar su por qué, la gestación o formación de la figura del héroe, Child indaga en la necesidad que tiene el ser humano de ficciones. Cómo en cierto momento se generó esa necesidad de inventar y escuchar historias, probablemente por la necesidad de sentir, en un relato, que se controlan los acontecimientos. En el principio de los tiempos, se sentía que la oscuridad (emblema de lo incierto e imprevisible) podía ser vencida, pero no solo la oscuridad espacial sino también la temporal (la invención de la ficción de una vida más allá es el intento de sentir que se controla la incógnita de lo que nos depara la muerte, y con su conversión en convicción se torna ilusión de conquista). La muerte, al final y al cabo, es una nuestra inapelable derrota. La ficción de otra vida más allá de la muerte nos equipara al héroe que supera cualquier obstáculo o escollo.  ¿Cuál es el propósito de la ficción? Yo creo que puede resumirse en una frase simple: darle a la gente lo que no consigue en la vida real (…) un universo paralelo o teórico, en el que las cosas suceden, basadas en la experiencia, pero no restringidas por los hechos, y del cual la auténtica satisfacción de un final feliz se va a integrar como por ósmosis en el universo real, en forma de contento, compensación y consuelo. El ser humano necesita finales felices (y la muerte no lo es), por eso ha necesitado apuntadores o demiurgos, como los dioses, porque de ese modo se dota a la vida de un sentido, como si alguien urdiera la trama de nuestra existencia (o la comenta y la juzga, como un cineforum que nosotros mismos nos montamos en la cabeza aunque le denominemos prueba o designio del autor o guionista llamado Dios).

Child explora el proceso de afianzamiento de los relatos como parte fundamental de la vida humana. Como las historias se volvieron sinónimo del tipo de protagonista que incluían (…) se convirtieron en ejemplos idealizados de comportamientos deseados. O cómo los relatos se convirtieron en manipulaciones convenientes por parte de todos los gobiernos autoritarios y totalitarios (incluidos los aparentemente democráticos). Somos una criatura muy sugestionable, así que fácilmente pueden implantarnos relatos que para nosotros se tornan convicciones y evidencias. La concepción utilitaria del héroe los gobiernos o instancias de poder poco tiene que ver con la concepción popular. Más bien entran en colisión. Fundamentalmente el héroe cumple una función: La vida real rara vez es satisfactoria. (…) Así que yo quería que Reacher hiciera lo que todos nosotros queremos hacer: mantenerse firme y sin miedo, no retroceder nunca, no echarse nunca para atrás, tener respuestas inteligentes. Pensé en todas las situaciones en las que nos encontramos –tímidos, seguros, asustados, preocupados, humillados- e imaginé una especie de consuelo terapéutico en el hecho de ver nuestros sueños más salvajes representados en la página.

jueves, 27 de mayo de 2021

Luna azul (Blatt & Ríos), de Lee Child

                            

Este es un universo arbitrario. Una vez por cada luna azul las cosas salen bien. Como ahora. Alguien inició una guerra y ustedes son el opuesto exacto de daño colateral. La aleatoriedad, el impredecible curso de los acontecimientos, la imprevista intrusión de un factor desconocido en la ecuación (familiar). Con Luna azul (Blatt & Rios), su veinticuatro novela protagonizada por Jack Reacher, Lee Child se aproxima, más que nunca, al mundo de los hermanos Coen, en particular Sangre fácil (1985), Quemar después de leer (2008) o Muerte entre las flores (1990). Equívocos, engañosas apariencias, cruces imprevisibles, percepciones y deducciones erróneas. La luna azul es la segunda luna llena que acontece durante uno o dos meses durante el año, o la cuarta en un trimestre. Una anomalía. El término proviene de la palabra blue, azul en inglés, que se estableció en la década de los cuarenta, pero es una distorsión de su término original, belewe, asociada con la concepción de traición, por desajustar el orden o la ecuación de la cuaresma. Reacher es una luna azul en cualquier escenario fijado sobre una ecuación de costumbres o rutinas. Es un comodín, una figura errante sin lugar preciso, una figura escurridiza. Una anomalía en esta sociedad definida por una circulación definida por el programa y el control. Reacher se mueve en los resquicios. Ni trabajo ni hogar, siempre inquieto. Siempre en movimiento. Sola la ropa que llevaba puesta. Ningún lugar particular al que ir, y todo el tiempo del mundo para llegar allí. A algunas personas les resultaba difícil de entender. Reacher irrumpe, como un viajero más en un autobús, en una ciudad que puede ser una de muchas otras en cierta zona de Estados Unidos. Reacher había visto todo tipo de ciudades, por todo Estados Unidos, este, oeste, norte, sur, todo tipo de dimensiones y épocas y condiciones actuales. Conocía sus ritmos y gramáticas. Conocía la historia horneada en esos ladrillos. La manzana en la que estaba era uno de otros cien mil lugares como ese al oeste del Mississippi. Se produce un cruce. Casualidad. Pero la voluntad entra en juego. O según la actitud y perspectiva de Reacher, la amabilidad de los desconocidos hace girar el mundo. Y decide ayudar a quien no conoce, una pareja de ancianos atrapados en una maraña de préstamos y deudas con la mafia albanesa, los cuáles se disputan el poder de la zona con la mafia ucraniana. Un escenario de rivalidades delineado con precisión para quienes actúan en ese escenario establecido de acuerdo a una trama de negociaciones, engaños y estrategias. Una constante en el ser humano, se funcione de acuerdo a la ley o en sus márgenes. Reacher entra en escena para desmontar un escenario. Catalizador de la oscuridad del ser humano, es una paradoja, se inspira en la amabilidad pero despliega, como herramienta, la misma fuerza oscura de la violencia. Se consideraba un hombre moderno, nacido en el siglo XX, viviendo en el XXI, pero sabía también que tenía en la cabeza una especie de portal abierto, un agujero de gusano al pasado primitivo de la humanidad, donde durante millones de años cualquier cosa viviente podía ser un depredador, o un rival, y por lo tanto tenía que ser evaluado y juzgado, de manera instantánea, y precisa. ¿Quién era el animal superior? ¿Quién se iba a someter? La ecuación inmutable desde el principio de los tiempos. Es lo que somos.

Su irrupción no es contemplada como factor, por lo tanto el encadenamiento de hechos suscita deducciones erróneas tanto en los albaneses como los ucranianos. Ni en Sangre fácil ni en Quemar después de leer, los personajes lograban disponer de una visión precisa de conjunto. En ningún momento sabía qué estaba pasando, cada uno haciéndose una falsa idea de lo que ocurría, todos con una perspectiva errónea sobre los demás o sobre los hechos. Albaneses y ucranianos creen estar inmersos en una partida de ajedrez, en la que sí se juega de modo atolondrado las piezas, se puede convertir en una guerra a cámara lenta. No saben que los dos primeros muertos son obra de Reacher, con lo cual comienza una contabilización, a medida que aumentan las víctimas, que presupone intencionalidad por parte de su rival. Piensan que el otro quiere quedar por encima (con menos víctimas), pero también que quizá, a la inversa, como gesto sacrificial quiera quedarse por abajo. Cuando comienzan a considerar que la película que tienen en mente no se ajusta a la realidad, y todo no parte de una estrategia intencional de su contrincante, especulan sobre si serán los rusos, o quizá alguna de las agencias gubernamentales, quienes estén detrás de los hechos cuyo propósito no comprenden. Reacher, en cierto grado, actúa como Tom Regan en Muerte entre las flores, entre dos bandas rivales. Pero aún más, dada su condición de factor desconocido, Reacher, para ellos, es una sombra escurridiza que convierten en pantalla de especulaciones.


Los tiempos se pueden vivir de modo distinto. Cuando la vida urge te encuentras con el desajuste de los plazos. La inconsistencia de la organización social. En cuanto necesitamos que las instituciones gestionen con presteza algo, más bien quedamos atrapados en el lodazal de las dilatadas demoras de trámites (de meses o años). Es como si una película estuviera avanzando a cámara lenta, y la otra estuviera pasando a toda velocidad. La pareja de ancianos dispone de un escaso plazo de tiempo para poder pagar sus deudas, pero todos los procedimientos legítimos para poder solucionar su circunstancia se convierten en trámites de dilatados meses de incierta duración. Reacher es el fantasma errante que cauteriza esos despropósitos, una figura flotante, como una ficción con un cuerpo de más de 1´90 y más de cien kilos, que irrumpe en la realidad para reajustar su despropósito, aunque sea en una escala individual. Su dominio del tiempo es el de la resolución instantánea, que Child materializa en escritura, una escritura percutante que desgrana con detalle minucioso los movimientos, las maniobras, los gestos de toda acción que realiza. Una escritura de frases cortas que progresa como una metralla que, en cierto sentido, puede evocar a la de Raymond Chandler, como la agudeza de Reacher a la de Marlowe, con la diferencia de que esa capacidad de descifrar la circunstancia en peligro en la que está envuelto, Reacher la convierte en una arrolladora y fulminante masa de acción. Un cálculo instintivo, basado en el tiempo y el espacio y la velocidad, las cuatro dimensiones, sin duda teniendo en cuenta con precisión sus abundantes capacidades, y sin duda estimando las capacidades de su oponente cautelosamente, basándose en promedios calculados para el peor escenario, más un margen de seguridad, para fines de aritmética, que pese a todo daba mucho margen de tiempo para alguien tan veloz como él.

viernes, 2 de octubre de 2020

Mañana no estás (Eterna cadencia/Blatt & Ríos), de Lee Child

Mira, no veas, escucha, no oigas. En la primera secuencia de Jack Reacher (2012), de Christopher McQuarrie, la primera de las dos adaptaciones cinematográficas del personaje creado, y desarrollado en veinticuatro novelas, por el escritor británico Lee Child (1954), un francotirador dispara cinco personas. Pero no es solo un hecho violento. Una violencia que irrumpe de modo fatal para esas cinco personas. Las apariencias son un abismo y una cortina de humo. La observación atenta y el análisis de los hechos revela que cuatro muertes son solo un modo de disimular un objetivo. Me manipularon, Hay capas sobre capas aquí, dice Reacher en cierto momento de Mañana no estás (Eterna cadencia/Blatt & Ríos), publicada originariamente en Estados Unidos el 2009. Su comienzo también es tan impactante como enigmático. En un vagón de metro, a las dos de la madrugada, junto a otras cinco personas, Reacher intenta descifrar si el comportamiento de una mujer se ajusta los doce puntos que sirven para identificar a una posible terrorista suicida. Su análisis es minucioso. En principio, piensa que los signos corroboran esa impresión. Pero los hechos, y los acontecimientos que se irán encadenando a lo largo del desarrollo de la novela, evidenciarán que nada es lo que parece, y que ni esa mujer era una terrorista suicida ni el resto de integrantes del decorado son casuales figuras. La realidad es una intrincada espesura de simulaciones y manipulaciones, y Jack Reacher, ex policía militar que abandonó a los 36 años su profesión para convertirse en una figura errabunda que se caracteriza por ser probablemente el único hombre en el mundo sin móvil, además de ser un experto hombre de acción es un inquieto descifrador de esa difusa espesura: Había extraños comentarios a medias, matices raros, algunas pequeñas implicaciones fuera de tono. Reacher escruta, explora, los gestos y las conductas, las palabras y las omisiones, y especula para intentar contrarrestar esa tendencia a confundir mediante las escenificaciones y la ocultación de lo que puede resultar comprometedor. La gente ve lo que quiere ver, siempre ha sido así, y siempre lo será. Y de eso se aprovechan quienes dominan el escenario geopolítico, pero también quienes son sus actores en cualquier escala. Reacher se esfuerza, porque su carácter le impulsa a comprometerse con los hilos sueltos que percibe como daños colaterales de esas actitudes mezquinas, en reparar, que es también neutralizar, no la avería sino el desquiciamiento de un sistema.

Reacher se interna en las secuelas de un conflicto que se arrastra como una sombra corrosiva desde dos décadas atrás, porque los monstruos siempre reaparecen para dejar constancia de los despropósitos o de las contradicciones de un sistema que durante un periodo de tiempo considera aliado a quien décadas después concebirá como su mayor enemigo. Por lo que el pasado debe ser borrado. Si cambia el escenario debe neutralizarse el mismo pasado como si no hubiera existido. Si tras el atentado del 11/S Osama Bin Laden se convirtió en el principal enemigo de una nación no pudo ser aliado en cierto momento, cuando para las circunstancias sí era conveniente. No importan tanto las interrogantes tipo ¿Por qué hizo eso a dos seres humanos? porque incluso quien la plantea ha realizado las más crueles aberraciones a otro ser humano. Prima la doblez y el cinismo, el instinto reptiliano y la conveniencia. Si el ser humano quiere ver lo que quiere ver, se nutre esa inclinación con las oportunas omisiones o manipulaciones de las apariencias, con la aviesa configuración del relato de lo que fue o no fue. En cierto momento, alguien señala a Reacher que, como es una figura errabunda sin raíz ni residencia fija ni vínculo alguno, para ti es distinto. Si quieres mañana no estás. Yo no. Yo vivo aquí. Pero esa concepción de mañana no estás (tomorrow gone) se puede ampliar a ese escenario geopolítico también definido por los borrados convenientes de las alianzas que se prefieren no recordar cuando cambia de modo drástico el escenario de rivalidades y hostilidades. Cuestionable es una palabra larga y complicada para todos nosotros. Doce letras, e implicaciones que podrían llenar todo un manual.

El extraordinario arranque narrativo es, por otra parte, una muestra del impecable montaje secuencial de una novela que progresa como una dinamo que no desfallece un instante. Gradúa los ritmos y las intensidades con una elaborada modulación. McQuarrie logró materializar su correspondencia cinematográfica en Jack Reacher, y la afinó aún más en las dos obras que ha dirigido de la franquicia Misión imposible, Misión imposible: Nación secreta (2015) y Misión imposible: Fallout (2018). Ambas un portento de montaje de acciones, equiparables al de Skyfall (2012), de Sam Mendes o Ronin (1998), de John Frankenheimer. La sucesión de frases cortas de Child, cual metralleta que rapta la respiración nunca pierde foco ni se atropella. Se describen minuciosamente acciones pero también procesos mentales. La realidad, su materialidad, su condición de espesura de signos por descifrar, se detalla, escruta minuciosamente. Cada gesto es un universo que explorar. Cada acción es un eslabón en una cadena.  En pocas líneas puede condensar un modo de vida, una vida particular que es muchas vidas como la suya, a la vez que la observación define al observador. Vi cómo sus ojos se quedaban sin expresión. Quizás estaba repasando mentalmente casos viejos. Casas adosadas, calles arboladas, abogados viviendo la gran vida a costa del dinero del fideicomiso de sus clientes, incapaces de resarcirse, escabulléndose por anticipado de la vergüenza del escándalo y la inhabilitación. O maestros, con alumnas embarazadas. U hombres de familia, con novios en Chelsea o en el West Village. Policías locales, llenos de tacto y de una áspera simpatía, grandes e intrusivos en las viviendas pulcras y tranquilas, revisando la escena, estableciendo hechos, escribiendo informes, cerrando expedientes, olvidando, pasando a lo que viniera después, sin que les importe cómo y dónde y por qué. Child condensa en una figura anómala (el único hombre en el mundo sin móvil) la mirada despierta que se margina del sistema, como una frontera ambulante, el hombre errante, como las figuras míticas del Oeste, resolutivo con su cuerpo entrenado y su mente analítica, que interviene para neutralizar a los monstruos que se revuelven contra el monstruo del sistema. Es un análisis de coste-beneficio ¿Tres personas inocentes versus una gran cuestión geopolítica? ¿Tú qué harías?