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lunes, 16 de noviembre de 2015
Miradas al cine del siglo XXI: Hoy el cine frances y sus diversas corrientes
Hoy a las 19:30, en la nueva sesión de Miradas al cine del siglo XXI (en Espacio Leer, c/Argumosa, 37), divagaremos alrededor de y sobre 3 corazones, Dheepan y Eden de, respectivamente, Jacquot, Audiard y Hansen-Love: Tres generaciones del cine francés alternativo. Haremos incursiones en la intermedia generación fantasma de Bonello, Desplechin, Dumont…y alguna que otra deriva sobre heterodoxias narrativas y despojamientos de estilo, sobre un cine de cuerpos, ausencias y presencias.
domingo, 13 de octubre de 2013
En rodaje: Arnaud Desplechin
lunes, 21 de enero de 2013
En rodaje: Arnaud Desplechin, Matthieu Amalric ( y Benicio Del Toro)
lunes, 10 de octubre de 2011
Plácidas pausas de rodaje : Arnaud Desplechin y Maurice Garrel
Arnaud Desplechin y Maurice Garrel en una pausa de rodaje de la magnífica 'Reyes y reinas' (2004), otra admirable obra de Desplechin, tan pletórica de energía como de inventiva, un puro desbordamiento de emociones agitadas. Igual de extensa que su última y formidable obra, la única estrenada en España de sus ocho realizadas, 'Un cuento de navidad' (2008), dos horas y medias, que fluyen con tal intensidad, sin tregua, que hasta se sienten breves. No son obras de tramas, dificil es definir su argumento. Son obras más de personajes, o más bien, de estados emocionales y de vínculos de personajes, en los que se entrecruzan perspectivas y tiempos, las mismas secuencias se fragmentan rompiendo raccords, o los personajes pueden, en un momento dado, dirigirse a la cámara. Como un laberinto la narrativa se amplifica en diversos recovecos o derivas. No carga las tintas, pero no deja de propulsar, exuberante, que el filo de su forma de hacer palpables las emociones impregne nuestras retinas casi como un ejercicio terapéutico, liberador. Una escalera hacia donde las emociones encuentran su expresión sin cortapisas. Donde no somos reyes ni reinas sino frágiles criaturas debatiéndose con las emociones.
domingo, 16 de enero de 2011
En rodaje: Arnaud Desplechin y Mathieu Amalric
domingo, 14 de febrero de 2010
Reyes y reinas
Uno de los descubrimientos más estimulantes el pasado año fue el del cine de Arnaud Desplechin. Por fin, se estrenó una obra suya, la excepcional 'Cuentos de navidad' (2008). Porque estamos hablando de su octava película. Deplorable es que un obra tan apasionante como la suya haya permanecido ausente de nuestras pantallas. Pero ya sabemos que, desgraciadamente, son muchos los casos parangonables. Dentro del mismo cine francés, por ejemplo, no ha conocido estreno casi ninguna obra de Philippe Garrel, y su 'Libertad, la noche (1984) es una de las obra más bellas que he visto, o aún está por estrenar alguna de las obras de Bruno Dumont, o pocas son las que nos han llegado de Michel Deville. Afortunadamente, siempre hay otras vías de poder llegar a algunas de estas obras. Las hay que son accesibles porque se editan en DVD, como es el caso de 'Reyes y reinas' (2004), otra admirable obra de Desplechin, tan pletórica de energía como de inventiva, un puro desbordamiento de emociones agitadas. Igual de extensa que su última obra, dos horas y medias, que fluyen con tal intensidad, sin tregua, que hasta se sienten breves. No son obras de tramas, dificil es definir su argumento. Son obras más de personajes, o más bien, de estados emocionales y de vínculos de personajes, en los que se entrecruzan perspectivas y tiempos, las mismas secuencias se fragmentan rompiendo raccords, o los personajes pueden, en un momento dado, dirigirse a la cámara. Como un laberinto la narrativa se amplifica en diversos recovecos o derivas. 'Reyes y reinas' parte de dos personajes, de los cuales durante buena parte del relato desconocemos su vínculo. Nora (Emmanuelle Devos) va a casarse, es el tercer hombre importante en su vida. Parece tender a compartimentar su vida como si esta pudiera ser una serie de casillas controlables. Pero las borrascas del presente y el pasado desmoronan esa rígida actitud. A su padre le diagnostican un cancer. Y se esfuerza en encontrar a la figura que adopte a su hijo, porque este no ha establecido el vínculo deseable con quien va a ser su marido. El padre de este hijo fue su primer amor, cuando tenía veinte años, quien se suicidaría delante suyo, y cuyo 'fantasma' se le aparece en su presente irresuelto. Por otro lado, Ismael (Matthieu Amalric) es pura borrasca emocional, un agitado cocktail de emociones que no sabe de la responsabilidad. Lo conocemos siendo ingresado en un sanatorio psiquiátrico. Es pura turbulencia. Y tardaremos en saber que fue el segundo hombre importante en la vida de Nora, durante siete años, a quien ésta abandonó hace poco. Uno de los aspectos más estimulantes de su cine es que con esta amalgama de emociones, o estados emocionales en el filo, excesivos, nunca cae en la delectación mórbida por la desgracia, o los masoquismos emocionales, como, por ejemplo, puede hacer Von Trier. Su cine es pura exuberancia vital, un generoso derroche de energías, en el que fluctua, por ejemplo, en tonos con proverbial habilidad, como hace del exceso de Ismael, en muchas ocasiones, más una comedia excéntrica, una centrifugadora de situaciones absurdas vistas con ternura o con una sonrisa irónica. No carga las tintas, pero no deja de propulsar, exuberante, que el filo de su forma de hacer palpables las emociones impregne nuestras retinas casi como un ejercicio terapéutico, liberador. Una escalera hacia donde las emociones encuentran su expresión sin cortapisas. Donde no somos reyes ni reinas sino frágiles criaturas debatiéndose con las emociones.
En 'Reyes y reinas' (2004) también nos encontramos con rostros presentes en 'Cuento de navidad' como Catherine Deneuve, en una breve colaboración como doctora, o Hyppolite Girardot, como el 'speedico' abogado de Ismael. Es fascinante cómo construye Desplechin esta narrativa descentrada con tantos flecos o subtramas, definiendo con precisión a cada personajes, y creando historias dentro de historias, como la que mantiene Ismael con otra de las ingresadas en el sanatorio, o la del primo a quien sus padres quieren hacer participe de su herencia ( sólo Ismael mostrará de entrada su apoyo), o la relación, en el último tramo, entre Ismael y el hijo de Nora. Sumergirse en el mundo de Desplechin es recibir un vivaz chute de energía.
lunes, 18 de enero de 2010
Un cuento de navidad
Nuestras preocupaciones son como puntos de fuga que obstaculizan el conocimiento. Cautivos de esa deriva, apresados en las marejadas de las circunstancias, no escarbamos lo suficiente en nosotros mismos, del mismo modo que los otros son difusas representaciones según el momento. Más que habitar la vida, somos pasajeros de un desconcierto. No hay cierta institución de realidad, como ese supuesto punto de referencia, la familia, más allá de sus vínculos sanguineos revela se constituye en un vínculo que es maraña. La médula de la vida parece perdida o difuminada entre indecisiones, miedos y un trasiego de emociones que nos dominan sin que advirtamos una dirección clara entre la niebla. Arnaud Desplechin hace de todas estas cuestiones interrogación y carne viva de celuloide en esta obra maestra centrada, o más bien, palpitantemente descentrada, en una familia y sus convulsiones, en sus desencuentros y espasmos, en sus anhelos de conciliación y reproches, en sus silencios que son omisiones de lo que sienten y sus confusiones, en los lastres de perdidas o decepciones que les han ofuscado, naufragos de sus emociones, como si vivieran en un relato de fantasmas. Todo puede ser reparado si se realiza el oportuno esfuerzo de desprenderse de esos quistes de colisiones y ocultamientos que pueden durar años. La narración se quiebra en diferentes puntos de vista, incluidos monólogos de algunos de los personajes a la cámara. No hay trama, sólo la maraña de las emociones. Una situación, un encuentro familiar durante los días de la navidad, enfrenta a una danza de emociones expuestas que se enfrentan a una crispación largamente contenida. Una madre que necesita un transplante de médula, un padre que diserta sobre Nietszche y aspira a que todos compartan la conciliación serena, un hijo que erra por la vida desde que perdió en un accidente a su esposa sin saber hacía dónde va, que hace de la relación con los demás un exabrupto por su insatisfacción vital, un hijo que parece sumido en un silencio conforme, aturdido por el alcohol, que oculta el amor por la esposa de su hermano, sin saber que ella también le ha amado esos años en silencio, una hermana que negó la palabra a su hermano durante cinco años. Tantas cosas que se guardan, tantas cosas que se enquistan, porque no discernimos lo que nos condiciona y afecta a la relación con los demás. Ni nos vemos, ni vemos a los otros. Cuando es algo tan sencillo como donar nuestra médula en la relación con los demás. Una obra prodigiosa.
'Un cuento de navidad' (2008), con Matthieu Amalric, Catherine Deneuve, Chiara Mastroianni y Emmanuelle Devos, es la primera obra que se estrena de Arnaud Desplechin, y ha sido todo un apasionante descubrimiento. Una narración con nervio a flor de piel, fluctuante como lo es la vida, o consciencia de la misma, de los personajes, entre paradojas y contradicciones, indefinidos y elusivos hasta para ellos mismos. Una de esas obras que parece que redescubre la narración como los mismos personajes buscan redescubrirse, definir esa incertidumbre o indefinición en la que presa su vida y sus relaciones. Los tonos se alternan en una obra sin centro de gravedad, pues es lo que a su vez buscan sus personajes.
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