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lunes, 16 de marzo de 2015

El caso Winslow

El caso Winslow es un caso contra el despotismo, contra la imposición. Terrence Rattigan se inspiró para su obra teatral, 'El caso Winslow' (1946), en un caso que estableció en 1908 un precedente legal, el caso de George Archer-Shee, un cadete acusado en la Escuela Naval donde estudiaba de haber robado un giro postal de un compañero. Sin posibilidad de réplica, fue expulsado. El colegio Naval representaba al Almirantazgo y la Corona, y esta no podía ser cuestionada. No había posibilidad de juicio en donde el acusado pudiera defenderse. En 'El caso Winslow' (1948), de Anthony Asquith, que transcurre en 1911, el niño, de doce años, se llama Ronnie Winslow (Neil North). Si en el caso inspirador fue el hermano mayor del chico quien, apoyado por su padre, se mostró obstinado en que se rectificara lo que consideraba una injusticia, en la obra teatral de Rattigan, y en la película, es su padre, Arthur (Cedric Hardwicke) quien no acepta esa inflexible decisión que no contempla otras opciones posibles. Incluso, el director del colegio considera la decisión sustentada en pruebas irrefutables. Es reveladora una variación que establece Rattigan en la caracterización de los personajes principales. Quien apoya al padre es la hija, Catherine (extraordinaria Margaret Leighton, años después particularmente memorable en 'Siete mujeres', 1967, de John Ford), una determinada sufragista. De este modo, se conjugan dos luchas por imposiciones que no tienen en consideración la voluntad ni los derechos de los ciudadanos. La relevancia de este personaje femenino introduce otra cuestión enquistada socialmente, las alianzas matrimoniales como ententes de empresas.
El caso Winslow es también un caso contra una tramoya social sostenida sobre las apariencias. En el mismo caso que incrimina a Ronnie las apariencias son decisivas para establecer una acusación (en este sentido, resulta elocuente el previo montaje secuencial que condensa varias acciones de Ronnie en la escuela, mientras en off escuchamos una carta que dirige a su familia: priman los planos de acciones y gestos, de las manos de Ronnie: priman los objetos, no los sujetos: definición de lo que son para la mentalidad que rige ese espacio). Catherine deberá enfrentarse con el rechazo del padre de su prometido. La vergüenza social, por la resonancia que adquiere el caso Winslow (objeto incluso de irrisión en los escenarios teatrales), determina que considere exigencia incuestionable (es la misma mentalidad que la demostrada en la Escuela Naval) que abandonen esa pretensión de conseguir que se lleve a juicio el caso de Ronnie para que el matrimonio se celebre. Al fin y al cabo, el caso se ha convertido en todo un símbolo de irreverencia, de infracción social, de arrogancia, por querer salirse de su casilla. Incluso, la madre de Ronnie, Grace (Marie Lohr) cuestiona a su marido, Arthur, si su empecinamiento no será más bien reflejo de un orgullo agraviado más que una acción por principios. Porque Arthur en su determinación (son dos años los que transcurren en el proceso) ha sacrificado tanto su salud (ya postrado en una silla de ruedas) como su economía (que ha afectado a sus hijos: el mayor ha tenido que abandonar sus estudios universitarios optando por trabajar en un banco, y ha imposibilitado el matrimonio de su hija).
Decisiva en la consecución de la rectificación es la intervención del abogado más célebre en esos momentos, Morton (excelente Robert Donat), quien lucha para conseguir que la Cámara de los Comunes (la cámara baja del Parlamento Británico) acepte que se lleve a juicio, aunque en todo momento Catherine muestre sus reticencias con su real implicación (en especial, por su posicionamiento en contra del sufragio femenino), diferencias que no obstaculizarán la paulatina gestación de una atracción que queda como opción posible en la secuencia final, conjugación aliada de dos luchas por lo correcto, por lo que está bien (right), algo que va más allá de la justicia, juego verbal asociado con los derechos (rights). La posterior adaptación que realizó David Mamet en 1999 se desarrolla en parecidos senderos expresivos, sin desmerecer de la obra de Asquith, con pequeñas variaciones (por ejemplo, la espléndida secuencia del primer interrogatorio de Morton al niño tiene lugar, en la obra de Asquith, en el mismo hogar, no en el despacho, como en la obra de Mamet), tan pocas, o tan poco sustanciales, que hasta el actor que interpreta a Morton, Jeremy Northam, parece la réplica física de Robert Donat.
Terrence Rattigan, Anthony Asquith y Neil North

lunes, 1 de diciembre de 2014

We dive at dawn

El mismo año que se estrenó la obra que marcó el patrón de las películas que transcurren en un submarino, 'Destino Tokio' (1943), de Delmer Daves, también lo hizo la estimulante producción británica 'We dive at dawn' (1943), de Anthony Asquith. El dúo protagonista podría verse como la representación de la convención y de las singularidades de esta obra. Por un lado, el eficiente capitán Taylor (John Mills), figura siempre próxima para su tribulación sin remarcar su autoridad. Es una extensión del propio submarino, y transmite la necesaria firmeza que mantiene la cohesión de su tripulación y su ánimo en los momentos adversos. En la obra no faltan secuencias características del género: el desafío de cruzar una zona de minas flotantes o una red que se hace necesario rasgar; el ataque con torpedos a un acorazado, el Branderburgo, la misión que están destinados a realizar, una secuencia de medida tensión (como la misma minuciosa medición de distancias que realiza el capitán con el periscopio); el lanzamiento de cargas profundidad; la artimaña para hacer creer que han sido hundidos; o la forzosa permanencia en las profundidades por problemas de suministro o técnicos. Por otro lado, el responsable del sonar, Hobson (Eric Portman). Es el personaje que se desmarca del resto de la tripulación y quien sufre el más remarcable conflicto personal. En las secuencias iniciales, antes de que inicien su misión, queda evidenciada su distancia con su esposa, lo que hace plantearse si tomar la decisión de separarse, aunque es manifiesto, por su actitud, que no es su deseo. En estas secuencias se reflejan las precariedades o indeterminaciones en la vida civil, en la retaguardia, que serán solucionadas tras la conclusión de la misión.
Reflejo, al fin y al cabo, de unos tiempos de guerra en los que podía tenderse al desaliento. Se hacía necesaria la cohesión y la determinación. Hay otros personajes en los que se refleja esto también, aunque con un tono menos grave. Las reticencias del artillero Corrigan (Nial McGinnis) sobre casarse ya, que la novia toma como falta de interés cuando su boda es frustrada por la imprevista llamada a servicio. O el duelo entre otros tripulantes por una mujer, y el ocurrente uso que se da al tatuaje de su nombre como particular estrategia de 'combate'. Hobson es alguien que resulta crucial en varios momentos de la misión. Es quien tiene conocimientos de la lengua alemana, por lo que es capaz de entender lo que discuten los tres pilotos alemanes que capturan. Y en la secuencia climática es quien plantea la solución para no tener que entregarse y en cambio sí conseguir el necesario suministro para el submarino, lo que implica su incursión en la base alemana de una isla danesa. La conclusión, como apunta el capitán, el relevo de otro submarino, como el autobús de cada línea, para realizar otra misión. Y en la retaguardia, los lazos consolidados con más firmeza.