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martes, 7 de junio de 2016

Nacionales



TOTUS REVOLUTUS

Como en un juego de niños, pero sin inocencia en ninguna parte, la ronda ha comenzado nuevamente. Viejos y nuevos nombres han desembarcado en la Rosada, tras la evacuación típica de los residuos y demás parásitos, enquistados en la gestión anterior, incluyendo la renovación de los espacios vitales colmados por “malos espíritus”. Pero el actual gobierno trae los suyos propios y ha quedado en la superficie del drama.
Mientras que, desde las tribunas populares o de “clase A”, piden que les demos un tiempo, nosotros optamos por no concederles respiro. Claramente se ve, a mayor distancia, que más progresista será la bocanada liberal que alimenta el ideario PRO.
“Para muestra, solo hace falta un botón”, dice el refranero. Y miren Uds. si no le asiste razón. Porque poco sabemos de la trastienda de “Cambiemos”, si hemos de guiarnos por la prensa, sea la adicta, que no le falta, o la condenatoria, que no suele ser por los mejores motivos. Pero los hechos son los hechos. Y uno de ellos es el de las “buenas relaciones” que el flamante presidente ha restablecido con los amos del mundo. El Estado Mercenario comienza su marcha. El promisorio futuro está delimitado por la necesidad de consolidar el próximo modelo económico, con enormes costos para los tiempos venideros.
Algunos dirán que no puede culparse a la nueva gestión por las malas decisiones que a corto plazo ha debido tomar. Puede concederse, en parte. Algunos insisten en exaltar el condicionamiento al que ha quedado supeditado el actual mandatario. De acuerdo. Sin embargo, y a pesar de la crisis de gobernabilidad que debe enfrentar, sus planteos no han ido al fondo de la cuestión. O han ido, pero para resolverlas mal.
Hasta hoy, el PRO no ha sido más que una mascarada. Como en toda fiesta privada, el partido triunfante ha buscado agasajar a los invitados “vip” del convite. El desguace de la AFSCA, por ejemplo, tuvo su consiguiente eco en la potenciación del multimedio “Clarín”, que pudo, finalmente acceder a la compra de la empresa de comunicaciones Nextel. Y “Clarín”, ya sabemos, suena para el lado donde estén sus ganancias, con los K o con los M. No es cuestión de letras sino de números.
El otro botón de muestra es la primera estampida de precios, ocurrida entre el anuncio de la medida de levantamiento del cepo y la liberación efectiva del dólar. Nadie estaba de acuerdo con el Estado fisgón, obstaculizador y esquilmador a la vez. Pero es dable preguntarse si el equipo económico de Macri –el famoso “equipo”– no ha podido prever semejante corrida.
Frente a la reserva y la falta de medidas preventivas concretas, solo podemos pensar en la connivencia de la nueva gestión con los altos empresarios. Acá, el fantasma de la gestión K, tampoco, resulta una excusa válida. En todo caso, cambia el nombre de los empresarios favorecidos.
Preocupados por la decoración cursi e ideológicamente infantil de la vetusta Cristina, cuelan el mosquito y se tragan el camello. Las mentiras setentistas, por poner otro ejemplo, tampoco han sido derrumbadas. En cuestiones de narcotráfico, la ley de derribo parece una broma de mal gusto. Lo primero que deberían derribar son los vendedores de merca de las calles del conurbano, que continúan siendo tierra de nadie.
El “futbol para todos” sigue siendo un efectivo somnífero para mantener a la turba idiotizada. Ínterin, continúa el desembarco de los grandes maestres de la masonería y los representantes de la usura. En definitiva, entre sonrisas y colores veremos desatarse una versión remozada de un capitalismo salvaje, que no termina de irse.
Otra vez, nos espera una nueva batalla. O la misma, si bien se mira. El enemigo ha cambiado de nombres y de rostros –no de todos, siquiera– más no de proyecto esencial. Debemos guardar firmes y atentos, pues la patria no puede estar segura en las manos de mercaderes.

Octavio Guzzi

jueves, 6 de noviembre de 2014

Aniversarios


GUERRERO, FILÓSOFO Y POETA

A veinte años de la muerte de León Degrelle
 
El 31 de marzo de 1994, en la ciudad de Málaga, partía de este mundo uno de los últimos guerreros de la Segunda Guerra Mundial. Un viejo sobreviviente de la rabia de Nüremberg. Líder político, militante, soldado, padre y poeta, León Degrelle, parece sintetizar en su figura la amalgama de los templados héroes del parnaso.
 
En el género autobiográfico, el mismo Degrelle se ha retratado en sus “Memorias”. Nos ha revelado cuánto debió luchar, en territorio belga, para consolidar la unidad política de su movimiento rexista, nacido en honor al único Rex: Cristo. En fin, en estas páginas, se puede leer un colorido testimonio de un guerrero incansable batallando por el triunfo de la verdad. Dice en uno de sus párrafos: “Así, pues, me alisté como soldado simple, pese a que era padre de cinco niños, para que el menos favorecido de nuestros camaradas me viese participar con él de sus penas y sus infortunios…”
   
Sin embargo, al conmemorar estos veinte años de su partida, hemos decido recordarlo, enfatizando su condición de poeta. Oportunamente, Santo Tomás recordaba que “el filósofo y el poeta tienen en común lo maravilloso”. Seguramente, las difíciles experiencias de la segunda guerra mundial habían regalado a Degrelle la posibilidad de poner en práctica un bagaje de conocimientos que pronto serían transformados en una ascesis poética.
 
Allí se producirá el encuentro con lo maravilloso. Las condecoraciones eran sólo un reflejo de una entrega absoluta; abandono propio del hombre filosófico que se da permanentemente a fin de encontrarse con la verdad. Idea y realidad, en Degrelle, se vuelven un todo indisoluble, prueba viva del apotegma “filosofar es estar presto a morir”. De un momento a otro, esa filosofía se iría modelando hasta producir el deslumbramiento de las formas. El libro “Almas ardiendo” es el fruto de un soldado que ha lidiado contra todas las inclemencias, materiales y espirituales. Como lo dice el mismísimo Gregorio Marañón, en el prólogo a dicha obra, son “páginas de insuperable hermosura”.
 
Será suficiente emprender la lectura de la “Agonía del Siglo” para encontrar párrafos de intensa profundidad: “¿Para qué guardar al fruto maduro que tendría que repartirse entre todos? El amor, el mismo amor, ya no se da a los demás; se huye con él entre los brazos, de prisa, de prisa. Sin embargo la única felicidad era aquello: el don, el dar, el darse, era la única felicidad consciente, completa, la única que embriagaba, como el perfume sazonado de las frutas, de las flores, del follaje otoñal”.
 
La aguda perspicacia que ha caracterizado a este “homo conditor”, puede colegirse de la primera parte de este maravilloso libro. Claramente, y como su título lo indica, “Corazones Vacíos” narra las consecuencias de la posguerra, no como un estólido y vacuo relato del “triunfo de la libertad”, sino más bien retomando una mirada analítica del hombre desacralizado. Entonces, el epílogo no se hace esperar: “Sin amor, sin fe, el mundo se está asesinando a sí mismo…”
 
Degrelle, como buen poeta, sabía elevar su mirada a Dios. Sabía adorar el esplendor de la Forma, pues su vida y su gloria militar no eran otra cosa que una consagración a la Voluntad Divina.
 
Así, este valiente y audaz luchador no nos dejará sucumbir en la pobreza de los tiempos. La “Vida Recta” es una lección para el combate diario. Es alimento para el hombre que reconoce en las armas un medio para alcanzar la gloria. “El gran ideal da siempre fuerza para domar el cuerpo, para soportar el cansancio, el hambre, el frío…” Nuevamente, aflora el coraje de nuestro luchador cuando en dicho capítulo leemos: “Una vez cumplidos nuestros deberes, ¿qué más da morir a los treinta años o a los cien años? ¡Lo que importa es sentir el corazón encendido, cuando la bestia humana grita extenuada!”
 
Los capítulos se suceden en este libro que parece no tener fin. Cada palabra, cada hoja descubre un sinnúmero de reflexiones y alternativas. En la “Renunciación” nos enseña el misterio de la felicidad. “La verdadera felicidad, la felicidad digna del hombre, la que nos eleva, es la felicidad asistida por el espíritu, la que nace de la renunciación del alma, de su abdicación, en la plena conciencia, de los placeres que la vida nos ofrece y nos regatea”.
 
Podríamos abundar en citas. Pero entendemos que siempre es mejor leer y releer el texto mismo. Allí, se encontrará un manual para el guerrero, una guía para el filósofo y una palabra para el poeta.
 
Octavio Guzzi
 

martes, 26 de noviembre de 2013

Eclesiales

EL PLURALISMO DE LA MENTALIDAD CLERICAL
  
  
La cri­sis de la Igle­sia, arrai­ga­da en su se­no, es una cues­tión ar­dua­men­te dis­cu­ti­da.  Es do­lo­ro­so asu­mir­lo, pe­ro en las cir­cuns­tan­cias vi­gen­tes, el ca­tó­li­co ca­bal es­tá lla­ma­do a prac­ti­car la más du­ra y pru­den­te de las re­sis­ten­cias con­tra los erro­res que pue­dan ema­nar de quie­nes de­bie­ran pro­te­ger­nos de ellos.
 
Se su­ma a la con­fu­sión el pe­rio­dis­mo, pues bien sa­be­mos y nos lo ha di­cho el Pa­dre Ez­cu­rra, que “el san­to pa­tro­no del pe­rio­dis­mo es el Dia­blo”. Así, no po­cos son los que ad­vier­ten la rau­da y ra­paz in­cum­ben­cia de los me­dios pe­rio­dís­ti­cos en las cues­tio­nes ecle­sia­les. Con las fu­nes­tas con­se­cuen­cias que de ello se si­guen.
 
Pon­ga­mos al­gu­nos ejem­plos.
 
Con fe­cha 26 de ma­yo del co­rrien­te año, el dia­rio “Cla­rín” pu­bli­ca: “El su­ce­sor de Ber­go­glio pi­dió no te­ner mie­do a la va­rie­dad de ideas” (cfr. http://www­.cla­rin­.com ­/po­li­ti­ca­/su­ce­sor-Ber­go­glio-te­ner-va­rie­dad-ideas_0_926307462. html).
 
Dicho su­ce­sor es Mon­se­ñor Po­li, co­mo se sa­be; y en la ci­ta­da ho­mi­lía ma­ni­fes­ta­ba que: “de­be­mos apos­tar a una co­mu­nión que no le ten­ga mie­do a la va­rie­dad de ideas…”
 
¿A qué va­rie­dad de ideas ha­ce alu­sión el pri­ma­do? ¿Es lo mis­mo la “idea” ca­tó­li­ca de la Tri­ni­dad que la “idea” bu­dis­ta del Nir­va­na? ¿Es lo mis­mo la “idea” de la con­cor­dia que la de la re­vo­lu­ción per­ma­nen­te? ¿No exis­te ya el le­gí­ti­mo te­mor an­te aque­llas ideas que pue­dan, pre­ci­sa­men­te, ha­cer­nos per­der el san­to te­mor de Dios?
 
El pe­rio­dis­mo ca­pi­ta­li­za la sie­ga, cla­ro. Pe­ro pri­me­ro hay otros que po­dan la ver­dad. Obis­pos y sa­cer­do­tes que no hon­ran la Pa­la­bra ga­nan te­rre­no den­tro y fue­ra de la Igle­sia. Lue­go, los ope­ra­do­res de la co­mu­ni­ca­ción se con­vier­ten en agen­tes pro­pa­ga­do­res de la con­fu­sión y osa­día cle­ri­cal.
 
En el mis­mo te­nor, pue­de con­sul­tar­se una cu­rio­sa en­tre­vis­ta a do­ble pá­gi­na al Pbro. Ra­fael Braun, di­fun­di­da por el “Gran Dia­rio Ar­gen­ti­no” (cfr. http://www­.cla­rin­. com­/zo­na­/ge­nui­na-po­li­ti­ca-in­clu­si­va-dis­tri­buir-di­ne­ro_092630750 4.html).
 
Es­te hom­bre que, alér­gi­co a la ves­ti­du­ra sa­cer­do­tal, os­ten­ta un si­nies­tro cu­rrí­cu­lum (dis­tin­gui­do con Lau­rel de Pla­ta por el Ro­tary Club y el pre­mio de­re­chos hu­ma­nos B´nai B´rit­h, en­tre otras lin­de­zas) ce­le­bra que la “Ar­gen­ti­na es un país plu­ra­lis­ta, y que el mi­to de la na­ción ca­tó­li­ca con­clu­yó ha­ce mu­cho tiem­po”. Aco­tan­do que “hoy en día el na­cio­na­lis­mo an­ti­li­be­ral es un ana­cro­nis­mo que no tie­ne fun­da­men­to; és­ta es una so­cie­dad plu­ra­lis­ta en su pro­pia con­for­ma­ción, que ha in­cor­po­ra­do el va­lor de las li­ber­ta­des ci­vi­les y po­lí­ti­cas co­mo irre­nun­cia­bles…”
 
¡Bien Don Braun o Dan Brawn! Ten­ga cui­da­do, eso sí; en el in­fier­no no hay mu­cha se­gu­ri­dad de que se res­pe­ten las li­ber­ta­des ci­vi­les de los fe­lo­nes. Y si­gue vi­gen­te la en­se­ñan­za  de Le­wis: “Cris­to, tam­bién, de­mues­tra amor por su pa­tria”. ¡Ay, de quien no lo tu­vie­re!
 
A es­tas al­tu­ras, no se pue­de de­cir más que es­to: el cle­ri­ca­lis­mo avan­za ha­cia la bu­ro­cra­cia es­pi­ri­tual y el triun­fo de la re­li­gión uni­ver­sal. El pe­rio­dis­mo aplau­de y el Dia­blo se re­go­ci­ja. Lue­go, los he­chos ha­blan y las pa­la­bras so­bran. Qui­zás de­ba­mos con­ce­der­le ra­zón a Fe­de­ri­co Mi­hu­ra Se­beer, cuan­do en su obra “El An­ti­cris­to”, di­ce opor­tu­na­men­te: “…es de te­mer que el An­ti­cris­to lle­gue a ser se­cun­da­do por la mis­ma «Igle­sia de Cris­to»… por­que la Igle­sia ofi­cial ha avan­za­do mu­cho en el ca­mi­no de la com­pli­ci­dad con es­ta nue­va fi­gu­ra de Cris­to, que es la que im­pul­sa el An­ti­cris­to” (pág. 133).
 
En fin, una vez más, po­de­mos con­for­tar­nos con un di­cho de Tol­kien: “No es oro to­do lo que re­lu­ce, ni to­da la gen­te erran­te an­da per­di­da”. Im­plo­re­mos al Pa­dre que nos con­ce­da la pron­ta con­ver­sión de cuan­to clé­ri­go ha­ya ab­di­ca­do de la Cau­sa Di­vi­na y, al mis­mo tiem­po, vi­vi­fi­que “la voz del de­sier­to” que, re­co­no­cien­do tiem­pos pos­tre­ros, no se can­sa de gri­tar que Cris­to vuel­ve y ven­ce.
 

Octavio Guzzi
 

miércoles, 28 de agosto de 2013

Doctrinales

LA DEMOCRACIA:
UN RÉGIMEN MORTAL
   
   
Durante lar­go tiem­po inú­me­ras vo­ces se han al­za­do, una y otra vez, ex­po­nien­do el fra­ca­so de­mo­crá­ti­co. Ta­rea has­ta cier­to pun­to he­roi­ca, pues bien se sa­be que pre­di­car con­tra la ini­qui­dad del sis­te­ma equi­va­le a la muer­te cí­vi­ca. Yen­do des­de lo fi­lo­só­fi­co a lo real, la ver­dad es que la es­ta­dís­ti­ca ha­bla por sí so­la. Ca­be pre­gun­tar­se, por ejem­plo: ¿Cuán­tas víc­ti­mas se ha co­bra­do la de­mo­cra­cia? La si­guien­te com­pi­la­ción po­drá dar­nos una pau­ta.
  
Bien po­dría­mos em­pe­zar por la es­ta­dís­ti­ca brin­da­da por el Mi­nis­te­rio de Jus­ti­cia en su si­tio web, ba­jo el tí­tu­lo “Sis­te­ma Na­cio­nal de In­for­ma­ción Cri­mi­nal”, en­tre el año 1991 y el año 2009 (die­cio­cho años), y si to­ma­mos so­la­men­te los va­lo­res ab­so­lu­tos de “ho­mi­ci­dios do­lo­sos”, la ci­fra es abru­ma­do­ra, con un to­tal de 54.000 muer­tes. To­do un ge­no­ci­dio au­tóc­to­no (ver cfr. http://www­.la­na­cion­.co­m.ar/ 1496589-dos-de­ca­das-mas-de-54000-ase­si­na­tos). A es­ta ci­fra, de­be­ría­mos adi­cio­nar­le el re­sul­tan­te del pe­río­do que va en­tre 1983 y 1991 (ocho años). Em­pe­ro, al igual que des­de el año 2009 a la ac­tua­li­dad (cua­tro años), no exis­te nú­me­ro al­gu­no. Ex­tra­ño acon­te­ci­mien­to pa­ra es­tos “fa­ná­ti­cos” de la es­ta­dís­ti­ca.
  
Mas con­sul­tan­do a los prin­ci­pa­les ma­tu­ti­nos, po­de­mos arri­mar al­gu­nos nú­me­ros preo­cu­pan­tes: Así, des­de el 1° de ene­ro has­ta 26 de oc­tu­bre del año 2012 (300 días), se ha­brían re­gis­tra­do 122 muer­tes por he­chos vio­len­tos (http://www­. cla­rin­.com­/cri­me­nes /ti­tu­lo_0_800 320102.html). Y pa­ra lo que va del año 2013: pu­di­mos con­ta­bi­li­zar 199 muer­tes por ho­mi­ci­dios do­lo­sos. De las cua­les, ochen­ta se ha­brían re­gis­tra­do en la Ciu­dad de Ro­sa­rio y el res­to en di­fe­ren­tes lu­ga­res de la Ar­gen­ti­na.
  
To­do ello, sin en­trar a con­si­de­rar los múl­ti­ples de­ce­sos pro­du­ci­dos por la in­do­len­cia, la de­si­dia, la co­rrup­ción y el aban­do­no de la se­gu­ri­dad pú­bli­ca. La nó­mi­na es ex­ten­si­va:
  • 17 de mar­zo de 1992: Ex­plo­sión de la Em­ba­ja­da de Is­rael, mue­ren 29 per­so­nas y 242 he­ri­dos;
  • 20 de di­ciem­bre de 1993: In­cen­dio en Dis­co­te­ca Khey­vis, mue­ren 17 per­so­nas, y otros 24 que­da­ron he­ri­dos;
  • 18 de ju­lio de 1994: Ex­plo­sión de la Amia, mue­ren 85 per­so­nas y otras 300 re­sul­ta­ron he­ri­das (67 de las víc­ti­mas se en­con­tra­ban den­tro de la AMIA y otras 18 en la ve­re­da o en edi­fi­cios ale­da­ños);
  • 3 de no­viem­bre de 1995: Ex­plo­sión Fá­bri­ca Mi­li­tar de Río Ter­ce­ro, mue­ren 7 per­so­nas y más de 300 he­ri­das;
  • 10 de oc­tu­bre de 1997: Caí­da Vue­lo 2553 de Aus­tral, mue­ren 74 per­so­nas;
  • 31 de agos­to de 1999: Ac­ci­den­te Avión de LA­PA, mue­ren 65 per­so­nas y 17 he­ri­das de gra­ve­dad y otras tan­tas le­ve­men­te;
  • 19 de di­ciem­bre de 2001: In­su­rrec­ción que de­po­ne a De La Rúa, mue­ren 33 per­so­nas y otros tan­tos he­ri­dos;
  • 19 de sep­tiem­bre de 2002: Caí­da de Di­que Flo­ren­ti­no Ameg­hi­no, mue­ren 9 per­so­nas y va­rios re­sul­ta­ron he­ri­dos;
  • 28 de sep­tiem­bre de 2004: Ma­sa­cre de Car­men de Pa­ta­go­nes, mue­ren 3 per­so­nas;
  • 30 de di­ciem­bre de 2004: Cro­ma­ñon, mue­ren de 194 per­so­nas y al me­nos 1432 he­ri­dos;
  • 16 de ju­nio de 2008: Se des­pren­de fa­ro­la en Con­gre­so s/ mi­li­tan­te, mue­re 1 per­so­na;
  • 22 de fe­bre­ro de 2012: For­ma­ción N° 3772 del Fe­rro­ca­rril Sar­mien­to, mue­ren 52 per­so­nas y más de 700 re­sul­ta­ron;
  • 2 de abril del 2013: Inun­da­ción en la Ciu­dad de La Pla­ta, 52 muer­tes ofi­cia­les. El ma­gis­tra­do ase­gu­ró que se ini­ció la in­ves­ti­ga­ción de 92 fa­lle­ci­mien­tos, de las cua­les 29 se des­car­tó que ha­yan si­do pro­duc­to del de­sas­tre cli­má­ti­co. Ha­cien­do un sub­to­tal de 711 per­so­nas fa­lle­ci­das.
  
En trein­ta años de de­mo­cra­cia, en po­cas pa­la­bras, he­mos acu­mu­la­do to­do un re­cord en muer­tes: 55.032 per­so­nas y con­tan­do.
  
Res­pec­to de los nú­me­ros res­tan­tes el mu­tis­mo no es cau­sal. A to­da cos­ta, re­sul­ta ne­ce­sa­rio sos­te­ner a la de­mo­cra­cia y sus “bon­da­des”. Pe­ro lo cier­to es que un de­sor­den li­ber­ta­rio se ha en­tro­ni­za­do en las ca­lles. Con la abo­li­ción del or­den, el caos se ha­ce vi­vo. Al com­pás de le­yes in­mo­ra­les y jue­ces pro­xe­ne­tas, se brin­da to­do ti­po de ga­ran­tías al cri­mi­nal, aban­do­nan­do al ciu­da­da­no a su suer­te. Es por ello que de­be­mos me­di­tar nue­va­men­te so­bre las pa­la­bras de Jean Ma­di­ran cuan­do, en su en­sa­yo “Las dos de­mo­cra­cias”, en­se­ña: “En la de­mo­cra­cia mo­der­na, el de­re­cho nue­vo en­tra en con­flic­to con la na­tu­ra­le­za…” Allí, en­con­tra­mos el por­qué de la pre­sen­te si­tua­ción: pa­ra la de­mo­cra­cia la muer­te es una cues­tión de nú­me­ros y no un dra­ma me­ta­fí­si­co. En­ton­ces, re­sul­ta jus­to con­cluir con el au­tor que: “la de­mo­cra­cia mo­der­na es el mal, la de­mo­cra­cia es la muer­te…”
  
En es­tos días no es ex­tra­ño en­con­trar la ciu­dad em­pa­pe­la­da con unos afi­ches que re­zan: “Los puen­tes de la de­mo­cra­cia”. Allí, se ex­hi­ben los de­ge­ne­ra­dos ros­tros de los “pon­tí­fi­ces”: Cám­po­ra-Al­fon­sín-Kirch­ner, se­gui­dos de los nú­me­ros 40-30-10. Só­lo po­de­mos rea­li­zar una úni­ca in­ter­pre­ta­ción de los men­cio­na­dos nú­me­ros, a sa­ber: 40 años de sub­ver­sión y prác­ti­cas con­tra na­tu­ra; 30 años de hi­po­cre­sía y des­truc­ción cul­tu­ral; 10 años de la­tro­ci­nio y pon­de­ra­ción cri­mi­nal. Así, los men­ta­dos “puen­tes de la de­mo­cra­cia” nos han con­du­ci­do a la de­so­la­ción, la mi­se­ria y al ac­tual es­ta­do de des­com­po­si­ción so­cial que im­pe­ra en el sue­lo ar­gen­ti­no.
   
Octavio Guzzi
  

jueves, 23 de mayo de 2013

Culturales

COMPARSA “LA CÁMPORA”
  

Innumerables son las conjeturas sobre la conocida agrupación kirchnerista “La Cámpora”. Libros y artículos de la más variada índole han sido consagrados a la notable escuel a de onanistas. Mas ahora un nuevo capítulo ha de sumarse a la desastrada carrera en pro de la imbecilidad. Un nuevo episodio “cultural” se abre paso entre las juventudes revolucionarias. Estamos hablando, claro, de la proliferación de murgas y de comparsas dedicadas al proselitismo “K”, e integradas muchas veces, por cuadros camporistas bien rentados.


Muchos no alcanzan a comprender de dónde ha surgido este auge carnavalesco. Sin agotar las explicaciones, digamos que a toda luz se advierte que una educación pública deficitaria sólo puede abrir camino a nuevas sombras, que hoy, con enorme descaro, se denomina “cultura nacional y popular”.


Años de ininterrumpida desgracia política, nos han llevado a contemplar los actos del libertinaje, los asesinatos e injusticias cometidos a diario, la despenalización de la droga, la promiscuidad sexual que reina con el mayor descaro sobre los espíritus más jóvenes. De todo ello, la agrupación kirchnerista no es más que un reflejo. La degeneración y el envilecimiento son la lengua común de estos chabacanos patrioteros, que en la actualidad, incluso, han penetrado en las escuelas públicas y privadas con absoluta impunidad.


Un ejemplo de cuanto decimos sobre esta adiccion al circo y a las murgas, lo tenemos en Carlos Figueroa, actual Gerente de noticias de Canal 7, y miembro activo de la murga “Los Dandys de Boedo”. También puede consultarse el sitio “La Campora.org”, sección “Cultura”. Allí se dice claramente cómo “con la impronta y alegría que los caracteriza [a los camporistas], lograron transmitir sus conocimientos en el arte de ser murgueros y fundamentalmente de cómo esa vocación se entrelaza con la militancia volviéndose una sola pasión”. Sí, en sección “Cultura”.


Hay más. En el señalado sitio web, filial de Buenos Aires, con fecha del 3 de diciembre del año pasado, bajo el título “Comienza a formarse la murga de La Cámpora San Martín”, podemos leer: “Los compañeros de La Cámpora San Martín dieron inicio el miércoles 28 de noviembre con la conformación de la murga del distrito recibiendo los instrumentos necesarios. Para ello se reunieron con muchas ideas y entusiasmo de comenzar este nuevo desafío de armar y crear una verdadera murga local”.


Pero si dicha información fuera insuficiente, podemos remitirnos en persona a cualquier centro comunal, en donde no se nos ocultará el incentivo y la proliferación de estos “movimientos culturales”. En distintos lugares de la Capital Federal y del conurbano bonaerense, pueden verse habitualmente los entrenamientos de las comparsas. Punteros “K” y vagos de toda ralea se dan cita.


Viene a bien echar mano a las conocidas “Cartas del Diablo a su sobrino”, cuando C. S. Lewis pone en boca de Escrutopo (el Diablo) este consejo a su sobrino: “El mero hecho de razonar despeja la mente del paciente y, una vez despierta su razón, ¿quién puede prever el resultado?”


Dado que a estas alturas, las citadas cartas parecen un cuento más que logrado, resulta oportuno repasarlas.


Juntos en oración, y teniendo presentes los ejemplos de santidad, recemos para que la educación sea un medio de salvación, y no el camino que conduce al carnaval interminable.


Octavio Guzzi

jueves, 15 de noviembre de 2012

Nacionales

OLIMPÍADAS DEL MACANEO
  
En estos días, donde algunos hacen alardes de conquistas deportivas, bien puede observarse que nuestros mayores logros transitan lejos de la experiencia atlética. Sólo es dable caracterizarnos como “mundiales” u “olímpicos”, a la hora de reconocernos como una sociedad paralítica y enferma. Acaso un ejemplo bastará para ilustrarnos. “Clarín”, supuestamente el monstruo opositor del gobierno, coincide con su proyecto contracultural, cuando con  fecha 1 de julio del corriente año exhibe en la sección “Sociedad” el siguiente título: “Ya son jefas de hogar más de 4 millones de mujeres en el país”.
  
La nota canta con vítores un nuevo triunfo democrático y celebra la victoria social del derrumbe del hogar tradicional. “Son [las jefas] las que hacen que la casa salga adelante y representan a un tercio del total de hogares de la Argentina. La mayoría tiene entre 45 y 59 años y siete de cada diez están sin pareja. La cifra creció 49% respecto al Censo de 2001”. El mismo artículo informa con entusiasmo: “Hay 25 mil familias formadas por parejas gay”. “El matrimonio igualitario está vigente en once países. La Argentina es el primero y único de Latinoamérica”. ¡Vaya crecimiento!
  
El otro polo “opositor” no se queda atrás. Si en Argentina hay maestros a la hora de proponer “provechosos” cambios, ese es el diario de los Mitre. Si no léase la noticia que trae con alborozo el pasado 27 de julio, con el título: “Llegó al país el anticonceptivo subcutáneo”. ¡Esta sí que es olímpica! Por si fuera poco, en la sección “Canchallena”, del mismo 27 de julio, Luciana Aymar, la jugadora de hockey, llevando la dialéctica feminista hasta el absurdo, sentencia: “No quiero generar una pelea de géneros, pero llevar la bandera es posicionar a la mujer más arriba”. Le sugerimos a Aimar la lectura de algunos pasajes de Otero Espassadin, en su obra “El deporte griego”. Allí, refiriéndose a los juegos olímpicos, se afirma que: “El deporte era una ocupación de guerreros, de aristócratas o, cuando menos, de hombres libres, y este carácter lo conservo en todo tiempo en Grecia”. Históricamente, nada se dice respecto de la perspectiva del género. Sí, en cambio, se aclara que la perdurabilidad del espíritu olímpico “sólo se explica teniendo en cuenta el significado religioso de los certámenes…” Algo completamente olvidado hoy por los sofistas y demagogos que se ocupan del deporte.
  
He aquí una  penosa seguidilla de testimonios del Nuevo Orden Mundial. Porque estos artículos, que a modo de ejemplo hemos mencionado, se explican en un único contexto: la obsesión por el cambio y la revolución permanente, fenómenos propios del mundialismo. A toda luz, ésta es nuestra enfermedad: nos hemos constituido en verdaderos “héroes olímpicos” de la degeneración. Signo fatal de una sociedad que perece. En este contexto, entonces, no es extraño que el argentino promedio se haya convertido en “atleta de la novedad”. Cuanto cambio y reestructuración se practique, allí, está para suscribirlo ciegamente.
  
Este tipo de prácticas repulsivas encuentran además un caldo de cultivo en los países democráticos.  Como dice Stan Popescu, en su “Autopsia de la Democracia”: “En nombre de la democracia y la libertad, los padres de familia han de sentirse responsables y han de asumir la responsabilidad de su deber de elegir entre los anticonceptivos y el aborto… ¡En nombre de las libertades de la democracia!” Reflexiónese sobre los artículos mencionados. Los éxitos que se presentan como tales son el fruto de la democracia elevada al tope, de las mayorias contra el sentido común. ¿A quién se le ocurriría celebrar el paso del bipedalismo al cuadrupedante? Sólo podría celebrarlo quien privilegia el número sobre la verdad,aunque tal criterio suponga privilegiar la muerte de un nasciturus por sobre la gracia de la vida. Así puede entenderse la dinámica común de las noticias mencionadas en los pasados días: negar a Dios, priorizar la muerte y terminar con la estructura tradicional de la familia.
  
El reconocimiento social de estas absurdas categorías lleva implícito el ideal de la contranatura, siendo el periodismo el agente eficaz en la difusión de dicha trucidación. Bien, lo ha sostenido Calderón Bouchet, en su obra “La luz que viene del Norte”, cuando afirma: “Los periodistas de todo el mundo colaboran en la tarea de mantener en pleno auge estas especies de parques nacionales de la subversión mundial y aparecen en con sus máquinas fotográficas para prestigiar el grupo guerrillero, bombardeado o muerto de hambre que ingresará el aperitivo semanal del hombre satisfecho”.
  
Frente a esta anarquía, el católico está llamado a anunciar con fuerza la verdad evangélica. Dios quiera que resucitemos un genuino espíritu olímpico, guardando la esperanza de constituirnos en verdaderos héroes del combate santo.
  
Octavio Guzzi
  

jueves, 12 de julio de 2012

Eclesiales

BREVE REFLEXIÓN DE UN LAICO
 
 
El cristiano de hoy no escapa al azote de la moda. Por el triunfo de lo efímero y de lo fugaz, el profesar la fe se vuelve pasatiempo. ¿Cuántas veces hemos visto a nuestra grey muy preocupada por la “pastoral de la repostería”?
 
Es intenso el dolor que causa ver a nuestra Iglesia desacralizada y ajenos sus pastores a la comprensión cabal del descalabro político en que nos hallamos. Otrora era cotidiano escuchar en nuestros templos precisas homilías en las cuales el Evangelio no perdía actualidad. En ellas se enseñaba no sólo la relevancia de la teología, sino también cómo ésta iluminaba las cuestiones políticas.
 
En la actualidad, el mensaje predicado pierde profundidad. Se diluye en vacuas palabras que adormecen al fiel hasta su aturdimiento. Si, al decir de C. S. Lewis, la conciencia es el megáfono de Dios, el presbítero es quien tiene a su cargo el deber de despabilar dicha conciencia.
 
Sin ánimo de caer en lo estrictamente jurídico cabe preguntarse: ¿no es tarea de nuestros pastores enseñar?. Sí, empero, el laico no puede quedar perplejo ante la pregunta. Es también su responsabilidad el adquirir y mejorar su formación, como bien lo señala el artículo 217 de nuestro Código Canónico.
 
Resulta pavoroso observar algunas conductas que son claramente incomprensibles. A guisa de ejemplo podemos considerar los largos silencios guardados por el grueso de nuestra Jerarquía frente a la persecución explícita a la fe católica. Silencios que son anuencias y temores serviles. Ello sin adentrarnos en otros casos aún peores, como ha sido la introducción en nuestros templos de discursos escandalosamente judaizantes.
 
¿Cómo no tener al rebaño confuso cuando gran parte de sus autoridades adoptan estos comportamientos claramente erráticos? A toda luz, la ignorancia de nuestro clero es uno de los grandes dramas de la Iglesia Católica. La escasa y magra preparación de los sacerdotes se evidencia ante la crisis vocacional. No son ya los presbíteros de la “Studiorum Ducem” sino de la “posteridad de Joaquín de Fiore”. Se pretende silenciar lo dicho por su santidad Pio XI: “Id a Tomás, a pedirle el alimento de sana doctrina”.
 
“El católico tiene la obligación de «hacer portarse bien» a la Iglesia Católica, cueste lo que cueste”, decía con razón el Padre Castellani. Pues el fiel laico no permanece ajeno a la realidad de la Iglesia. Debe integrarla, no sólo desde lo sacramental sino también desde lo apostólico, señalando con firmeza y humildad el camino indicado por Jesucristo. Si bien debe guardar obediencia y respeto a la autoridad eclesial, ésta no puede ser un mero “perinde ac cadáver”. El buen cristiano está llamado a luchar frente al pecado, aún más cuando este se encarna en quienes mayores obligaciones tienen de ser un ejemplo de virtud.
 
Es, también, nuestra tarea el bregar por una formación adecuada. Despojarnos de lo burocrático, de las nimiedades que obstaculizan la verdadera Fe. “La Iglesia ha perdido su hermosura interior, que era el entendimiento, la justicia y la caridad, y por eso ha sido despojada ignominiosamente de sus vestiduras de oro y seda”. No sin congoja hemos de asumir estos nuevos dichos del Padre Castellani, en su libro “El ruiseñor fusilado”.
  
La Iglesia ha permitido que el pecado se instale cómodamente en los sacros aposentos. Los silencios abundan. No precisamente por estar en permanente oración. Es prioritario que los feligreses sacudan su molicie y renueven su compromiso por defender a la patria católica. Es prioritario que los pastores renuncien a la comodidad y a la falsa benevolencia del desentendido. Es hora de pegar la vuelta a tiempos de virtud y de martirio por la Fe.  Renovemos nuestra esperanza en la Iglesia Militante.
  
Octavio Guzzi
 

martes, 7 de febrero de 2012

Nacionales


ALGUNAS RAZONES POR LAS CUALES NO SE DEBE SER UN K

RAZONES RELIGIOSAS
  
La primera, y la más elevada de las causas, ha de ser la abierta desobediencia a Dios y la Santa Madre Iglesia. Un régimen que se manifiesta como “adversio ad Deum et conversio ad creaturam” es abiertamente pecaminoso, pretendiendo igualar la figura de un soberano humano con la sempiterna Soberanía Divina.
  
Para un régimen que todo lo justifica, la existencia de una moral evangélica es un obstáculo para perpetuar sus más terribles fechorías.
  
No quisiera dejar de mencionar un punto capital: es el temor servil de un sector de la Iglesia. No puede comprenderse cómo algunos sacerdotes y fieles cristianos suscriben crédulamente este modelo. Por conservar unas mínimas seguridades que les brinda el despotismo K, lo contemplan farisaicamente. Otorgando exequias fúnebres al mismo Diablo y recreando imágenes dantescas, alguna vez presagiadas por Hugo Wast en su novela “666”.
  
RAZONES ECONÓMICAS Y POLÍTICAS
  
Como una ineludible consecuencia de lo antedicho, la economía y la política se constituyen en los brazos de este rencoroso Leviatán. Como enseña el apotegma: “se presume de lo que, verdaderamente, se adolece”.
  
Desde allí, comprendemos la perentoria necesidad de este régimen de incurrir permanentemente en  declamaciones por cadena nacional. Todo es pura filfa. “Demagogia y a cobrar”, debería ser el lema de su próximo spot publicitario.
  
Y a toda clase de desparramos, nos hemos ido acostumbrando, uno tras otro, sin alzar nuestras voces. Basta abrir, cotidianamente, las páginas de cualquier matutino para enterarnos nuevamente de las inmundicias que brotan de sus corazones.
  
RAZONES EDUCATIVAS
  
Entre ellas, la más grave de todas: enseñar que la ilicitud es medio para alcanzar la justicia. Toma de escuelas (con padres avalando las mismas); aberrantes explicaciones de “género” (manual de por medio); sistemas educativos que regalan diplomas por el mero hecho de no haber aprobado ni siquiera “recreo”. ¿Debo seguir? Tener que hacerlo me resulta realmente vergonzoso. En fin, se regalan planes tecnológicos y computadoras pero jamás una verdadera educación que permita la promoción de la persona humana. Con lo cual, se demuestra una vez más la vacuidad y falacia de lo que, en adelante, optaré por llamar “derechos inhumanos”.
  
RAZONES SOCIALES
  
Hemos escuchado, por allí, algunas opiniones que se referían a la inconsecuencia de este “democrático sistema”. Pues, para nosotros, resulta claramente lineal y consecuente. El objetivo es reinstaurar “la patria socialista”. Por eso la proliferación de vagos y mal entretenidos. No negamos la pobreza, a la cual, este régimen continua contribuyendo bastamente. Pero decimos que la misma se supera lejos de los ineficaces subsidios pagados con las arcas del Estado.
  
La pobreza que nos rodea no se corrige castigando a los que trabajan para la construcción de una Nación. Empero, el resentimiento, del que ha dado basta muestra el “modelo K”, conduce a la aniquilación total de la clase media trabajadora. ¿No resulta clara la dialéctica destructiva? Debo recordar aquí la legitimación de las uniones homosexuales, u signo diáfano de la decrepitud social instalada. Se destruye la familia, luego vitoreemos, así, al “Padre Estado”.
  
CONCLUSIÓN
  
Seguramente a algunos se les ocurrirán otras muchas razones, hasta continuar y hacer de este simple artículo una gran novela apocalíptica. Mas no es nuestra intención, simplemente pretendemos contribuir al conocimiento del recto criterio.
  
Repitamos que la moral evangélica representa un serio obstáculo frente al proyecto de estos infames. De allí el afán de embestirla con virulencia. Funcionales a tales objetivos, los “K” no han tenido prurito alguno en otorgar personerías jurídicas a multitud de cultos de trasnochados, llevando así la cifra a números exorbitantes.
  
En fin, y para ir concluyendo, añádase lo que guste a este extenso listado. La hipocresía de este “modelo” es tan grande que, por donde se lo vea, allí existe una puerta al pecado. Qué proféticas resultaron las palabras de Dostoievski, en su novela “Los demonios”, cuando decía: “¿Con qué fin se cometieron tantos asesinatos, tantos desmanes y tantas atrocidades?… Con el de socavar sistemáticamente los cimientos del Estado, a fin de destruir sistemáticamente la sociedad y todos sus principios, desmoralizar a todo el mundo y convertirlo todo en un revoltijo, tomar las riendas de una sociedad tambaleante, enfermiza y deprimida, cínica e incrédula, aunque sedienta y ávida de subsistir y de poseer una idea rectora, enarbolando la bandera de la rebelión y apoyándose en toda una red de quintetos, los cuales operaban, reclutando prosélitos, recurrían prácticamente a todos los procedimientos y buscaban todas las fisuras que pudieran ser aprovechadas”.
  
Nuevamente, la profecía se hace realidad.
  
Octavio Guzzi