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miércoles, 18 de julio de 2018

En otro 18 de Julio


UN DECÁLOGO DE RAZONES ANTE LA INTENCIÓN DEL GOBIERNO DEL PSOE DE EXHUMAR LOS RESTOS DEL GENERALÍSIMO FRANCISCO FRANCO DEL VALLE DE LOS CAÍDOS

1. El 20 de noviembre de 1975, falleció Francisco Franco Bahamonde en una residencia sanitaria de la Seguridad Social creada por él. Todos los españoles que tienen memoria de ese momento pueden confirmar que la muerte del Generalísimo Franco se produjo en medio del dolor, el reconocimiento y la gratitud de la mayoría de los españoles hacia quien había hecho posible la época de paz y desarrollo más prolongada que había disfrutado nuestra patria a lo largo de los siglos.

Todos los gobiernos de las naciones de nuestro entorno trasladaron al Gobierno español mensajes de condolencia y reconocimiento a quien había regido los destinos de la patria durante cuarenta años. En la Asamblea de la ONU se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento del Jefe del Estado Español y el 22 de Noviembre de 1975, y ante el arca de la sinagoga de Nueva York, el rabino de la misma hizo una rogativa especial por el alma del Caudillo “…por haber tenido piedad de los judíos…”

Cabe recordar aquí la carta que al finalizar la IIGM, el entonces Presidente del Congreso Mundial judío, Maurice L. Perlzweig, dirigió a Franco en la que literalmente le decía que “los judíos son una raza poseedora de gran memoria y no han de olvidar fácilmente la oportunidad que se ha brindado a miles de sus hermanos para salvar su existencia”. Así, al fallecimiento del Generalísimo, el Editorial de la revista The American Sephardi, publicada por la Universidad de Yeshiva (EE.UU.), publicó lo siguiente: “ el Generalísimo Franco falleció el 20 de noviembre de 1975. Al margen de cómo le juzgará la historia, lo que sí es seguro que en la historia judía ocupará un puesto especial”.

2. Francisco Franco no dispuso en su testamento nada respecto al lugar de su enterramiento ni dio instrucción alguna a su entorno familiar, consciente de que no le correspondía a él tomar dicha decisión, por la significación de su persona como servidor público y evitando así cualquier clase de hipotecas a su sucesor, el Rey Juan Carlos I.

Francisco Franco fue enterrado en la parte posterior del altar mayor de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, siguiendo así la tradición secular del derecho de Patronato, privilegio que la Iglesia concedía en el Código Canónico entonces vigente, a los fundadores de un lugar sagrado.

Nadie entonces, ni dentro ni fuera de España, cuestionó que el Jefe del Estado recibiera sepultura en el lugar que había sido erigido como monumento a la reconciliación en su deseo de que reposaran, bajo los brazos de la mayor cruz del mundo, los españoles caídos en la contienda civil, con independencia de su credo o ideología.

3. Pasaron los años, España se acostó aturdida y se levantó socialista y en 1986, el gobierno del PSOE hizo una impecable declaración institucional en el cincuentenario del inicio de la guerra: “un Gobierno ecuánime no puede renunciar a la historia de su pueblo, aunque no le guste, ni mucho menos asumirla de manera mezquina y rencorosa. Este Gobierno, por tanto, recuerda asimismo, con respeto a quienes, desde posiciones distintas a las de la España democrática, lucharon por una sociedad diferente a la que también muchos sacrificaron su propia existencia.” (..) “para que nunca más, por ninguna razón, por ninguna causa vuelva el espectro de la guerra civil y el odio a recorrer nuestro país, a ensombrecer nuestra conciencia y a destruir nuestra libertad.”

España se encontraba ya reconciliada, miraba hacia un futuro prometedor y los españoles no estaban dispuestos a resucitar los odios que habían hecho correr ríos de sangre entre hermanos.

4. Tuvieron que pasar más de treinta años para que el espectro del odio volviera de la mano de un PSOE que decidió rescatar el lado más siniestro de su biografía. Rodríguez Zapatero, ante el silencio cómplice y atolondrado de una derecha acomplejada y ayuna de referentes, aprobó una infame ley que pretendía reescribir la historia desde el Boletín Oficial del Estado, dividir de nuevo a los españoles en buenos y malos y borrar cualquier rastro de las realizaciones de cuarenta años de la historia de España, sobre los que para siempre habría de pesar la losa de una estúpida y anacrónica condena, todo ello sobre la base de legitimar como “legalidad republicana constituida” al proceso revolucionario que estuvo a punto de convertir España en el segundo país en el mundo en abrazar el comunismo soviético.

La izquierda, bajo la falsa y grosera excusa de dar digna sepultura a aquellos caídos que yacieran en las “cunetas” (noble pretensión que cualquier bien nacido debe compartir, sin olvidar que en ellas hay caídos de los dos bandos, y que por supuesto esta Fundación apoya), se apresuró a tratar de ganar en el parlamento la guerra que había provocado en los años 30 al no conseguir su objetivo revolucionario y que perdió en el campo de batalla, entretanto los descendientes de los vencedores permanecieron impasibles mientras se echaba un manto de estiércol sobre las tumbas de sus padres y abuelos, condenados públicamente como si fueran vulgares criminales.

5. La verdadera “memoria histórica” acabó venciendo a Zapatero, que vio frustrado su enconado intento de cerrar el valle de los Caídos ante la resistencia numantina de miles de fieles con su presencia y oración y, tras dejar España sumida en una crisis que se empeñaba en negar, entregó el poder a una derecha medrosa que dejó las cosas como estaban porque “lo único importante” era la economía. Mariano Rajoy, que con su natural indolencia decidió dejar intacto el proyecto de ingeniería social de Zapatero, dio paso a Pedro Sánchez, un discípulo de Zapatero que ha llegado al poder de forma tan accidentada como su predecesor, y que quiere culminar la obra de su maestro echando más carnaza a la extrema izquierda y los separatistas. Sabedor de la precariedad de sus apoyos parlamentarios, quiere aprovechar las alfombras para pagarse con dinero público una campaña de imagen y de paso, ofrecerles en bandeja a los profesionales del odio su presa más codiciada: el cadáver del Caudillo, con el objetivo de escenificar una postrera humillación, no ya a Francisco Franco, sino también a la a la media España que, en defensa de sus ideales, osó retar y vencer al comunismo. Son muchos los españoles que consideran que la exhumación de Francisco Franco supondría una descalificación de un largo periodo de la historia de España, la modernización de esta, la creación de nuestra extensa clase media y, por supuesto, la restauración de la monarquía.

6. No lo van a tener fácil. Al menos, no con la ley en la mano. En un Estado de derecho el poder está sometido al imperio de la ley y esta es clara al exigir la autorización de la familia para llevar a cabo una exhumación salvo que concurran razones sanitarias excepcionales. Una vez que la familia de Francisco Franco se ha pronunciado de forma unánime, clara y terminante en contra de cualquier exhumación y de la utilización política de los restos mortales del Generalísimo, sólo podría cumplir el gobierno su macabro propósito violentando la ley y la voluntad de sus familiares.

7. La Iglesia también tiene algo que decir en este asunto. No sólo por tratarse Franco de un Caballero de la Suprema Orden de Cristo -condecoración reservada a jefes de estado católicos que se hayan distinguido con méritos especialísimos hacia la Iglesia y la religión católica- sino porque al estar el sepulcro del Caudillo en lugar sagrado y por tanto inviolable, concretamente en el interior de una Basílica Pontificia, la jerarquía eclesiástica ha dejado bien claro, una y otra vez que sólo autorizaría la exhumación si así lo solicita la familia y no se entendería que mantuviese una actitud tibia ante una pretensión cuya finalidad es la de reabrir las heridas que se cerraron hace décadas y que en definitiva es el primer paso para terminar con la Cruz más grande del mundo y con el centro de oración y reconciliación que constituye el Valle de los Caídos. Convertir el conjunto del Valle en una especie de “parque temático” supondría a la postre la desacralización del mismo.

8. Cabe preguntarse, por otro lado, qué imagen queremos dar al mundo de este país cuando una mayoría parlamentaria formada por partidos extremistas de todo tipo tiene como prioridad abrir tumbas, vilipendiar a los muertos y reescribir hechos de hace más de ochenta años. Remover las tumbas de los muertos es una línea roja que ningún gobierno civilizado ha traspasado hasta ahora y que seguramente se volvería como un bumerang contra el gobierno que diese un paso semejante, al más puro estilo de los talibanes afganos.

9. Consecuentemente, la FNFF, desde la admiración por la obra del mejor estadista que ha tenido España se opone de forma rotunda a la exhumación y traslado de los restos mortales de Francisco Franco y considera que deben permanecer en su actual ubicación por respeto a la historia y también al futuro. Cualquier acción de reconciliación en el Valle de los Caídos debe pasar por sumar y nunca por restar, reforzando así el espíritu de concordia y reconciliación que dio luz al colosal proyecto de su construcción. Coincidimos con Luis Suarez, de la Real Academia de la historia, cuando afirma que el Valle de los Caídos se construyó para que fuera un mausoleo para las víctimas de ambos bandos al amparo y la sombra de la cruz. Y desde esta convicción anunciamos que cualquier intento de violentar la legalidad será oportunamente denunciada ante los Tribunales de justicia pues nadie puede pisotear el estado de derecho. No estamos sin embargo ante una mera maniobra política sino ante una coyuntura histórica de enorme responsabilidad moral en la que está en juego nuestra dignidad y nuestro prestigio como nación milenaria que debe asumir su historia, con sus luces y con sus sombras sin tratar de pervertir las mayorías parlamentarias para cambiar o borrar el relato del pasado enfrentando de nuevo a los españoles como hace 80 años.

10. Dejen a los muertos descansar en paz, empezando por Francisco Franco y siguiendo por el resto de los caídos de las dos Españas, respeten la historia, dejen su estudio a los historiadores y miremos de una vez y para siempre al futuro dejando que todos los españoles puedan honrar a sus muertos allá donde quiera que se encuentren.

Comunicado de la Fundación Nacional Francisco Franco
ante la posible exhumación de
los restos mortales de Francisco Franco

viernes, 22 de noviembre de 2013

En el día de la Buena Música…

ROMANCE DEL
20 DE NOVIEMBRE
   
  

Letra y música de
Luis Fajardo
   

miércoles, 20 de noviembre de 2013

En la semana del 20-N


¿POR QUÉ PEDIMOS MISAS POR FRANCO?
 
 
Podemos emocionarnos, sí; e inclusive, treinta y ocho años después, hasta podríamos volver a derramar algunas lágrimas por su ausencia (aunque el llanto desgarrador, el de la honda tristeza —sentida más en el alma que en el cuerpo— quedó prendido, en noviembre del 75, al pie de la losa que cubre su cuerpo en el Valle de los Caídos).
 
Sin embargo, ese hombre —que a despecho de su escasa estatura, ¡fue, y es, tan alto!— ha logrado que cada 20-N lo recordemos con más alegría. Porque intuimos, esperamos, estamos seguros, casi diría que sabemos dónde está, nos alegramos por él… y le pedimos que siga intercediendo por nuestra amada Patria ante el Padre Eterno.
 
En  efecto, ¿en dónde podría estar Francisco Franco Bahamonde si no es en el Paraíso? Recordamos una anécdota, sucedida cuando el presidente norteamericano Reagan visitó España, suscitando las más encontradas reacciones. Entre las “pintadas” callejeras de aquellos días, alguien —palabra que no sabemos quién, ni con qué intenciones— dejó su mensaje en cualquier pared: “Reagan, vete al cielo con Franco”. Es que la calle, el hombre común, la tan mentada vox populi, no concibe otro destino que el celestial para nuestro Caudillo.
 
¡El cielo! Franco, el Caballero de Cristo, “el hijo predilecto y el más querido de la Iglesia entre los Jefes de Estado”, al decir de S.S. el Papa Pío XII, se lo fue ganando día a día, durante su vida, como día a día fue liberando a España durante la Cruzada. Recordemos (a modo de ejemplo) tres juicios sobre el gran Caudillo de España por la Gracia de Dios, para apoyar nuestras palabras.
 
El Cardenal Tedeschini, haciéndose eco en Roma de todo lo que el Generalísimo Franco y su Gobierno hacían en España para ayudar a la Santa Iglesia, dijo en el Colegio Español: “Alabada sea España, nación católica cuya situación material y espiritual conozco de ahora y de antes. Con pocas naciones como ella el mundo estaría a salvo. Ella nos enseña a gobernar en católico. Si Roma es una promesa, España y su católico gobierno son una realidad. ¡Alabada sea España!”
 
Otro Cardenal, Quiroga Palacios, allá por 1954 así le decía a Franco: “Como prelado de la santa Iglesia, yo os felicito, Excelencia, por haber sido elegido por Dios para reafirmar nuestra unidad católica y para asentar en España este sistema de relaciones entre la Iglesia y el Estado, en los cuales… se está tan lejos de una supeditación del Estado con relación a la Iglesia… como de una servidumbre o enfeudamiento de la Iglesia con relación al Estado, que éste no pretende en manera alguna y que aquélla rechazaría en todo caso hasta el martirio”.
 
Monseñor Marcelino Olaechea, Arzobispo de Valencia, escribió en su Carta Pastoral el 24 de junio de 1962: “No sería la Iglesia en España ni noble —aún siendo ajena del todo a enfeudarse en Regímenes y Gobiernos— si no elevara diaria y fervorosa oración a Dios por el Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos, S.E. don Francisco Franco Bahamonde, pues en él y en sus gobiernos ha encontrado y encuentra cordial cooperación para la mejor formación espiritual de los españoles. La Religión Católica enseñada en todas las escuelas y grados de la educación nacional, desde la elemental a la universitaria; la legislación sobre el matrimonio; los viejos seminarios remozados y los otros levantados de planta con decoro y sin lujo; la reconstrucción de las parroquias derruidas por la ceguera de la persecución y el levantamiento de tantas obras que urgía… la restauración de célebres monasterios… ¡Estas y otras son las benemerencias con la Iglesia en España, por parte del Régimen!”
 
¡El cielo! Nuestro Señor Jesucristo decía que Él confesaría ante Dios Padre a quien lo confesara a Él ante los hombres… ¿Cómo dudar de la Palabra de Dios, cómo dudar que Él ya habrá cumplido con su promesa, y habrá recompensado a ese siervo bueno y fiel?
 
En efecto, Francisco Franco Bahamonde confesaba a cada momento a Nuestro Señor ante los hombres. Ante las Cortes, en 1946, dijo: “El Estado perfecto para nosotros es el Estado Católico”. Siete años más tarde, en el mismo sitio, fue aún más explícito: “Nuestra fe católica, piedra básica de nuestra nacionalidad; identificad a la fe cristiana con el fin supremo del hombre elevado al orden sobrenatural… Si somos católicos, lo somos con todas sus obligaciones. Para las naciones católicas las cuestiones de fe pasan al primer plano de las obligaciones del Estado. La salvación o perdición de las almas, el renacimiento o la decadencia de la fe, la expansión o reducción de la fe verdadera, son problemas capitales ante los cuales no se puede ser indiferentes”.
 
Una década después, en 1963, así habló en Tarragona: “La obra mejor del Movimiento no es el bienestar y la riqueza que produce, ni los bienes materiales que bajo su acción se crean, sino precisamente el haber salvado a España del materialismo ateo y haber sabido unir lo espiritual con lo social… No puede haber bienestar social si no se edifica sobre los principios de la Ley de Dios, sobre los principios del Evangelio”.
 
Sí, el cielo… para estar de rodillas ante su adorada Madre, la Inmaculada Concepción, como lo estuvo en la tierra bajo su manto en el Pilar, al entregarle su espada de la victoria, y tantas veces más.
 
Entonces, alguien podría preguntarse: —“Si Franco ya está en el cielo, ¿para qué seguir celebrando Misas por su alma?, ¿quien ha llegado al cielo no está ya salvado?”
 
Seguiremos pidiendo Misas por él porque es nuestro deber, de agradecidos y leales soldados, y porque esperamos ser cada año más fieles y fervorosos. Si Franco está ya en el cielo, mejor: la oración nunca vuelve vacía de las manos de Dios, y la Sabiduría infinita del Padre sabrá a quién aplicarle los frutos del Sacrificio redentor.
 
Pero nosotros seguiremos allí, con la gracia de Dios. Año tras año, arrodillándonos ante el altar para pedir por nuestro Caudillo a perpetuidad. Ya sin llanto, sino con la sonrisa del que todo lo espera en Cristo. La misma sonrisa que tendrá nuestro querido Francisco Franco, nuestro amado Jefe, mientras sigue guiándonos desde allá, sobre los luceros, donde a despecho de su escasa estatura, se alza cada vez más y más alto, para pedir a Dios Todopoderoso que tenga piedad de nosotros y de nuestra España.

Rafael García de la Sierra
 

martes, 19 de noviembre de 2013

En la semana del 20-N


ANTE UN NUEVO ANIVERSARIO
  
  
Mañana, Dios mediante, hará veinte años de la muerte de Francisco Franco. El pueblo español, a esta distancia en el tiempo, puede y debe reflexionar y comparar entre la España de entonces y la España de hoy. Frente a la manipulación y al falseamiento de la verdad, que el nuevo Régimen impuso como norma y objetivo, nosotros, los que no hemos cometido perjurio, disimulado de habilidad politica; los que hemos sabido mantener nuestras lealtades; los que no hemos sucumbido ni a la tentación del abandono, ni a las seducciones del poder, recordamos públicamente y sin rubor la obra excepcional del Caudillo: el que en la guerra ganó la Victoria contra el comunismo y sus cómplices; el que en la paz logró la reconciliación auténtica entre los españoles que varonilmente se habían combatido; el que hizo de España una nación rica y próspera, unida y en orden, con paz y trabajo, que hoy, sedienta de agua y hambrienta de justicia, se encuentra en trance de ruina económica, de envilecimiento moral, de fragmentación política y de renuncia histórica.
 
La Providencia quiso que otro 20 de Noviembre cayera José Antonio. Las balas del rencor y de la envidia atravesaron su corazón, pero no pudieron terminar con su espíritu; y fue su espíritu joven, enamorado de la España que él llamó metafísica, el que, arrancando de la Tradición, afloró una doctrina para su época; una doctrina que movilizó a la juventud; una juventud que no vaciló, al servicio de la gran empresa restauradora de la Patria, ante el sacrificio heroico del sacramento de la muerte.
 
Creo que hoy urge más que nunca valorar y ensalzar a quienes como José Antonio y Franco son figuras ejemplares, no sólo en la perspectiva de un tiempo que pasó, sino en la perspectiva de futuro. No se trata de copiar y repetir, sino de identificarse con su pensamiento y su quehacer, para pensar y actuar como ellos lo hubieran hecho en el día de hoy. Si José Antonio elaboró una doctrina, fue Francisco Franco el que la puso en acción. Uno y otro nos son precisos, y no pueden ni deben ser enfrentados jamás, porque la doctrina sin acción es un sueño narcisista y evanescente, y la acción sin doctrina no hubiera sido otra cosa que epilepsia y barbarie.
 
¿Y cuál fue la doctrina que hizo posible, al ponerla en acción, que una España, pobre y triste, zaragatera áspera y tullida, se transformase, a pesar de la devastación de la guerra y del cerco internacional, en la España una, grande y libre, que conocimos y en la que vivimos?
 
Son cinco, a mi modo de ver, las líneas maestras del pensamiento de José Antonio, que revelan por un lado, una concepción original de la Política, en el más noble sentido de la palabra, y,  por otra, la apelación a cinco factores que por vez primera, fueron convocados para servirla con eficacia: el factor teológico, que contempla al hombre, no como un ciudadano que vota, o como un sujeto que produce y consume, sino como un ser trascendente, hijo de Dios, portador de valores eternos; el factor épico y lírico, que intuye que a los pueblos sólo los mueven los poetas; el factor histórico, que dada la configuración de España, la define como unidad de destino en lo universal; el factor económico, que estructura al país como un gigantesco Sindicato, en el que el trabajador, el técnico y el patrono no se enfrentan sino colaboran en la verticalidad de un objetivo: la seguridad en el empleo y la calidad del producto o del servicio; y el factor personal, que pretende devolver a los españoles el orgullo de serlo, y aspira a que se sientan mitad soldados y mitad monjes: soldados de la patria de la tierra y monjes para la patria del cielo.
 
Son estos cinco factores convergentes los que asumió Francisco Franco, y los que se dieron cita para la creación del Estado nacional, orientado al bien común; y porque el hombre, al que la Política se ordena, escapa al corsé del tiempo, la textura jurídica del Estado se inspiró en el Evangelio; y porque el hombre fomentó el bienestar económico y la calidad de vida, de tal manera que no hubo ni un hogar sin lumbre ni un español sin pan; y porque el pueblo, para no diluirse en el anonimato o convertirse en colonia, debe reconocerse a sí mismo, la Política, que se ordena a una comunidad de hombre, fortaleció la conciencia nacional de España.
 
La desaparición del analfabetismo y la permeabilización cultural; la concentración parcelaria y las unidades mínimas de cultivo; la fabricación creciente de fertilizantes; la renovación ganadera; la revolución industrial (desde la siderúrgica a la construcción de automóviles y camiones); el fomento de la natalidad y la ayuda a las familias numerosas; el ordenamiento del trabajo y la seguridad social; el plan hidráulico, que dio origen, no sólo a la red de presas y pantanos, sino al trasvase Tajo-Segura; la repoblación forestal, que cubrió de arbolado los páramos y las montañas; y la edificación de tal número de viviendas que el 46% de las que hoy existen se construyeron entre 1939 y 1975, en la mayoría de los casos protegidas oficialmente, que podían adquirirse pagándolas en 50 años y por cien pesetas al mes.
 
Y comparemos esta política orientada al bien común con la política del Sistema nacido de la transición, en el que lo importante es la palabrería, el cotorreo y el insulto recíproco de las campañas electorales, el despilfarro, la corrupción y la hipocresía, que ignora o se desentiende de los graves problemas a los que, por su carácter prioritario, es preciso sacrificarlo todo. Se ha hecho de la democracia liberal un ídolo, olvidando que el liberalismo destruye la verdadera democracia y que el socialismo, que en el Sistema asciende al poder, lacera, gangrenándolo, el tejido social. De aquí, que mientras los políticos de ahora siguen su parloteo inútil, las empresas cierren o reduzcan su plantilla; el paro crezca y la bolsa de pobreza aumente; la flota pesquera amarrada durante siete meses se halle amenazada de desguace; los bosques queden reducidos a ceniza por el fuego; el número de trabajadores que mueren en las minas sea mayor cada año; la construcción naval se debilite, y estemos a punto de vender al más audaz o que ofrezca más altas comisiones, una Compañía aérea, como Iberia, que era rentable y cuyo prestigio era universal.
 
Con las inversiones fabulosas a nivel faraónico de los Juegos Olímpicos de Barcelona, de la Exposición de Sevilla, del tren de alta velocidad, y los préstamos sin retorno al exterior, admisibles con una economía holgada y estable, se hubieran podido paliar los efectos de la falta de lluvias, que está desertizando a Andalucía, y que puede convertir en dunas las huertas magníficas de Murcia y Valencia. Y sin agua no hay vida, y sin vida la patria se convierte en cementerio.
 
Y a eso es a lo que consciente o inconscientemente nos lleva de un modo inexorable la política del cambio, a la que se une y abraza la política del mal menor, que va debilitando, a base de cesiones, concesiones y dejaciones, la capacidad de un pueblo, que, cuando permanece sano, tiene empuje y coraje para reaccionar. Lo que importa no es España, sino que haya partidos políticos que se enzarcen entre sí, que pacten con los terroristas, que absorban una parte gruesa del presupuesto del Estado para mantenerse, que no se opongan al corte de vides y olivos que nos impone la Unión Europea, que legalicen con el aborto el homicidio, que se comprometan a reconocer el matrimonio de los homosexuales, que permanezcan impasibles ante el drama del sida o de una juventud drogada, que enferma y se pervierte en el itinerario suicida de las famosas “rutas del bacalao”.
 
No creo haberme alejado de la realidad: una realidad profundamente dolorosa para los que tenemos conciencia de la misma, y  de lo mucho e importante que se halla en juego y a plazo breve. Porque un sistema político sin valores, en el que decide sobre cosas fundamentales el voto de los indecisos, que no tienen criterio; en el que los votos de una minoría parlamentaria condicionan al gobierno de un partido mayoritario, de tal modo que la minoría, y no la mayoría, es la que de verdad gobierna; en el que la Constitución declara abolida la pena de muerte y luego se aplica a través de instrumentos que se financian con fondos reservados; en el que la misma Constitución exalta la unidad de la Patria y después fomenta su fragmentación, hablando de nacionalidades y entregando el poder a los que oficialmente piden la independencia, no sólo no puede contener el proceso de liquidación de España, sino que lo fomenta sin escrúpulos, porque es muy poco lo que España les interesa.
 
Por eso es sumamente importante el recuerdo y la presencia espiritual de José Antonio y de Franco, acicates uno y otro para sobreponernos a la indiferencia egoísta: para convencernos que de nada sirve —salvo para caer en la desesperación— la protesta individual; para,  con sentido común, y con espíritu de sacrificio, no derrochar las energías restauradoras con la atomización de grupos —nobilísimos, ciertamente, en su intención— que permanecen aislados y dispersos, carentes de la fuerza necesaria para —haciendo confluir ideales e intereses, y hasta el instinto de supervivencia—, resultar operativos a finj de rehacer una Patria que se convierte en escombros.
 
Son muchos, por desgracia, los que dicen: No hay nada que hacer, hay que resignarse y entregarse a la transformación social y cultural que exige el despegue de una civilización basada en la fe religiosa, el amor a la Patria y el pilar de la Familia. Olvidan los que así lo entienden que la sociedad fruto de esa transformación sería —y donde se implantó lo ha sido— totalmente inhumana, con la tiranía en el poder y la esclavitud en el pueblo.
 
Nosotros, ni nos resignamos ni nos entregamos. Hay que continuar la siembra, a pesar de que el campo parezca el sueño de una pocilga o de un muladar, porque la basura, al pudrirse, abona la sementera. Lo que hace falta es que no ingresen los sembradores, voluntariamente y desesperanzados, en la estadística del desempleo. La desesperanza se evita y suprime con el amor. Mientras haya un puñado de hombres y mujeres, de jóvenes y menos jóvenes, que amen a Dios y a la Patria habrá apóstoles que evangelicen y soldados que combatan, hasta el martirio unos y hasta el heroísmo otros. No hay mejor antídoto contra la deserción o la complicidad que el testimonio de la sangre. Sólo mueren las ideas por las cuales no hay quien esté dispuesto a morir. Las naciones no desaparecen por pequeñas o débiles sino por viles.
 
Franco y José Antonio nos ofrecen hoy —época de oscuridad y nubarrones— el testimonio viril de sus vidas. Nuestra obligación no es otra que dejarnos iluminar por ellos; no regresar al pasado, pero sí acceder al agua viva de los grandes principios dinamizantes que hicieron posible España. Nos sentimos orgullosos de ser, como alguien nos ha llamado despectivamente en letras de molde, “los hijos del 20-N”, porque lo somos; y con la herencia, la responsabilidad y el honor que ello supone seguiremos cantando a la intemperie, sin ningún complejo de inferioridad y sin un solo gramo de cobardía:
 
“Gloria a la Patria que supo seguir,
sobre el azul del mar, el caminar del sol”.
 
Blas Piñar
(Discurso pronunciado el 19 de noviembre de 1995, desde la tribuna de oradores en el acto conmemorativo de la muerte de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera)
 

lunes, 1 de abril de 2013

Una, Grande y Libre

¡ARRIBA ESPAÑA!

   
Magnífico documental sobre la liberación de Madrid y la culminación de la Cruzada.
Para descargarlo haga click sobre el siguiente enlace:


domingo, 1 de abril de 2012

Poesía que promete

    
FRANCISCO FRANCO:
LA FE

  
  
Con las últimas palabras
del postrer parte: “La guerra
ha terminado”,
lacónicas,
pero claras y concretas,
avaladas por su firma,
Francisco Franco le expresa
al pueblo español y al mundo
el final de la tragedia
que padeció nuestra patria,
la encarnizada contienda
que tanta sangre costó,
tantas lágrimas y penas.
  
Desde este instante, en España
se inicia una nueva era
de paz y tranquilidad;
y, a su lado, paralela,
otra etapa de trabajo,
entusiasta y tesonera,
patriótica y ejemplar,
de ruda labor, comienza:
la agobiadora misión
que encarna la gran empresa
de reconstruir la patria
en sus hombres y en sus tierras.
  
Porque la patria está en ruina,
la nación está deshecha,
la sangre fluye a raudales
por cien heridas abiertas
en las almas y en los cuerpos.
¡España está casi muerta!
  
Todas las formas del hambre
por doquier se manifiestas
como medrosos fantasmas;
desde la que más apremia,
reclamando la comida
con que el cuerpo se alimenta
—hambre brutal, perentoria,
intransigente y tremenda—,
hasta las hambres que el odio,
el dolor y la tragedia
incubaron día a día
en la mente y la conciencia
de los hombres, que aun pretenden
con ansia satisfacerlas
a cualquier precio; estas hambres
llevan casi siempre aneja
una frenética sed
de justicia, grande, inmensa…
  
Moral y materialmente,
lo que el Caudillo se encuentra
tras la bélica victoria
—difícil, ruda y tremenda—,
es una patria asolada
por las mesnadas abyectas,
la roja grey de asesinos
del comunismo, y las ciegas
democracias corrompidas,
que alentaron la tragedia
con su ayuda incomprensible,
cara a cara o encubierta.
  
La patria que conquistara
Francisco Franco está llena
de sangre de muchos héroes
y mártires; de miseria,
angustia, dolor y luto,
llanto a raudales. ¡Herencia
bien precaria para hacer
una grande España nueva!
  
Jaime de Pascual Villanova
(Tomado de su romancero “Francisco Franco, Caudillo”)  

domingo, 4 de diciembre de 2011

Feliz cumpleaños



1892 - 4 de diciembre - 2011

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL CAUDILLO
DE ESPAÑA Y DE LA CRUZADA
POR LA GRACIA DE DIOS
    
 

jueves, 1 de abril de 2010

Día de la Victoria


PRIMERO DE ABRIL

Desde la madrugada del 1 de abril las noticias se espacian otra vez, y se concentran sobre un punto volcánico: los muelles de Alicante, convulsos aún. La ciudad estaba ya entregada, en su tercera noche a plena luz. El día 31 habían renunciado ya la mitad de los encerrados en el puerto, unos seis mil hombres. Durante la última noche sólo dos mil se resistían a la rendición. Cerraban el puerto el Canarias, el Vulcano y el Marte, junto al Júpiter. Para el resto de su vida agradecería Franco a Gastone Gambara la serenidad con que llevó todos los contactos con el desesperado enemigo —a las órdenes del coronel Burillo— y la instrucción dada al anochecer del 31, para que las avanzadas del C.T.V. fueran sustituidas por las tropas españoles recién llegadas, dos batallones de Infantería de Marina y dos del cuerpo de Galicia.

Los últimos mensajes inquietantes llegan a partir de las nueve de la mañana del 1 de abril. “Los núcleos de fugitivos de Alicante son excitados a la resistencia por el ex cónsul francés y un diputado de la misma nacionalidad”. El Canarias impide bruscamente la entrada a un navío de guerra francés y a otro mercante: disuade, de lejos, a otros barcos neutrales. Destacamentos españoles entran serenamente en los muelles y detienen a los agitadores. Hay, tras dramática votación numantina, algunos suicidios. Franco ordena a Gambara que el C.T.V. acantone junto al mar, fuera de la ciudad, en la Albufera y junto a la estación de Benalúa. Dos unidades españolas, la 17ª división y la 2ª agrupación de reserva del Centro desarman a los últimos batallones de la República, que marchan en silencio hacia el campo de concentración improvisado en la plaza de toros. Es primera hora de la tarde del 1 de abril de 1939.


Al recibir confirmación de esos datos, Franco retoca su borrador y firma el único, primer y último parte de guerra redactado personalmente por él: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”.

Al caer la tarde, recibe un telegrama, fechado en Roma:

“Levantado nuestro corazón al Señor, agradecemos sinceramente con Vuestra Excelencia deseada victoria católica España, hacemos votos porque este queridísimo país, alcanzada la paz, emprenda con nuevo vigor sus antiguas cristianas tradiciones que tan grande la hicieron. Con estos sentimientos efusivamente enviamos a Vuestra Excelencia y a todo el noble pueblo español nuestra apostólica bendición. Pius PP. XII”.

Aún no ha muerto el Primero de Abril cuando Franco firma la contestación al telegrama del Papa: “Intensa emoción me ha producido paternal telegrama de Vuestra Santidad con motivo victoria total de nuestras armas, que en heroica cruzada han luchado contra enemigos de la religión, la patria y la civilización cristiana. El pueblo español, que tanto ha sufrido, eleva también con Su Santidad su corazón al Señor que le dispensa su gracia y le pide protección para su gran obra del porvenir y conmigo expresa a Vuestra Santidad inmensa gratitud por sus amorosas frases y por su apostólica bendición que ha recibido con religioso fervor y con la mayor devoción hacia Vuestra Beatitud. Francisco Franco, jefe del Estado español”.

Era como si Franco, en el día más hondo de su vida, tras demostrar sobriedad suprema en la redacción de su último parte de guerra, no supiese, en cambio, cómo cortar su barroca gratitud a Pío XII.

Todo había terminado en Alicante. Todo podía, ahora, comenzar.

Ricardo de la Cierva
(Tomado de su libro “Francisco Franco. Un siglo de España”)



CANTAR DEL CAUDILLO

El Caudillo entraba en Madrid vencedor.
Voltean las campanas de la villa a clamor.
Infantes y jinetes le llevan en honor.
Hombres y mujeres le dicen loor.

Un vocero delante va diciendo su pregón:
“Abran paso al Caudillo del grande corazón.
Ganó todas las tierras, del sur al septentrión,
y echó a los enemigos del último rincón”.

¡Cómo va rodeado de esforzados varones,
aviadores, marinos, jinetes y peones,
ganadores de muchas y campales acciones
cuales no se escribieron en viejos cronicones!

Allí se ven Varela, que Toledo tomó,
y Yagüe, aquel que en Lérida y en Badajoz entró,
y Aranda, el esforzado que Oviedo defendió,
y el que fue del Alcázar alcalde, Moscardó.

Y Queipo, el que hizo cierta la hazaña sevillana;
Solchaga, el que ganó más tierra catalana;
y Valiño, el guerrero de sonrisa lozana,
vencedor de más lides en edad más temprana.

Y Dávila y Cervera, Saliquet y Vigón,
y Tella y Monasterio, centauro en su bridón;
Kindelán, que entre halcones es el mayor halcón,
y este Martínez Campos, que es señor del cañón.

Sobre un alto tablado el Caudillo reposa
junto a los capitanes de su hueste gloriosa.
Otra lucida gente le saluda gozosa
y el Caudillo les habla con muy galana prosa:

“Dios os guarde, legados de la Roma fatal
y de la nobilísima Germania boreal
y de la bien amada y hermana Portugal,
todas tres predilectas de mi amor por igual”.

“Dios alargue tus días, gran Visir africano.
Saludadme al Jalifa, tu noble soberano.
Ved cuán buenos guerreros puso bajo mi mano
el Mogreb-el-Aksá, nuestro amigo y hermano…”

Y comienzan las huestes soberbias a pasar,
requetés y falanges de soberbio mirar,
legionarios y moros, combatientes sin par,
aviadores del aire y marinos del mar.

¡Dios, cuánta y qué gallarda pasa la Infantería!
¡Qué trueno dan los cascos de la Caballería!
¡Cómo crujen las losas con tanta Artillería!
La aviación en los aires nubla la luz del día.

¡Cómo aplauden las gentes, libres ya del terror,
y lloran las mujeres, de alegría y de amor!
En el fondo de su alma musita el trovador:
“¡Oh Dios, el buen vasallo ya tiene buen Señor!”

Ernesto La Orden
(Tomado de su libro “Digo mi verdad”)



lunes, 8 de febrero de 2010

Por la España eterna


NOTA DE LA FUNDACIÓN NACIONAL FRANCISCO FRANCO ANTE LA OFENSIVA ICONOCLASTA DEL GOBIERNO SOCIALISTA

El gobierno socialista parece decidido a culminar en 2010 la estrategia iconoclasta iniciada con la denominada “Ley de Memoria Histórica” y se dispone así a arrancar de la geografía nacional placas, menciones o hitos que puedan recordar, no ya el nombre de Francisco Franco, sino de cuarenta años de la historia reciente de España y de cualquier persona, institución o entidad “contaminada” por haber prestado su colaboración o haber servido a España bajo el mandato del Generalísimo Franco. Reviste especial gravedad, por el ámbito en que se realiza y por la entidad de sus destinatarios, la reciente eliminación por orden del Ministerio de Defensa, previo minucioso y humillante inventario y ante el silencio de estupefacción de nuestros soldados, de las menciones, placas y monumentos dedicados a verdaderos héroes de la historia de nuestros Ejércitos, cuyo recuerdo y ejemplo está por encima de contingencias históricas e ideológicas.

Para tal propósito no ha dudado en utilizar cuantiosos recursos públicos en un tiempo en el que la responsabilidad de cualquier gobernante prudente aconseja atender a necesidades más apremiantes en una nación que roza ya el 20% de tasa de desempleo. Y paralelamente el gobierno de Rodríguez Zapatero está utilizando esa ley de la Memoria Histórica, que no es otra cosa que un intento de reabrir la guerra civil, invirtiendo el pasado. Y todo ello lo ha hecho con el silencio –cuando no la complacencia - del principal partido de la oposición, que no ha acertado aún a comprender la verdadera magnitud de la inicua pretensión que está detrás de esta estrategia de manipular la historia y la memoria colectiva.

Ante esta situación y desde la enorme fragilidad de quiénes ya sólo tienen la palabra pero no han claudicado ante la desmemoria y la ingratitud, la Fundación Nacional Francisco Franco quiere denunciar la enorme injusticia histórica que se está cometiendo y recordar al pueblo español que la ingente y fecunda obra del régimen nacido el 18 de julio de 1936, también sin placas, menciones ni monumentos va a permanecer en la memoria colectiva de los españoles. La furia iconoclasta del gobierno no podrá borrar jamás las conquistas sociales de los trabajadores, la Seguridad Social y su red hospitalaria, las infraestructura hidráulicas, viarias y ferroviarias y tampoco el legado de varias generaciones de españoles que bajo el mandato de Francisco Franco, empeñaron su esfuerzo, su ilusión y su trabajo en convertir una España atrasada, con altos índices de analfabetismo y con graves desigualdades sociales en una Nación moderna y culturalmente avanzada que llegaría a convertirse a finales de los años 60 del siglo XX en la octava potencia industrial del mundo con el menor índice de presión fiscal y una situación de pleno empleo que garantizaría el éxito de la Transición. Un tiempo para la historia grande de España.

Nota: Puede verse el original en este enlace: