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miércoles, 13 de abril de 2016

Preguntas impresionantes



CUIDE SU PRESIÓN
 
 
El pasado 13 de agosto de 2015, en declaraciones publicadas por “ElIntransigente.com”, leíamos esto:
 

El reconocido periodista Hugo Alconada Mon, que investiga casos de corrupción, aseguró que la culpa de que los gobernantes roben los recursos del Estado, es de la población. “La sociedad es totalmente responsable de todo esto. La única solución es si la sociedad argentina mete presión”, manifestó Alconada.
“Si la sociedad no reclama ¿por qué van a modificar algo? Si el sistema ya viene debilitado, si los organismos de control ya vienen debilitados y la sociedad no reclama ¿por qué el próximo presidente va a cambiar algo?”, cuestionó el periodista.

 
Hasta aquí la cita del autor de “La Piñata”. Nuestro querido Testigo de Cargo tendría material para dos ediciones de “Cabildo”.
 
Para el plumón de “La Nación” diario, el robo por parte de los gobernantes es culpa de la población, por una supuesta omisión de “meter presión”. Si nos hubiera dicho que la culpa deviene de que tales gobernantes están en su cargo gracias a que la gente los ha elegido, quizás podría tener más entidad la acusación. Pero el ciudadano, desprovisto de lucidez por una educación embrutecedora que lo lleva a convencerse de que lo mejor que puede hacer es meter unos papelitos en una urna, poca posibilidad tiene de optar por mejores miras. Y agradezcamos que no opte aún por Altamira.
 
No faltará por ahí quien sostenga que debiera elegir el mal menor, sea en tonalidades amarillo desprecio o naranja fanta. Nuestras nadas poco difieren, decía Borges en el prólogo de sus “Poesías completas”…
 
Aceptada la teoría de que el gobernante no roba sólo si la sociedad “mete presión” para impedirle meter la mano en la lata, podríamos imaginar a un cirujano que sólo operase bien si estuviera bajo la presión de una manifestación de pacientes instándolo a no perforar el sacro en vano, so pena de perder él su pelvis. O a un maestro que enseñara que el conjunto formado por los números primos es infinito, únicamente por presión de su numerosa parentela. Los deberes de estado no deberían ser cumplimentados a consecuencia de la presión popular.
 
La pregunta del periodista: “Si la sociedad no reclama, ¿por qué van a modificar algo?” puede parecer inocente. Pero tal vez sea el brutal reconocimiento de que si los presidentes que supimos conseguir –menos valiosos que los laureles, claro está– fueron ladrones, la sociedad silenciosa sólo podría aspirar a encumbrar más ladrones. No se preguntó por pundonor presidencial alguno, o por una moral acrisolada que les impida desvalijar a la Patria. Da por sentada la inexistencia de esas entidades, tan fantásticas como el Pombero o la Mulánima. Leyendas urbanas de un presidente honrado, ni en los más imaginativos cuentos de Horacio Quiroga hemos entrevisto.
 
Y una inquietante pregunta surgirá por sí sola. Si la “única solución” deviene de si “la sociedad argentina mete presión”, de si debe presionar para salvar un sistema que está podrido y engendra y eleva podredumbre, ¿eso no significa que el sistema, por sí solo, sin que lo sostenga la presión popular, se caería? Si en cada presidencia vamos a necesitar la presión popular –hipertensión restituyente, en este caso– para que las cosas funcionen, es que el sistema no es duradero, ni sano, ni válido. Ningún país puede funcionar con respirador artificial, a no ser que esté en coma profundo y se espere el final. Por más presión que se imponga, ante un sistema que “ya viene debilitado”, cuyos “organismos de control ya vienen debilitados”, el diagnóstico parece irreversible.
 
Patria sí, partidos no, era el lema del Movimiento Nacionalista de Restauración. No estábamos descaminados.
 
Álvaro Manuel Varela
 

domingo, 13 de marzo de 2016

Aniversarios



13 de marzo


Siempre fue faro prístino y certero;
el argumento ante el cual rendirse;
el recurso de aquel que está por irse
a rendir su alma ante el Juez postrero.

Fue altar sacro del culto verdadero
a Aquel que nunca habrá de extinguirse
y el sueño de un cielo por abrirse
que Pedro custodiaba, arcabucero.
  
Todo cambió. Hoy sus preocupaciones
la absorbieron, la tienen atareada:
nuevas presencias imponen condiciones.
  
La Sede parece estar sedada.
Las colinas ven pasar legiones.
¿Es posible que Roma está ocupada?
  
Álvaro M. Varela
  

sábado, 10 de enero de 2015

El habla de nuestra tierra


GENÉRICOS

Según la OMS, un medicamento genérico es aquel se vende bajo la denominación del principio activo que incorpora, siendo suficientemente bioequivalente a la marca original, es decir, igual en composición y forma farmacéutica y con muy parecida biodisponibilidad que aquélla.
 
Como desde hace unos años se estableció que los médicos debían extender sus recetas no con nombres de medicamentos en particular, sino con el genérico de la droga prescripta, para evitar que el paciente fuera cautivo de un laboratorio en especial, la palabra hizo fortuna y se popularizó. Ahora casi todos aprendimos, a fuerza de recetario, qué diablos es “un genérico”.
 
Sirva esto último para repreguntarnos, hablando de la palabra en sí misma: ¿qué diablos será una palabra genérica? Con pasmo se ve cómo van ganando terreno, en detrimento del lenguaje sano, liso y llano. Del castellano llano, diríamos jugando con la rima.
 
Hay palabras que, vaciadas de su contenido, saqueadas de su acepción original, liposuccionados sus significados, terminan convirtiéndose en genéricas, para uso de cualquier patán, con o sin guardapolvos. Nos recetan estos genéricos en posología abundante. Repasemos brevemente las tres más comunes.

Fascista.  Tan emocionante vocablo, con su abaratada versión (para uso popular) “fachista”, ya no equivale al seguidor y simpatizante de Don Benito, aquel hombre que a decir de Pío XI “había devuelto Jesucristo a Italia e Italia a Jesucristo”. Ahora, por esas zarandajas de la comunicación, el fascista puede serlo de derecha o de izquierda, a diestra y a siniestra de la mesa electoral. Durante el califato riojano, se escuchaba repetidamente que Menem era fascista, dicho sobre todo por los micrófonos de Radio Belgrano (“Belgrado”, en feliz término de un pícaro gordito) y la felizmente fenecida revista “Humor”. Con el tiempo, supimos que Stalin había sido fascista, al igual que Fidel Castro, Franco, Colón y Diana Conti, nombre agregado en última instancia a este listado sólo para incomodar a los anteriores personajes mencionados. Todos son fascistas, lo que equivale a decir que nadie lo fue o que por sólo hecho de nacer una persona lo es. Pregúntese entonces qué ideas defiende el fascismo, teniendo en cuenta las que profesaron los nuevos -y viejos- fachistas, y el genérico habrá cumplido su objetivo.

Progresista. La conmovedora batalla de todos los políticos por autoproclamarse “progresistas” lleva a recordar un pezzo di bravura de Álvaro Alsogaray, liberal de toda la vida, quien no podía ser sospechado de socialista. Pues bien, en un reportaje radial, el fundador de la UCeDé sostuvo que él “era más progresista que nadie”, ya que “el verdadero progreso humano es que la humanidad avance y viva mejor, lo cual sólo es posible en una sociedad liberal”. Si por un platillo de la balanza tenemos a Don Álvaro -¡lo que es la fuerza del sino!- postulándose para progre, y por el otro hay un tiroteo constante de gentes que se acusan de que los demás NO son progresistas como pretenden serlo, también podríamos pensar que será difícil encuadrar qué sea el progresismo. Genérico nuevamente eficaz, y palabra diluída.

Patria. Si “la patria es espíritu” como quería Ramiro de Maeztu, difícil será encarnarla en una sola persona, por más genial que sea. Quizás sabedores de esto, los recetadores ahora nos expiden esta fórmula en dosis mayúsculas: “la patria es el otro”, como haciéndonos pensar que todos lo son. Todos (no todas, suerte de feminismo genérico también en boga gracias a la falsa boga) serían no ya la patria sino la Patria: Kunkel, Boudou, Zannini, el supuesto Ausente del 27-O y la mismísima Gils Carbó encarnarían a la Patria, vuelta un Frankenstein espantoso. O un franKenstein, para mejor mayuscular. La cuestión es evidente: si esos otros son la patria, ¿debe defenderse esa patria? ¿Será que la patria sólo son los partisanos de La Cámpora, y no -por ejemplo- los miembros de “Radio Buitre”? Genérico que disuelve un país en un vaso de agua mineral importada de Francia.

Basta ya. Cada cual podrá -si consiente en perder unos minutos en esto- añadir más ejemplos a la lista. O bien, si quisiera darse un baño de sensatez, en dejar de incorporar estas palabras genéricas en tan subida dosis, para volver a las palabras comunes, las de antes, las de siempre: las de heri et hodie. Si rechazamos las palabras vaciadas de hoy en día -galimatías perverso, jerigonza babélica que por definición es castigo a los constructores de una torre sin Dios- podremos volver a pronunciar palabras veraces que sean eco de la Palabra. Recordemos que entre tanto vocablo infeliz, que enferma y condena, aún nos queda el recurso -a pesar de los bergoglios del mundo moderno- la posibilidad bendita de volvernos hacia Aquel que, con sólo decir una palabra, bastará para sanarnos el alma.

Álvaro M. Varela
  

sábado, 25 de febrero de 2012

In memoriam

EL PADRE SÁNCHEZ ABELENDA
Y SU MISAL ROMANO
  
  
Seguramente no sabría ni el día ni la hora de su muerte, pero sí conocía qué equipaje acompañaría sus restos en el momento del tránsito supremo: “¿Sabés con qué me van a enterrar a mí? Con esto”. Y aferraba su Missale Romanum, el Misal de altar con los textos y rúbricas de la vieja Misa tridentina, en buen latín y con sus páginas fatigadas por el uso constante.
  
Toda la vida del Padre Sánchez fue prácticamente eso: aferrarse al Misal de su ordenación con una sublime, deliciosa, terca obstinación de fiel infante de Nuestra Señora. Como la tortuga de la fábula campera de uno de sus amigos y maestros predilectos, el Presbítero y Doctor Raúl Sánchez Abelenda dejó sus huellas firmemente impresas luego de su partida, como última y silente predicación, para marcar el camino hacia Dios.

Por llevar siempre entre sus manos ese Canon invariable, lo echaron de mala manera de su iglesia de la Inmaculada Concepción de la calle Independencia, a metros de la Avenida 9 de Julio, y debió refugiarse en su inhóspita trinchera de un departamento atosigado de libros y cabos de velas en la calle Peña al 2200. Allí celebraba el Santo Sacrificio e impartía los sacramentos a fieles de todas las edades que acudían a él buscando el consuelo de su palabra y sus manos consagradas. Cualquier hora era buena para tocarle el timbre y recibir su absolución y consejos sabios. El sacerdote gruñón y de carácter muchas veces intratable se transformaba en corderito manso y humilde de corazón cuando escuchaba a los penitentes, y todo su hogar era confesionario de campaña, hospital de almas, fábrica de gracia para católicos que buscaran cielo, según el decir feliz de otro querido amigo fallecido, don Ángel L. Salvat.
  
Había aprendido palabra por palabra el ordo missæ, a fuerza de repetirlo diariamente, envuelto en sus ornamentos gastados por una vida de uso. Pero no aprendió jamás a moderar sus respuestas cuando cualquier hereje o deslenguado del pelaje que fuera, con o sin mitra, con o sin sotana, con o sin cargo público, ofendía a la Santa Madre Iglesia. En esos casos mutaba sus pequeños cigarrillos negros por imaginarias espadas blancas y largas con las cuales arremetía, como Matamoros del siglo XX, descabezando las hidras contemporáneas que todo lo envilecen y degradan. Recordamos sobre todo cómo frenaba al mismísimo Cardenal Primado a fuerza de gritos en los actos donde Antonio Quarracino —de él hablamos, en este caso— desgranaba su generoso parloteo inconsistente y pletórico de Gas Atontador de Feligreses Mistongos.
  
Debatiéndose taciturnamente al ajedrez —como escribiría Borges— con otro sacerdote inconmoviblemente fiel los domingos al atardecer, o recitando el Oficio Divino entre mate y mate de su desayuno, mientras apuntaba ideas para el sermón de la próxima semana, el Padre intercalaba largas citas en latín y griego con la soltura con la que cualquier persona repite el nombre de la calle en donde vive. Y no se privaba de insultar en español clásico al político de turno que mereciera una flor nueva de epítetos viejos por sus malandanzas democráticas. Pero en sus artículos no condescendía nunca con la palabra soez, y eran breves veneros de enseñanza, firmados habitualmente con el seudónimo de Recaredo Garay o A.T.D.L.D. Preguntado alguna vez sobre el sentido de esta sigla, respondió casi con sorpresa: “¿Y qué va a ser? Adoro Te Devote Latens Deitas, m'hijo”.
  
Hace hoy dieciséis años que fue llamado a rendir examen ante el Supremo Tribunal. Descontamos que habrá aprobado con honores y felicitación rubricada el ingreso al Paraíso. Su alma verá ya la Belleza Increada, al Dios al que sirvió a tiempo y a destiempo mientras estaba revestido de su carne mortal. Sus despojos, que esperan la resurrección de la carne en un pequeño cementerio de La Reja, fueron enterrados abrazando el Missale Romanum, tal como anhelaba.
  
Pidamos a Dios Todopoderoso por su alma. Y animémonos, también, a pedirle al Padre Sánchez Abelenda que interceda por nosotros y por su Patria terrena, a la que amaba ilimitadamente. Si en este mundo pedía tanto por sus amigos y por su tierra, ahora, que habrá ya recibido el céntuplo prometido a los que todo lo dejaran por el Señor, ¿cuánto más podrá conseguirnos?
  
Álvaro Manuel Varela

sábado, 22 de octubre de 2011

Mirando pasar los hechos

LA DANZA DE LOS VAMPIROS
  
Rememorando el título de una vieja película que se proyectó en nuestro país hasta recién entrados los setenta (toda una analogía, vamos), los vampiros partidocráticos —expertos en chupar sangre y medias, en ese orden o en el inverso— se aprestan a largarse una vez más a su redituable oficio. Las urnas, abiertas y bien abiertas, los llenarán de glóbulos para reanimarlos en su tarea de destruir el cuerpo exánime de nuestra nación.
        

Y al mismo tiempo que ellos danzan su fúnebre baile, también se mueven los rumores. Que el reajuste de la paridad cambiaria, que las componendas para reformar —¡una vez más!— la constitución. Ya hablan, en su osadía, de los candidatos que asoman para el 2015. Los vampiros, en la noche negra y sin estrellas de la Agathaura presente, afilan colmillos y lustran boletas. Pero nosotros hacemos propias las palabras del Padre Castellani y vamos a regar la semilla mental de la Agathaura futura.
  
  
AUTORIDADES (?) DE MESA
  
Dice así la información aparecida en “Perfil” el pasado 23 de julio:
  
“Las elecciones en la provincia de Buenos Aires suelen sobresalir por los atajos que los diferentes partidos políticos logran tomar para conseguir votos en el territorio con mayor cantidad de electores del país (10.822.005 votantes). En los últimos comicios de 2009, se destacaron las boletas truchas y los candidatos homónimos. Sin embargo, para estas elecciones, a veintidós días de la interna, la Justicia Electoral denuncia una nueva irregularidad.
“Se trata de citaciones falsas para ser autoridades de mesa el 14 de agosto, día de la elección. Esto fue denunciado por el juez electoral Manuel Humberto Blanco, titular del Juzgado Federal N° 1, ante los apoderados de todos los partidos políticos en una audiencia realizada el último miércoles. «Este tipo de cosas no son bromas, es importante que se entienda su gravedad», sostuvo Blanco.
“El presidente de mesa y el vocal (suplente) son las máximas autoridades de la mesa el día del comicio y son designadas por la Justicia Electoral. Su participación implica la imparcialidad ante los fiscales de distintos partidos, ya que debe garantizar la legitimidad de los resultados. En caso de que un espacio político tenga presidentes de mesa propios, sería sencillo hacer fraude y adulterar el resultado de la elección.
“Las convocatorias falsas que comenzaron a llegar a diferentes ciudadanos por correo son hojas membretadas que incluyen impreso el nombre del Poder Judicial de la Nación y el escudo de la Argentina. «Esto no se hace en el kiosco de la esquina», sostuvo Blanco.
“Distintas fuentes judiciales se animaron a ir más allá y coincidieron ante PERFIL: «Por la logística que se necesita para repartir las citaciones y los datos reales que contienen, esto no lo hizo un partido chico, sino que viene del Gobierno».
“«Remitimos a Ud. los datos del lugar de votación asignado, para su constación. Asimismo informamos que en virtud de la ley 25448, Ud. ha sido designado como Presidente de Mesa para los comisios a llevarse a cabo el el próximo 14 de agosto», dicen las citaciones falsas, acompañadas de una imitación de la firma de Blanco”.

  
Ante la floreciente cantidad de denuncias de fraude y reclamos de todo tipo, se removieron para el comicio de mañana una gran cantidad de autoridades, dejando sólo (según manifestaron los periódicos) a los que habían cometido errores no atribuibles a la mala fe o a la desidia. Luego, la conclusión es fácil: los removidos fueron sospechados de mala fe y/o desidia, y de los que quedaron ratificados, hubo errores y omisiones de todo tipo y color.
  
Si diéramos por superado el tema del escrutinio en cada mesa, y pasáramos al momento del conteo que realizará la empresa española Indra, debemos recordar que tuvo denuncias en varios países por manipulación fraudulenta de datos. Pero dicha manipulación no es gratis, no desesperemos. Según información hecha pública el pasado 11 de mayo, el costo de este servicio (servicio, ¿para quién?, preguntaría el Gobernador Sancho a Pedro Recio) asciende a sólo 134.420.000 pesos, suma que fue aceptada “por resultar su oferta admisible y conveniente”.
  
Sólo a efectos de hacer una mínima comparación de costos, una empleada de un centro de apoyo escolar de Lanús, donde se ofrece a los niños asistentes el servicio de comedor escolar, le contó a quien esto escribe que, a partir de 2010, había sido reducida la cantidad de fruta que corresponde a cada niño, “para abaratar gastos”. La ración, entonces, es ahora de media mandarina por niño. Tal vez, destinando algo de los $ 134.420.000 asignados a Indra los pequeños de Lanús —y tantos otros— podrían recibir uno que otro gajo más en su menú diario.
  
  
BOCAS DE URNA: PRIMEROS RESULTADOS
  
A pesar de las restricciones “a lo Moreno” para dar a conocer tendencias y números, casi podríamos aseverar que, luego de las 18:00, abiertas ya las nefastas cajas receptoras de papel antihigiénico, es muy probable que del recuento surjan estos números:
  
Mejoría del salario de los trabajadores: 0.
Dignificación de los jubilados y pensionados: 0.
Incremento de la seguridad ciudadana: 0.
Instauración de una política a favor de la gente común: 0.
Eliminación de la corrupción: 0.
Equipamiento de hospitales y centros de salud varios: 0.
Solución del problema del transporte: 0.
Empleo genuino para los argentinos: 0.
Fomento de la moral ciudadana: 0.
Defensa de la religión: 0.
Educación de la población: 0.
  
Los políticos de turno saludarán desde sus búnkers, o se esconderán en ellos, de acuerdo a los números que les susurren sus allegados. Sospechamos que si la Argentina se restaurase en Cristo, de caer los políticos en un búnker en serio, serían ajusticiados en forma expeditiva, segura y profiláctica, sin margen de error ni demoras en conteos innecesarios.
  
  
DECLARACIONES SORPRENDENTES
  
“Nos parece monstruoso que la suerte de España tenga que jugarse cada bienio al azar de las urnas. Que cada dos años entablemos la trágida partida en que, a golpe de gritos, de sobornos, de necedades y de injurias, se arriesga cuanto hay de permanente en España y se hiende la concordia de los españoles. Para una larga labor colectiva queremos el Frente Nacional. Para una domingo de elecciones, para la vanidad de unas actas, no. Esta coyuntura electoral no representa para nosotros sino una etapa. Confiamos en que, una vez vencida, no quedaremos solos en la empresa que estos renglones prefiguran. Pero solos o acompañados, mientras Dios nos dé fuerzas, seguiremos, sin soberbia ni decaimiento, con el alma tranquila, en nuestro menester artesano y militante”.
  
No lo dijo un candidato, claro. Esto pertenece a José Antonio Primo de Rivera, y fue expresado el 12 de enero de 1936, antes de las elecciones en las que triunfara el Frente Popular, prologómeno de la Cruzada que liberó a España de la democracia y tantos otros males subsidiarios.
  
Lo que es monstruoso para la madre, lo es también para su hija. A iguales causas, iguales consecuencias.
  
  
ENVÍO
  

  
Otros son los votos que nos importan.
  
Siempre jamás nuestra Nación creyente
jura ante Dios su pabellón seguir:
sólo ante Ti su pudorosa frente
inclinará, sus votos a cumplir.
  
Salve, divino Foco de Amor: ¡Salva al pueblo argentino, Sagrado Corazón!
  
Que así sea.
  
Álvaro Manuel Varela
           

lunes, 13 de diciembre de 2010

Mirando pasar los hechos

DE SOLDATI A PARTIGIANI
         
NOTICIAS TOPS             
                 

Los últimos acontecimientos deben cambiarle el nombre al TOPS, Teatro de Operaciones del Porteño Sur: Soldati (soldados en el idioma del Duce) ha mutado en Partigiani, esto es, partisanos de la más variopinta procedencia.
             
Las informaciones hablan de bandas de narcos que tratan de “unir” diferentes villas para armar una ciudad de la droga en miniatura: es decir, una ciudad de paco-tilla. Otras especies remiten a andanzas de punteros políticos y avanzadas de ejércitos emergentes (bolivarianos, senderistas, y demás escoria) que planearon un pezzo di bravura (recordemos lo de partigiani) que lograra tomar los asentamientos legales de las madres de terroristas, para distribuir entre grupos de marginales y extranjeros indocumentados; así, el blanco serían ciertas unidades habitacionales por las cuales se lamentaba el parricida Schoklender, hijo de la gran Gorda (madre a la cual todavía no mató. Démosle tiempo), entre hipidos y pedidos de desalojo inmediato de los ahora llamados okupas, antes conocidos como delincuentes a secas.
                
Entre tanto, se suman los revendedores de lotes públicos, los cartógrafos tiralíneas y armadores de carpas, la claque de mujeres y niños ocupados en tirar piedras de regular tamaño a la policía, los manifestantes de la izquierda siempre combativa contra todo orden y sentido común, los periodistas que dan micrófono a los asaltadores de cualquier parapeto y las Vilmas Ripolls que pululan (como todo corpúsculo de su especie) dentro de los estudios de televisión, a buen resguardo de las balas, para seguir con su delirio que les sirve para volver a postularse en algo y sacar el 0,02% de los votos.
                   

Mientras todo ese fermento subversivo se va cocinando —a fuego… de tumbera— los oscuros representantes de la delincuencia avanzan sobre los terrenos públicos, invadiendo lo que no los pertenece y reclamando airadamente lo que no piensan conseguir de buena forma. Estos partisanos indoamericanos, atacadores de policías y camilleros del SAME, incendiarios y reclamadores de agua después, permanecen en terreno ajeno gracias a la ausencia del Estado, más afecto a organizar festivalitos de rock (a falta de Sting, buenos son los charlysgarcías o leonesgiecos del subdesarrollo… auditivo) que a hacerse cargo de la situación.
          
            
LO QUE NO SE DICE           
                 

Mientras se armaba semejante merienda de negros (como dicen en España), Elisabeth Wilhelm se dejaba ver entre Scilla y Caribdis. Rodeada de mamá Hebe y abuela Carlotto, hablaba de los izquierdos humanos como si viviera en un tranquilo suburbio de Estocolmo, y prometía cargos nuevos para Nilda Garré, como si ésta no hubiera demostrado ya con suficiencia y aplomo su asombrosa inutilidad para toda acción positiva.
             
Mas aunque haga uso y abuso de la Cadena Nacional para decir toda suerte de banalidades, lo que no se dice es esto: que la función más perentoria para el Gobierno es durar a toda costa, aunque sea a fuerza de dinamitar el futuro de la Nación. No se dice que se demora en actuar en todas las situaciones que lo requieren en la Capital del Estado, sólo para perjudicar al meteco Mauricio, para lograr su desgaste a fuerza de la exasperación de los porteños. No se dice que la inflación se ha disparado más aún que la inseguridad, porque sería reconocer que el Gobierno es tan inútil como la Garré. No se dice que la situación financiera es delicada y que ya ni dan abasto para seguir acelerando la fabricación de billetes, que ahora importamos desde Brasil, porque con el alza de los precios no alcanza el papel moneda. Pero se intenta demorar la aparición del billete de $ 200 porque sería la demostración palmaria de que lo que palmó fue la economía, en manos de una marioneta de sugestivo nombre (Amado Boudou), que ya hizo sus primeras fintas para volver al Fondo. Y al fondo y a la derecha, suele estar siempre la letrina.
                 
                 
SECCIÓN CHARLAMENTO                
                  

Si fijamos la vista sobre la mal llamada Plaza de los Dos Congresos (y está mal porque no se llama así, sino Plaza Congreso: ni la Nación más ubérrima resistiría duplicar su dotación de congresistas), notaremos que entre pelea y pelea (resueltas a discursos, insultos y hasta algún que otro cachetazo insuficiente), cuando los “honorables” deciden “dar quorum” —es decir, hacer lo que supuestamente están obligados por mor de su elección— según convenga o no a sus intereses partidistas, nunca nacionales, la situación es a pesar de todo tranquila. Este ya casi fenecido 2010 fue el año en el cual menos leyes fueron aprobadas, con menos sesiones y menos —por ende— trabajo para “beneficiar” al pueblo. Recordemos, como al pasar, que el diputado Néstor Carlos Kirchner (con mandato cumplido, felizmente; revista ya en Seccional Averno del Frente para la Victoria… de Satanás) apenas si asistió a una votación. La del putimonio, ese engendro que volvió a unir —como casi siempre, vamos— al Cardenal Primado con los protestantes en un pedido común. No, no fue la recordación de la Noche de los Cristales, fue el pedido de que las familias “tuvieran mamá y papá”. Kirchner fue, votó a favor del putimonio y pocos días después seguramente habrá tenido que esmerarse para justificar eso.
         
Ahora bien: Usted podrá decirme, con más que justa razón, “¿pero por qué uno debería fijar la vista sobre la mal llamada Plaza de los Dos Congresos?” Es cierto. Pero aunque sea hagámoslo por estar en tiempo de penitencia, el morado Adviento.
                  
                     
PERO POR QUÉ NOS TRATAN ASÍ                  
                   

Sin embargo, nos tratan como nos ven. En medio de panorama tan negro, muchos argentinos se enfervorizan… por ver quién gana la final del campeonato de fútbol, o quién entra a jugar la Copa Libertadores, o siguen con pasión las estupideces televisivas de cuanta sentina bailantera se propague por televisión. Un pueblo que ha consentido en nutrirse con elevadas dosis de Aníbal Pachano, Ricardo Fort, Tinelli, Rial, y otros de impronunciable apellido, es un pueblo que gusta de ser intoxicado. Nos tapa la bosta, en ambas categorías: la Bosta-fini y la bosta-gruesa de caballos, esta última no tan repulsiva con la anterior. Tal vez por esta causa el Gobierno, en estas horas, ha decidido tomar una medida acorde con los tiempos que corren: “El titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), Gabriel Mariotto, anunció que entre mayo y junio del año próximo se lanzará un nuevo sistema de medición de audiencia gratuito…” Es decir, se preocupan por ver quién ganará el rating televisivo. ¿Pondrán al frente de estos auditores a la capacitada gente del Indec?
             
Pobre Patria, que tantos años después de la muerte de su Profeta, el Padre Castellani, sigue igual a como este prócer la describiera:
              
“Un país que no sabe bien adonde tira,
un país que mira bizco cuando mira,
un país que ha consentido que lo nutran de mentira
(…)
Pobre patria en manos de hombres tenderos o charlatanes.
¡será posible que hayan muerto ya todos tus capitanes!…”
               
                   
Esperemos que no, querido Padre: pídale a Dios que nos suscite a un Restaurador como el que ya tuvimos. Pero —eso sí— al menos, el que “mira bizco cuando mira” ya fue apagado desde arriba. Libres ya de tales ojos infames, sepamos nosotros tener ojos mejores para ver la Patria.
         
Álvaro M. Varela
                      

domingo, 20 de julio de 2008

En la semana del Alzamiento Nacional (II)


¡OIGAN, SEÑORES!
LA IGLESIA HA HABLADO

Cedan su lugar nuestras palabras, en el aniversario que estamos recordando, a las que fueron proferidas y escritas por los hombres de la Iglesia: comenzando por el Santo Padre, el Papa Pío XI, quien regía los destinos de la barca de Pedro cuando comenzó la Cruzada, pasando luego por la de los Príncipes de la Iglesia, los Obispos y los sacerdotes.

Pocos meses después del Alzamiento Nacional, Su Santidad Pío XI, en su encíclica “Divini Redemptoris” (del 19 de marzo de 1937) se refirió a los estragos que el comunismo estaba perpetrando en las tierras de Santa Teresa y San Ignacio: “…en nuestra queridísima España, el azote comunista no ha tenido aún tiempo de hacer sentir todos los efectos de sus teorías, se ha desquitado desencadenándose con una violencia más furibunda. No se ha contentado con derribar alguna que otra iglesia, algún que otro convento, sino que, cuando le fue posible, destruyó todas las iglesias, todos los conventos y hasta toda huella de religión cristiana, por más ligada que estuviera a los más insignes monumentos del arte y de la ciencia. El furor comunista no se ha limitado a matar obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, buscando de modo especial a aquéllos y aquéllas que precisamente trabajaban con mayor celo con pobres y obreros, sino que ha hecho un número mayor de víctimas entre los seglares de toda clase y condición, que diariamente, puede decirse, son asesinados en masa por el mero hecho de ser buenos cristianos o tan sólo contrarios al ateísmo comunista. Y una destrucción tan espantosa la lleva a cabo con un odio, una barbarie y una ferocidad que no se hubiera creído posible en nuestro siglo. Ningún particular que tenga buen juicio, ningún hombre de Estado consciente de su responsabilidad, puede menos de temblar de horror al pensar que lo que hoy sucede en España tal vez pueda repetirse mañana en otras naciones civilizadas”.

Todavía no era sino el comienzo de la persecución, y el horror ya se desencadenaba ante los ojos del Sumo Pontífice:


“…esto es lo que, por desgracia, estamos viendo; pro primera vez en la historia, asistimos a una lucha fríamente calculada y cuidadosamente preparada contra todo lo que es divino. El comunismo es, por naturaleza, antirreligioso, y considera la religión como el «opio del pueblo», porque los principios religiosos que hablan de la vida de ultratumba desvían al proletariado del esfuerzo por realizar el paraíso soviético, que es de esta tierra…”

El comunismo es “intrínsecamente perverso”, según definición papal en la misma encíclica, hasta tal punto que “no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, quienes deseen salvar la civilización cristiana”. Es la suma de todos los errores y herejías, y se había instalado en España de la mano de la República. ¿Quién lo dice, hoy, cuando los principios democráticos han inficionado a la Santa Madre Iglesia? ¡Ah, silencio de los culpables! Pero no siempre fue así: los perros mudos de hoy nada tienen que ver con los Pastores que clamaban ayer para alertar a sus ovejas.

¿Qué proclamaban en tan alta voz? La licitud del Alzamiento del 18 de Julio. Aquellos tres requisitos morales enunciados por el Aquinate (causa grave, posibilidad de victoria, superación de los males con los bienes de la victoria), las nueve razones de la legitimidad del alzamiento armado de Jaime de Balmes (si el poder abusa escandalosamente de sus facultades, si persigue la religión, si ultraja el decoro público, si menoscaba el honor de los ciudadanos, si exige contribuciones ilegales y desmesuradas, si viola el derecho de propiedad, si enajena el patrimonio de la nación, si desmembra a las provincias, si lleva a los pueblos a la ignorancia y a la muerte), todo estaba ya consumado.

España entera tembló, y bajo su cielo oscurecido por la invasión de los tras el silencio de la muerte, se abrieron las piedras de los sepulcros y renació el Cid, para campear por sendas y caminos. España guerrera, España santa, España nuestra, España de pie para marchar hacia el Padre, entre voces de héroes y santos.

Marzo de 1937. Habló Monseñor Leopoldo Eijo y Garay, Obispo de Madrid-Alcalá, con su pastoral La hora presente: “España tenía el derecho y el deber de rebelarse contra una autoridad prostituida y usurpadora, antinacional y anticristiana, tiránica y delincuente”.

Usurpadora, porque se arrogaba el título de autoridad legítima, sólo por una ficción falsificadora de la realidad política del país; prostituida, porque subvirtió la misión augusta de la autoridad, con ponerse al servicio exclusivo de una plebe desbordada en odios, en envidias y afanes de venganza; antinacional, porque se vendió a los intereses judaicos de la Rusia soviética; anticristiana, porque negó a la Religión Católica, la profesada por la casi totalidad del pueblo español, derechos que le son fundamentales, nativos e inalienables y el pacífico ejercicio de muchos de sus cultos sagrados; tiránica, porque oprimió con cruel violencia las libertades más naturales, aquellas, precisamente, que formaban con España un todo consustancial; y delincuente, porque consintió, sin reparación y sin castigo, y aún fomentó su protección oficial, los más horribles desmanes de sus partidarios y las más crueles vejaciones, cometidas contra indefensos ciudadanos, y llegó hasta a acudir al asesinato y a las penas más aflictivas para eliminar a los hombres más conspicuos de la España buena y cristiana (…) Cuando la sustancia de la legalidad es la injusticia, no le queda a la conciencia y a la acción más recurso que buscar la justicia en la legítima ilegalidad”.

No era ésta, claro, la primera voz. Ya en 1934, habló el canónigo magistral de la catedral de Salamanca, Castro Albarrán, quien publicó “El derecho a la rebeldía”; luego dijo: “El Movimiento armado español contra el poder tiránico que oprimía a España era un árbol robusto que brotaba de la raíz ardiente del santo Derecho a la Rebeldía” (“El derecho al alzamiento”, págs. 15 y 16).

Habló el Obispo de Zamora, Monseñor Arce Anchorena, el 20 de enero de 1937, afirmando que: “Cuando falta la paz en todas sus formas, en todas sus facetas y en todas sus significaciones, la paz religiosa, ¿qué otro sentido más hondo e incoercible e imperioso puede sentir una sociedad perfecta y soberana que el de reacción violenta, por la vía de las armas, para recuperarla?”

Habló el dominico Ignacio Menéndez-Reigada, quien calificaba al gobierno republicano de “ilegítimo en su origen y usurpador injusto del Poder”, “traidor a la Patria y a la nación”, “enemigo de Dios y de la Iglesia”, por lo que “el alzamiento en armas contra el Frente Popular y su Gobierno es, no sólo justo y lícito, sino hasta obligatorio, y constituye por parte del Gobierno Nacional y sus seguidores la guerra más santa que registra la historia”. Aún iba más lejos, al afirmar: “…debilitar el esfuerzo (del Gobierno Nacional), o mermar su poder, o entorpecer su actuación podría considerarse como traición a la Patria, infidelidad a la religión y crimen ante la humanidad” (“La guerra nacional española ante la Moral y el Derecho”, págs. 7 y ss.).

Habló el R.P. Juan Martínez, enseñando que si bien es condenable la insurrección contra el poder legítimo y justo, ante la “usurpación tiránica” de la República, “…cualquier heroico ciudadano que inicie el movimiento militar realizará un hecho religioso y altamente patriótico, digno de ser recompensado por la nación, y sobre todo por el Altísimo” (tomado de “¿Cruzada o rebelión?”, págs. 23 y ss.).

Aquí está la palabra clave. Cruzada. La Undécima Cruzada, la iniciada por el General Franco en África, para más datos. Cruzada porque en ella se enfrentaban, no dos políticas, sino dos modos de ver y entender la vida. La Fe contra quienes la quisieron (y quieren) exterminar.

Hablaron claro, definiendo al enemigo, los Obispos Monseñores Olaechea y Múgica (de Pamplona y Vitoria, respectivamente), en su pastoral conjunta del 8 de agosto de 1936: “ese monstruo moderno, el marxismo o comunismo, hidra de siete cabezas, síntesis de toda herejía”, tal era el oponente.

También habló el Cardenal Isidro Gomá y Tomás, cuando nos presentaba al enemigo en su pastoral El caso de España, del 24 de noviembre de 1936: “la guerra es un castigo por el laicismo y la corrupción impuesta al pueblo desde las alturas políticas, por la propaganda de los malos políticos”. Y agregaba: “…masones envenenaron el alma nacional con doctrinas absurdas, con cuentos tártaros y mongoles convertidos en sistema político y social en las sociedades tenebrosas manejadas por el internacionalismo…”

Habló Monseñor Enrique Pla y Deniel, el 30 de septiembre de 1936, con su pastoral Las dos ciudades. Luego de presentarnos el problema, nos aclara qué es en realidad esta pretendida guerra civil: “En el suelo de España luchan hoy cruentamente dos concepciones de la vida, dos sentimientos, dos fuerzas que están aprestadas para una lucha universal en todos los pueblos de la tierra… Comunistas y anarquistas son los hijos de Caín, fratricidas de sus hermanos, envidiosos de los que hacen un culto a la virtud, y por ello los asesinan y martirizan”. Después, estas rotundas afirmaciones lo redondeaban todo: “Reviste, sí, la forma externa de una guerra civil, pero en realidad es una Cruzada. Fue un sublevación, pero no para perturbar, sino para restablecer el orden”, “…una Cruzada por la Religión, por la Patria y por la Civilización”, “…una Cruzada contra el comunismo para salvar la Religión”.

¿Más palabras episcopales? El Obispo de Valladolid también habló de Cruzada; el de Granada: “nos encontramos en un nuevo Lepanto”; el de Córdoba: “…la Cruzada más heroica que registra la historia”.

Habló además el R.P. Félix G. Olmedo, S.J., quien fue contundente: “Esta guerra es ante todo, religiosa, la más religiosas de todas las españolas, que es decir de todas las guerras habidas y por haber, porque los enemigos con que ahora luchamos son los mayores que ha tenido ni puede tener la Iglesia; pues los turcos, los moros, los judíos y los protestantes, con los que tuvimos que luchar en otro tiempo, tenían al fin y al cabo su religión. Los mismos demonios del infierno, aunque no reconocen la soberanía de Dios, creen y tiemblan delante de Él. (…) Pero estos enemigos de ahora son peores que los mismos demonios, pues no sólo no tienen religión alguna, sino que tratan de destruir el fundamento d todas y de todo el orden moral y religioso, negando la existencia de Dios” (“El sentido de la guerra española”, págs. 18 y 19).

Con más énfasis aún habló el canónigo Castro Albarrán en “Este es el cortejo…” Allí, en la pág. 259, encontramos su grito: “¡Guerra Santa! ¡La más santa de todas las guerras! Dios se ha hecho generalísimo nuestro…”

Casi las mismas palabras habían salido de la boca del Cardenal Primado Isidro Gomá, cuando se refería, en 1936, a “…esta Santa Cruzada, la más santa que han visto los siglos…”

Nuestro Cardenal siguió hablando, tiempo después, en Budapest, ante un grupo de españoles, el 28 de mayo de 1938, cuando ya comenzaba a presentirse la primavera victoriosa: “Efectivamente, conviene que la guerra acabe. Pero no que se acabe con un compromiso, con un arreglo ni con una reconciliación. Hay que llevar las hostilidades hasta el extremo de conseguir la victoria a punta de espada. Que se rindan los rojos, puesto que han sido vencidos. No es posible otra pacificación que la de las armas. Para organizar la paz dentro de una constitución cristiana es indispensable extirpar toda la podredumbre de la legislación laica. (…) son las bocas de los sacerdotes asesinados las que se abrirán para morder a sus asesinos”.

También habló de las faltas que debían ser satisfechas el R.P. Olmedo, al dictaminar que: “…El castigo tiene un doble carácter de pena y corrección; es como una operación quirúrgica que hace Dios a un pueblo para curarle de una grave enfermedad, en que había voluntariamente caído. Podría Dios curarle sin dolor, pero entonces no quedaría satisfecha su justicia ni la cura sería tan eficaz” (op. cit., pág. 48).

Con similares conceptos habló el Padre Menéndez-Reigada, O.P.: “Una paz blanca y… ¡todos contentos!… ¡Ah, no, y mil veces no! Eso sería dejar infecunda la sangre de tantos mártires, hacer traición al sacrificio de tantos héroes, renegar de nuestra estirpe y hacer que España siguiese arrastrando una existencia vergonzosa como en los tiempos que han precedido a este resurgir glorioso, dar tregua al enemigo para rehacerse y preparar mejor sus medios de combate, haciendo que España fuese rodando de abismo en abismo hasta que ya fuese imposible todo remedio” (op. cit., pág. 18).

Nótese cuántas veces aparece la palabra “habló” en este texto. Es que, con machacona reiteración, una y mil veces se pronunció la Iglesia sobre la Cruzada. Y aún no hemos citado el documento más extenso: la Carta colectiva del Episcopado español, fechada el 1º de julio de 1937.

Inspirador de esta conocidísima carta ha sido el Primado de España, conocido ya por todos como el Cardenal de la Cruzada, Isidro Gomá y Tomás. En ella, se analizaban las históricas razones de peso esgrimidas por la Jerarquía española de 1936, en base a las cuales, y por exigencias ineludibles de su ministerio pastoral y patriótico, declararon Cruzada Nacional a la mal llamada guerra civil, y condenaron con energía, claridad y justicia, los crímenes de la zona roja.

“Esta es la posición del Episcopado español, de la Iglesia española, frente al hecho de la guerra actual. Se la vejó y persiguió antes de que estallara; ha sido víctima principal de la furia de una de las partes contendientes y no ha cesado de trabajar, con su plegaria, con sus exhortaciones, con su influencia para aminorar los daños y abreviar los días de prueba.

“Y si hoy, colectivamente, formulamos nuestro veredicto en la cuestión complejísima de la guerra de España, es, primero, porque aún cuando la guerra fuese de carácter político o social, ha sido tan grave su repercusión de orden religioso, y ha aparecido tan claro, desde sus comienzos, que una de las partes beligerantes iba a la eliminación de la religión católica de España, que nosotros, Obispos católicos, no podíamos inhibirnos sin dejar abandonados los intereses de Nuestro Señor Jesucristo, y sin incurrir en el temendo apelativo de canes muti, con que el Profeta censura a quienes debiendo hablar callan ante la injusticia (…)

“La revolución fue esencialmente «antiespañola». La obra destructora se realizó a los gritos de «¡Viva Rusia!», a la sombra de la bandera internacional comunista. Las inscripciones murales, la apología de personajes forasteros, los mandos militares en manos de jefes rusos, el expolio de la nación en favor de extranjeros, el himno internacional comunista, son prueba sobrada del odio al espíritu nacional y al sentido de patria (…)

“Ayudadnos a orar, y sobre nuestra tierra, regada hoy con sangre de hermanos, brillará otra vez el iris de la paz cristiana y se reconstruirá a la par nuestra Iglesia, tan gloriosa, y nuestra Patria, tan fecunda”.

Hablaron todos. Su voz sigue resonando firme, clara, con la sonoridad sublime de la verdad y la razón.

Sin embargo, ya no se habla tanto; salvo la Iglesia del Concilio, que lo hace para pedir vergonzosamente perdón por la defensa que la verdadera Iglesia, ayer como hoy, hace de la causa de Cristo.

Un eco de aquella voz inconfundible, la que las ovejas reconocen como proveniente del Buen Pastor, pudo escucharse todavía por los años '80. No era la de un Obispo español, sino francés. Él habló también de continuidad y martirio:

“Hago votos por España, por la Iglesia, por renovar lo que hicieron los mártires españoles de 1936, por continuar su obra y el magnífico ejemplo que nos dieron. No hay que perder la riqueza de la sangre de los mártires que fue derramada por el bien de España y de la Iglesia” (Monseñor Marcel Lefebvre, conferencia en Madrid, el 28 de octubre de 1986).

Fue este mismo Arzobispo quien, seis años antes, el 19 de abril de 1980, había señalado también en Madrid: “España ha sido, a lo largo de la historia, un apoyo considerable para la Iglesia y un ejemplo de fidelidad a Roma, a la Roma católica. Los gobernantes españoles, salvo algunas excepciones, han sabido sostener siempre el catolicismo. De aquí el odio especial que han sentido los enemigos del catolicismo hacia España y las campañas reiteradas que han suscitado contra ella. Un buen ejemplo de esto fue la Guerra Civil de 1936, que estuvo destinada a someter a España a la dictadura del comunismo. Gracias a Dios, surgió un hombre providencial que evitó que España sucumbiera”.

Es que el providente Dios, que se ha hecho generalísimo nuestro, con su infinita misericordia, nos había regalado otro generalísimo para que fuera nuestro Caudillo tras ganar la Cruzada, cuando España fuese ya libre de látigos, chekas, tanques, hoces y martillos. Como lo cantaba el poeta Manuel de Góngora:
“Rusia torva y helada
—látigo y cheka, tanque y servidumbre—
¡quédate en tus estepas sepultada!,
déjame estar a mi española lumbre.
Frente a tu Plaza Roja, mi Alcázar toledano,
frente a tu descreimiento, mi crisma de cristiano;
y frente al agrio gesto de tu hoz y tu martillo,
la generosa y franca sonrisa del Caudillo”.
Álvaro M. Varela