crónicas flamencas en la prensa de siglos pasados

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sábado, 26 de julio de 2014

Repentistas, troveros, improvisadores, 1840

7 comentarios:
Tuve la suerte hace unos días de compartir de nuevo con Alexis Díaz Pimienta, repentista mayor de Cuba, con motivo de un maravilloso concierto que nos regaló Raúl Rodríguez en Etnosur. Recordé entonces que hace un tiempo encontré una noticia de 1840 en la que se hacía referencia a los 'improvisadores' andaluces. Por si fuera de interés para alguno de ustedes la subo aquí.

Los improvisatori napolitanos. El Instructor 6/1840

miércoles, 24 de abril de 2013

La Matraca

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Si la afición flamenca escucha la palabra 'matraca', enseguida viene el son de aquellas deliciosas alegrías que nos legó el gran Antonio El Chaqueta
un torito de Contreras*
le hizo bailar la matraca
al marqués de la Torrenueva**
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¿Cómo sería aquella matraca? Por la letra un baile movidito, revoleao, ¿saltarín? La primera noticia, hasta la fecha, la encontramos en el El Mercurio Gaditano de 1814
Mercurio Gaditano 19/6/1814
En los teatros de Cádiz se mantuvo durante más de diez años, casi siempre interpoladas en unas boleras. El Diario de Madrid en 1815 la anuncia en la corte
Diario de Madrid 31/1/1815

A partir de entonces las boleras de la matraca o intermediadas con esa canción se mantiene también en los carteles madrileños durante más de una década.
En 1831 aparece en Madrid sin el bolero y con un nuevo apellido ¡¡la Matraca gitanesca!! por tres parejas
Diario de Avisos de Madrid 18/12/1831

Ortiz Nuevo en su magnífico Tremendo Asombro rescata la siguiente noticia aparecida en el Diario de La Habana del 13 de Marzo de 1836:
Teatro del Diorama... la acreditada “gaditana” que tan aplaudida fue en la anterior función por la propiedad y gracia con que desempeñó su baile, complaciendo al público con volver a salir a la escena para repetirlo, ofrece para esta tarde el de LA MATRACA EN LA CALETA DE CÁDIZ en el cual se lisonja de que con dificultad podrá mejorarla otra de su sexo.
Desconocemos quien era la gaditana citada pero ahí está esa matraca caletera y viñera.
En un artículo titulado Coplas de Ciego publicado en marzo de 1840 podemos leer otra matraca La matraca del estudiante (probablemente esta: Matraca en jocoso estilo, en que una dama disuade con razones la persuasión del amor de un Estudiante, y respuesta de él en solíloquios mui graciosos, que aparece en un libro sin fecha publicado en la primera mitad del XIX en el Puerto de Santa María).


Fray Gerundio 31/3/1840
De nuevo nos asiste el poeta Ortiz. En La Habana el periódico La Prensa del 4 de enero de 1843 anuncia:
Teatro Principal Gran función para el jueves 5 a beneficio de doña Marietta Gozze, primera bolera de los teatros de La Habana... Tonadilla, Los Majos del Rumbo por la interesada y su esposo, en las que bailarán las coplas de la Matraca.
Y en 1843 La Patria habanera del 26 de mayo nos habla de la Chachucha amatracada, que es algo así como decir, por ejemplo, la bolera jaleada:
… como siempre han gustado mucho los bailes de la península y nuestros parisienses se han manifestado muy complacidos de saber a que atenerse acerca de ciertos pasos nacionales: La Cachucha Amatracada, baile gracioso y lleno de vida ha proporcionado muchos aplausos a Mdm. Sebastiana Flores…
Género gitanesco, gaditano,  ¿Por cantiñas? ¡¡Viva Don Antonio Fernández de los Santos, para el arte El Chaqueta!!
Antonio Barberán me remite a otra versión de la letra, cantada por El Gallina que habla de los toros de Correa o no de Contreras. Guillermo Botto da incluso una fecha en el XIX donde ocurrió el narrado suceso que no hemos podido cotejar.
** De todos modos la casta de Contreras, que se funda en 1907, y Carlos de la Lastra Romero, marqués de Torrenueva fue alcalde de Sevilla en 1914, la copla podría aludir a algún hecho de aquellos primeros años del XX en la versión de El Chaqueta. Dos sucesos, dos letras. No sería la primera vez. Aunque he dedicado unas horas a buscar el de Contreras y nada.

sábado, 13 de abril de 2013

Jaleo malagueño para cantar la caña, 1840

2 comentarios:
La relación entre cañas y polos con Málaga se remonta según los datos que tenemos a aquel polo de Ronda, al polo nominado de Tobalo, a la idéntica salida del polo natural y la llamada rondeña malagueña ('Carmona tiene un fuente' vs 'Navegando me perdí'). Algo podría haber tenido que ver la estancia de Antonio Monge El Planeta en Málaga desde 1836, amén de otras curiosidades como la bellísima jabera del Negro que, con letra clásica de caña, registró El Mochuelo en 1907.


El aire de jaleo fue contagiando a todo el que a él se arrimaba, cañas y polos no fueron menos y en 1840 en Málaga parece que ya se practicaba la 'moda' de jalear la caña. El dramaturgo malagueño Tomás Rodríguez Rubí publicó en 1840 (25 y 31 de mayo) bajo el título Costumbres andaluzas un pequeño relato donde menciona un jaleo de aquellos buenos de Málaga... tocado por un tal Lucas Moreno que con dulce voz entonó una tiernísima caña. Ficción o realidad ahí están los nombres, los estilos y sus variantes. Más madera para el tema jaleo-soleá, donde vuelve a aparecer Málaga, la cantaora.


Semanario Pintoresco Español 24/5/1840

Algún parecido tuvo que tener con este Jaleo de Málaga que se bailaron Sojuela y Guerrero en 1859 en Valencia dentro de la obra El Perchel de Málaga, con rondeña, zapateado, guaracha y soledad por los mismos y toda la sección del cuerpo de baile

Gran función para el miércoles 30 de noviembre de 1859

sábado, 21 de abril de 2012

Controversias, puntos guajiros en 1840

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Jacinto de Salas vio publicado su libro Viajes. Isla de Cuba en 1840. En él menciona las décimas que improvisaban tres cantadores al modo del trovo alpujarreño, vivo aun hoy en el punto que se practica en La Palma canaria y por supuesto en Cuba y buena parte de los países hispanoamericanos. He aquí el antecedente de la guajira flamenca.
En la antigua Casa de la Trova de Santiago de Cuba pudimos vivir en 1990 una escena casi idéntica a la aquí descrita (incluidos los elogios alambicados con que nos colmaron en aquella ocasión).
En el video de youtube los maestros Justo Vega y Adolfo Alfonso nos deleitan con una ya clásica controversia.

lunes, 17 de octubre de 2011

El Polo Jaleador

1 comentario:
En el suplemento al Genio de la Libertad del viernes 24 de enero de 1840 Bretón de los Herreros publicó un poema titulado El baile, del que extraemos un fragmento donde se menciona el carácter de algunos géneros, entre ellos el autor llama la atención sobre los bríos del bolero, el salero del fandango y el polo jaleador, padre natural de la soleá, popularizado, entre otros, por Antonio Monje Rivero 'El Planeta', gaditano afincado en Málaga, como nos ha hecho saber Manuel Bohórquez. Probablemente la soleá se desprendió de este polo jaleador (tal y como ocurrió medio siglo después con las bulerías a partir de los cantes de remate o chuflas que se hacían en las alegrías de baile). El polo se hizo jaleo de la soledad y a partir de los años cincuenta del XIX será canto de soledad. Baile que se fue palante para transformarse en el centro neurálgico de la expresión musical del flamenco.

martes, 18 de enero de 2011

1840 Serenatas y cantes de rondar

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En un folletín que apareció en el diario gaditano El Tiempo en 1840 nos encontramos con algunas pistas sobre el flamenco de antaño. Corren los años que Silverio contaba diez añitos y ocho faltaban para que naciera El Mellizo. Ora aparece el moro gemidor, ora la voz chillona, la guitarra punteada o las boleras del Ay de mí, cómo no La Viña, el gallego del Corralón y el montañés, el baile de candil y el polo de Tobalo. El baile a compás de castañuelas, y las palmas, la caña 'fatigas me dan de muerte', el estrepitoso tango y... la paz entre los perros del barrio. Tiene miga, habría mucho que hablar al respective (que diría Manquiñas). Saludos y gracias por comentar. 
                                                Las Serenatas
Sucede sin embargo a las serenatas lo propio que acontece a todas las demás cosas de este mundo; la abundancia las abarata considerablemente, y todavía me acuerdo de que el anterior verano con aquello del convenio de Vergara no teníamos en Cádiz hora segura, a términos de que fuimos contados los que no participamos del honor de oír soplar un clarinete bajo nuestras humildes ventanas; es decir, que las serenatas, salva la comparación, son como los damascos; al principio es postre de gente rica, pero después no hay gallego del corralón que por seis maravedís no se harte a su placer de simiente de tercianas.
Pero no todas las músicas nocturnas hacen alarde de esta tendencia política que acabamos de hablar; haylas entre ellas de muy diferentes especias, si bien todas convienen en el principio de no dejar dormir al prójimo; principio por más señas altamente agresor y que se opone del modo más terminante al sosiego público. Enciérranse  en la primera de estas especies las músicas asestadas contra el sexo femenino, y de las que solemos participar, bien a pesar nuestro, los que componemos la porción varonil y antifilarmónica de la vecindad, no sin decirles allá con Góngora:

 Hay moro más gemidor
Que el eje de una carreta;
Pues no soy tu mora yo
No me quiebres la cabeza
La materia primera de esta clase de serenatas la constituye una guitarra primorosamente punteada, a la que se une de vez en cuando tal cual voz atiplada y chillona… y que si a dicha no llegan a atravesarse las boleras del Ay, ay de mí, o cosa por el estilo.
La segunda clase de serenatas es un punto más baja que la anterior. El protagonista es tocador del barrio, reconocido por tal en toda la Viña, y con nombramiento en debida forma refrendado por cuantos caseros presiden en bailes de candil. No suele dedicarse esta música a casas ni personas determinadas, solo es privilegio que acostumbra a tener el montañés de la taberna de su devoción ante cuyo postigo acontece de vez en cuando el que se detenga la ambulante comparsa para echar su polo de Tobalo, saludando así a la bota de manzanilla, que es en aquel punto la única señora de sus pensamientos. Camina delantero el tocador tañendo su guitarra con acompasados rasgueos y no menos ufano que pudo estarlo Ecio al entrar triunfante en Roma; media docena de mozas provistas de sendas castañuelas que agitan a compás, marchan alrededor suyo, como las horas en torno del carro del Sol: diez o doce mozuelos y otras tantas hembras de respeto, con la correspondiente garrapata de chiquillos, siguen detrás de la parte artística tocando las palmas en acompasado sonsonete y haciendo a su debido tiempo aquellas significativas exclamaciones que son la indispensable salsa de todo jaleo, mientras los cantadores entonan con voz lánguida y gutural aquella copla que empieza;
Fatigas me dan de muerte*
En no viéndote en un día,
Y demás que todos saben. Pero ¡ay de sus párpados de usted si por sus muchas culpas acierta el diablo a ponerle debajo de sus balcones el estrepitoso tango de que la hablo! Tenga entonces por seguro que no ha de volver a cerrarlos en toda la noche; y que así le dejará dormir como si para eso solo hubiesen nacido todos los jaleadores del mundo.
Réstame querellarme por último de otros enemigos de mi sueño, quizá los más tenaces y molestos de todos, puesto que apenas alcanza a ellos la nocturna autoridad del sereno de mi calle. Hablo de los perros callejeros, y denuncio en debida forma a uno de los de mi barrio, el cual en esta pasada luna se llevó tres noches consecutivas ladrándole a su propia sombra, sin haber forma de hacerle callar un punto solo por más que yo desde mi ventana le dirigía enérgicas interpelaciones acerca de su sinrazón. Alternaba tal cual vez en este tema armando camorra sobre algún pelado hueso del muladar con sus compañeros de festín: gruñianse respectivamente la posesión de aquella roída prenda, y terminaba la cuestión en una lucha fraticida, en la que los mordiscos decidían el pleito, no sin grande algazara de la concurrencia canina, mientras yo, con mis ojos abiertos a guisa de liebre, echaba de menos los tiempos de la pelotilla parricida, y rogaba a Dios con todas veras no por la paz y concordia entre los príncipes cristianos, sino por la paz y concordia de los perros de mi vecindad.- F.F.A.

* Con esta letra se canta el bolero-caña que aparece en el álbum 'Regalo Lírico' de 1819.