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viernes, abril 01, 2016

World's... Finest?

“Batman v Superman: Dawn of Justice” (“BvS” en lo sucesivo, para abreviar) era uno de los estrenos cinematográficos más esperados de 2016. El público aguardaba ansioso el primer enfrentamiento cinematográfico (en imagen real) entre el último hijo de Krypton y el caballero oscuro de Gotham, mientras que la crítica se posicionaba en contra de forma virulenta antes incluso de la fecha oficial de su puesta de largo (y si no me creéis ved este hilarante vídeo de YouTube). Siendo “Man of Steel”, cinta que ya había dividido profundamente a críticos y a espectadores, el antecedente directo de “BvS”, servidor creía saber de antemano lo que podía esperar de su irregular director Zack Snyder, especializado en adaptaciones de las viñetas a la gran pantalla.


El argumento de “BvS” arranca durante la catastrófica batalla entre Superman y el General Zod que reducía Metropolis a escombros en los compases finales de “Man of Steel”, pero presenciada ahora desde el punto de vista, a pie de calle, de Bruce Wayne. El multimillonario playboy, alter ego del murciélago gothamita, vive entonces su propio 11-S y toma la determinación de proteger a la humanidad, cueste lo que cueste, de lo que él entiende como una amenaza de escala planetaria. Guerra preventiva, que lo llamaron en EE.UU. En la misma línea de pensamiento se encuentra el excéntrico científico y (presunto) filántropo Lex Luthor, acomplejado ante la aparente divinidad del Hombre del Mañana, a quien una importante mayoría de la población adora como a un mesías de claras resonancias bíblicas. En medio de estas posturas irreconciliables se encuentra el propio Clark Kent, un tipo sencillo que sólo quiere dar a sus inmensos poderes el mejor uso posible, ignorando las recomendaciones del gobierno estadounidense, que pretende regular las intervenciones del héroe de Metropolis.


Es éste un planteamiento que genera, a priori, interesantes frentes de debate y conflictos entre personajes, y en base a ello la primera mitad de la película intenta establecer el marco adecuado para que Batman y Superman, presionados por las maquinaciones de Luthor, se posicionen en sus respectivas esquinas del cuadrilátero. El problema es que, hasta que se produce ese anunciado enfrentamiento físico, los guionistas David S. Goyer y Chris Terrio presentan una saturación de subtramas y personajes más propia de una temporada televisiva de 13 capítulos que de un largometraje, con el inconveniente de que ninguno de ellos consigue el desarrollo que le correspondería. Así, uno termina la proyección de “BvS” sin comprender los motivos que llevan a Lex Luthor (un Jesse Eisenberg pasadísimo de rosca, cargado de tics físicos y vocales, que no se calla ni dos segundos en cada escena en que su personaje asoma por la pantalla) a maquinar un plan tan endiabladamente retorcido que, a poco que uno se lo cuestione, no tiene ni pies ni cabeza.


Tampoco es fácil identificar en el esforzado Ben Affleck (esforzado pero hierático y con nulo carisma) al Bruce Wayne/Batman deductivo y calculador que hemos llegado a asociar con el icono de DC Comics. Batfleck se pasea por “BvS” como pollo sin cabeza, con cara de no saber nunca cuál será su próximo movimiento, tomando decisiones tan arbitrarias como poner un rastreador a un camión para a continuación dispararle toda clase de proyectiles explosivos. ¿Y eso por qué? Pues porque hacía falta una escena de acción con Batmóvil en la película.


Mejor suerte corre el Superman encarnado por Henry Cavill: ha tenido su propia cinta en solitario para ser presentado al público y en “BvS” sus acciones son siempre una reacción a las de los demás personajes, con lo cual es mucho más sencillo comprender cómo y por qué hace lo que hace. Por desgracia, el halo de divinidad que rodea en todo momento al kryptoniano rara vez nos permite acercarnos al dubitativo muchacho de Smalville que sí tuvimos la suerte de conocer en la muy superior “Man of Steel”, y cuando por fin nos reencontramos con ese Clark Kent que todavía no comprende cuál es su lugar en el planeta Tierra, Goyer y Terrio tiran de fantasmas del pasado confundiendo un poco más al espectador, como si las cosas hasta entonces no fuesen ya suficientemente liosas.


Tal vez el mayor pecado de la película sea esa constante necesidad de hacer que todo parezca mucho más complicado y solemne de lo que realmente es. En su intento por dotar a “BvS” de una cierta trascendencia, sus responsables introducen toda suerte de apuntes metafísicos, escenas oníricas difíciles de ubicar y referencias a los comics inasequibles para el público casual. Tal vez el núcleo duro de geeks de DC se lo pase teta reconociendo líneas de diálogo provenientes de "El Regreso del Caballero Oscuro” de Frank Miller, situaciones extraídas del universo de “Injustice: Gods among us”, referencias explícitas a "Crisis en Tierras Infinitas", “Las Diez Noches de la Bestia”, “Hijo Rojo” y el "Cuarto Mundo" o cameos inexplicables que claman a gritos “universo cinematográfico compartido”, pero considero que todos esos elementos sólo añaden confusión y cripticismo de cara al espectador que no se conoce al dedillo la mitología del Universo DC de papel, y frustración para quienes, aún conociendo de primera mano esas referencias, sólo queríamos ver una maldita película de Batman y Superman dándose de leches que ofreciese unos niveles decentes de espectacularidad y entretenimiento.


A veces da la impresión de que tanto Snyder como sus dos guionistas piensan que “BvS” debe ser un “Watchmen” protagonizado por la Liga de la Justicia, con Superman ocupando el lugar del Dr. Manhattan, Batman como sosias de Rorschach y Luthor ejerciendo de Ozymandias. Lo cual demuestra que el director jamás entendió el material con el que trabajaba en "Watchmen" ni tampoco comprende ahora a los personajes que adapta en "BvS", convertidos en versiones oscuras, retorcidas y autoparódicas de sí mismos. Casualmente, o tal vez no, lo mismo que Alan Moore y Dave Gibbons hicieron con el género a mediados de los 80, y que tantos escritores y dibujantes de finales de aquella década y principios de la siguiente malinterpretaron del mismo modo en que Snyder lo hace en pleno 2016. De todos modos, esta visión pretendidamente adulta (que no madura) de los grandes iconos de DC no resultaría tan fallida si no fuese porque, puestas las cartas sobre la mesa a una hora del final, las resoluciones llegan por el camino habitual de otras adaptaciones super-heroicas menos pretenciosas: villano grande, ande o no ande.


Por desgracia, cuando la espesa niebla de subtramas caprichosas y de personajes innecesarios finalmente se disipa y la película se lanza a la carga como el blockbuster de acción que se nos había prometido, las escenas de batalla no son ni la mitad de divertidas y emocionantes de lo que algunos desearíamos. Tal vez porque lo mejor de las mismas (como el asalto de Batman a la nave industrial, inspirado en la saga de videojuegos “Arkham” de Rocksteady Studios) ya lo habíamos visto en los innumerables trailers que destripaban gran parte de las sorpresas del film, o quizás porque resulta imposible conectar con una secuencia de acción en la que los héroes implicados nos importan un bledo y la amenaza apocalíptica de turno, monigote digital genérico para más inri, huele a recurso desesperado para justificar el clímax de destrucción masiva en la última media hora de metraje. El caso es que, con su desorbitado presupuesto para efectos especiales y su megalomaníaca y machacona banda sonora compuesta por Hans Zimmer y Junkie XL, “BvS” tampoco acierta a “la hora de las tortas” (que diría uno de los personajes más queridos de la competencia).


Resulta difícil imaginar que este sindiós sea la secuela que Snyder y Goyer tenían originalmente en la cabeza tras finalizar el rodaje de "Man of Steel", y la culpa de ello probablemente la tengan las imposiciones de la Warner a la hora de encajar esta nueva encarnación del personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster en un apresurado plan a gran escala para un universo fílmico interconectado que pueda competir con el de Marvel Studios. El estudio ya ha anunciado el Blu-Ray con un montaje del director de 3 horas que tal vez solucione algunos de los problemas narrativos del film, pero si nos ceñimos a la versión estrenada en cines no puedo más que considerarla un fiasco total en casi todos los frentes: como película de acción ultra-hormonada, como traslación al medio audiovisual de los personajes de las viñetas y como narración coherente, autónoma y más o menos autoconclusiva. Su único éxito destacable, y es uno ajeno a cualquier valor intrínsecamente cinematográfico, es ofrecernos un adelanto del que será, en 2017, el próximo proyecto de Snyder tras las cámaras: una "Liga de la Justicia" que, dados los antecedentes, no podría seducirme menos.

lunes, marzo 07, 2016

10 comics todavía inéditos en España que estoy leyendo en formato digital - Volumen 3

Hace un tiempo, cuando este blog se actualizaba con cierta regularidad, escribí un par de entradas (ésta y ésta) señalando una veintena de títulos que por aquel entonces aún no habían visto la luz en castellano y que tenían muy buena pinta. Algunos ya han sido o están siendo publicados en España por diferentes editoriales ("Muerdeuñas", "Ciencia Oscura", "Clase Letal", "Lazarus", "Paria", "El Multiverso", "Velvet", "Zero"...), otros siguen esperando su oportunidad (caso de "Southern Bastards", "The Fade Out" o "Sex Criminals", por citar algunos que seguro llegarán a las librerías patrias más tarde o más temprano) y unos pocos parecen condenados a no ver jamás la luz en la lengua de Cervantes ("Bedlam", "Federal Bureau of Physics", "The Royals" o "Manifest Destiny"). Siguiendo la estela de aquellas entradas, me gustaría reseñar brevemente diez series que han arrancado en Estados Unidos en los últimos meses y que probablemente también lo harán en algún momento futuro en España.

Birthright
Guión: Joshua Williamson. Dibujo: Andrei Bressan. Color: Adriano Lucas.
Image Comics. Serie abierta. 14 números publicados.


Un año después de la desaparición del pequeño Mikey, la familia Rhodes está totalmente descompuesta. El padre, acusado por la opinión pública de ser el asesino de su propio hijo, es una sombra del hombre que fue; la madre, separada ahora de su marido, es incapaz de encontrar un nuevo sentido a su vida, y el mayor de sus hijos todavía mantiene la esperanza de encontrar a su hermanito. Las cosas se ponen realmente extrañas cuando un bárbaro hiper-musculado, armado hasta los dientes con espadas llameantas y hachas encantadas, aparece de la nada afirmando ser Mikey y haber pasado los últimos años librando una batalla épica contra el mayor de los males en un mundo de dragones y mazmorras donde el tiempo transcurre a un ritmo diferente.


Joshua Williamson, guionista de "Muerdeuñas" (¡yeah!) y "Fantasmas" (¡buuuh!), combina elementos de sagas fantásticas como "El Señor de los Anillos" y "Las Crónicas de Narnia" con las persecuciones trepidantes de "El Fugitivo". El dibujante Andrei Bressan da el do de pecho en las páginas ambientadas en el mundo mágico. Juntos logran entregar cada mes (más o menos) un tebeo que supera las expectativas generadas por su algo tópica premisa: de hecho, hace falta llegar a la última página del primer número para comprender que éste no va a ser el comic que hasta entonces creías estar leyendo...



Black Magick
Guión: Greg Rucka. Dibujo: Nicola Scott. Color: Nicola Scott y Chiara Arena.
Image Comics. Serie abierta. 5 números publicados.


A todos nos cuesta más o menos conciliar nuestra vida profesional con nuestra vida personal. Para Rowan Black, detective de homicidios en el Departamento de Policía de Portsmouth, las cosas son un pelín más complicadas. Porque Rowan es una bruja, descendiente de un linaje de mujeres practicantes de la magia negra, y su relación con lo oculto está a punto de inmiscuirse en su carrera policial: mientras ella intenta mantener sus prácticas mágicas en secreto para el resto de sus compañeros en el cuerpo, alguien (o algo) muy poderoso ha emprendido una cruzada contra Rowan, pero ella no sabe quién ni por qué.


Greg Rucka, co-creador de otro de los actuales éxitos de Image, “Lazarus”, escribe un híbrido entre la añorada “Gotham Central” (del propio Rucka junto a Ed Brubaker) y la también muy recomendable “Rachel Rising” de Terry Moore, y pone un estupendo guión en manos de la dibujante australiana Nicola Scott para que ésta se luzca de lo lindo: no sólo sus personajes y escenarios son una auténtica delicia para la vista, sino que además el ingenioso uso del color (asistido por Chiara Arena) ofrece un espectacular acabado pictórico mientras cumple una destacada función narrativa. Basándome en el altísimo nivel de estos 5 primeros capítulos, “Black Magick” bien podría ser el mejor tebeo firmado por Rucka hasta la fecha.



Cry Havoc
Guión: Simon Spurrier. Dibujo: Ryan Kelly. Color: Nick Filardi, Lee Loughridge y Matt Wilson.
Image Comics. Serie abierta. 2 números publicados.


"Cry Havoc" es, que yo recuerde, el primer comic escrito por Simon Spurrier que he leído. Según la Wikipedia el guionista inglés tiene una interesante carrera en revistas británicas como la emblemática "2000 AD" y en la franquicia mutante de Marvel Comics, pero si me decidí a darle una oportunidad a su nueva serie regular creada junto al dibujante Ryan Kelly (que me sonaba un poco más por su trabajo en "Local" junto a Brian Wood) fue porque a) la publica Image Comics, b) ha sido elogiada por Alan Moore y c) tiene una premisa bastante molona, resumida tal que así en la camapaña publicitaria previa a su lanzamiento: "it's not about a lesbian werewolf going to war, except of kind it is" ("no trata sobre una mujer-lobo lesbiana que va a la guerra, excepto porque en cierto modo sí trata sobre eso").


Ésa es la descripción que ofrecen sus creadores, pero si me preguntáis a mí os diré que me parece un híbrido entre "Lycanthrope Leo" (un manga poco conocido de Kengo Kaji y Kenji Okamura sobre humanos que se transformaban no sólo en lobos, sino en todo tipo de animales monstruosos) y "Zero Dark Thirty (La Noche Más Oscura)", aunque en los dos números publicados hasta la fecha también encontramos lecciones de sexualidad animal, unas gotas de slice of life londinense y los primeros apuntes de lo que será, intuyo, una profunda exploración del folklore y los mitos relacionados con los procesos de transformación. Y por si todo ello pareciera poco, la trama se desarrolla en tres líneas temporales perfectamente identificadas por las distintas paletas de colores aplicadas por cada uno de sus tres coloristas. ¿Ambicioso? Por supuesto. Y también altamente prometedor.



DK III: The Master Race
Guión: Frank Miller y Brian Azzarello. Dibujo: Andy Kubert y Klaus Janson. Color Brad Anderson: 
DC Comics. Serie limitada de 8 números. 3 números publicados.


DC Comics pasa por horas bajas: a la espera de que el estreno de "Batman v Superman: Dawn of Justice" propicie un empujón a sus ventas, su desastrosa gestión editorial de iconos como Superman, Wonder Woman o Flash (del que se habla más por su serie televisiva que por sus aventuras impresas) la ha llevado de relanzamiento en relanzamiento y de evento en evento sin acercarse a los beneficios de su competidora directa, Marvel Comics. Mientras las cabezas pensantes de DC encuentran una solución a esta deriva, el recurso inevitable es tirar de vacas sagradas y ofrecer a los lectores veteranos un revival de clásicos de los 80 y 90: primero fue "Before Watchmen", después vino "The Sandman: Overture" y ahora llega una nueva secuela de "The Dark Knight Returns" de Frank Miller. ¿Cuánto tardará la editorial en ofrecerle un cheque en blanco a David Lloyd para que les deje publicar "VI for VIctory"?


Por mucho que el nombre de Miller figure el primero en los créditos de "DK III: the Master Race", resulta complicado estimar cuánto ha aportado el creador de "Sin City" al proyecto y cuánto del resultado final es responsabilidad del co-guionista Brian Azzarello y del dibujante Andy Kubert (entintado, para redondear la jugada nostálgica, por el mismo Klaus Janson que finalizaba las páginas de Miller en los 80). Desde luego, quien espere encontrar en "DK III" la visceralidad, mala baba y energía visual de las anteriores entregas ya puede irse haciendo a la idea de que esto es otra cosa muy distinta: un entretenido tebeo de super-héroes que probablemente nadie recuerde con especial reverencia dentro de 20 años. Quedan todavía 5 números para su conclusión y sin embargo Miller ya ha anunciado que está trabajando en solitario (esta vez sí) en un futuro "DK4". ¿Se habrá arrepentido de dejar su creación en manos ajenas?



The Goddamned
Guión: Jason Aaron. Dibujo: R.M. Guéra. Color: Giulia Brusco.
Image Comics. Serie abierta. 3 números publicados.


Desde que fuera anunciada hace meses, “The Goddamned” se convirtió en lectura imperativa para un servidor por una razón bien sencilla: se trata de la nueva serie regular del tándem formado por Jason Aaron y R.M. Guéra, responsables de uno de mis comics favoritos de los últimos años, “Scalped”. Si con eso no estuviese todo dicho, la premisa, en las antípodas de las desventuras de Dash Caballo Terco y Lincoln Cuervo Rojo, proponía una relectura libérrima e hiperviolenta del Antiguo Testamento, lo cual suena a marcianada pero no lo es. En un mundo más próximo a la Era Hiboria de Robert E. Howard que a lo que la monja/beata de turno te contó en Catecismo, el primer asesino de la Historia, maldito por Dios con la carga de la inmortalidad, lleva 1.600 años buscando la muerte sin poder encontrarla. Paralelamente, un señor de la guerra llamado Noah (Noé para los hispanohablantes) siembra el terror en nombre de una cruzada divina que culminará con un diluvio universal que barrerá de la Tierra todo rastro de pecado y perversión... y de la humanidad, ya puestos.


Aaron continúa demostrando que, pese a los resultados mediocres de sus series de encargo para Marvel, sus trabajos de creación propia son apasionantes. De hecho, su otra serie para Image, “Southern Bastards”, es una de las actuales joyas de la editorial. El arte de Guéra, dibujante que conjuga con maestría la estética del western francobelga con el dinamismo del comic-book USA, redondea una serie que no hace más que darme alegrías mes sí y mes también. Si además eres de los que piensan que la Biblia es una de las novelas de fantasía heroica más apasionantes de todos los tiempos, “The Goddamned” es tu nuevo tebeo de cabecera.



I Hate Fairyland
Guión y dibujo: Scottie Young. Color: Jean-Francois Beaulieu.
Image Comics. Serie abierta. 5 números publicados.


Si eres aficionado a los comics de super-héroes probablemente te hayas cruzado en más de una ocasión con alguna de las numerosas portadas protagonizadas por bebés que Scottie Young ha dibujado para Marvel en los últimos años. Son ilustraciones muy cuquis de trazo cartoon con versiones infantiles de tipos como Ojo de Halcón, Iron Man o Thanos, perfectas para alimentar el consumismo de los coleccionistas de cubiertas alternativas. A mí, lo confieso, me dan totalmente igual esas estrategias mercadotécnicas, pero es innegable que el estilo de Young es de los que capturan la mirada desde que ésta se posa sobre el papel o la pantalla. Después de acompañar a Eric Shanower en su adaptación a las viñetas de “El mago de Oz” y de trabajar como guionista y dibujante en los primeros episodios de la última (y coyuntural) cabecera protagonizada por el guardián de la galaxia Mapache Cohete, el ilustrador norteamericano estrena su primer título de creación propia bajo el paraguas de (¿lo habéis adivinado? ¡pues claro!) Image Comics, y el resultado excede todas mis expectativas.


Lo confieso: pensaba que “I Hate Fairyland” sería una estupidez hermosamente dibujada, capricho de un ilustrador respaldado por el fandom. La clase de tebeo que dio mala fama a Image en los 90, cuando tipos como Jim Lee, Todd McFarlane o Marc Silvestri decidieron que además de ser dibujantes también querían ser guionistas. Por suerte “I Hate Fairyland” no es sólo un tebeo bonitísimo (bastante más, de hecho, que cualquier cosa jamás firmada por Lee, McFarlane o Silvestri), también es una lectura endiabladamente divertida, que jamás se toma en serio a sí misma y que ofrece exactamente lo que promete. Las aventuras de Gertrude, una suerte de Alicia que lleva 27 años sin envejecer (al menos físicamente), atrapada en su propio País de las Maravillas hasta que encuentre la llave de regreso a nuestro mundo, contienen el humor cafre y la violencia desenfrenada de las mejores entregas de “Lobo”, combinadas con el espíritu políticamente incorrecto de las dos primeras películas de “Shrek” (antes de que la franquicia animada cayera en picado en los abismos de la mediocridad). “I Hate Fairyland” es un comic ligero, macarra y divertidísimo, perfecto para alternar con otras lecturas mucho más densas... porque no todos los días uno tiene el cuerpo para un “From Hell” o un “Jimmy Corrigan”, ¿no?



Klaus
Guión: Grant Morrison. Dibujo y color: Dan Mora.
Boom! Studios. Serie limitada de 7 números. 3 números publicados.


Hablando de tebeos ligeros: la siguiente parada en mis últimas lecturas en formato digital es "Klaus", una suerte de "Santa Begins" según el Grant Morrison más accesible que se recuerde. El (habitualmente) lisérgico guionista escocés escribe una versión épica, casi super-heroica, de los orígenes de Papá Noel en el medievo escandinavo, y el resultado es un sencillo y agradable comic para todas las edades a caballo entre las aventuras de Robin Hood y los cuentos de hadas tradicionales.


Posiblemente sea el nombre del creador de "Los Invisibles" y "El Multiverso" el que pique la curiosidad de los lectores a la hora de acercarse a este "Klaus", pero la estrella de la función es sin duda el ilustrador costarricense Dan Mora, que con su espectacular trazo influenciado por el manga y el cine de animación y su rica paleta cromática convierte la inesperada ocurrencia de Morrison (en las antípodas de su densidad y ambiciones habituales) en un título atractivo incluso para el público más talludito.



Paper Girls
Guión: Brian K. Vaughan. Dibujo: Cliff Chiang. Color: Matt Wilson.
Image Comics. Serie abierta. 5 números publicados.


El guionista de "Saga" y "The Private Eye" y el dibujante titular del relanzamiento de "Wonder Woman" en el Nuevo Universo DC unen fuerzas para presentar un proyecto difícil de clasificar, mezcla improbable entre "Cuenta conmigo" y un capítulo de "Dr. Who". Una madrugada de Halloween, a mediados de los 80, cuatro adolescentes repartidoras de periódicos se ven envueltas en una tormenta espacio-temporal aderezada con dinosaurios voladores, mutantes desfigurados, futuristas paladines plateados y cápsulas espaciales salidas de una peli de serie B de los años 50.


Cinco episodios después, yo sigo sin tener muy claro de qué va en realidad todo este follón y hacia dónde se dirige la trama, pero me mantengo atento a cada nueva entrega para ver si consigo descubrir las intenciones de Vaughan y porque disfruto como un enano con el grueso y expresivo trazo de Chiang, así que tampoco es cuestión de quejarse. Planeta de Agostini ya ha anunciado la edición en castellano para dentro de un par de meses, así que el público español pronto podrá decidir por sí mismo si "Paper Girls" es culo o codo.



Tokyo Ghost
Guión: Rick Remender. Dibujo: Sean Murphy. Color: Matt Hollingsworth.
Image Comics. Serie abierta. 5 números publicados.


Rick Remender escribe ciencia-ficción. Da igual que los protagonistas sean los mutantes de "Uncanny X-Force", el super-soldado Steve Rogers o las familias desestructuradas de “Black Science” y “Low”; Remender siempre se las arregla para convertir sus guiones en un delirio de tecnología futurista, universos alternativos y criaturas alienígenas. “Tokyo Ghost” es tan sólo el último ejemplo del amor que Remender profesa hacia el género, acompañado esta vez por uno de mis dibujantes favoritos del actual mainstream USAmericano, Sean “Punk Rock Jesus” Murphy. De la confluencia de ambas fuerzas creativas surge esta trágica historia de amor entre dos cazarrecompensas: Debbie creció libre de la sobredosis de entretenimiento basura y consumismo extremo que mantienen zombificada a la inmensa mayoría de la población mundial, pero su novio Teddy lleva años intoxicado por millones de nanobots que no sólo le otorgan fuerza y resistencia sobrehumanas, sino que también lo alienan con docenas de estímulos simultáneos de publicidad, pornografía y reality shows. La única esperanza que Debbie tiene de desintoxicar a su amado reside en la capital de Japón, convertida (irónicamente) en un nuevo Jardín del Edén libre de tecnología donde tal vez su relación pueda tener una segunda oportunidad.


Remender no siempre acierta con mis gustos, pero en el primer arco argumental de “Tokyo Ghost” da de lleno en la diana, e incluso me atrevería a decir que es el mejor arranque que le he leído en una serie: entre guiños a “Akira”, “Ghost in the Shell”, “Juez Dredd”, “Black Mirror” y “El último samurai” sobresalen unos personajes carismáticos con cuyas motivaciones el lector puede empatizar, dibujados por un Sean Murphy más allá de toda duda, tanto en su trazo ágil y dinámico como en su espectacular capacidad para plasmar la acción motorizada y la ultra-violencia con todo lujo de detalles. Tan sólo la serena belleza del frondoso Neo-Tokio poblado por samurais hippies supera al horror vacui de su deprimente distopía cyber-punk.



Wytches
Guión: Scott Snyder. Dibujo: Jock. Color: Matt Hollingsworth.
Image Comics. Serie abierta. 6 números publicados.


Tras lograr el éxito reinterpretando la imagen del nosferatu moderno en "American Vampire", el escritor Scott Snyder retoma otro mito de las leyendas populares de terror y ofrece su particular versión de las brujas en "Wytches". Poco tiene que ver este aquelarre con la imagen clásica de las hechiceras subidas en escobas voladoras: las brujas de Snyder y del dibujante Jock, con quien el guionista coincidió años atrás en "Detective Comics", son criaturas repugnantes, apenas humanoides, que viven en las profundidades de los bosques. Frente a ellas se encuentra la familia Rooks, recién mudada de ciudad, huyendo de sus pecados y desgracias personales. Pero en lugar de empezar una nueva y próspera vida tendrán que enfrentarse a un mal primigenio que los perseguirá, precisamente, a causa del bagaje que traen consigo.


Todavía a la espera de leer esa obra de Snyder que esté a la altura de su fama (me parece un escritor con oficio, mejor en los planteamientos que en las soluciones), encuentro en "Wytches" un relato de terror muy entretenido, que consigue por momentos dar mal rollito y en el que, una vez más, su primer arco argumental ha ido de más a menos (como siempre me pasa con Snyder). El estilo de Jock casa de maravilla con la atmósfera chunga que impregna la historia y sus brujas dan auténtico miedo, pero ciertos excesos en la aplicación del color emborronan ligeramente el aspecto final de las páginas. Espero que no se me malinterprete: "Wytches" es un comic muy recomendable para los aficionados al género de terror, pero por ahora le falta ese algo más que hace a los buenos tebeos grandes. Veremos cómo sigue la cosa...


miércoles, marzo 02, 2016

La generación del desengaño

“El mundo a tus pies”, segunda novela gráfica de Pep Domingo AKA Nadar tras su sorprendente debut en 2013 con “Papel estrujado”, bien podría ser mi tebeo favorito de 2015. No puedo afirmarlo con rotundidad porque aún me quedan cosas muy interesantes por leer de las publicadas en España durante el pasado año, pero es verdad que muy pocos títulos (ahora mismo sólo se me ocurren “El Escultor” de Scott McCloud y “La Casa” de Paco Roca) han conectado emocionalmente conmigo en los últimos meses del modo en que lo ha hecho la obra del joven dibujante y guionista catalán.


Entender esta conexión requiere un poco de background personal, pero prometo no aburriros con mi vida privada más allá de este párrafo: el pasado 6 de enero me subí con mi pareja a un avión rumbo a Londres y desde entonces ambos hemos estado enfrascados en una lucha diaria por encontrar trabajo, piso y una cierta prosperidad que, debido a las circunstancias político-económicas que imperan en España, se nos había estado negando durante demasiado tiempo. Tampoco quiero ponerme trágico: hasta hace poco los dos teníamos trabajo en Madrid y vivíamos relativamente bien. “Relativamente” significa que aunque no teníamos ni coche ni vivienda propios, podíamos pagar el alquiler de un piso en el centro de la capital (con sus correspondientes facturas), ir al cine cada 2 ó 3 semanas, comprar tebeos con regularidad, pedir sushi a domicilio en ocasiones especiales y, después de ahorrar durante un año y medio, permitirnos el lujo de irnos 15 días de vacaciones al extranjero. La nuestra no es la cara más triste de la crisis, desde luego, y hasta que un servidor no se vio en la calle a mediados de septiembre y mi novia tuvo la certeza de que, tras 5 años dedicados a la compañía en la que trabajaba, NUNCA iban a promocionarla u ofrecerle siquiera un contrato indefinido (porque la fórmula del fijo discontinuo es un chollo para los empresarios de la hostelería), no nos planteamos seriamente la posibilidad de buscarnos el garbanzo en pastos más verdes (y lluviosos), mejorar nuestras aptitudes lingüísticas y, con un poco de suerte, llegar un poco más lejos profesionalmente de lo que los miserables estándares laborales españoles permiten actualmente a la gente de nuestra generación.

Precisamente es la gente de nuestra generación (la de mi novia, la mía y la de Nadar, nacidos los tres entre 1983 y 1985) la que protagoniza “El mundo a tus pies”, título que ironiza con la precaria situación profesional y, de rebote, personal de todos aquellos que fuimos educados bajo consignas tan prometedoras como “tienes que sacarte un título universitario para encontrar un buen trabajo”, “si te esfuerzas todo llegará” o, ya en los últimos tiempos, “lo importante es tener un máster”. “El mundo a tus pies” presenta tres historias independientes protagonizadas por Carlos, un ingeniero que trabaja de dependiente en Bershka una tienda de ropa y que debe plantearse el abandonar a su pareja y a su mejor amiga para irse a trabajar de lo suyo a Estonia; David, en el paro y con nulas expectativas laborales a corto o medio plazo, cuidando cada día de su abuelo incapacitado mientras su madre los mantiene a ambos con su sueldo de limpiadora; y Sara, licenciada en Historia que subsiste como teleoperadora, al borde de la depresión, mientras su paciencia se agota progresivamente ante un entorno que la obliga a “sentirse afortunada porque podría estar mucho peor”. Cualquiera de estas historias os sonará, aunque sea con otros nombres, porque seguramente conozcáis a un montón de gente de entre 25 y 35 años con una o dos carreras, algún máster y dominio de al menos un par de idiomas, que están actualmente en el paro, trabajando por una miseria en un puesto para el que están claramente sobrecualificados o, si han tomado la misma decisión que mi pareja y yo, buscando fortuna en el extranjero.


Tal vez nuestra generación no haya vivido guerras mundiales o civiles, bajo el yugo de una dictadura política o durante un proceso de transición hacia la democracia, pero conocemos de primera mano otras formas de precariedad y otros tipos de dictadura, impuestos por generaciones anteriores que nos miran por encima del hombro, ridiculizando nuestra escasa capacidad de sufrimiento y superación personales, como si haber corrido delante de los grises invalidase los argumentos de aquellos que recibieron palos en la Plaza de Colón por manifestarse en las Marchas de la Dignidad. Puede que nuestra generación no tenga a un Carlos Giménez dibujando “Paracuellos” o “Barrio”, pero tiene a Nadar firmando “El mundo a tus pies”, que puesto en su contexto me parece exactamente igual de reivindicativo y relevante.

Por supuesto, esa relevancia que atribuyo al comic no proviene sólo de su temática e intenciones: “El mundo a tus pies” me parece una obra de una madurez artística sorprendente, capaz de describir a todos los niveles a un puñado de personajes entrañables, nada encorsetados o maniqueos (porque tal vez sean víctimas de la crisis, pero también lo son de sus propias decisiones vitales), y de sacar adelante las tres historias sin caer jamás en en el melodrama o el panfleto político. El retrato que Nadar hace de esta juventud española y de la sociedad en la que sobrevive es terriblemente veraz, hasta el punto de que la lectura de “El mundo a tus pies” me ha hecho sentir orgulloso de mi generación por momentos, pero también culpable al reconocerme fugazmente entre algunos de los personajes que han acabado cayéndome menos bien: ese amigo de David, auténtico hijo de papá, que distorsiona frívolamente la ideología del 15-M ante una máscara de “V de Vendetta”; esa pareja aburguesada de amigos de Sara que presume de sus baratísimas vacaciones en Vietnam. Todos son gente muy real; a veces demasiado real como para no sentir un poco de vergüenza en mis propias carnes.


Y luego está la parte formal, brillantísima, donde se evidencia el gran salto cualitativo de Nadar como dibujante y narrador. Y eso que “Papel estrujado” ya era en ese sentido un trabajo mayúsculo. En “El mundo a tus pies” el trazo se limpia y las formas se cierran, ganando el conjunto en expresividad y claridad expositiva. La adición de colores planos, usados con fines narrativos, aporta matices imprevistos en cada una de las historias (me ha gustado especialmente la puesta de sol en la tercera) y la cantidad de recursos visuales que Nadar despliega en estas más de 200 páginas magníficamente editadas por Astiberri lo confirman como uno de los autores españoles más talentosos de su/mi/nuestra generación: ésa que salió a comerse el mundo armada con títulos académicos y con las promesas de seguridad y esperanza con que nos habían regalado los oídos desde críos, sin saber que nuestro futuro llevaba años hipotecado.

Espero que al menos Nadar sí pueda comerse el mundillo del tebeo, porque con obras como “El mundo a tus pies” sin duda lo merece. ¿Premio Nacional de Comic 2016 a la vista?

miércoles, junio 17, 2015

El hombre que ríe

El argumento de "La Broma Asesina", un relato de 48 páginas escrito por Alan Moore y dibujado por Brian Bolland, es engañosamente sencillo: el Joker se fuga del Asilo Arkham, como tantas otras veces anteriormente, y pone en marcha un retorcido plan para sumir al comisario Gordon en la locura. Paralelamente, un flashback nos desvela cómo una serie de catastróficas desdichas convierten a un ciudadano anónimo de Gotham, un don nadie que atraviesa la peor racha de su vida, en el más carismático enemigo del Caballero Oscuro.

Portada de la edición en inglés para el 20 aniversario de "La Broma Asesina".

En el momento de publicación de “La Broma Asesina”, a principios del año 1988, Moore ostentaba un lugar prominente en la industria del comic norteamericano: no en vano, sus trabajos previos dentro del ámbito super-heroico (“Watchmen”, “La Cosa del Pantano”, “Miracleman”) habían redefinido los códigos del género y establecido nuevos paradigmas de calidad. Entre los dibujantes que deseaban trabajar con él se encontraba Brian Bolland, conocido principalmente por sus aportaciones a la revista británica “2000 AD” (sobre todo en la cabecera del “Juez Dedd”) y por la maxiserie de 12 números para DC Comics “Camelot 3000”, en la que compartía créditos con el escritor Mike W. Barr.

"Había dos tipos en un manicomio..."

El proyecto de “La Broma Asesina” nace pues como una petición expresa de Bolland al editor Dick Giordano: la posibilidad de trabajar con Moore en un tebeo protagonizado por Batman y el Joker, precisamente los personajes que al ilustrador inglés más le apetecía abordar. Lo que para Moore comenzó como un trabajo de encargo y acabó como un favor personal hacia Bolland (pues las relaciones del barbudo guionista con DC Comics atravesaban un momento complicado), terminaría convirtiéndose a la postre en una de las historias más importantes, tanto por calidad como por influencia posterior, en la mitología del Caballero Oscuro. No es difícil encontrar referencias a la versión del Joker propuesta por Moore y Bolland en películas (desde el "Batman" de Burton, admirador confeso de "La Broma Asesina", hasta "El Caballero Oscuro" de Nolan), videojuegos (la saga "Arkham" desarrollada por Rocksteady) y, por supuesto, el propio comic (como recientemente puso de manifiesto la polémica portada de "Batgirl" que DC Comics se vio obligada a retirar por la presión de un grupo de enfurecidos lectores).

Portada alternativa de "Batgirl" núm. 41, obra de Rafael Albuquerque.

El primer editor asignado por Giordano para supervisar el desarrollo de “La Broma Asesina” fue el mítico guionista Len Wein, quien permitió a Moore y Bolland la libertad creativa necesaria no sólo para narrar el origen del Joker, sino también para trastocar profundamente el status quo de uno de los secundarios recurrentes del universo gothamita (Barbara Gordon A.K.A. Batgirl) y asimilar esta nueva situación dentro de la continuidad posterior. Wein abandonó DC durante la gestación de “La Broma Asesina” y fue sustituido por Dennis O'Neill, quien se mantuvo alejado de las decisiones artísticas y permitió a los autores un amplio margen de maniobra, hasta el punto de que Bolland sólo recuerda haber tenido una única conversación con O'Neill acerca del proyecto.

Barbara Gordon abre la puerta al Joker: una escena que ha marcado a miles de lectores.

Pese a todo, Bolland no quedó contento con el resultado final del tebeo debido a las decisiones tomadas por el colorista John Higgins (quien ya había colaborado con Moore en “Watchmen”), que pasó por alto las indicaciones del dibujante de (entre otras cosas) mantener los flashbacks en un blanco y negro inspirado, según Bolland, en la película de David Lynch “Cabeza borradora”. Dos décadas después, el artista podría al fin quitarse esta espina recoloreando el comic desde cero (y de paso redibujando algunas viñetas) para la edición conmemorativa del vigésimo aniversario de su publicación.1

Página de flashback de "La Broma Asesina" con el nuevo color obra del propio Bolland.

En el aspecto narrativo, “La Broma Asesina” evidencia la influencia que la escritura de “Watchmen” tenía por aquel entonces en Alan Moore. La rejilla de 9 viñetas, tan característica de las planchas firmadas por Dave Gibbons, comparte aquí espacio con una variante de 6 viñetas, manteniendo casi siempre una disposición de 3 tiras horizontales por página.

Primera página de "La Broma Asesina".

Son también recurrentes los motivos visuales que aluden al sentido circular del relato, otro de los pilares narrativos de “Watchmen”, que aquí queda perfectamente de manifiesto tanto en la forma que la omnipresente lluvia dibuja en los charcos de Gotham como en la planificación visual de las páginas primera y última. Otro de los aspectos que remite claramente a la maxiserie protagonizada por el Dr. Manhattan y cía. son las transiciones entre el pasado del Joker (un pasado posible, pues la memoria del Joker es, como él mismo declara, imprecisa) y el tiempo presente de la narración, empleando imágenes visualmente asociadas entre sí, tal y como sucedía con el test de Rorschach que el psiquiatra proponía a Walter Kovacs en el episodio sexto de “Watchmen”.

Transición (en las dos primeras viñetas) entre presente y pasado en una página de "Watchmen".

Transición (en las dos últimas viñetas) entre pasado y presente en una página de "La Broma Asesina".

Esta clase de dedicación a la puesta en página (tanto por parte de Moore como de su mano ejecutora en “La Broma Asesina”, un Bolland meticuloso y entregado) confieren al comic una complejidad poco habitual en el género. El exquisito trazo del dibujante genera una atmósfera oscura y desquiciada que ilustra a la perfección las profundidades del alma del auténtico protagonista, un Joker al que jamás habíamos visto tan salvaje y, sin embargo, profundamente humano. En las páginas finales de “La Broma Asesina” asistimos a un momento clave de la larga historia común entre Batman y su némesis: una especie de comunión desde los opuestos, en la que el término “antagonista” adquiere su sentido definitivo. “¿Cómo pueden odiarse tanto dos personas que no se conocen?”, le preguntaba Bruce Wayne a Alfred unas páginas antes, en la seguridad de su batcueva.

Batman dándose de bruces contra un muro: su incapacidad para entender las motivaciones del Joker.

La respuesta adquiere connotaciones metalingüísticas cuando el lector se plantea la naturaleza de la relación que une a ambos personajes: sin ser conscientes de ello, Batman y el Joker, héroe y villano, son los actores forzosos de un arquetípico relato super-heroico2. Son, como el propio Joker advierte al final de “La Broma Asesina”, los protagonistas de un chiste que editores, guionistas y dibujantes llevan contándonos desde abril de 1940, cuando el Príncipe Payaso del Crimen fue introducido por primera vez por Bob Kane, Jerry Robinson y Bill Finger. Un chiste infinito; un bucle de odio irracional en el que se encuentran enzarzados desde hace 75 años dos tipos que, una vez, tuvieron un mal día.

"Estás haciendo lo que cualquier hombre cuerdo haría en tus terribles circunstancias. Volverte loco".


1: Al respecto del nuevo color de "La Broma Asesina" recomiendo leer esta entrada del blog "El Daily que Daily".

2: Esta visión metalingüística de "La Broma Asesina" está perfectamente argumentada en esta reseña de Tebeosfera y en esta otra de ZonaNegativa, en la que además se profundiza (en los comentarios) en otra polémica que para mí no es tal: su final ¿abierto?