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lunes, 5 de enero de 2026

Carta a los Reyes Magos



Queridos Reyes Magos: ninguna magia quiero para mí este año. Después de tantas décadas desenvolviendo regalos, creo que los tengo todos. Uno más, me alegraría, claro, cómo no, pero lo abandonaría en un estante en espera de alguna ocasión oportuna que quizá nunca se presente. El encanto, indudable, de vuestra generosidad seguro que lo necesitan más justo allí por donde pasasteis en el primer viaje que emprendisteis. Entonces los campos parecían un desierto, hoy lo son pero ya no hay campos, sino un cementerio que necesita de toda vuestra magia para recuperar la alegría y la vitalidad que han desterrado.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Dietario de sensaciones, 21 (Carta)


Una carta es una caja de acuarelas. Los dedos que la escriben, el pincel; y los ojos que la esperan, un cuenco de agua. Las palabras son pastillas, cada una de un tono diferente. Y cuando la mirada las lee y los labios las pronuncian en voz baja, colorean el presente de quien las ha recibido. Las cartas irisan la grisura de los días. Los llenan de viveza. De naranjas recién brotadas del árbol, de amarillos cuyos destellos lanza el cristal de las ventanas, de azules que descansan sobre los hombros. Tinte que jaspea las horas, que les da sentido.

domingo, 21 de agosto de 2016

Aforística


Rui: en el campo crecen aforismos que quien va en busca de espárragos o setas jamás descubre. Quedan atrapados entre la maleza, en las grietas de los muros de piedra, en las puertas que hace tiempo perdieron su cerradura, a la sombra de algún sauce. Para cazarlos solo se necesita un lápiz y un cuaderno, más bien pequeño, cuyas hojas estén llenas con anotaciones de horarios ferroviarios y de listas de la compra. Estoy convencido de que regresarás a Lisboa, en septiembre, con un cesto lleno de aforismos, y yo podré volver a casa sin lo que crece sin permiso.

jueves, 20 de marzo de 2014

Mañana después de la Cremà


Isabel, gracias por acordarte ayer. Los cumpleaños se parecen tanto a las jarras que tenían antiguamente en las vaquerías y cuyo significado uno, cuando era niño, se esforzaba por comprender. Una especie de peine con números de vez en cuando las recorría de arriba abajo. La vaquera metía la jarra en la cuba e iba soltando leche hasta que algo le decía que ya debía verterla en el recipiente que llevaba mi madre. Qué sabiduría la suya. Siempre acertaba. No sobraba, en el fondo, ni una pizca. Dónde estaría la magia, me preguntaba. Ojalá supiéramos también leer así la edad.

martes, 7 de enero de 2014

La facilidad de los poetas difíciles


Eugenia: En su época Pessoa era considerado un poeta ininteligible. No le comprendían. Así que él mismo se hizo a la idea de que nadie puede ser entendido por sus coetáneos, se necesita que llegue la generación siguiente. Pasolini lo dijo con más crueldad: igual que una película se hace en la sala de montaje, una vida solo puede ser comprendida tras la muerte. Y en el caso de Pessoa es descorazonadoramente cierto. La muerte empezó a tejer para los demás la vida deshilada que había llevado siempre. Y a trenzar una metáfora que no ha dejado de crecer aún.

martes, 1 de octubre de 2013

Un barco de papel


Fulgencio: no olvides que Juan Ramón Jiménez es apreciado universalmente por Platero y yo y que Rilke vivió de los derechos del único libro del que vendió miles de ejemplares, La canción de amor y muerte del alférez Christoph Rilke. No existe una única tradición moderna, sino dos: la dócil (la que aprecia un público mayoritario) y la que avanza en la tiniebla. JRJ y Rilke supieron escribir en ambas. La mayoría de los poetas corren por una. Solo unos pocos avanzan desorientados, buscando cuál será el siguiente paso. Son los mejores, aunque casi nadie sea capaz ya de reconocérselo. 

martes, 6 de noviembre de 2012

Fechas


Jesús: no te preocupes por las fechas. Te cuento. En 1492 se vislumbra el Renacimiento, pero solo lo ven los hijos, no los padres. Es algo inaudito, hacía siglos que no ocurría un cambio de mentalidad tan rápido. En 1952 se estrena Esperando a Godot. Copio las dos primeras frases de la obra. En febrero de 1524 Garcilaso participó en la batalla de Fuenterrabía, el año anterior había estado en Nápoles y había leído a los poetas italianos. De hecho, la mujer que imagina no parece su amada, quizá la de Cavalcanti. Era hijo del nuevo siglo: vivía en Renacimiento.

lunes, 25 de junio de 2012

DVD, no una elegía, una oda


Porque nos gustaba leer a los poetas y evocar sus vidas, sus libros, ese gozo nos puso en el camino de escribir, luego de hablar de ellos, y como uno no deja nunca de vivir mientras vive, publicamos nuestros libros, editamos otros, pensamos sobre ellos, seguimos avanzando quizá demasiado lejos, apartados y nostálgicos de la playa donde comenzamos a amar la poesía. Cuando se pierde de vista este punto, a donde le conduzcan a uno las mareas siempre será un extranjero. Hay que elegir el momento para regresar, como las tortugas, al lugar donde nacimos. Así he entendido que hacías.

domingo, 1 de abril de 2012

«Barrio». Ante un serigrafía sobre plancha de zinc (11 x 17) de Ignacio Fortún

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De hecho, no hay postales de zinc. Tampoco hay lienzos de zinc, ni serigrafías sobre zinc. De zinc sólo hay mostradores de tabernas antiguas. Y así era hasta que tú decidiste que hubiera postales de zinc. De zinc, de rojo y sombras. El zinc es el receptáculo de la luz; mejor, el alambique de la luz: la que le llega la devuelve más densa —¿más alcohólica?—. El rojo es un rectángulo que encuadra un objeto sin jerarquía, sin objeto casi de tan casual. Ventanas, balcones, algunas chimeneas, la azotea de... ¿dónde empieza el edificio, cuántos pisos, qué fachada, portal,

calle, jardincillo...? Un instante por el que la vista ha pasado sin registrar conocimiento, racionalidad, discurso. Un pequeño acaso, inexistente de puro nimio en la ciudad. Y de repente, ahí, congelado en el zinc el rojo en tiras formando un rectángulo, agujeros sin pintura, sombras de cinabrio. ¿Edificio? ¿Y por qué no un tranvía? ¿Un vagón de madera, arrastrado por una vieja y negra locomotora? Para el viaje de la vida nos subimos a pisos que son como fugaces departamentos de vagones inmóviles, nos sentamos en asientos de tranvía para ver detenida la ciudad al otro lado de un cristal.

martes, 20 de marzo de 2012

El sosiego

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Jesús: Tu defensa del sosiego me parece un artículo espléndido. Forma parte de las vertebras del humanismo que llevan ya un siglo amenazadas de desaparición y que de repente, en esta década, paracen querer liquidar con efecto de derribo. El sosiego es una de las columnas del patio del antropocentrismo humanista: cobra su valor porque es connatural al disfrute de la poesía, del arte y del conocimiento como expresiones más altas de lo humano. Ahora bien, en el economicismo que lo sustituye, como bien ves: ¿para qué sirve el sosiego? Solo para que alguien pierda dinero. Fuera con él, pues.

domingo, 4 de diciembre de 2011

A salvo de la tormenta

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José Manuel: A tu idea de sentirte con la lectura a cobijo de la helada tras los cristales le añado otra que quizá sea al mismo tiempo su opuesta y complementaria. Siendo muy joven (hoy habría pasado sin fijarme, seguro) y el Museo Dalí recién inaugurado, me impresionó una instalación con un Cadillac en el que dos o tres maniquíes (no recuerdo bien) en sus asientos, a modo de personas, soportaban un intenso aguacero, dentro del coche. Leer me produce siempre el mismo efecto: me siento a salvo de la lluvia que está cayendo delante, en las páginas del libro.

lunes, 10 de mayo de 2010

Carta a Julio, preocupado por no haber escrito

Por el sinsabor del tiempo que pasa sin que hayas escrito nada no debes entristecerte en absoluto. Todo cuanto hemos escrito los demás se publica en papel químico que no soportará el paso ni de cien años, y además queda registrado en signos herméticos e ilegibles que los programas del futuro ni siquiera se preocuparán por traducir a nuestro viejo alfabeto: habrá tal volumen de escritura en el planeta que la eutanasia literaria será la única solución viable. Así que no escribir y escribir es, a los efectos del último día, exactamente lo mismo: un entretenimiento particular de valor efímero.

lunes, 3 de mayo de 2010

Vida de poeta joven

Aun pareciéndome exacto cuanto dices, hay un factor que siempre me ha dado qué pensar. Desde los años 70 hasta hoy se ha producido un paulatino deterioro del valor de lo editado. La crítica, expectativas, atención lectora y memoria de otros poetas han ido cerrándose hasta enroscarse en sí mismas. Un libro publicado en los 70 era conocido y comentado por todos. Hoy, libros de poetas jóvenes interesantes desaparecen antes de aparecer. No circulan. Nadie habla de ellos. Nadie siente interés por leerlos... si no forman parte de un circuito preestablecido. Hasta cierto punto, se explica ese nerviosismo por existir.

lunes, 22 de marzo de 2010

Μεταφορές

A: sé de tu afición a cambiar de casa constantemente. Llegas a un piso, sales al balcón, y cuando sientes que los libros reposan plácidamente sobre los anaqueles, te incorporas: ¡otra mudanza! Peor fue cuando decidiste cambiar de dirección electrónica. Eso sí que me tuvo al borde del histerismo. Cada diez minutos una nueva. Había que correr a responderte porque si me demoraba, el mensaje no te encontraría nunca. Menos mal que sosegaste aquel ímpetu y lo encaminaste hacia la realidad. Ahora, felizmente, veas lo que veas por la ventana, la pantalla del ordenador se abre en el mismo enlace.

miércoles, 27 de enero de 2010

Trazados

Ramón: entiendo mejor lo que me cuentas de tus viajes: Murcia, Cádiz, Lisboa: la ruta periférica parece trazada por una de esas figuras geométricas que estudias con tanto secreto. Y si el final está en Lisboa, sin duda un dictado hermético mueve el argumento que te conduce hasta sus adoquines exasperados. Sí, es verdad, Lisboa fue mi ciudad en 1983 y en 1984. Ya estaba a punto de escribir que no sé dónde andará aquella ciudad casi medieval que fue la mía, y sin embargo lo que debería decir es que no sé dónde estará aquel joven que fue suyo.

martes, 15 de diciembre de 2009

«De lo observado»

Foto Andrés Ferrer
Fernando: Andrés Ferrer me ha parecido —en De lo observado— un fotógrafo magnífico, sobre todo porque sabe hacer las fotos que a mí me gustaría tirar y que nunca consigo encuadrar con mi cámara infantil de dos megapíxels. Si fuera fotógrafo —pienso— haría instantáneas como Andrés Ferrer: habitaciones reventadas por la humedad, techos hundidos, fábricas abandonadas, carteles herrumbrosos, tipos paseando bajo el paraguas en una ciudad a punto de desaparecer, una moto aparcada frente a un palacio, un baile de carnaval de estatuaria romana, los caballos amontonados antes de montar los caballitos... Allí donde peligra el realismo de la realidad.


viernes, 5 de junio de 2009

Tonteos

Isabel: eso que tu llamas tonteos son poemas, sin duda alguna; y lo que contemplas como entretenimiento de ordenador sobre las piernas en el sofá no es otra cosa que escritura. Posiblemente lo otro, la otra escritura que soñamos como un corpus precioso y perfecto no sea ya más que un espejismo. No hay más escritura que la que escribimos cada día. Y ésta se construye siempre a nuestras espaldas, por la sencilla razón de que si la hiciéramos a propósito nunca descubriríamos nada. Resulta evidente, ¿no? ¿Cómo vamos a descubrir qué si escribimos a propósito para descubrir algo nuevo?

martes, 19 de mayo de 2009

Alberto:

está bien que vayas escribiendo mientras aguardas —o la buscas, da igual— la llegada de la poesía. Como posiblemente se retrase, no por ella, que suele ser dama puntual (un oxímoron como otro cualquiera), sino por ti, que la recuerdas como una pequeña emoción efímera cuando acaso ya sólo sea una conmoción cerebral, pues no está mal escribir otras cosas, de otro modo, contarlo incluso si uno no sabe de qué hablar. De hecho, cuando haya pasado el tiempo tal vez descubras que su ausencia es lo mejor que te ha dado. Ella es así. Kafka la llamó la metamorfosis.

lunes, 30 de marzo de 2009

Carta a VLM sobre algunos aspectos de la novela

La necesidad de un contrapunto en el presente apareció cuando la historia del pasado empezó a ser escrita. Se impuso como una exigencia del argumento: la creación de dos tramas que se cruzaran en diferentes planos: argumental, estilístico, formal y estructural. Quizá sea una necesidad de la novela contemporánea: su fragmentación esencial astilla las decisiones que vertebran la narración —punto de vista, marco espaciotemporal, acción... imposibles de mantener con validez durante todo el argumento— de modo que sólo es posible ir construyendo el amparo narrativo de la historia pedazo a pedazo, sin importar cómo hayan sido contados los fragmentos contiguos.

jueves, 5 de febrero de 2009

Carta a Montano a propósito de vientos excesivos y libros por llegar

Espero que el tornado no haya deshojado los pliegos de los libros por encuadernar y sus hojas vuelen por los cielos mediterráneos como aquellos colibríes que Rafael Pérez Estrada repartió por Málaga tras el naufragio de un barco de mercancías exóticas. Aunque bien pensado... Qué pena que el vendaval no haya provocado algo parecido con los libros, ¿verdad? Los lectores irían leyendo páginas al azar conforme las cazaran al vuelo y luego las dejarían partir al compás del viento. Podrían intercambiarse las repetidas y hasta pagar pequeñas fortunas por la página que les falta: aquella donde los protagonistas se besan.