Sangrantes heridas comenzaron a aflorar.
De cuerpos con pieles sanas,
profundas llagas emergían ávidas de brotar.
Con los dedos, para verlas las abrías,
cuando yo tapaba y cuidaba de cerrar.
De remedios sanos las cubría,
pero con resistencia, nuevos y viejos focos vuelven a avivar.
El camino de rosas, lleno de púas a veces florecía,
conociéndolas y amándolas, ayudan a esquivar.