Pero como no me quiero extender sobre la historia del arte, hoy os hablaré un poco de mi historia personal en relación con él. Desde que me quedé embarazada de mi hijo, hace aproximadamente 6 años, tuve que dejar el entrenamiento a un lado por diversos motivos pero, básicamente, por incompatibilidad de horarios.
Por fin, el mes de octubre del año pasado, pude volver a entrenar. Es sólo un día en semana un par de horas, pero me han dado la vida. Tener a mi hijo es una experiencia que resulta difícil de explicar a las que no son madres y superflua a las que sí lo son. Es una de esas cosas en la vida que tienes que experimentar (si quieres) en carne propia porque las palabras se quedan cortas. Pero te parte la vida, eso es un hecho incontestable.
Dicho esto, hace cosa de un mes, mi instructor me dijo que tenía que examinarme de grado. Pasado el pánico del primer momento, estaba claro que después de 6 años ya tocaba, y tocó este sábado.
Como siempre, la sensación es de insatisfacción porque sé que podría haberlo hecho mucho mejor, cambié dos técnicas de un bloque por las de otro y dudé más de la cuenta. Pero los examinadores quedaron satisfechos y ¡aprobé!.
Hoy, sólo pienso en las vacaciones de Semana Santa y lo que voy a descansar. Pero mañana estaré muy satisfecha de mi misma, seguro.
Ninpo Ikkan