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miércoles, 20 de mayo de 2026

Koljós. Emmanuel Carrére

 


     "El 3 de octubre de 2023, cincuenta y tres días después de su muerte, la nación rinde homenaje a nuestra madre en el patio de honor de los Inválidos. Banderas, uniformes, charreteras, condecoraciones".

      Cada vez que Carrére saca libro es, al menos para mi, un acontecimiento. No tardo en ir a la librería y regresar sintiéndome como si hubiera encontrado un tesoro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Koljós.

      Este libro trata de la madre de Carrére, fallecida en 2023, pero no solo de su madre. En realidad, y haciendo honor a la verdad, el libro lo inspiró la búsqueda su linaje aristocrático en Rusia realizada por el padre de Carrére, quien por cierto falleció poco después que su madre. Así que este libro trata de la familia del autor, que se redujo en pocos meses a tres hermanos, y por tanto también de sus raíces. Es un homenaje a una madre que se aleja de esos tonos excesivamente complacientes que nos viene regalando la literatura para dar un reflejo fiel mucho más cercano a lo que suele hacer el autor. Señala lo bueno y lo malo desde el duelo pero no desde la sensiblería, y muestra un interés heredado por sus propias raíces que se ve incrementado por la invasión de Ucrania llevada a cabo por Rusia (además la madre, Hélène, se sintió afectada en lo personal por este suceso ya que hasta ese momento era simpatizante). También nos cuenta que su madre se sintió tan dolida por la novela que él había escrito sobre su abuelo, que su relación se fracturó y tardó varios años en ir sanando. Nos cuenta muchas cosas en realidad.

     Carrére se siente cada vez más cómodo en lo personal, eso está claro, y él afirma además que es su lado personal más veraz, que no ficciona ni miente, que Carrére cuando escribe no engaña. Esto es importante porque dentro de Koljós hay mucho de literatura, de la propia de la del autor.  Hay un recorrido y una forma en que su obra afecta a la familia, las decisiones que él toma y aquellas que se toman sin querer afectados por el entorno más cercano. La novela trata, en definitiva, de muchas cosas. Se siente personal, se siente libertaria y se siente el cariño con el que un hijo se enfrenta al choque del retrato de una madre de la que no puede decir que todo lo hizo bien. Nadie es perfecto y el lector percibe ese trabajo interior y exterior que el autor realiza para que el duelo no eclipse la novela, para permitirnos conocer a esa gran mujer que tuvo que ser Hélene Carrére.

     Koljós es una palabra rusa con la que se designa esa invitación que hace una madre a sus hijos a subirse a su cama cuando el padre no está. Ese momento que todos visualizamos como de felicidad y escena infantil sin tener en cuenta que una madre, en sus últimos días y cuando ya solo es la sombra de aquella mujer que invitaba a sus hijos a la cama, a veces tiene a un hijo a su lado velando ese sueño frágil de los últimos días. Todo eso es Koljós. Así de privado. Así de personal.

     No me cansaré de decirlo: hay que leer a Emmanuel Carrére.

     Y vosotros, ¿con qué libro estáis esta semana?

     Gracias.

miércoles, 15 de abril de 2026

La vida al final. Bernhard Schlink



     "Esa tarde no bajó en ascensor; prefirió las escaleras. Bajó despacio, escalón a escalón, piso a piso, fijándose en el blanco de las paredes, en el verde de los números que al lado del ascensor indicaban la planta en que se encontraba, en el verde de las puertas. Luego, ya fuera del edificio, notó el aire fresco y se fijó en todo lo que iba viendo: los peatones en la acera, los coches en la calzada, los andamios del bloque de enfrente. 
     Lo primero que pensó fue que, ahora que ya no le quedaba mucho tiempo, en lugar de escoger las escaleras debería haber bajado en ascensor. Pasó un taxi, lo paró y subió. El taxista lo saludó e hizo un comentario sobre la hermosa mañana que había amanecido después de la lluvia de los últimos días. El cielo estaba azul, el sol brillaba y, en el verde de la isleta, en medio de la calle, florecían unos crocos. Sí, pensó, una mañana realmente hermosa. ¡Cuánto me ha alegrado siempre ver llegar la primavera después de los largos meses con la ciudad cubierta por un cielo bajo y gris!"

     Creo que como la inmensa mayoría, conocí a Bernhard Schlink por El lector. Sin embargo poco a poco mi biblioteca se ha ido llenando con sus títulos, y hoy traigo a mi estantería virtual, La vida al final.

     Conocemos a Martin cuando, con 76 años, le diagnostican de cáncer de páncreas. Dentro de lo terrible que es la palabra, el de páncreas es mucho más serio, y su vida ahora es un bien preciado y muy limitado, así que Martin es consciente de que está cerca de dejar a Ulla sin marido y a David, de 6 años, sin padre. Martin se preguntará por qué ese día, el del diagnóstico, utilizó las escaleras en lugar del ascensor, como si eso fuera un dato importante. El día en que su vida se acortó y le dijeron que le quedaban seis meses se convierte así en un punto de introspección que acoge toda la novela gracias a una prosa sencilla y sobria que une los pensamientos de este hombre que necesita poner todo en orden, con el del lector que se va viendo afectado por la irremediabilidad de la muerte.

     Sin embargo, y pese a lo que acabo de decir, Schlink no escribe una novela que se limite a hacer un balance de la vida. El protagonista pronto avanza de ese punto para salir de la peligrosa zona que roza el lamento y centrarse en su hijo y en lo que le puede legar. Martin sabe que va a dejar una herencia y que David va a crecer seguramente con un padrastro y bajo un amparo económico. Lo único que puede dejarle él, y que le dure toda la vida, es su recuerdo. Y David es joven, así que Martin reflexiona cómo abordarlo y comienza a girar alrededor del niño. Aún así el libro es más que padre e hijo. Descubrimos a Ulla como abandonada en la infancia, como esposa cuestionada y como madre que perdura en el tiempo. Sentimos también el declive del protagonista, la pena, la fragilidad de la vida y aún así la sensación del deber cumplido.

     La vida al final es una novela hermosa sobre la importancia de los valores y del legado que dejamos a nuestro paso por las personas y la vida. Una historia conmovedora en la línea de Schlink con la que disfrutarán sus lectores habituales.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 27 de octubre de 2025

Cómo ordenar una biblioteca. Roberto Calasso

 


     "¿Cómo ordenar la propia biblioteca? Es un tema altamente metafísico. Me sorprende que Kant no le haya dedicado un breve tratado. De hecho, ofrece una buena ocasión para indagar en la cuestión capital: ¿qué es el orden? El orden perfecto es imposible, sencillamente porque existe la entropía. Pero sin orden no se puede vivir. Con los libros, como con todo lo demás, es necesario encontrar un término medio entre esas dos afirmaciones".

     Los lectores nos sentimos atraídos por los libros sobre libros, es un hecho. Pareciera que, además de presumir y hablar de libros, nos sintiéramos parte de una suerte de secreta hermandad en la que todos nos comprendiéramos con un lenguaje secreto basado en validar comprar nuevos libros cuando aún tenemos sin leer o en el placer de ver nuestras propias bibliotecas, ordenadas por un criterio personal que nos impulsa además a intentar descubrir el criterio con el que otros ordenan las propias. Por eso, hoy traigo a mi estantería personal, Cómo ordenar una biblioteca.

     Roberto Calasso reúne en una única persona las figuras de editor, escritor y lector, y me atrevo a decir que todas ellas al más alto nivel. De hecho no hay más que echar un vistazo al catálogo de Adelphi durante sus años de editor para comprender a qué me refiero. Tiene además entre sus publicaciones una serie de títulos que se acercan a los libros desde todos los puntos de vista que él poseía, y el que hoy traigo en particular se coloca muy del lado afín de los lectores. 
     Si esperáis la fórmula mágica para colocar vuestra biblioteca de forma que no os queden dudas o que desaparezca esa sensación de tener algún libro mal colocado (ya sea porque el autor cambió de editorial o la editorial de formato, o tal vez el escritor optó por publicar un ensayo), os aviso: aquí no es. Calasso afirma que hay tantas formas de colocar las bibliotecas como lectores y que, además, todo lector piensa en varias posibilidades que le convencen, pero en el mundo tridimensional normal que habitamos no podemos desdoblar libros para que se encuentren en dos lugares a la vez salvo que los compremos y ocupemos más espacio. Ese es nuestro eterno problema, ¿verdad? Y aquí aparece además la regla del buen vecino, vital para el autor, y que dice que cuando vas a buscar un libro acabas cogiendo el de al lado porque de repente es más útil o llamativo que el que habías pensado en un primer momento. Confesadlo, a todos nos ha pasado alguna vez. Es como ese momento en el que vas a por un libro a la librería pero ves otro que no buscabas y... bueno, ya nos sabemos también el final de esta historia.
     Además hay partes biográficas o basadas en experiencias propias que enriquecen esta lectura que tiene, por supuesto, un bello hilo conductor en torno a los lectores y también saca la sonrisa cuando afirma no solo que hay que comprar libros que no se leen o que comprar más libros de los que se leen porque en el futuro, cuando nos apetezca leernos, será como si el día que los compramos nos hubiéramos anticipado en el tiempo. También dice, y me tuve que reír, que si alguien le preguntara si ha leído todos los libros que tenía en su casa y él respondiera que sí, estaba seguro de que la otra persona huiría espantada. Y es que pensadlo por un instante... conoces a alguien, con el tiempo vas a su casa y ves una pared atestada de libros. Un lector jamás hace esa pregunta pero tú no puedes evitarlo y le dices: ¿los has leído todos? Y entonces la otra persona se vuelve y te mira con una sonrisa y afirma sin dudar siquiera un instante: sí, por supuesto, por eso están ahí. Bien, pues no quiero asustaros pero yo estoy casi segura de que pensaría que he dado con algún tipo de psicópata.

     Calasso cuenta que cubre los libros con pergamino porque exponer los títulos sería como una exposición de su propia intimidad y yo que tengo un estante con mis libros más preciados justo pegado a la cama comprendo perfectamente lo que quiere decir. El resto están expuestos abiertamente repartidos por la casa. También habla de los malos vecinos, los vecinos molestos, y de la necesidad del no en una biblioteca. al igual que una editorial, una biblioteca tiene que saber decir que no a libros malos, ediciones malas, obsoletas o embarazosas por lo que pone o por la dedicatoria que nos encontramos. Calasso dice, en definitiva, muchas cosas que serán perfectamente comprensibles para cualquier lector que se acerque a este pequeño ensayo que, en mi caso, no va a estar jamás al fondo del estante, donde puedo colocar delante del lomo tantas figuritas y adornos como para dejar claro que ese libro no va a salir nunca del lugar que le asigné.

     No existe la biblioteca perfecta con el orden perfecto. Toda biblioteca es en sí un caos en constante orden o desorden porque vamos cambiando los libros de sitio. Lo que si existe es una librería perfecta y tal vez ya la conozcamos aunque no seamos conscientes de ello: es aquella de la que uno siempre sale con un libro bajo el brazo y, la mayor parte de las veces, es con un libro que ni siquiera sabía que necesitaba pero que al descubrirlo se volvió, como decía aquella colección sacada por otro erudito editor, ineludible.

     He disfrutado mucho con Cómo ordenar una biblioteca. Me he sentido comprendida, acogida y aceptada y es que cuando un lector encuentra a otro y su amor por los libros es equiparable, solo puede pensar: mi sitio, mi manada.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

      Gracias.

lunes, 8 de septiembre de 2025

La esposa joven. Alessandro Baricco

     
     "Desde hace ciento trece años, todo hay que decirlo, en nuestra familia todos han muerto de noche.
Esto lo explica todo".

      Adoro a este hombre. Cada libro es una experiencia y a la vez encuentras lo mismo. En cada libro de Baricco encuentro la frase más bonita del mundo, el momento más extraño, el romanticismo (no hablo de amor) más puro. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La Esposa joven.

     Conocemos a la esposa joven cuando, al cumplir 18, tiene que regresar de Argentina para presentarse ante la familia del hombre con el que prometió casarse. En algún lugar del sur de Italia. En algún momento del siglo pasado. La familia: padre, madre, hija e hijo, tiene dinero gracias a las telas. Son distantes, temerosos de la noche y, sobre todo, muy desapegados. Adoran la calma y los desayunos y ninguno de ellos tiene nombre. El hijo ahora no está, entra en mayordomo, Modesto. Este si que tiene nombre. No son infelices, no se permite. Y tampoco se permiten los libros, de hecho leer está prohibido. Esto a la novia no le termina de parecer bien. Se relaciona con la familia en la que también hay un tío. Empecemos de nuevo: Modesto es quien la explica, la madre es una presencia hermosa, al padre le sucede algo, eso está claro, la hermana está lisiada y el hermano, no está. Ahora quizás se ha comprendido mejor, o tal vez no y por eso el propio Baricco se asoma a la novela un momento. Hay mucho que explicar...

     "La infelicidad roba tiempo a la alegría, y en la alegría se construye la prosperidad".

     Lo primero que hay que decir es que si vas a leer a Baricco, tiene que gustarte Baricco. En caso contrario, lo odiarás. Por eso uno empieza con Seda y se empalaga con palabras rebuscadas y situaciones imposibles en las que eso que otros llaman verosimilitud saltan por los aires. Sus libros son poesía y a la vez un cuento para adultos, fantasía alfombrando las calles de ciudades conocidas cuyas gentes no reconocemos pero a las que no gustaría encontrar. Yo por ejemplo, llevo años soñando con encontrarme al maestro que hace bombillas a mano, personalizadas en color, intensidad y duración para la persona que la encargaba. Lo cierto es que ni siquiera recuerdo de qué iba esa novela. Creo que había una cama y unos amantes, quizás uno posaba para el otro, qué más da... a mi, quien me enamoró, fue el hombre que hacía bombillas. Eso es leer a Baricco, enamorarse de una letra colgante, de un personaje escondido, un supuesto npc que te roba el corazón al apoderarse de un trocito de tu alma.

     "Un jugador profesional, que ganaba con cartas invisibles".

      La esposa joven es más de lo mismo y a la vez muy diferente. Un cuento a ratos retorcido, se le ha criticado mucho la cantidad de sexo que tiene, supongo que por la falta de costumbre, pero yo he entendido que forma parte del proceso de cambio en la novia (y aquí me planto que no quiero dar detalles). La novela trata sobre la superioridad moral, la indiferencia, pero no para el lector quien no puede quedarse a un lado de lo que se relata. Los sueños son vitales, un personajes solo vive ahí y es, junto con el ausente, parte más que vital de esta extraña novela de la que lo peor que uno podría decir es que es original, ya que limitarse a eso será casi prejuzgarla. Ahora podría explicaros lo que pasa con el narrador, algo absolutamente desconcertante, mutante y dos o tres -antes más que ahora no se me ocurren, pero también os lo dejo, por si lo queréis descubrir. 

     "Heredó de su familia un nudo enredado en el que nadie parecía ser ya capaz de distinguir cuál era el hilo de la vida y cuál el hilo de la muerte, y dijo que él se planteó deshacerlo".

     La esposa joven no es la mejor novela de Baricco, pero es una novela de Baricco. Se disfruta, como tantas otras suyas, si se lee dos veces; una para entender y otra para atesorar. Pero, sobre todo, se recuerda. Porque Baricco se mete bajo la piel. Por si no se ha notado: vivo enamorada de la forma en que se retuercen las letras de Baricco.

     "No habría podido decir qué estaba viviendo. Era un sortilegio. Lo sentí cerniéndose sobre nosotros, y cuando en el mundo no hubo nada más, a excepción de mi voz, intuí que en realidad no estaba pasando nada de lo que estaba pasando, ni nunca iba a suceder".

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     "No voy a morir de noche, lo haré a la luz del sol".

     Gracias.

     "Y luego oyó un crujido en su corazón de cristal, percibió un olor dulzón que reconoció  y supo con certeza que en ese momento había empezado a morir".

     

lunes, 3 de marzo de 2025

Felices como asesinos. Gordon Burn




     Basado en un hecho real. 

      Los asesinos en serie son espeluznantes, aterradores, sociópatas que muchas veces se disfrazan de normalidad. Los asesinos en serie ocupan las páginas de los diarios, las noticias, horas y horas de series, libros y películas y documentales. Pero, sobre todo, los asesinos en serie existen. Hoy traigo a mi estantería virtual, Felices como asesinos. 

     Conocemos a Fred y Rosemary West. Este matrimonio ya había sido denunciado en su día por la canguro que trabajaba en su casa, pero ahora han aparecido restos humanos en su jardín. Son los huesos de su hija Heather. Por si fuera poco, cuando la policía excava comienzan a aparecer huesos de otras mujeres, parece que ocho.¿Quienes son Fred y Rosemary?

     Me acerqué a este libro por la comparación constante con "A sangre fría" uno de mis libros favoritos. Sin embargo, más allá de una supuesta investigación basada en unos asesinatos reales, poco o nada tiene que ver un libro con otro; si acaso que ambos tienen letras. "A sangre fría es una investigación exhaustiva mientras que "Felices como asesinos" entra peligrosamente en el terreno de la ficción ya que, en primer lugar, hay mucho agradecimiento, pero poca fuente citada. Además de eso, se acerca peligrosamente al terror tanto por la crudeza de las escenas de sexo y muerte o agresión que representa el autor, como por el tono utilizado en ellas. Incluso basado en la ausencia de sujeto al que dirigirse o de verbo, cae en un tono y unas formas a ratos erráticas que consiguen poner los pelos de punta a cualquier lector empeñado en meterse en la cabeza de este escalofriante matrimonio. 
      Lo que hace el autor es retroceder para intentar desnudar a Fred y Rosemary. Sabemos que encuentran huesos, sabemos que ya fueron denunciados y también conocemos sus finales, peses a que, a mi modo de ver hay una duda que no se satisface o, al menos a mi, no me ha dejado las cosas tan claras como me hubiera gustado. 

      Una de las cosas que más asustan de este tipo de casos reales es, por encima de lo terrible de sus actos, la facilidad con la que han pasado desapercibidos durante años pese a que hayan desaparecido mujeres relacionadas con su entorno. Es esa suerte de vulnerabilidad que despierta en cualquier lector, lo que hace que la novela se vuelva intranquilizadora desde las primeras páginas y será la crudeza con la que avance la que la haga no apta para estómagos sensibles. Uno se pregunta si no vivimos en una época de pornografía, en la que todo se exhibe hasta el tuétano y la pornografía menos porno es aquella con la que relacionamos en primer lugar la palabra: es decir, la sexual. 

      El libro en su conjunto funciona, ya que decir que un relato así ha gustado ralla con el dilema moral, sin embargo es difícil abstraerse a los fallos comentados en el tono y las formas, así como el referido al desenlace relacionado con Rosemary. Recomendarlo en este caso es un riesgo, ya depende de cada uno, de su interés, curiosidad, estómago y capacidad para dormir tranquilo. Yo, en mi caso, no me arrepiento de haberlo leído. 

      En cuanto a las modas ahora tengo curiosidad por saber si habrá serie.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

lunes, 3 de febrero de 2025

Orbital. Samantha Harvey


     "Girando en torno a la Tierra en su nave espacial se sienten tan unidos, y tan solos, que incluso sus pensamientos, sus mitologías íntimas, confluyen a veces. Tienen de vez en cuando los mismos sueños. Sueñan con fractales y esferas azules, y con rostros conocidos abismados en la oscuridad, y con el negro brillante y energético del espacio que azota sus sentidos. El espacio en crudo es una pantera, indómita y primaria; en sus sueños se les aparece merodeando por sus aposentos. Están suspendidos en sus sacos de dormir. A un palmo de distancia, al otro lado de la piel de metal, se extiende el universo en sencillas eternidades".

      El Booker tiene la mala costumbre de dejarme grandes lecturas, como La historia de Shuggie Bain, así que, pese a las opiniones encontradas, al final no he podido resistirme. Hoy traigo a mi estantería virtual, Orbital.

     Conocemos a Pietro, Chie, Shaun, Nell, Roman y Anton. Todos ellos son astronautas y cada uno tiene su misión particular, además de las rutinas propias de la nave como anotar sus cefaleas. Se encuentran en una órbita cercana, en la que van a pasar 6 meses. Y en esa órbita, en la estación espacial, dan 16 vueltas diarias al planeta Tierra. La novela nos acercará uno de esos días.

     Y básicamente, eso es todo. 16 vueltas, 16 capítulos, 6 tripulantes y una gran capacidad de observación y reflexión es lo que ha ganado este año el Booker. Si me sorprendió pensar que había ganado una novela de género, realmente no debería de haberlo hecho ya que no es tal. La Tierra es fascinante, la miran mucho, nos explican lo que ven... con un tono de extasiada maravilla. Los astronautas se cuidan, no solo observan, también hacen ejercicios, hablan y tienen sus propias historias. Pero sobre todo, lo que a la autora parece importarle, es que tienen ojos y por dónde mirar. Las nacionalidades no dan tanto juego como yo esperaba, seamos sinceros, uno ve que hay dos rusos y espera una trama que sea más que mirar por una ventana u otra, pero parece que esto es lo único que le importa a la autora. Si esperabas conocer más a los personajes, no has elegido la novela correcta.

     La novela, cortita para lo que estamos acostumbrados, está trabajada hasta tener una prosa con brillo, casi poética, hasta cierto punto agotadora. Cuando uno lleva la mitad del libro ya tiene claro que lo que ven es bonito, que les gusta, que hay barcos, líneas de luces, fenómenos que se aprecian desde la distancia e incluso ondas de radio. Lo que cuesta es aceptar que todos sean tan elevados. Por eso el libro me ha resultado agotador.

     Orbital me ha resultado agotador.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 1 de julio de 2024

City. Alessandro Baricco




     "Este libro se titula City. Me doy cuenta de que, después de Seda, hubiera sido mejor buscar algo que sonara un poco distinto. Pero este libro está construido como una ciudad, como la idea de una ciudad. Quería que el título lo dijera. Y ahora ya lo dice. Las historias son barrios, los personajes son calles. Lo demás es tiempo que pasa, ganas de vagabundear y necesidad de mirar. He viajado tres años por City. El lector, si lo desea, puede recorrer el mismo camino. Es lo hermoso, y lo difícil, de todos los libros: ¿se puede viajar por el viaje de otro?"

     Se me había escapado este título del autor hasta encontrarlo en una librería de segunda mano. Me recordó a Seda, para mi su mejor novela. Me lo llevé. Hoy traigo a mi estantería virtual, City.

     Conocemos a Gould, un chico de 15 años que tiene una inteligencia más que destacable y que se rodea de otros chicos, a saber imaginarios ya que uno es gigante y otro mudo, o no precisamente por estas características si no porque muy reales, no son. La cosa es que Gould es abandonado por sus padres y acaba bajo el cuidado de Shell, que no es que sea muy sociable tampoco y además escribe western. 

     Y más o menos así comienza una historia con una novela grabada durante años, una caravana amarilla y un montón de historias que se van entrelazando entre las que está la de un boxeador. Dicho así puede parecen un tanto batiburrillo y es que es voluntad escrita del autor que el lector se pierda como en una ciudad, por eso no ecatima en esfuerzos, incluso intelectuales para estar a la altura de su protagonista, en lograr que percibamos esa sensación. Sin embargo el lector acostumbrado a Baricco va a tender más a buscar esos personajes entrañables, esa duda en la prosa, la imagen romántica y desvalida... un momento, va a encontrar a Monet como gran revelación, esta vez de un personaje real y conocido, pero ahí está. Porque la magia de leer a Baricco es creer en lo que nos representa. City es metaliteratura o metavida, ya que hay dos historias ficticias, el western y el boxeador, que se entretejen con la ficción principal, la vida de Gould y Shell, y mientras eso sucede entran y salen distintos personajes que son hermosos en sus rarezas, aunque de una forma distinta al resto de la obra del autor.

     City perfectamente podría convertirse en una de esas novelas como El arco iris de la gravedad o La broma infinita que llenan páginas de lecturas hechas o a medio realizar intentando explicar lo inexplicable que escribieron sus autores. Tiene ese punto de absurdo y de llamativo, de la búsqueda del significado conjunto de aquello que uno lee y le absorbe hasta escupirlo con el cerebro licuado, provocando que entonces, ya sin ese ansia de entender, se limite a disfrutar del viaje. Sin embargo City ha llegado después de Seda y eso supone que si alguien lo lee, antes habrá pensado "compraba y vendía, gusanos de seda". Supongo que todo escritor quiere tener un éxito desbordante con su obra, pero también hay veces en las que un autor queda eclipsado bajo el peso de un único título. Hoy sucede menos porque rápidamente se descubre que ese título es parte de una saga y eso permite que el escritor continúe y además vaya repartiendo el peso, o en el peor de los casos y ante un avance torpe, el peso se diluya liberándolo (digo peor porque partimos de que todos buscan el éxito). Ante no pasaba eso, y quizás por eso el valor del texto que comparto en el que el mismo autor habla de ambos indique el orden perfecto además de la lectura. City es una terapia de choque tras su obra más conocida. Y eso, para mi, le da un valor añadido. Lejos de buscar el seguir la estela, ha roto el camino.

     City es una novela que se dirige al cerebro del lector. Una experiencia totalmente caótica y maravillosamente disfrutable.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

miércoles, 21 de febrero de 2024

Maniac. Benjamin Labatut

 


     "En este mundo solo hay dos tipos de personas: Jansci von Neumann y los otros".

     Me enamoré de este libro al leer su primera página. Siempre dicen que es donde hay que ganarse al lector, impactarle... bien, pues funcionó. Hoy traigo a mi estantería virtual Maniac.

     Conocemos a von Neumann, un genio matemático que formará parte del Proyecto Manhattan y que se siente total y absolutamente fascinado por los ordenadores. Su vida será narrada a partir de todo su entorno que incluye tanto a amigos como enemigos.

     Una de las cosas que más me han fascinado de Maniac es la capacidad del autor para cambiar de registro. La novela goza de una polifonía tal que el lector tiene la sensación en su primera parte de estar ante uno de esos programas en los que distintas personas van dando su versión, y cada voz es diferente. Cuando nos hemos recuperado de esa capacidad, bastante sorprendente si tenemos en cuenta que en muchas novelas el narrador habla como los personajes, el autor cambia nuevamente de registro esta vez entre capítulos, mostrando una capacidad camaleónica para deslizarse entre las diferentes formas de contar una historia que es, en definitiva, contar a von Neumann. Hila además de forma sutil la historia completa en la que desarrolla temas como los avances tecnológicos, de hecho el título no deja de ser el nombre de un ordenador.

     Si von Neumann es fascinante, no lo es menos el hecho de que el autor utiliza a este personaje para reflejar la realidad en la que nos encontramos y que nos deja más o menos por debajo de nuestra propia creación. Eso se mezcla con el problema imposible de resolver algo que atenta directamente contra la necesidad de los científicos de resolver enigmas tanto como de comprender las cosas: y así es como ya tenemos el grueso de una novela en la que estas manías suponen prácticamente un descenso al infierno. En la novela hay, por supuesto, explosiones nucleares, ajedrez y se juega al Go pero conocer estos dos últimos juegos para comprender la historia es igual de necesario que haber sobrevivido a una explosión nuclear. Y digo esto porque, si bien al ajedrez sé jugar desde pequeña, el Go me resulta bastante desconocido, y ni una ni otra cosa ha marcado mi comprensión del libro.

     La novela me ha encantado, me ha parecido fresca y original y me va a llevar, lo tengo bastante claro, a buscar el primer título del autor. 

     Por supuesto que recomiendo leer Maniac. Hay pocos libros así. 

Y si alguien lo duda, que lea la primera página.

     Y vosotros, ¿buscáis más libros cuando un autor os enamora con el primero que llega a vuestras manos o preferís esperar al siguiente que publique?

     Gracias.

lunes, 12 de junio de 2023

Elizabeth Finch. Julian Barnes

 


     "Se plantó frente a nosotros, sin apuntes, libros ni nervios. El atril lo ocupó su bolso. Echó un vistazo alrededor, sonrió, en silencio, y comenzó:

- Habrán observado que el título de este curso es "Cultura y civilización". No se alarmen...".

     Uno de los escritores con los que más me divierto del panorama actual es, sin duda alguna, Julian Barnes. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Elizabeth Finch.

     Conocemos a Neil como estudiante no demasiado brillante y enamorado de su profesora de Cultura y Civilización, la señorita Elizabeth Finch. Es de aspecto austero, casi severo, preclara a la hora de hablar... y la protagonista de las fantasías de seda de su alumno que, una vez finalizado el curso, decide invitar a quien hoy sería su crush a cenar y estos encuentros, que no pasan de ser dos o tres veces al año, se convierten en una costumbre que se dilata durante dos décadas. Que nadie vaya a pensar en algo sexual, porque no lo es. Esto termina cuando Neil recibe una notificación sobre la muerte de Finch, quien lo ha legado sus papeles y libros, algo que provoca el regreso del alumno, que se zambulle en ellos leyendo sobre, por ejemplo, El Apóstata sobre el que parece tener datos como para escribir un libro o estudio. Y entonces decide que si lo iba a hacer ella, él debería de hacerlo o al menos intentarlo. Y a partir de ahí, ahora sí como ponía en la sinopsis editorial, Neil comienza a buscar a Elizabeth, a intentar finalmente conocerla.

     Esta es la novela de un hombre que adoraba a una profesora. A todos nos ha pasado, confesemos. Esta misma semana que acaba de pasar lo comentaba: guardamos recuerdos maravillosos de unos pocos de nuestros profesores. Y eso es lo que le pasa a Neil, un hombre mediocre y con una alarmante tendencia al fracaso (no hay más que ver su historial amoroso), que se ve absolutamente fascinado por una mujer que el autor nos presenta severa y rigurosa, incluso áspera, dando un punto que a mi me ha parecido de humor ante la "extraña pareja" que nunca llegó a producirse. Y entonces la novela entra en una suerte de bache ya que lo soso que es el protagonista se contagia al texto. Lo que empezaba como una admiración traspasa la barrera de la idolatría y Barnes parece querer aliarse con Neil para que logre su objetivo y retuerce el punto hasta que la protagonista se convierta en la Apostata del alumno. 

     Y en ese transitado camino, a mi me empezó a perder. Sentí que le faltaba ese punto de empuje habitual del autor, que se quedaba a medio camino a la hora de caracterizar y descubrir, como si durante la lectura todo fuera un "sí está bien, ¿pero por qué no me lo has hecho redondo?". Esa sensación acaba convirtiéndose en un desgaste para el lector, que no termina de tener claro el punto o el tono de la historia, como si Neil se fuera convirtiendo en alguien poco importante también para la novela, con una personalidad tan gris que logra que hasta su historia pase desapercibida para nosotros.

     Elizabeth Finch no es la mejor novela de Barnes, está claro. O tal vez sea yo que esperaba algo más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 5 de junio de 2023

El movimiento del cuerpo a través del espacio. Lionel Shriver

 


     Me gustan, desde siempre, los libros que no me dejan indiferente. Shriver tiene la capacidad de lograr en sus letras justo eso; provocar, divertir, molestar... llámalo X, pero llámalo. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, El movimiento del cuerpo a través del espacio.

     Conocemos a Serenata Tersipchore (gracias por jugar así con los nombres, Shriver, y gracias Daniel Najmías por no haberlos traducido), una mujer cuya hermosa voz le permite ganarse la vida en el mundo de los audiolibros, y cuya obsesión por el deporte le ha llevado a ester las rodillas destrozadas a sus sesenta años. Ella que siempre creyó que correr era el camino a la salud y la longevidad ahora tendrá que pasar por quirófano para solucionar un problema fruto de esa afición convertida en su modo de vida. Bien, pues Serenata está casada con Remington Alabaster, un hombre tranquilo y sedentario que, ahora que se ha jubilado de su sedentario empleo, ha descubierto en el deporte su nueva pasión. Es más, correrá una maratón. Al menos hasta que la oportunamente nominada como Bambi le habla del triatlón. Y se inscribe para una gran competición. Y empieza el choque.

     La novela de Shriver no es una sorpresa en el sentido de que afrontar temas habituales y hacerlo de forma incisiva es su punto habitual. No falta en esta, por ejemplo, el vecino "normal" que mira lo que camina con más obsesión de la que está dispuesto a admitir y que es utilizado, como no podía ser de otra manera, para que la autora opine sobre sus temas habituales, que rondan toda su obra desde la periferia. En esta ocasión su protagonista se ve superado por una mujer afromericana, ve llegar la inclusividad a su trabajo con bastante sorpresa... ese tipo de cosas que van sucediendo y que, a muchas personas, les pueden provocar la misma reacción que a Remington. O no, puesto que son reacciones particularmente silenciosas. Algo que Serenata sabe, aunque lo parece necesitar confirmar, que puede ser el germen de la nueva pasión de su esposo, algo que no cambiará un ápice los sentimientos que le despierta esta nueva obsesión. Es más, incluso el lector sabe cómo se va a comportar ella. Lo que no sabe, o al menos yo no fui capaz de intuir, es que iba a ser la favorita de Shriver. Y es que de algún modo el hecho de que su marido se haya apropiado de su pasión se siente como una invasión de la personalidad de esta mujer que parece llevar toda una vida sintiéndose de ese modo. Y si este tema ya aumentó mi interés, la forma en que Shriver expone al matrimonio como una unión rutinaria de faltas consentidas, aceptadas y cubiertas levemente para seguir avanzando, me ha parecido una absoluta genialidad.

     Me gusta Shriver. Sus novelas siempre tienen algo diferente que aportarme. Aunque traten aparentemente de algo tan simple como empezar a salir a correr superada cierta edad. Algo que podríamos comprobar mirando por la ventana. Casi a cualquier hora. Me ha gustado El movimiento del cuerpo a través del espacio. Lo recomiendo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 29 de marzo de 2023

Nieve. Maxence Fermine

 


     La poesía no es un trabajo.

     Como tantas otras veces llegué a esta novela por su cubierta, me llamó la atención. De un vistazo leo que trata sobre un haijin o un hombre que quiere serlo, y, como nunca había tenido en mis manos una novela con una trama semejante, me lo llevé. Hoy traigo a mi estantería virtual, Nieve.

     Conocemos a Yuko, descendiente de una familia de soldados o sacerdotes. Pero él no quiere seguir el camino familiar, Yuko quiere escribir haikus, así lo ha sentido al escuchar la naturaleza. Comienza entonces su viaje, durante el que encontrará a un maestro ciego que lo enseñará a mirar. También a la mujer más hermosa, casi irreal. Pero antes de eso, Yuko ya sabía sobre lo que quería escribir, la nieve.

     Nieve es un relato largo o una novela mínima, la primera que leo del autor, y que me ha recordado a Seda en muchos momentos. Las palabras en este caso se anteponen al argumento, a la trama, a los personajes. El autor concibe el libro como un pequeño cuento para adultos que llena de imágenes hermosas, de frases que buscan reflejar belleza y serenidad desde las primeras líneas. todo maravilla, sobrecoge, llena de plenitud... cada coma está colocada buscando la pausa justa que lleve al lector a sentir que está ante algo irreal "compraba y vendía, gusanos de seda" martilleaba en mi cabeza la frase de Baricco. El autor enfrenta al protagonista a los majestuosos Alpes japoneses en su camino hacia el maestro Soseki, ciego, un clásico, y allí en cuentra a la mujer congelada, una suerte de reina de las nieves desprovista de... bueno, eso os lo dejo descubrir, con estos detalles creo que ya son suficientes para que comprendais que la lectura se acomoda el traje de fábula para buscar al lector complacido que goza del paisaje. Sin embargo este tipo de libros corren el riesgo de ser leídos con detenimiento, el lector que goza del paisaje decide observar con atención, y ahí es donde la obra cojea, donde suena impostada, demasiado preparada en muchos momentos. Cada lugar está en el sitio preciso, las afirmaciones a veces tajantes no se sostienen, los clichés se multiplican... la novela que parece un cuento descubre que quien la lee es un adulto, y no soporta la presión. La nieve que se amontona, que se oye caer en el silencio, que se derrama sobre la tierra tras descubrir el amor, ya no es suficiente porque, como en una gran obra de teatro, no puede ser nieve real. Eso es al menos lo que me ha pasado a mi. Le sigo viendo la belleza, las palabras buscadas, los tiempos medidos (incluso literalmente), pero me cuesta encontrar en la historia el poso de lo prometido en las primeras páginas. Todo es un escenario en el que un haiku no termina de encajar.

     Nieve es una lectura breve y hermosa que a mi, personalmente, no me ha convencido porque lo he sentido teatralizado desde el principio. Pero, como siempre digo, cada libro es diferente en las manos de cada lector, así que me encantará que a vosotros os haya gustado y me lo digáis para poder ver otras caras de la misma historia.

     Decidme una cosa, ¿disfrutáis más comentando un libro con opiniones similares a la vuestra o con quien piensa diferente de la lectura?

     Gracias.

lunes, 13 de febrero de 2023

Primera sangre. Amelie Nothomb

 


     "Me llevan ante el pelotón de fusilamiento. El tiempo se estira, cada segundo dura un siglo más que el anterior. Tengo veintiocho años".

     Hace unos años que leo a Nothomb teniendo como ventaja la cantidad casi ingente de novelas por descubrir de esta prolífica autora, títulos que combino con los que va sacando de forma periódica hasta reunir en mis estantes aproximadamente una veintena. Hoy traigo a mi estantería virtual, Primera sangre.

     En esta ocasión conocemos a Patrick Nothomb, padre de la novelista. Y lo conocemos siendo un niño sin padre con una madre afectada por la situación y unos abuelos que lo crían como se supone que corresponde. Este niño es enviado con su familia paterna, algo que uno esperaría con ilusión ya que así conocerá a esa parte de la familia que parecía vetada y con la que ahora pasará el verano. Allí se encuentra con algo totalmente diferente a lo que hubiera podido esperar y será donde conozca a Pierre, poeta, y a una prole hambrienta que, lejos de vivir en el castillo imaginado, son tan ruidosos como capaces de enseñar a Patrick lo que es la libertad hasta el punto de que esa vivencia marcará su vida como para recordarlo en un punto crucial. Porque Patrick crece, escribe cartas de amor para otro pero se enamora él en una historia de Ciranos y llegará al punto en el que trabajará de cónsul y se verá involucrado en una historia terrible que es la que da comienzo a la novela.

     Cada novela de Nothomb es una sorpresa. Uno no sabe si se va a encontrar un libro intimista, un cuento moderno, una crítica social que rezuma acidez o incluso, como en Sed, el testimonio inventado de un Cristo que se dirige al final de sus días terrenales. Y en este caso, Nothomb lo que hace es rendir un claro homenaje a su padre, fallecido en 2020, en un librito corto en el que la sangre es la gasolina y motor tanto como el hilo que une cada parte de la historia. De hecho es bastante habitual que Nothomb nos regale libros cortos y en este nos dibuja a un padre que relata la situación que está viviendo mientras los hilos de su historia pasada se entretejen para llevarnos hasta su infancia e ir avanzando por su aún breve vida. La historia, mejor o peor para cada uno de los lectores, tiene un tono que resulta conmovedor ya que desde las primeras páginas el lector percibe la ausencia y la añoranza más allá de la simple admiración y es este tono unido a la peculiar manera de narrar la historia a la que la autora nos tiene acostumbrados, lo que levanta la novela hasta colocarla en la pila de los "síes" en cuanto a mi valoración como lectora. Decir que su padre murió en 2020 es hablar de que falleció en la etapa dura de la pandemia, en un momento en el que ella no se pudo despedir de él y quizás por eso es por lo que le da voz en una primera persona nítida al cerrar el libro, le deja después de todo, presentarse desde su infancia hasta  un momento en el que su hija aún no había nacido. Cosas de Nothomb: contar la historia que ella jamás vivió y precisamente por eso fingir, o fingirse, que quien la cuenta es su padre.

     La novela, con una sólida estructura circular y un final que está a la altura de la primera frase, lleva al lector intrigado a través de flashbacks hasta saber por qué y cómo un hombre con esa fobia a la sangre como la que padece Patrick, termina en semejante situación (no olvidemos la primera página), descubrimiento que se hace entre distintos momentos, desmayos, amores y discursos que quedan en la memoria de quien nunca los vivió.

     Primera sangre es una buena lectura. Nothomb se borra para rendir homenaje a su padre y regala la historia de una vida con su tono memorable y su aparente caos que se reordena para dejar al lector feliz de saber que, el año que viene por estas fechas, seguramente tenga en sus manos una novela novela de la autora.

     Y vosotros, con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Cómo ordenar una biblioteca. Roberto Calasso



     "¿Cómo ordenar la propia biblioteca? Es un tema altamente metafísico. Me sorprende que Kant no le haya dedicado un breve tratado. De hecho, ofrece una buena ocasión para indagar en la cuestión capital: ¿qué es el orden? El orden perfecto es imposible, sencillamente porque existe la entropía. Pero sin orden no se puede vivir. Con los libros, como con todo lo demás, es necesario encontrar un término medio entre esas dos afirmaciones".

     A veces me acerco a estos minilibros que se publican tan coloridos porque los títulos son tan atractivos que me hacen olvidar que son eso, minis. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cómo ordenar una biblioteca.

     Durante la pandemia decidí ampliar mi biblioteca con varios metros de estantes nuevos. Se me planteó entonces la duda del orden, y muchos me entenderéis, de los libros. No sabía si colocarlos por orden alfabético, lo que supone desniveles de alturas por los formatos, por autores a mi aire, géneros, colores, editoriales, tamaños... hasta que al final combiné el orden por editoriales con uno que creo compartimos todos: el orden histórico (ese que, una vez tenemos los estantes llenos, dice que los libros en horizontal, que suelen estar sobre los verticales, son más recientes que los ordenados meticulosamente en los estantes de forma vertical). El caso es que, terminado el nuevo orden, llené estantes y seguí comprando libros de determinadas editoriales más allá del hueco que tenía... en fin, supongo que muchos sabéis de lo que hablo. Por eso cuando vi que Roberto Calasso tenía este título en la librería, pensé dos cosas: la primera es que Anagrama ya se había extendido por encima de sus dominios, colonizando un par de estantes extra y la segunda; ¡he encontrado la solución! (sería más adecuado decir que he encontrado dónde otro escribió la solución que encontró, pero bueno). Y así fue que llegó a mi casa este librito.

     Hay que decir en un primer momento que si alguien espera que estemos ante algún tipo de ensayo que aporte la solución mágica a problemas como el mío, ya se puede ir olvidando. Cómo ordenar una biblioteca es una breve colección de relatos en las que Calasso habla de libros, sí, y que funciona incluso en su conjunto como una suerte de correlación de anécdotas y citas, además de recomendar una librería en concreto, sobre el tema literario. Respecto al orden, nos dice  "el orden de una biblioteca no encontrará nunca -no debería encontrar nunca- una solución" ya que tal y como el lo plantea, una biblioteca es un lugar vivo al que vamos añadiendo libros y del que, cuando buscamos un libro, tal vez nos llevemos el que está a su lado. De este modo Calasso ventila el asunto del orden y puede dedicarse íntegramente a hablar de los libros, cuando y como se compran, como se conservan... y lo salpica de anécdotas como esa que dice alguien (no diré nombres) tapó los títulos de los libros para que sus visitas no tuvieran una exposición demasiado privada a su alcance. De tal modo que comparte con Castán la percepción de la biblioteca como una suerte de diario íntimo y personal del lector que la va construyendo a lo largo de su vida. Muy poético... y certero, ya que a veces uno emprende la relectura de un libro que le fascinó hace años para descubrir que no sabe qué vio en él. Y decimos entonces eso de que el libro o ha soportado bien el paso del tiempo (quizás porque es mejor hablar de los años que cumplen otros).

     Calasso utiliza en su biblioteca, aprenderemos, la regla del buen vecino; cogida esta a  un tal Aby Warburg al que yo no conocía pero al que está claro que el escritor admira. Por supuesto Warburg no es el único "visitante" ilustre de este libro, pero quizás sí que es el que más me ha sorprendido ya que gracias a Calasso he conocido su historia. Hay, por supuesto, un espacio privado que se abre al lector en el que el autor habla de experiencias personales, curiosidades y anécdotas dejando de este modo una mezcla entre anecdotario, ensayo o libro divulgativo con dosis medias de humor que sirve como disfrute un par de días antes de ir a formar parte de ese retrato de nuestra psique.

     Cómo ordenar una biblioteca es un libro para amantes de los libros que se disfruta por su brevedad, algo más extenso hubiera perdido frescura, como por la capacidad del autor para convencernos de todo lo que dice. 

     Por ejemplo: "En la biblioteca perfecta, cuando se busca un determinado libro, se termina por tomar el que está al lado". Que lo leí y destilaba ese punto romántico de las fotografías que todos hemos visto alguna vez hasta tal punto, que casi me convenció de lo que estaba diciendo. Luego recordé que las bibliotecas públicas llevan un orden y que las privadas, al menos en mi caso, también, y que en ambas ocasiones me acerco a ellas con un deseo definido. Pero fue bonito soñar con Calasso.

     Y vosotros, ¿cómo ordenáis vuestros libros?

     Gracias.

miércoles, 13 de julio de 2022

Las palabras justas. Milena Busquets

 


     "6 de enero 

       Lo único que hay hoy para desayunar son los marrons glacés que me han traído los Reyes".

     Leí su primera novela y me salté la segunda, no tengo muy claro el motivo. No soy de juicios rápidos y siempre doy segundas oportunidades. Así que hoy traigo a mi estantería virtual, Las palabras justas.

     Esta vez poner un argumento es tontería ya que estamos ante un diario que recorre un año.

    Milena Busquets nos deja un diario que yo he leído como una obra de total ficción aunque me haya encontrado pinceladas que puedan ser reales o alusiones a frases conocidas, dichas o incluso pensadas o vividas por alguna persona determinada. Incluso yo. Utiliza para ello una voz que me ha recordado a También esto pasará pero que se antoja más madura durante la lectura, más precisa, con menos letras aún de las que existieron en el primer título. Quizás por eso más agradable a la vista, al sonido de lo que nos está contando, pero no a la credibilidad. Y es que mi problema en esta lectura ha sido que me vendan el diario como autoficción. Tal y como yo lo he leído, el libro consiste en una secuencia de frases pensadas que bien podía haber sido un dietario literario en el que la autora se sentara a pensar la forma en que contar pinceladas de sentimientos, de amor, de vida, de edad y también, porque eso tiene tirón y porque se dedica a ello, de literatura. Lo que no he visto es el diario, la vida, los sentimientos de quien escribe. Porque si algo tiene que tener un diario es la condensación de una voz que resume una vida en una pequeña entrada que le recuerde el momento realizado. Y si no es así, no es un diario. Llámalo de otro modo, di álbum, recortes, dietario, una frase al día... di lo que quieras, pero diario, no.

    La narradora del libro se presenta como un cruce un tanto superficial entre una mujer esteta y un punto snob de mediana edad y que se ve un poco de vuelta de su juventud y no puede evitar dejar sus perlas de sabiduría porque más sabe el diablo y esas cosas que todos conocemos. Combina una vez más sentimientos y reflexiones con vocación de ser subrayadas y que se disfrazan de polémicas sin serlo realmente. Los escritores tienen ego, borrar como un obrero, escribir por dinero...  Y es que estamos, en definitiva, ante un texto francamente depurado al que le falta sentimiento pero que le sobra buen hacer.
 
     Las palabras justas es un libro entretenido para quienes gustan de marcar párrafos y frases, pero al que le falta un hilo que deje al lector conectar de manera directa con quien lo escribe, sonando impostado, perdiendo ese realismo que yo espero cuando me enfrento a un diario.

     Y vosotros, ¿sois lectores de diarios?

     Gracias.

lunes, 6 de junio de 2022

Papi. Emma Cline

 


     "Linda estaba dentro, al teléfono. ¿Con quién, tan temprano? Desde el jacuzzi, John la siguió con la vista mientras ella paseaba arriba y abajo en albornoz y bañador, uno viejo con un estampado tropical desvaído que debía de ser de una de las chicas".

     Tras Las chicas me quedé con la curiosidad por seguir leyendo a Emma Cline. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Papi.

    Papi es una colección de cuentos en la que los protagonistas son personas de clase privilegiada que muestran sus problemas y pequeñas miserias al lector. Estas irán desde una reunión familiar en la que el padre de familia se siente totalmente desplazado, pasando por la necesidad de recoger a un hijo tras un incidente en el internado, el sexo o el escándalo del que otro personaje intenta refugiarse.

     Visto así es evidente que no estamos ante los relatos habituales de personas marginales o cargadas de problemas con los que la literatura suele obsequiarnos, pero esto no significa que carezcan de interés. Recuerdo perfectamente que al despedirme de John y su reunión familiar en el primer cuento, sufrí una suerte de desencanto ya que quería saber si, por ejemplo, su  perro iba a ser finalmente sacrificado pasadas las navidades. Entendedme, el pobre chucho era tan apreciado como para ser llevado una y otra vez al veterinario y ahora estaba con un marcapasos que le marcaba bultos en la piel, olía mal, no podían dejar que se moviera y, al menos Shasha, estaba firmemente convencida de que el animal odiaba a la familia por obligarle a seguir viviendo. Explico esto porque para mi un cuento es bueno cuando me apetece más, y eso me ha sucedido con varios de los que integran este volumen. Los personajes que protagonizan los cuentos de Cline están en muchas ocasiones vinculados con el mundo del arte y muestran una y otra vez una suerte de autodecepción no compasiva propia de quienes se dan cuenta de dónde están y del lugar al que no han llegado, aunque esto no signifique necesariamente que vayan a hacer algo por evitarlo o ni siquiera por mejorar su situación. Porque otro de los rasgos comunes es la pasividad. Una pasividad que en más de una ocasión a medida que avanzamos la lectura va tornando a los personajes en pequeños imbéciles privilegiados que, quizás y solo quizás, sean el reflejo perfecto de la sociedad cómoda en la que vivimos. Y es que Cline expone una situación dejando en la periferia la cuestión principal. No es importante si un editor de antiguos éxitos se siente o no atraído por la ayudante de un escritor con el que tiene un proyecto, lo importante es la relación entre la atracción y lo que piensa realmente de ellos. No hay temas novedosos, no hay personajes inolvidables, pero Cline logra recrear cada historia como si fuera una novela y el lector no puede evitar dejarse llevar por su ficción.

     El gran mérito de un relato, más allá de contar una historia completa condensada, es lograr que el lector se quede con los personajes. Y Cline depura el estilo hasta hacerlo cercano, los personajes protagonistas se aproximan al lector hasta importarle, cada vez, logrando lo imposible. Cierto es que me hubera gustado que la autora ampliara su objetivo y saber un poco más de los secundarios, algunos realmente interesante, pero también soy consciente de que eso hubiera conducido a una novela cada vez.

     Papi es un libro de relatos uniforme en cuanto estilo y que contiene algún momento brillante sobre la clase privilegiada en la que se mueve una parte importante de la sociedad en la que vivimos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


lunes, 23 de mayo de 2022

Los desnudos y los muertos. Norman Mailer

 


     Comentaba no hace mucho con un lector avezado pero tardío, más tardío que yo que ya es decir, que envidio a quienes llegan a la literatura con un criterio marcado, instinto para la elección y, sobre todo, un buen puñado de títulos por descubrir por primera vez y es que, si un libro no lo he leído, para mi es una novedad. Aunque como este lleve más de cincuenta años en las librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los desnudos y los muertos.

     Viajamos hasta una isla llamada Anoapopei, un lugar en el que una patrulla de soldados es enviada en misión de reconocimiento a lo que se convertirá en un infierno.

     Estamos, evidentemente, ante la historia de una brigada estadounidense que lucha contra los japoneses, en este caso como en tantos otros, en una isla del Pacífico. Allí estuvo el autor, no en esta ficción, si no en su propia historia, y quizás por eso su capacidad para trasladar los sentimientos individuales de los soldados que consiguen establecer un hilo con el lector. Dará igual si se trata de soldados o del general, veremos lo que son (los hay de todo tipo, también buenos), de dónde vienen o cómo han llegado al lugar en el que están. La psicología de dichos personajes, el miedo, las formas de actuar y de reaccionar y, sobre todo el futuro son los temas que vertebran esta magnífica novela que despliega algunos de los conceptos recurrentes no solo en las novelas bélicas, también en la novela americana en general (el propio concepto de ser americano será, a buen seguro, uno de los temas más desarrollados en su literatura). Es una novela ambiciosa en la que el autor no deja nada al azar y no permite al lector desviar la mirada ni siquiera en los momentos más duros, cuando la batalla imaginada se convierte en una carnicería animal en la que el sexo y, sobre todo, el amargor de los personajes, tienen un tono demasiado realista como para que el lector pueda consolarse pensando que está leyendo una simple ficción. Para Mailer, la unidad de combate está formada por personas y el lector no va a tardar en irlas conociendo. Esto humaniza cada momento y da al antibelicismo imperante del momento nombres que ponerle. Humanizarlo es vital, parece decirnos el autor.

     Quizás los diálogos son lo que menos me ha gustado y, como contrapunto, lo que más ha sido el terrible descubrimiento de que hay esfuerzos que se realizan en balde o bien que hay fallos de fechas que provocan situaciones terribles. Quien lo lea, podrá elegir mejor qué nombre darle a ese momento. Me ha resultado llamativo además el uso de flashbacks casi constantes, o debería de decir que lo hizo hasta un determinado momento en el que empecé a pensar que quizás sea el anclaje a la cordura de los personajes, recordar al lector que, hagan lo que hagan, se trata de personas normales con una vida normal que han sido llevadas allí por las circunstancias. Unas circunstancias que, unidas a la guerra, sacarán de cada uno... bueno, eso lo vais a tener que leer.

     Los desnudos y los muertos me ha parecido un libro interesante cuya lectura, pese a su extensión y a dos o tres momentos lentos, merece la pena. Parece muchas veces que la literatura contemporánea se empeña en brindar una cara amable con niños en pijama de rayas para relatarnos dramas (solo faltaba) pero revestidos de cuentos que no ofendan demasiado al lector. Por eso agradezco este tipo de novelas en las que la cámara enfoca al objetivo y no la deja desviarse. Máxime si, como en este caso, además ya nos da un aviso de que no es un gran objetivo, a fin de cuentas estamos en la simple periferia.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 24 de enero de 2022

Una novela rusa. Emmanuel Carrère

 


     Llevo muchos años leyendo a Carrère. viviendo su ficción, su autoficción, sus desnudos literarios... y sigo volviendo a él. Hoy traigo a mi estantería virtual, "Una novela rusa".

     En esta novela Carrère explora la historia prohibida de su abuelo materno. Un hombre de origen ruso al que no llego a conocer, pero del que sabe que su pobreza fue tal, que abandonó a su familia con unos amigos porque él no podía mantenerlos. Sabe que pasó por París y Burdeos y que fue arrestado casi con seguridad debido a su ideología. Y también que en 1944, desaparece pasando a formar parte de los que están muertos sin estarlo o tal vez de los que ya lo estaban y quedan pendientes de certificar. Aún así, su familia queda marcada por la ausencia de este hombre del que no se habla y Emmanuel, decide investigar. Así es como en Kotelnicht aparece la duda: si allí hay un hombre vivo, superviviente de guerra, que estuvo prisionero, ¿quién puede decir que su abuelo no lo está? Va y viene al pueblo ruso y allí bebe y se junta con no siempre buenas compañías. Y luego está Sophie, el presente, la chica de la que se enamora, tan distinta, tan hermosa... A ella es a quien escribe una declaración de amor, un relato decididamente dirigido a ella. Sabe que Sophie coge el tren, la imagina en él, leyendo... Y su relato es publicado, muchos de sus lectores aún lo recuerdan. Pero ella no lo llega a leer, no sube al tren, la historia cambia.

     En esta novela Carrére vuelve a su tema favorito: él. A lo largo de la novela veremos como se traslada a Kotelnicht, un pueblo perdido en el que el autor bebe mucho e intenta grabar una suerte de documental. Bien, la realidad dice que Carrère viaja a Rusia durante algo menos de una semana para reunirse con un agente del FSB y dejar preparada una actuación de su pareja. Tras ese viaje regresa el Carère documentalista y ocurre una parte de la catástrofe que muchos ya conocéis y a otros no os descubro porque el autor tiende a contarse a sí mismo. Es la época de Una novela rusa. Pero habrá otra visita y ciertamente habrá incluso un documental, Return to Kotelnicht, que resulta un complemento perfecto de este libro, o tal vez sea justo lo contrario y es el libro quien complementa al documental. En cualquier caso, hay toda una historia ahí metida.

     Una novela rusa es la vida del autor centrada en tres historias principalmente. El viaje y el lugar, lo que allí descubre y su relación con su pareja, en esta novela, Sophie.  Historias que se superponen y que dejan ver a un hombre que quiere escapar de lo que vive, que busca en su pasado una historia prohibida y que pretende convertir su historia de amor en literatura.... y fracasa estrepitósamente o tal vez logra el mayor de los éxitos si nos atenemos a la definición formal de lo que suele ser un éxito en este tipo de historias. Todo parece torcerse, algo a lo que estamos acostumbrados en este autor, para tornarse un tanto oscuro y denso mientras que el lector, que ya ha decidido cuál es la historia que le ha atrapado de las que relata, se dirige al final incierto en el que, por una vez, Carrère deja buen sabor.

     Y es que Carrère es un escritor con el que uno contacta o no, pero que no admite medias tintas ni medios vuelos. Desde la extraordinaria Limonov hasta su última sesión de terapia escrita titulada Yoga, es un autor que se desnuda poco a poco, que se convierte en el tema, personaje y leit motiv de sus propias historias. Por eso en esta reseña he mezclado ficción con la realidad que existió más allá de la novela: por eso hablo del artículo publicado en el periódico, por eso explico más el fuera que el dentro... Porque es importante contextualizar las historias que uno lee para saber lo que tiene delante, para completar el puzzle. Para disfrutarlo todo.

     Una novela rusa no es la mejor de las obras del autor, pero es un buen punto de partida para adentrarse en él.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 18 de octubre de 2021

Como una novela. Daniel Pennac

 


     "Digamos que existe lo que llamaré una ‘literatura industrial’ que se contenta con reproducir hasta la saciedad los mismos tipos de relatos, despacha estereotipos a granel, comercia con buenos sentimientos y sensaciones fuertes, se lanza sobre todos los pretextos ofrecidos por la actualidad para parir una ficción de circunstancias, se entrega a ‘estudios de mercado’ para vender, según la ‘coyuntura’, tal o cual tipo de ‘producto’ que se supone excita a tal o cual categoría de lectores. 
     Sin lugar a dudas malas novelas. ¿Por qué? Porque no dependen de la creación sino de la reproducción de ‘formas’ preestablecidas, porque son una empresa de simplificación (es decir, de mentira), cuando la novela es arte de la verdad y (es decir, de complejidad), porque al apelar a nuestro automatismo adormecen nuestra curiosidad, y finalmente, y sobre todo, porque el autor no se encuentra en ellas, así como tampoco la realidad que pretende describirnos. En suma, una literatura del “prêt a disfrutar”, hecha en moldes y que querría meternos en un molde. No creamos que estas idioteces son un fenómeno reciente, vinculado a la industrialización del libro. En absoluto. La explotación de lo sensacional, de la obrita ingeniosa, del estremecimiento fácil en una frase sin autor no es cosa de ayer. Por citar únicamente dos ejemplos, tanto la novela de caballerías como, mucho tiempo después, el romanticismo se empantanaron ahí. Y como no hay mal que por bien no venga, la reacción a esta literatura desviada nos dio dos de las más hermosas novelas del mundo: “Don Quijote” y “Madame Bovary”. Así pues, hay ‘buenas’ y ‘malas’ novelas. Las más de las veces comenzamos a tropezarnos en nuestro camino con las segundas. "

     De todos los libros que se han escrito sobre libros, uno de los más famosos es este de Pennac. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Como una novela.

     Como una novela más que un ensayo es una petición. Pennac, maestro y padre, pide que a los niños se les enseñe el amor por los libros, por la literatura, que se elijan buenas historias y se libere al niño de los buenos libros elegidos bajo férreas directrices que no tienen en consideración a quién va dirigido salvo por lo que tenga que aprender. Que dejen que la literatura se estudie, pero que los libros se disfruten. Defiende al profesor que lee en voz alta en clase captando lectores para su novela, y muestra algo que me ha llamado la atención y es que es muchas veces más fácil para un jovencísimo lector, salirse de la literatura patria cuando se quiere disfrutar. Y digo que me ha sorprendido por no decir que me ha convencido. Habla Pennac, en una de sus partes más conocidas, de los derechos del lector: uno de ellos no leer. Y afirma sin despeinarse que está bien abandonar libros, ojearlos (u hojearlos) pasando páginas porque el lector no los disfruta y defiende a aquellos que leen en el baño (y no se refiere a esas damas de revista con bandeja y pétalos de flores que se llevan a la bañera un libro y una copa de vino: benditas equilibristas). 

     Y ahora, una vez contado lo que es este libro precioso escrito de forma sencilla y con ejemplos que destila amor por la literatura, vayamos hacia la pared, apuntemos con la cabeza y despertemos. Y volvamos a empezar...

     Como una novela es la utopía de un profesor que ama la literatura, un libro en el que deja volar su imaginación hacia un mundo en el que explica cómo deberían de ser las cosas, pero que sabe que nunca va a llegar. Tiene puntos que son sueños románticos de amores literarios y otros que directamente son pura fantasía, como eso de enseñar la literatura por la propia literatura. Nos habla de formas de elección de libros para la escuela que se acercan más a un debate entre antiguos alumnos que a listas estudiadas por distintos profesores y yo lo leo y pienso que sería bonito, pero que... ¡Ay! Mi pobre y romántico Pennac. No digo que esté mal, a todos nos gusta soñar y levantamos la vista y miramos ese avión que va a saber dónde pero que ahora que lo vemos va a Cancún y nos lleva dentro... pero luego volvemos a mirar al frente y supongo que Pennac lo hace y nos deja los derechos del lector que es, no vamos a engañarnos, la única parte realista.

     Como una novela es un libro bonito con el que es fácil empatizar ya que cuenta al lector, ese que disfruta leyendo habitualmente, lo que quiere oír en forma de argumentos inocentes y cargados de amor por la literatura. ¿Y qué pasa entonces con aquel que no es lector empedernido? Bien, pues a ese le dice que uno de sus derechos es el de no leer.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 4 de octubre de 2021

El hombre de la bata roja. Julian Barnes

     "En junio de 1885, tres franceses llegaron a Londres. Uno era un príncipe, otro era un conde y el tercero era un plebeyo de origen italiano. Posteriormente el conde declaró que el propósito del viaje era hacer adquisiciones intelectuales y decorativas".

     Que me gusta Julian Barnes no es un secreto y cuando Anagrama anunció este título con esta maravillosa cubierta, lo anoté. Hoy traigo a mi estantería virtual, El hombre de la bata roja.

     Conocemos a Jean Pozzi célebre ginecólogo francés y Don Juan de belleza reconocida cuando, en 1885, llega a Londres con dos compañeros de viaje a Londres con la intención de compara tela en Liberty y visitar la Grosvenor Gallery para ver a Edward Burne-Jones y acaban en el Reform Club junto a Henry James. Pozzi es un burgués al que su buena fortuna matrimonial le ha permitido ascender socialmente tanto como para codearse con un conde y un príncipe (sus compañeros de viaje) y añadir a su vida una esposa y una hija a la que adora y que el lector percibirá como una mujer celosa. siendo Pozzi el único hombre heterosexual de este trío destaca además por su pericia y éxito sexuales entre las damas. Recorreremos su vida y lo veremos arrogante y con un destino benévolo incluso en la parte física y es que la novela no solo retrata la Belle Epoque, aunque ciertamente es la parte más destacable, además avanza en el tiempo hasta llegar al último suspiro del doctor capaz de convertirse en un hombre apreciado por su círculo cuyo éxito, intuye el lector, va a ser eterno y no pasajero ya que en ningún momento tenemos la impresión de estar ante un libro moralista. Así que conocemos, como decía, a Jean Pozzi. Porque esta es su vida.

    Con un comienzo que a mi me suena a chiste y que identifico claramente con el tono de Barnes, siempre dejando un espacio para la duda entre la seriedad y la ironía, nos relata la llegada de tres estetas con una suerte de carta de recomendación para Henry James y la firme intención de comprar telas para cortinas. Basado en personajes reales, el libro deja clara la fascinación que produce Pozzi tanto como que, en este caso, esa admiración trasciende lo temporal y llega hasta nuestros días y el autor que relata su vida. Pozzi fue un cirujano válido incluso para sacar una bala en caso de duelo, y da un razonamiento bastante divertido sobre el costo del duelo frente al de la demanda, o casi cualquier cosa que a uno se le pueda ocurrir. Me resultó particularmente divertido encontrarme a este Doctor Amor presa en semilibertad de un matrimonio desdichado que se paseaba enamorando pacientes mientras advierte al lector de que un juicio a su protagonista basado en la sociedad actual bien podría dar al traste con la imagen que Pozzi proyectaba. En la novela Pozzi está acompañado por el Príncipe Edmond, que se especializa en bodas económicamente rentables con una doble vida debido a su verdadera orientación sexual y el tercero en discordia era el conde Robert de Montesquiou coleccionista de curiosidades y protagonista de su propio título Levels of Life.

     Barnes se documenta sobre un hombre cuyo descubrimiento le impactó y lo hace con pulso firme y datos veraces que nos regala en una novela francamente divertida llena de cotilleos, burlas, duelos y casi cualquier cosa que se le pueda ocurrir al lector que sea susceptible de sacarle una sonrisa mientras nos deja un magnífico retrato de la Belle Epoque plagado de nombres conocidos que finaliza con un broche tan verídico como irónico en una de esas vueltas que da la vida. 

      Pero lo mejor de la novela es que leer a Barnes implica... leer a Barnes. Sus comentarios mordaces, sus opiniones no siempre políticamente correctas y sus valores sobre algunos temas, quedan perfectamente indexados dando una opinión, por supuestísimo parcial, de casi cada uno de los actos que en este libro se enumeran. Y es precisamente esa voz, la que ya puse tono gracias a los encuentros y entrevistas, la que hace que regrese una y otra vez a Barnes. Porque sí, como él mismo dice, la realidad puede ser simple, inverosímil y moralista pero, precisamente por ese motivo, hay que saber relatarla. Y Julian Barnes lo hace como nadie.

     El hombre de la bata roja es una novela divertida que os recomiendo a todos tanto si es vuestra primera vez como si ya estáis familiarizados con la pluma de Barnes.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD: El célebre pintor John Singer Sagent inmortalizó en "El doctor Pozzi en casa" a Samuel Jean Pozzi  y ese es el origen de la cubierta del libro. Os lo presento y ya me diréis si es asquerosamente guapo o acaso un Dios como dijeron algunas de sus amantes atribuídas



 

lunes, 20 de septiembre de 2021

La cita. Katharina Volckmer

 


    "Sé que puede que este no sea el mejor momento para sacar el tema, doctor Seligman, pero me acabo de acordar de que una vez soñé que era Hitler. Aún hoy me avergüenza hablar de ello, pero era de verdad él, con una fanática masa de incondicionales a mis pies, y daba un discurso desde un balcón. Llevaba el uniforme ese de las perneras raras, abombadas, me notaba el bigotito en el labio superior, y mi mano derecha volaba por los aires mientras yo hipnotizaba a todos y todas con mi voz. No recuerdo exactamente de qué hablaba –creo que tenía algo que ver con Mussolini y algún sueño absurdo de expansión–, pero da igual. ¿Qué es el fascismo, además, sino una ideología por la ideología?"

     Va la cosa de cubiertas llamativas, y reconozco que Anagrama últimamente se está luciendo. A mi, que soy una superficial, me llaman la atención todas aquellas cubiertas que se salgan de lo habitual. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La cita.

     Y así conocemos a la protagonista, una alemana que acude a la consulta del Dr. Seligman destinatario del monólogo confesional que vamos a ir leyendo y que es, a la postre, judío.
   
     Si la cubierta de este libro es irreverente el discurso de la protagonista también lo es. Ya empieza diciendo que ha soñado con Hitler en un libro cuyo discurso viene a decirnos que los alemanes no hablan de la IIGM (y algo de eso tiene que haber cuando la autora es alemana y no ha encontrado una editorial para este título en su propio país). Con un sentido del humor hiriente que a ratos parece entremezclarse con la mala leche de quien está enfadado, la autora no deja títere con cabeza a la hora de criticar un mundo al que se ha llegado a fuerza de resolver conflictos incluso con la propia identidad sexual. Sabremos poco a poco datos de la narradora, como que no es su primera terapia, que tiene un ex llamado K y algo sobre una herencia familiar. Sin embargo la novela no va a tratar de nada de eso, para la autora lo importante parece ser la propia identidad, ya sea la propia o la de su país. Y para ello, Volckmer busca provocar sin fin incluso con las palabras elegidas más allá del mensaje de su obra, y eso acaba pasando factura con un poso de superficialidad (si es que es posible expresarlo así) que no se despega del lector ni siquiera con la revelación final. Peo más allá de eso es una novela corta interesante que la autora estructura como una suerte de juego de secretos a media voz que son revelados poco a poco. Vaya por delante, por eso de echar una mano, que Seligman no es psicoanalista. Supongo que a estas alturas muchos de vosotros ya habías dado por hecho que lo era, pero no es así y si lo digo claramente es porque no tardamos demasiado en descubrir que estamos ante un ginecólogo en una suerte de retorcido uso de aquella frase que decía "me ve hasta el alma". Y es que la autora no nos permite dar demasiadas cosas por sentado. Exactamente igual que advierte que no podemos pensar que porque el tiempo ha transcurrido las heridas de la IIGM están cicatrizadas y se habla de ello con normalidad, tampoco podemos dar por segura la identidad sexual de la protagonista. A fin de cuentas, eso es algo que ella puede "elegir". 

     Hay una palabra en alemán, Vergangenheitsbewältigung. Los alemanes son los reyes de las palabras, tienen una para cada cosa, para ubicar y cubicar cada significado. En este caso viene a significar algo así como aceptar el pasado y se suele usar aplicado a la IIGM y sin embargo la autora defiende que realmente no son capaces de hablar del tema con soltura, que sigue siendo un tabú social en muchos momentos hablar de ello en voz alta, entrar en detalles. Habla de esvásticas y también de sexo, cómo no iba a hablar de sexo una novela con un consolador en la cubierta, estaréis pensando, cómo no va a relacionar en la misma frase a Hitler con la masturbación por ejemplo, o no va a tener fantasías asociadas a la imagen (también hay una relación con un hombre casado, un problema laboral y una herencia, en un monólogo da tiempo a muchas cosas). Bien, pero quizás, y pese al desparpajo y las metáforas que se enroscan unas en otras cuando no se solapan o encadenan, el problema que puede tener esta novela es la gran tentación que sufre el lector de quedarse en la superficie. Es fácil recoger el discurso, el monólogo, los saltos en temas que parecen desestructurados pero que recuerdan al mismo tiempo al propio pensamiento cuando nos dejamos llevar, a las preguntas del Dr que jamás leemos pero cuyas respuestas están allí... y perdernos el mensaje subyacente, la crítica social y la personal, a los roles, a la incapacidad para ser sinceros salvo en circunstancias muy particulares, a su país, algo de algún modo extensible a Europa. Y la novela incluye todo esto en menos de doscientas páginas dando voz a una mujer que quiere despojarse de sus mentiras. Y esa, aunque no lo sabéis, es una frase crucial para hablar de esta novela.

     La cita es una novela confesional que se viste de provocación e irreverencia para dejar un interesante experimento con un mensaje no apto para todos los lectores. Supongo que es de esos libros que los entendidos llamarán artefacto literario y que los lectores miraremos pensando: un libro es un libro. A mi me ha gustado, me ha demostrado una vez más que no está todo escrito.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.