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viernes, 15 de julio de 2011


LAS PARTES Y EL TODO
Compro en el Museo Arqueológicio de Murcia un pequeño juego de 40 piezas que representan las partes y la imagen completa de 20 objetos: vasos, jarras, pequeñas esculturas, pinturas... Se supone que su finalidad es la de estimular la memoria. El juego no parece cosa del otro mundo, pero conforme voy mirando las representaciones y estableciendo correspondencias, la simplicidad del asunto se transforma y me revela un par de cosas: por un lado, lo fascinante que resulta dividir un objeto en partes, - como hicieron en su tiempo con la realidad un Demócrito, o un Lucrecio -, cómo las partes divididas llegan a alcanzar cierta autonomía, a convertirse en unidades de sentido, tal y como hacemos al realizar un análisis morfosintáctico de frases, cómo las partes se convierten en signos independientes y a la vez, susceptibles de vincularse a un signo mayor; por otro lado, percibo, de pronto, el objeto arqueológico en toda su importancia estética y significativa, en su absoluta peculiaridad, como cosa propia añadida al conjunto de cosas diversas del mundo. Ese lobo que figura en un vaso íbero me parece alucinante, lleno de movimiento loco, venido de no se sabe qué imaginación remota. El ojo dislocado, el esquematismo extraño, el flujo eléctrico que recorre la figura: es todo un testimonio de lo fantástico. Percibir es considerar de un modo fragmentario y perspectivo las cosas. La ubicación distinta del objeto genera gradaciones distintas de realidad y significación.

lunes, 21 de febrero de 2011


TIPOS DE PERCEPCIÓN
Yendo a Murcia este sábado pasado en autobús, unos metros más allá del túnel en dirección al cementerio, vi, de pronto, a mi derecha, una garceta o lo que podría ser también, por el tipo de pico, una pequeña cigüeña, que parecía atrapada entre unos matojos. El animal miraba en dirección a la carretera cercana, y permanecía inmóvil con las alas desplegadas, como pidiendo auxilio en silencio. La blancura del plumaje contrastaba fuertemente con la monotonalidad verde oscuro del entorno y casi desprendía una luminosidad propia con la caída de la tarde. Tan sólo unos veinte metros más adelante, un hombre salía del garaje de su casa con una manguera y se disponía tranquilamente a regar su jardín o a realizar cualquier tipo de labor semejante. El carácter fugaz, repentino de las visiones las hacía extrañas, incluso irreales. La imagen del hombre saliendo del garaje no tiene nada de extraordinario, pero contrastaba su indiferencia con la muda agonía de la garceta. La extrañeza radicaba también en este aspecto: dos situaciones ignorándose mutuamente. El hecho de que yo viera aquello durante un viaje en autobús, es decir, de modo sucesivo, le presta su forma lineal a la percepción, configurando la naturaleza de compartimentos estancos de las imágenes. Ambas se producen sucesivamente, no simultáneamente, y aunque pertenecen a la misma tarde, a mi se me antojan autónomas, sólo se vinculan por contraste y porque las retiene mi memoria. Podría decirse que vi como un par de viñetas de una historia mínima probable que nunca conoceré o no sabré si se produjo (la posibilidad de que el hombre se diera cuenta de la situación del ave, las rescatara, o se la llevara a su casa para regalársela a alguien o para desplumarla...).
Todo esto me hizo recordar algunos sorpresivos pasajes de la obra que estoy últimamente leyendo del escritor alemán Jean-Paul Richter, Diario de a bordo del aeronauta Giannozzo, escrita en 1801 y que publica la editorial Gallo Nero. El personaje protagonista, Giannozzo, proyección burlesca del propio Jean-Paul, recorre Alemania con su globo, dedicándose a aniquilar con una crítica feroz las costumbres y prejuicios de cada pueblo o ciudad que visita. El poder satírico y la imaginación esperpéntica y caprichosa que Jean-Paul emplea en su retrato de la sociedad alemana, me han hecho recordar la obra y el personaje de Alfred Jarry, con cuyo tipo de humor guarda notables semejanzas. "Jean-Paul-Giannozzo", disfruta desde su aeronave de una perspectiva global del mundo de abajo. Tal perspectiva es una panorámica que integra la multiplicidad. Sus breves descripciones de lo que ve no producen un catálogo, sino un mosaico captado en un solo vistazo: ".. justo debajo de mí expulsan a alguien del país, al otro lado veo a un desertor, las campanas suenan para recibir al príncipe, los campesinos siegan prados de vivos colores, los sepultureros cavan tumbas en nueve lugares diferentes, llega un carro con comediantes de Weimar..., las peregrinaciones católicas avanzan al son de cánticos desafinados, un loco se ríe a carcajadas, cinco mujeres retuercen sus manos de una manera espantosa..." O sea, que a diferencia de una percepción sucesivo-lineal como la mía del autobús, que engarza imágenes consecutivas y solitarias, como las que propiciaría un tren o cualquier otro vehículo que no pudiera salirse de su ruta, de una línea recta, la que muestra Jean-Paul integra la multiplicidad en una sola visión, caótica y heterogénea, pero unitaria.
Está claro: distintas percepciones producen representaciones específicas de mundo. Eso lo saben bien la fotografía, el cine y la artes plásticas. Escribe Schopenhauer: "Cuando menos piensa uno más tiene los ojos en todas partes: en él, el ver tiene que ocupar el lugar del pensar". Y según desde dónde y cómo vea el que mire, la imagen del mundo que se componga será distinta no sólo plásticamente, sino desde el punto de vista de la significación.
El día de mi visionamiento de la pobre garceta enredada, al llegar a casa vi por fin de una vez y entera, la película Twen Peaks de Lynch, y a propósito de perspectivas y percepciones, la historia que se cuenta en esa película resultaría muy diferente contada por otro director, lo que confirma que la sustancia de algo depende de su dosificación, del tratamiento con que es presentada, y que por ello mismo, tal sustancia viene a modificarse "sustancialmente", valga la redundancia. Lynch, como siempre, nos hace caer en el anzuelo una y otra vez, fascinándonos con sus calculados y retrorcidos estímulos e intrigándonos con sus falsos señuelos. La percepción lineal tiene un principio y un final, aunque precisamente Lynch nos confunde porque juega a invertir y a subvertir este orden de la percepción sucesiva típica del film; la imagen panorámica que nos ofrece Jean-Paul no tiene principio ni fin, es un todo, una esfera, una simultaneidad: consecuencia lógica de la capacidad omnividente de los cielos.

ABISMOS ORDINARIOS

Un editor ha rechazado publicar una obra mía. De esto hace un par de días y no paro de agitarme entre la confusión, la humillación y la con...