Mostrando entradas con la etiqueta Diario íntimo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario íntimo. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de julio de 2011


DIARIO
Leyendo la poesía de Borges. Cuanto más la leo, más me fastidian sus límites y más me gusta la precisión renovada con que esos límites - temáticos, tónicos- se presentan. Es una adición al orden.
**
A veces, en la tarde-noche, a eso de las diez en punto me subo a la azotea a pensar en el porqué de mi destino o a ver si por fin veo un ovni. Frente al costado izquierdo, hay una vieja casa desvencijada, en la que se han instalado una numerosa familia de gitanos. No son rumanos, mas bien parecen, por la lengua que hablan, de la zona de la antigua Yugoslavia o incluso de Bulgaria. Debido al calor abren todas las ventanas y balcones y, al estar yo varios metros más alto y en la sombra, los veo perfectamente sin que ellos puedan verme a mí. De vez en cuando los investigo. Suelen sentarse toda la familia alrededor de la mesa y pasar el rato así. No parece que tengan televisión, sólo un radiocasette en el que suena una música que me resulta familiar: me gusta bastante la música de Rumanía, Serbia, Macedonia, en fin, de toda aquella zona, y tengo unos cuantos discos de grupos e intérpretes de aquellos lares. A veces, en mis sesiones de espionaje, he asistido a escenas tiernas: en un viejo sofá, una pareja se recostaba, acariciándose y hablando relajadamente, como una pareja cualquiera de españoles, de suecos, de siberianos, de no gitanos.... Cuando disfrutas de esta "perspectiva", la de poder entrar por unos instantes en la intimidad de un colectivo centenariamente estigmatizado, acostumbrado al desprecio y a la marginalidad, se produce un efecto gratamente desmitificador. ¡Y pensar que los gitanos están en Europa desde el siglo XV! Pienso qué frutos daría la famosa capacidad musical de los gitanos si se aplicara a cualquier otro ámbito especializado de la cultura.
**
Lo humano es más concreto que el dinero.
El movimiento del 15 de mayo ha impedido, hasta ahora, más de una decena de desahucios. No importa si llevan o no, razón. La cuestión relevante es que lo estrictamente humano, la solidaridad, se ha impuesto a cualquier otro interés. Al mecanicismo de los intereses del capital se les responde con la inmediatez de los sentimientos agredidos. Sin más.

martes, 17 de mayo de 2011




DIARIO



Escucho por la radio a un representante sindical marroquí que vive en Murcia, decir con respecto a Bin Laden, el terrorismo, Al Quaeda, Occidente, Europa, que no sabe todavía porqué se inició todo esto, cuál es la razón por la que se ha creado este enfrentamiento, este clima de animadversión y malestar. El que a mí me ocurra lo mismo, como, supongo, a la gran mayoría, resulta bien significativo. Lo más desasosegante es que, a pesar de que localicemos dos bandos bien definidos enfrentados - la vanguardia de Occidente, Estados Unidos, por un lado; y el radicalismo islamista, por el otro -, y que el enfrentamiento entre ambos nos haya salpicado a todos gravemente, todavía desconozco cuál es el motivo concreto que ha determinado que debamos estar en contra o en lucha contra uno de estos bandos. Estados Unidos es portador de cultura y civilización, pero también de bombas. Vive su apogeo épico. Su sobreenergía y potencia tecnológica hacen que salte sobre otros países y territorios. Como dice Schopenhauer, "cuando en un país hay un superávit de fuerzas", poco hay que esperar para que se trague al vecino. Por su lado, el radicalismo islámico no existe sino en función de su adversario. Su modelo de civilización es anacrónico e inviable: está estancado y muerto hace siglos. Su único "valor", y que encarnaba personalmente Bin Laden, es el de enfrentarse bélicamente al imperio. Como muestra del grado de confusión y prueba de que a los de ambos bandos les importamos un pimiento los que estamos en medio, véase la cantidad de musulmanes que están siendo víctimas de la propia Al Quaeda, o lo que dijo Boby Fischer, el campeón mundial de ajedrez con respecto a los atentados del 11 de septiembre: "Ya era hora de que alguien les diese una lección" (a los norteamericanos).


**


La otra noche vi Después de tantos años, la segunda película que filmaron en el 94 sobre la familia Panero. Es mejor la primera, la de Chávarri, El desencanto, es decir, que en esta película el drama de los Panero es epocalmente más inteligible, digamos. Después de tantos años, aporta poca cosa con respecto a lo dicho en El desencanto. Es más o menos una repetición de los mismos temas, pero ahora agravado todo por el paso del tiempo y la ausencia de la madre. Francamente quien dice lo más interesante es Michi Panero, el único de los tres que no fue poeta. Al comprobar ese aire de repetición estéril, de déjà vu, de agotamiento, en esta segunda película, me planteé cuál debiera ser la posición del poeta ante las nuevas circunstancias que vivimos. El aspecto de nuestra geografía social ha cambiado sustancialmente, la presencia tanto en nuestro ámbito diario como en el escenario global de otras mentalidades, de otras sensibilidades, es tanto un desafío como un estímulo. ¿Debería el poeta actual distanciarse con sabiduría de toda esa espesura de conocimiento crítico que el pensamiento contemporáneo ha producido, superar o dosificar decadentismos y escepticismos, salir de los complacientes abismos de la clarividencia racionalista, y buscar, no tanto lo meramente social, como esa hermandad que se vislumbra de la universalidad en devenir y que coexiste con la uniformación de la globalización? No quiero decir que el poeta busque porque sí la mixtura y el cosmoplitismo, sino que la proximidad de otros pueblos y mundos, el replanteamiento o redescubrimiento de algunos valores, los cambios tecnológicos relativos al acceso y producción de información, el delirio de la ciencia, son cosas que deben competerle. En este sentido, y creo que por una razón meramente instrumental, los artistas plásticos lo tienen más fácil. Videoartistas, pintores, fotógrafos, cineastas, etcétera, pueden responder más resuelta, más inmediatamente a la consigna de Rimbaud: hay que ser absolutamente modernos. Esta consigna los Panero la entendieron de una manera. Pero hay otros modos de ser modernos, que pueden resultar incluso esperanzadores, al fijar sus objetivos no en la explotación de la miseria propia sino en las riquezas nuevas que emergen y en las que siempre han estado ahí.

viernes, 19 de febrero de 2010


DIARIO DE NOTAS




Apenas leído el primer párrafo del libro de Loti sobre Egipto, - "La luna... ilumina un mundo que sin duda ya no es el nuestro"-, caigo en la cuenta: lo remoto hace alusión no sólo al tiempo histórico sino también a la significación de los símbolos. La presencia del símbolo parece tener su propio tiempo de vigencia. Aunque Loti se refiere más bien a una cultura, a una civilización, no a la relevancia estética o a la fuerza de símbolos específicos. De todos modos, una cosa se liga a la otra. Imaginar las edades de la Belleza, de los símbolos iría vinculado al estudio de las grandes civilizaciones en que se han producido esos estilos, esos modelos o formas, aunque el mundo de las formas pueda disfrutarse atemporalmente.


**



Un fantasma se cruza con una loca en los pasillos de una vieja mansión.



**

En el tren de cercanías un animado y pintoresco trío compuesto por una gitana, otra chica no gitana y un árabe, en plena juerga. La chica no gitana, la "paya", está colocada o borracha, no para de decir tonterías y de moverse en el asiento. La gitana le dice: "no estás en la calle", queriéndole decir que no grite, que se comporte. Las dos chicas llevan la ropa bien ajustada, un traje de una pieza pegado al cuerpo con la falda corta. El árabe se divierte, feliz de haberse encontrado con un par de europeas animosas y disponibles. Resulta dulzón escucharlo. Quizá se crea que le ha brotado un harén espontáneo. Difícil cuesta imaginarse lo inverso: un europeo divirtiéndose con dos chicas árabes. Los observo poco antes de que se bajen en Beniel: la rubia dispuesta a coquetear con el personal del vagón completo, la gitanilla moderna, coqueta también pero algo inquisitiva con las pretensiones del árabe, y éste, encantado de tener dos mujeres con ganas de marcha a su vera. ¿Cómo acabarán estos tres la noche de sábado?


**


"Estoy convencido de que la vida no tiene ningún sentido", dijo, al parecer Lévi-Strauss en una de sus últimas entrevistas. Claro que la vida no tiene ningún sentido, hay que producirlo, dárselo. Y ese sentido lo construimos nosotros, no nos lo da ningún dios esquivo y contradictorio. Aunque sea para perderlo, confundirlo e intentar encontrarlo después. El eterno proceso.


**


Quizás los poetas se merezcan su destierro. El mundo del que han sido expulsados es pobre y poco virtuoso.


**


No sé dónde, en la escena de una serie televisiva o en la radio, escuché que alguien decía: "se lo ha creído todo, como un católico". Creo que ahí está una de las claves de mi conflicto personal, de mi incapacidad para abordar la vida, de mi irremediable mitificación de personas y cosas, de mis pululantes neuras. Me he creído la poesía, la belleza, el orden del mundo sin reparar que en el trato con la destartalada realidad es imprescindible contar con el azar y con la imperfección como carga sustantiva de la existencia. Me he creído la fábula, he aceptado a rajatabla el valor que representaban los personajes del cuento que me contaron cuando era niño. Y ahora que he conocido a gente, a algunas personas relevantes y hasta famosas, me doy cuenta de lo relativo que es todo, de que es imposible estar a la altura del mito las 24 horas si no queremos que nos mate la sublimidad incansable de la teoría.


**


El otro día recordaba unas palabras de Borges en la entrevista que a principios de los ochenta le hizo Serrano: "Lo barroco se interpone entre el texto y el lector". No sé. A veces. No creo que sea siempre así. Me parece un estereotipo, aunque venga de labios de Borges. Actualmente formo parte del jurado de un concurso de poesía internacional, y me encontré con un poemario de admirable factura, de versos tan extremadamente labrados y complejos como sugerentes, que en vez de cansarme o complicarme la lectura, supusieron un agradabilísimo estímulo creativo, hasta el punto de que me puse a escribir, espoleado por una súbita musa, ávida de laberintos verbales. Quizá fue que la lectura de este poemario me pilló en un momento dulce, con la percepción relajada y permeable. Probablemente hay barroquismos que sí son un estorbo, que no sobrepasan el experimento, y otros que todavía son capaces de demostrarnos las capacidades demiúrgicas del lenguaje. Lezama Lima afirmaba que lo oscuro era el principio germinativo de la poesía, y Barthes decía que la exigencia de claridad en un texto era una exigencia retórica más, que lo complicado obedecía, simplemente, a un registro de escritura diferente, afirmación tremendamente liberadora para quien cree que niveles de realidad escurridizos pueden ser rastreados o ser creados desde el lenguaje mismo.

martes, 26 de enero de 2010


DIA ALGO DIA RIO


Leyendo Fragmentos de un discurso amoroso. De nuevo, Barthes me sorprende. Me ocurre como con Borges: apenas he leído un par de líneas, aprendo algo nuevo. Su discurso, el suyo, el de Barthes, me entra con una fluidez luminosa. Esta obra es una de las pocas que no conocía. Excitación poética conforme voy leyendo. Fascinaciones melancólico-abismáticas al recordar la última vez, reciente, en verdad, que estuve enamorado. ¿Cómo reaccionaría si la volviera ver? Pero el discurso amoroso se extiende a Todo: el gozo poético, la luz, las calles, la ciudad, la literatura... A la vez me pregunto ¿cómo vivir sin estar enamorado, sin apasionarse por algo?


**


Modesto festín de sábado por la noche: leyendo el diario de Jules Barbey D´Aurevilly y obras espiritistas de Bozzano, con un tazón de café rebosando de nata, música electrónica sonando de fondo, y unas cuantas barras de incienso perfumando mi éxtasis solitario. A las cuatro y media de la madrugada me pongo películas mudas. Llego al alba viendo en la tele los programas dedicados a las confesiones religiosas predominantes: Shalom (comunidad judía), Buenas Noticias (protestantes), los musulmanes y Últimas Preguntas (católicos). Me regodeo con estos programas encallados en esa hora tan temprana y desolada del domingo y que no sé quién verá. Los judíos son los que más me interesan porque son los más misteriosos: no tenemos un estereotipo actual de ellos, como no sea la consabida caricatura medieval del individuo con nariz aguileña y frotándose las manos por el dinero acaudalado, quiero decir, que nos cuesta algo más que otros, identificarlos por una fisionomía, indumentaria o aspecto concretos. Podrían pasar por europeos, la mayoría. Los protestantes desprovistos de todo aire sacral, pretenden ser los más cercanos, los más auténticos, los antiretóricos, pero el presentador es algo excesivo, teatralmente doliente, aunque vaya con una impecable y común chaqueta. La presentadora del programa Últimas Preguntas está maciza y posee una mirada hipnótica y casi brutal, aunque su voz ofrezca un delicado muestrario de texturas dulces en la entonación. Cuando lleva pantalones ajustados y cruza las piernas, muestra unos buenos muslos en los que los invitados, claro está, nunca osan fijarse. En el programa de los católicos, a pesar de la diversidad de reportajes y personalidades entrevistadas, es perceptible la presencia de unos sensatos límites. Parece que los católicos, según lo que me comunican programas como este u otros, no puedan ser sino esas "buenas personas" cumplidoras de las leyes sociales y de convivencia, pero incapaces de alguna genialidad rompedora, de alguna malicia interesante en el orden del pensamiento. Los que lo tienen peor son los musulmanes: están en el punto de mira y lo saben. Algunas emisiones se empeñan en rememorar las glorias antiguas de la época del Al-Andalus, y otras, preferibles, entrevistan a profesores y a escritores. Es significativo y un poco triste que mientras todos los restantes programas religiosos tienen su correo postal y electrónico, el musulmán no lo tenga. La presentadora, María Senso, es un prodigio de escuetez: siempre dice lo mismo desde hace infinidad de programas, saludo y despedida. Parece una monjita pero sin hábito, una especie de robotito. ¿Se impone ella estas limitaciones o se las imponen?
Alguno de estos programas, por ejemplo, los dedicados a las comunidades islámicas y judías, podrían convertirse en interesantes programas culturales que ayudarían al acercamiento a estas religiones, a la comunicación y a la comprensión de nuestra propia historia. Precisamente, el horario dominical, "religioso", en el que se encuentran, los exilian de una lectura novedosa por parte de un público probable.

**
En realidad hay correspondencias entre lo que leo en los diarios de Barbey y los escritos de Bozzano. Me fascino con lo que ocurrió en el tiempo. Barbey me suministra con precisión los datos del flanêur y del dandy: detalles arquitectónicos y paisajísticos durante sus paseos, impresiones de sus vagabundeos por determinados ambientes: cafés, bulevares; juicios incisivos sobre otros escritores o sus amistades, etcétera. Bozzano no es un literato, pero me proporciona datos de algo que yo disfruto como literatura: lo que una buena tarde de 1900 ocurrió en una sesión espiritista en una casa de las afueras de la ciudad. La lectura de uno y de otro me proveen de placer, de fascinación: son datos espacio-temporales, anécdotas que yo instalo en un mapa imaginario que puede extenderse indeterminadamente si mezclo sus márgenes movedizos con las sensaciones que me producen otras lecturas, otros textos. Lo hago. Releo pasajes de El Mono Gramático, de Octavio Paz. Ahora ya no es fascinación evasiva lo que experimento, sino un henchimiento conceptual por la fluyente prosa de Paz, un placer intelectivo. No me desplazo imaginariamente a ningún pasado. Me ubico en un ahora, en el centro de una energía activa. Conforme voy leyendo, más voy creciendo. Me siento omnisciente. Por otro lado, el café potencia esta euforia intelectual. Es como si lo supiera todo, sin que el misterio de las cosas se agote o se gaste. Precisamente saber que las cosas son inefables, decirlo en un poema es la operación más secretamente pletórica, el más discreto de los gozos.
**
En Murcia, viendo una exposición de litografías y dibujos originales sobre escenarios y figurines utilizados en la ópera. Y de nuevo, ante una de las imágenes, lo que parecía ser una témpera que representaba un castillo en una montaña, teniendo como fondo el mar o un gran lago, experimento ese temblequeo en el estómago, esa fascinación hecha de una mezcla de entusiasmo y de melancolía, la sensación de que el paraíso es posible (o ha sido posible), de que está en alguna parte, y que, si de todos modos, es inalcanzable, al menos podemos percibirlo, soñarlo en el limbo del arte. La imagen era de 1860, más o menos. Debería llevar un diario de las exposiciones que visito y en las que esa sensación me ha atravesado sorpresivamente, sin yo buscarla intencionadamente. Esa sensación espontánea de dicha la he experimentado con numerosas representaciones, incluso con fotografías, pero las vistas románticas con ruinas, árboles cobijadores y un fondo marino todavía me arrasan. ¿Qué significa este delicioso ahogo, esta eclosión fugaz de felicidad? ¿Habitar un paisaje como ése u otro semejante, es habitar el paraíso, la imagen de ese paisaje es la imagen de la eternidad perdida? ¿Es el arte el recordatorio de que la beatitud es, al menos, vislumbrable, de que su pérdida no es definitiva sino vacilante?
**
El terremoto de Haití pareciera confirmar esa teoría teológica según la cual al comprobar la utilización perversa que ha hecho el hombre de la libertad, Dios se ha alejado, se ha olvidado de la creación. Pero el duelo por la muerte de tanta gente se convierte sorpresiva, casi mágicamente, en lo contrario, en la otra significación de la palabra "duelo", en lucha, en lucha por la vida y la reconstrucción victoriosa del país. ¿Cómo de algo puede surgir lo contrario del estado del que emerge? Principio alquímico: la putrefactio se matamorfosea en resurrección.

ABISMOS ORDINARIOS

Un editor ha rechazado publicar una obra mía. De esto hace un par de días y no paro de agitarme entre la confusión, la humillación y la con...