Mi salida del hospital fue por la puerta de atrás. Los policías me observaban con cuidado, vigilantes que no me ocurriera nada. Quién me iba a decir a mí que aquel hombrecillo enclenque, que me traía el correo o me servía el café, sería mi enemigo más buscado por todas las fuerzas de seguridad. Cepeda me esperó con su puerta del coche abierta. Alejandro, mi compañero de fatigas en el diario, me sonrió mientras me ayudaba a dejar a un lado la silla de ruedas. Me costó mucho meter mi cuerpo en la parte trasera de aquel coche tan lleno de filigranas. Se notaba la mano de Rosita en cada recoveco del automóvil. Cepeda me hizo una genuflexión y cerró con suavidad mi puerta. La comitiva se adentró en la ciudad con sus sirenas retumbando a cada paso que dábamos. Pronto me di cuenta que no me llevaban a mi casa. Parecía el camino del periódico, pero al llegar a sus puertas los coches continuaron viaje. Empecé a ver a Jengibre a lo lejos. Después la vi al lado de Juan, Manu, Nicolás y Canoso. Eran las puertas de aquel restaurante de tanto cuento que siempre pasábamos a su lado como pidiendo perdón. Los coches pararon. Cepeda abrió diligente para que yo pudiera salir. Abrazos, besos y saludos. Me cabeza los fue asimilando poco a poco.
-Nuestro restaurante –dijo Alejandro-. No había juerga que se preciara que no reserváramos mesa para los redactores de algún periódico amigo. Hoy sí es para ti.
Al fin me hacía una reverencia su portero. Su hall se encontraba vacío. El metre dejó ver su bisoñé. Nos saludó majestuoso, sobrado de protocolo y amaneramiento. Por sus palabras se sobrentendía que el restaurante estaba reservado nada más que para nosotros. La comitiva fue superando las etapas hasta llegar al comedor. La sala estaba llena de gente que había pertenecido y pertenece al periódico. Todos querían hablar conmigo, desearme una pronta recuperación, ponerme enseguida al frente del periódico. Por el fondo apareció Javi, con su silla de ruedas en ristre, a gran velocidad. Me lancé hacia él. Me sonrió. Le besé. Le abracé. Me dio las gracias y yo le dije que tendría que ser yo quien se las dé. Todos aquellos años cuidándome y yo haciéndome el sufrido. Ahora nadie nos separaría.
Mis padres fueron los primeros en separarnos, ansiosos de mostrarme su paternal cariño. Después fue el metre, anunciando el primer plato. Todos nos sentamos menos Javi, que ya lo estaba. Mi hermano. Mi protector hermano.
Los postres llegaron inundados de brindis. Todos esperaban el mío. La verdad que no tenía ganas de ofrecerlo. Si había alguien que se merecía recibirlos y echarlo ese era Javi.
-Sé que estáis esperando mis palabras, pero yo creo que es más merecedor de ello mi hermano Javi…
El pobre siempre se veía cortado por algo. Unas voces nos llegaron de afuera. El metre se acercó a mi oído. Salí corriendo. Las miradas se clavaron en mí. Les grité que habían incendiado el periódico. Sólo me acuerdo de que el humo se acercaba despacio, lleno de sirenas y vocerío. Un niño se me acercó y me dio una nota. Instintivo, la tiré entre el fuego. Estaba allí. Mirándonos. Como siempre. Con su cobardía asesina.
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8/4/10
25/3/10
S.O.S.
Mi llamada de socorro tuvo su contestación casi mediata. De distintas partes de la ciudad partieron sin dilación para las afueras, donde mi hermano vivía ajeno a todo lo que se le avecinaba. Arderius, Jengibre, Martín y Nicolás dejaron sus reportajes a medias y fueron en sus coches a socorrerle. Cepeda comunicaba o no lo cogía. El teléfono de la comisaría recogió mi denuncia, intentarían comunicarse con él a la mayor brevedad posible. Allí estaba yo, tirado cuando más me necesitaban. El niño mimado reaccionando ante su sacrificado hermano mayor, cansado de ser el centro de atención soy el inútil centro de detención. Todo lo que relato ahora se debe a los diferentes protagonistas que me lo contaron.
Mis redactores iban al principio a una velocidad adecuada y rayando la ilegalidad. Todos ellos optaron por calles pequeñas y de escaso tráfico, donde la fluidez les permitía avanzar más desahogados. Los conatos de choque fueron inevitables, llegando Arderius a tener un rifirrafe con una conductora con ganas de bronca. Sus artes de convicción apaciguaron a la irascible amazona. Cerca de la salida para el barrio del extrarradio, donde mi hermano residía, hubo dos coches que colisionaron, parando los dos carriles un largo tiempo. Unas sirenas hicieron que los conductores se pusieran más receptivos, la policía les mando retirarse para un lado y Cepeda y sus secuaces avanzaron por la ruina circulatoria que se había montado. Mis redactores intentaron meterse por otros caminos, nerviosos al ver a Pedro, Merce y sus tres vástagos en un mercedes de última ornada, con resultados variados: Jengibre y Martín lograron llegar a su destino raudos y veloces, mientras que Arderius y Nicolás acabaron en vías muertas y regresando al atasco en posiciones más atrasadas.
Pedro bajó de su coche y miró sonriente para el piso donde debería de disparar su pistola. De pronto, abrió la puerta trasera y empezó a gritarles a sus hijos. Éstos lo miraron incrédulos, como unos auténticos pasmarotes, mientras él no les dejaba de señalar para el portal e indicarles algo con sus manos.
-Ya es hora de que hagáis algo por vosotros mismos. Me estoy cansando de tanto señoritismo pijo. Andando.
El trío entró en el portal. No encendieron la luz. Tropezaron un par de veces. Montaron en el ascensor. Al salir vieron que tenían suerte, la puerta estaba abierta. Entraron. Justo en la primera puerta vieron a alguien montado en una silla de ruedas. Apuntaron con sus tres pistolas, tal como les mandó papuchi. Dispararon hasta vaciar el cargador y tirar al muñeco sentado en la silla.
-La galería de tira les da las gracias por su visita y les acompaña a la salida con el regalo de un juego de esposas para cada uno –aseveró Cepeda mientras miraba por la ventana como detenían a sus padres.
La procesión hacia los coches y su salida hacia comisaria dejaron al barrio con los ecos de su ruido. Avanzaban sin detenerse en los cruces, con sus sirenas amedrentando a los coches timoratos. Un despistado salió del cruce, seguro de su preferencia, arremetió contra un coche policial y se armó una buena. Todos los conductores estaban parados, bajando de sus coches y aprovechando para acosar a los policías fuera de su impunidad de las sirenas. Era el cuarto golpe del día. Se ve que hoy tocaba prudencia al volante. Cepeda ordenó montar en los coches por el megáfono, con su voz autoritaria, recordándoles el peso de la ley. Con las orejas gachas, volvieron a sus vehículos. El cortejo policial volvió a iniciar la marcha. Por las radios de los coches se oyó un grito, después dijeron:
-El padre. Se ha fugado el padre entre el gentío.
Esta primera entrega está llegando a su fin, el jueves 8 de abril será la última. Después viene un periodo vacacional que he de tomar por mi enfermedad y el jueves 20 de mayo llegará la nueva etapa. Nuevas vicisitudes se abrirán paso entre todos nosotros con más fuerza. Pero cómo quieres el final:
-Lento y tranquilo, apagándose poco a poco.
-Alegre y con una celebración de las de postín.
-Con traca final, dejándonos con un sobresalto.
Pues nada, este es el último TÚ DECIDES de esta entrega. Gracias a todos los que habéis participado en él y hasta pronto.
Creó que queda claro, la opción tomada es la C. La semana que viene se plasmará.
Mis redactores iban al principio a una velocidad adecuada y rayando la ilegalidad. Todos ellos optaron por calles pequeñas y de escaso tráfico, donde la fluidez les permitía avanzar más desahogados. Los conatos de choque fueron inevitables, llegando Arderius a tener un rifirrafe con una conductora con ganas de bronca. Sus artes de convicción apaciguaron a la irascible amazona. Cerca de la salida para el barrio del extrarradio, donde mi hermano residía, hubo dos coches que colisionaron, parando los dos carriles un largo tiempo. Unas sirenas hicieron que los conductores se pusieran más receptivos, la policía les mando retirarse para un lado y Cepeda y sus secuaces avanzaron por la ruina circulatoria que se había montado. Mis redactores intentaron meterse por otros caminos, nerviosos al ver a Pedro, Merce y sus tres vástagos en un mercedes de última ornada, con resultados variados: Jengibre y Martín lograron llegar a su destino raudos y veloces, mientras que Arderius y Nicolás acabaron en vías muertas y regresando al atasco en posiciones más atrasadas.
Pedro bajó de su coche y miró sonriente para el piso donde debería de disparar su pistola. De pronto, abrió la puerta trasera y empezó a gritarles a sus hijos. Éstos lo miraron incrédulos, como unos auténticos pasmarotes, mientras él no les dejaba de señalar para el portal e indicarles algo con sus manos.
-Ya es hora de que hagáis algo por vosotros mismos. Me estoy cansando de tanto señoritismo pijo. Andando.
El trío entró en el portal. No encendieron la luz. Tropezaron un par de veces. Montaron en el ascensor. Al salir vieron que tenían suerte, la puerta estaba abierta. Entraron. Justo en la primera puerta vieron a alguien montado en una silla de ruedas. Apuntaron con sus tres pistolas, tal como les mandó papuchi. Dispararon hasta vaciar el cargador y tirar al muñeco sentado en la silla.
-La galería de tira les da las gracias por su visita y les acompaña a la salida con el regalo de un juego de esposas para cada uno –aseveró Cepeda mientras miraba por la ventana como detenían a sus padres.
La procesión hacia los coches y su salida hacia comisaria dejaron al barrio con los ecos de su ruido. Avanzaban sin detenerse en los cruces, con sus sirenas amedrentando a los coches timoratos. Un despistado salió del cruce, seguro de su preferencia, arremetió contra un coche policial y se armó una buena. Todos los conductores estaban parados, bajando de sus coches y aprovechando para acosar a los policías fuera de su impunidad de las sirenas. Era el cuarto golpe del día. Se ve que hoy tocaba prudencia al volante. Cepeda ordenó montar en los coches por el megáfono, con su voz autoritaria, recordándoles el peso de la ley. Con las orejas gachas, volvieron a sus vehículos. El cortejo policial volvió a iniciar la marcha. Por las radios de los coches se oyó un grito, después dijeron:
-El padre. Se ha fugado el padre entre el gentío.
TÚ DECIDES
Esta primera entrega está llegando a su fin, el jueves 8 de abril será la última. Después viene un periodo vacacional que he de tomar por mi enfermedad y el jueves 20 de mayo llegará la nueva etapa. Nuevas vicisitudes se abrirán paso entre todos nosotros con más fuerza. Pero cómo quieres el final:
-Lento y tranquilo, apagándose poco a poco.
-Alegre y con una celebración de las de postín.
-Con traca final, dejándonos con un sobresalto.
Pues nada, este es el último TÚ DECIDES de esta entrega. Gracias a todos los que habéis participado en él y hasta pronto.
LA DECISIÓN
Creó que queda claro, la opción tomada es la C. La semana que viene se plasmará.
11/3/10
BUENAS Y MALAS NOTICIAS
Fallar un disparo, por parte de un buen tirador, hace que el siguiente vaya bien situado. Y fue certero, directo a mi cabeza, sin dudar un momento del lugar donde se debía cobijar. Pero el anterior, ubicado por error en mi hombro derecho, hizo que mi cuerpo se agachara ligeramente y mi cabeza se lanzara directa al suelo. La bala asesina penetró en la pared, acorde al informe policial, dejándome con vida. Lo demás fue consecuencia de los nervios, esos nervios que te dejan inconsciente, metido en un limbo lejano que te trae al recuerdo páginas de tu vida que nunca pasaron. Los médicos dicen que he estado un día sin consciencia, debido en gran medida a la anestesia de la intervención para desalojar la bala. Apenas abrí los ojos, su cara me sonrió, hacía tiempo que no veía su expresión risueña y cariñosa, unos dos años, justo el tiempo que transcurrió desde que a mi hermano le dio el derrame cerebral. Desde entonces, mi madre dedicó todas sus atenciones a mi hermano mayor, o debería decir con mayor corrección hermanastro.
-Manolín, cariño. Vaya susto que nos diste. Voy a avisar a tu padre que ha ido a la sala de espera a ver el partido.
-Madre, madre,… No te preocupes, el fútbol es sagrado para padre.
-Tu hermano Javi te manda saludos. Lo hemos dejado en casa con tía Ana.
-¡Qué raro que lo hayáis dejado para venir a verme!
-Cariño, no empieces. Acaso prefieres que te haya dado a ti el derrame.
-No me chantajees, madre. Siempre estamos con lo mismo.
-Claro, el señor siempre ha sido el centro de atención y cuando éste se ha desplazado llega la pataleta.
La enfermera de planta mandó salir de la habitación a las visitas para atendernos a los enfermos, tiempo para reflexionar sobre mi egoísmo. A mi hermanastro jamás le vi protestar por el trato de favor que me dispensaban. Se desvivía por mí en el colegio, en la calle, en casa y hasta en nuestro cuarto. Me adoraba: se quedaba sin un regalo si a mí me gustaba, no iba con sus amigos si yo simulaba estar enfermo, me compraba con su dinero un segundo helado si así se lo exigía, cargaba con mis culpas cuando yo armaba alguna pifia; vamos, un hermano de verdad que se había conformado con que siempre le llamara hermanastro. La enfermera me sacó de mis pensamientos, el cambio de dodotis no podía esperar.
El abogado del periódico solicitó una habitación tranquila para poder hablar conmigo. El cuarto donde guardaban las sábanas y demás ajuar nos sirvió de despacho. Mi cama corrió por el pasillo y se dirigió rauda al encuentro.
-¡Hombre, Manuel! Ese canalla no ha podido con usted.
-De momento, no.
-Vengo a comunicarle la resolución del testamento.
-Los tres niñatos han cerrado el periódico.
-Doña Mercedes de Lóriga, bueno, más bien diríamos la Merce…
-Está de coña, ¿verdad?
-No me interrumpa. La Merce tiene a tres lebreles que las pruebas de paternidad han demostrado no ser hijos del señor don Antonio del Pino y Anzueta. Así que, sin ninguna duda, no pondrán sus manazas en el periódico.
-Vamos, algún sustituto vendrá que mejores los hará.
-No adelantemos acontecimientos. Pero no conformes con las pruebas de paternidad, la Merce nunca estuvo casada con el señor y por lo tanto no tienen ningún parentesco familiar con el señor don Antonio. Parece ser que la Merce ya estaba casada y todavía lo está hoy en día con un lebrel llamado Pedro.
-Anda, como el conserje.
-Ese mismo, el que le disparó a usted y mató a sus tres compañeros, porque me permitirá nombrar al señor como compañero.
-No faltaría más.
-La policía lo anda buscando. Pero vayamos al grano, el señor Antonio tuvo un hijo con una mujer antes de tener las paperas que le dejaron…, bueno, usted ya me entiende. Ese hijo es el heredero del señor, que tiene un capital que para si quisieran muchos. Un año antes de morir, heredó de un tío soltero y multimillonario una suma increíble.
-No se enrolle. ¿Se sabe quién es su heredero?
-Sí, su hermano.
-¡No!
-Sí, sí. Su madre fue el gran amor del señor, y fruto de ese amor tuvo a su hermano. El señor lo reconoció legalmente al nacer, así que no hay duda alguna.
-Hay que avisar a Cepeda. Pedro sabe donde encontrarle y seguro que intentará matarlo…
¿Será el final? ¿Será un punto y aparte? Contesta a nuestra encuesta y decide:
A.-Manda a sus hijos a matar a Javi, cansado de hacerles todo, y se marcha con la Merce al extranjero.
B.-Sigue tan pringado como siempre y les hace el trabajo sucio a sus hijos.
C.-Son todos detenidos por Cepeda, pero un accidente con el coche hace que Pedro huya.
No digo nada. Según mi contador, hay 90 visitas semanales de promedio. ¿Dónde estáis? Si os da vergüenza, podéis figurar aquello de anónimo. Vosotros sabréis.
Como se puede ver, la decisión C es la ganadora y la que la semana que viene se reflejará en la blognovela.
-Manolín, cariño. Vaya susto que nos diste. Voy a avisar a tu padre que ha ido a la sala de espera a ver el partido.
-Madre, madre,… No te preocupes, el fútbol es sagrado para padre.
-Tu hermano Javi te manda saludos. Lo hemos dejado en casa con tía Ana.
-¡Qué raro que lo hayáis dejado para venir a verme!
-Cariño, no empieces. Acaso prefieres que te haya dado a ti el derrame.
-No me chantajees, madre. Siempre estamos con lo mismo.
-Claro, el señor siempre ha sido el centro de atención y cuando éste se ha desplazado llega la pataleta.
La enfermera de planta mandó salir de la habitación a las visitas para atendernos a los enfermos, tiempo para reflexionar sobre mi egoísmo. A mi hermanastro jamás le vi protestar por el trato de favor que me dispensaban. Se desvivía por mí en el colegio, en la calle, en casa y hasta en nuestro cuarto. Me adoraba: se quedaba sin un regalo si a mí me gustaba, no iba con sus amigos si yo simulaba estar enfermo, me compraba con su dinero un segundo helado si así se lo exigía, cargaba con mis culpas cuando yo armaba alguna pifia; vamos, un hermano de verdad que se había conformado con que siempre le llamara hermanastro. La enfermera me sacó de mis pensamientos, el cambio de dodotis no podía esperar.
El abogado del periódico solicitó una habitación tranquila para poder hablar conmigo. El cuarto donde guardaban las sábanas y demás ajuar nos sirvió de despacho. Mi cama corrió por el pasillo y se dirigió rauda al encuentro.
-¡Hombre, Manuel! Ese canalla no ha podido con usted.
-De momento, no.
-Vengo a comunicarle la resolución del testamento.
-Los tres niñatos han cerrado el periódico.
-Doña Mercedes de Lóriga, bueno, más bien diríamos la Merce…
-Está de coña, ¿verdad?
-No me interrumpa. La Merce tiene a tres lebreles que las pruebas de paternidad han demostrado no ser hijos del señor don Antonio del Pino y Anzueta. Así que, sin ninguna duda, no pondrán sus manazas en el periódico.
-Vamos, algún sustituto vendrá que mejores los hará.
-No adelantemos acontecimientos. Pero no conformes con las pruebas de paternidad, la Merce nunca estuvo casada con el señor y por lo tanto no tienen ningún parentesco familiar con el señor don Antonio. Parece ser que la Merce ya estaba casada y todavía lo está hoy en día con un lebrel llamado Pedro.
-Anda, como el conserje.
-Ese mismo, el que le disparó a usted y mató a sus tres compañeros, porque me permitirá nombrar al señor como compañero.
-No faltaría más.
-La policía lo anda buscando. Pero vayamos al grano, el señor Antonio tuvo un hijo con una mujer antes de tener las paperas que le dejaron…, bueno, usted ya me entiende. Ese hijo es el heredero del señor, que tiene un capital que para si quisieran muchos. Un año antes de morir, heredó de un tío soltero y multimillonario una suma increíble.
-No se enrolle. ¿Se sabe quién es su heredero?
-Sí, su hermano.
-¡No!
-Sí, sí. Su madre fue el gran amor del señor, y fruto de ese amor tuvo a su hermano. El señor lo reconoció legalmente al nacer, así que no hay duda alguna.
-Hay que avisar a Cepeda. Pedro sabe donde encontrarle y seguro que intentará matarlo…
TÚ DECIDES
¿Será el final? ¿Será un punto y aparte? Contesta a nuestra encuesta y decide:
A.-Manda a sus hijos a matar a Javi, cansado de hacerles todo, y se marcha con la Merce al extranjero.
B.-Sigue tan pringado como siempre y les hace el trabajo sucio a sus hijos.
C.-Son todos detenidos por Cepeda, pero un accidente con el coche hace que Pedro huya.
No digo nada. Según mi contador, hay 90 visitas semanales de promedio. ¿Dónde estáis? Si os da vergüenza, podéis figurar aquello de anónimo. Vosotros sabréis.
LA DECISIÓN
Como se puede ver, la decisión C es la ganadora y la que la semana que viene se reflejará en la blognovela.
25/2/10
DÍA NEGRO
Mi llegada al periódico fue por el pasadizo, para no ver a nadie y que nadie haga que mi cabeza explote como una granada. Abrí la puerta con la llave que me había dado Pedro el conserje y vi las miradas escrutadoras de todos mis compañeros, esperando mi entrada para lanzarse en picado hacia mí. Cerré de nuevo y me fui. Me lo jugué a los chinos conmigo mismo, iría al bar de Paco y después al de Ángel para rebajar el resacón. O quizás para cogerme otra turca en menos de veinticuatro horas. Por lo visto, ser el director de un periódico significaba ser un borracho empedernido o al menos serlo en funciones.
-Hola Manolo –Paco no había terminado de decir mi nombre cuando depositó el vaso en la barra y se giró para agarrar la botella de JB-. Tu conserje te anda buscando.
-Voy a tener que dejar de parar aquí si quiero estar tranquilo.
-Qué mal te sientan los cargos. Vas por ahí dándote un pisto de aúpa.
-Déjalo en chistorra.
Marchó para la parte de atrás del bar, donde tiene sus botellas especiales de orujo que le mandan de su casa del pueblo, a beber sosegado pero de continuo. Le pegué un trago al güisqui y miré las imágenes de televisión. Estaban echando imágenes de Justo, ese Justo amigo, mano derecha que nunca deja de hacerte favores. Di por concluido mi periplo a los bares con otro trago amargo. Casi vacío la copa. Le dejo un billete de veinte euros y le oigo decir algo de las luces de puti-club.
-Don Manuel, don Manuel…
-Manolo.
-Vale, don Manolo. Venga, en mi cuarto de conserjería hay algo que debe de ver.
-Cómo anda hoy el patio –me dijo Cepeda al oír cagarme en todos los santos y vírgenes de aquí a Pekín. No podía aguantar más. Le dije que me iba a marchar a Río de Janeiro y no me encontrarían ni en la otra vida- Rosita seguro que lo encontraría, conoce a mucho maricón por allí.
-No me dio por ese palo de momento.
-Usted se lo pierde.
Le enseñé la colección de chaquetas que había depositadas en la mesa de Pedro. Dijo si estaba de broma, que qué era eso. Entonces le enseñé la nota que estaba en la silla del conserje. Decía: “A por la cuarta víctima. Aquí les dejo una pista, para que el director sepa que soy un artista”. Cuatro víctimas y cuatro chaquetas, si no nos habíamos olvidado de contar. Y la cuarta chaqueta era la que había depositado Alejandro en la percha aquella mañana. El reportero estaba encerrado en mi despacho, rodeado de los mayores armarios de la redacción, que da la casualidad que no eran los de deportes, y medio hundido, qué medio hundido, hundido completo. Guardó la nota para buscar huellas y saber desde que ordenador la habían escrito. Le quité la sonrisa de la boca. Le informé que la nota salió por nuestra impresora central y no se sabía el ordenador desde el que se mandó. Huellas encontraría muchas, casi toda la redacción pasaba por allí. No le quedaba otra que hablar con Alejandro, si era que al fin podía balbucear algo.
-Vamos a ver, chaval. No me creo que ese hijo de puta te haya escogido por casualidad.
-Nnnnoo seee.
-Tienes cara de culpable de algo, así que dímelo o te mato yo antes que lo haga ese canalla.
-Cepeda, no me sea bruto. El chaval está muy nervioso –le espeté.
-¡Nervioso! Éste lo que está es acojonado. O me lo dice a mí o le mata ese bastardo.
Con paciencia le hice contar a Alejandro que Justo le había mandado acercarle un sobre. En un principio no lo había abierto, pero después de algunos cagamentos de Cepeda contó que lo había mirado levemente, tan levemente que había visto unas fotocopias de tres pruebas de paternidad. Cepeda hizo su gesto de éxito y mando a sus esbirros que acompañaran a Alejandro a comisaría, allí le darían protección. Intervine de inmediato, he hice que le acompañaran Jengibre y Manu Sancero para que el chaval estuviera más relajado.
Mi móvil sonó. Me llamó el abogado. Se me había pasado la lectura del testamento. Tendría que coger un taxi e ir para allá. Me puse mi chaqueta y salí. Por la calle pasaba una manifestación. De pronto se oyó un disparo. Otro. La gente empezó a gritar. Corrían como locos. Aquello se parecía a los mejores tiempos de la dictadura. Mi camisa empezó a echar sangre a borbotones. Mis ojos dejaron de parpadear.
En la lectura del testamento algo se está leyendo en estos momentos:
A.- La ex mujer del señor don Antonio del Pino y Anzueta nunca había estado casada con él porque tenía ya un esposo antes de su boda, y todavía hoy en día lo tenía.
B.- Los hijos eran de un matrimonio anterior de su ex mujer y el señor don Antonio del Pino y Anzueta los había desheredado.
C.- El notario tenía unas pruebas de paternidad que demostraban que los tres no eran hijos del señor don Antonio del Pino y Anzueta.
Vaya, este terceto tiene pinta de ser niños pijos sin un pijo de pasta. ¿Cómo? Tú decides.
-Hola Manolo –Paco no había terminado de decir mi nombre cuando depositó el vaso en la barra y se giró para agarrar la botella de JB-. Tu conserje te anda buscando.
-Voy a tener que dejar de parar aquí si quiero estar tranquilo.
-Qué mal te sientan los cargos. Vas por ahí dándote un pisto de aúpa.
-Déjalo en chistorra.
Marchó para la parte de atrás del bar, donde tiene sus botellas especiales de orujo que le mandan de su casa del pueblo, a beber sosegado pero de continuo. Le pegué un trago al güisqui y miré las imágenes de televisión. Estaban echando imágenes de Justo, ese Justo amigo, mano derecha que nunca deja de hacerte favores. Di por concluido mi periplo a los bares con otro trago amargo. Casi vacío la copa. Le dejo un billete de veinte euros y le oigo decir algo de las luces de puti-club.
-Don Manuel, don Manuel…
-Manolo.
-Vale, don Manolo. Venga, en mi cuarto de conserjería hay algo que debe de ver.
-Cómo anda hoy el patio –me dijo Cepeda al oír cagarme en todos los santos y vírgenes de aquí a Pekín. No podía aguantar más. Le dije que me iba a marchar a Río de Janeiro y no me encontrarían ni en la otra vida- Rosita seguro que lo encontraría, conoce a mucho maricón por allí.
-No me dio por ese palo de momento.
-Usted se lo pierde.
Le enseñé la colección de chaquetas que había depositadas en la mesa de Pedro. Dijo si estaba de broma, que qué era eso. Entonces le enseñé la nota que estaba en la silla del conserje. Decía: “A por la cuarta víctima. Aquí les dejo una pista, para que el director sepa que soy un artista”. Cuatro víctimas y cuatro chaquetas, si no nos habíamos olvidado de contar. Y la cuarta chaqueta era la que había depositado Alejandro en la percha aquella mañana. El reportero estaba encerrado en mi despacho, rodeado de los mayores armarios de la redacción, que da la casualidad que no eran los de deportes, y medio hundido, qué medio hundido, hundido completo. Guardó la nota para buscar huellas y saber desde que ordenador la habían escrito. Le quité la sonrisa de la boca. Le informé que la nota salió por nuestra impresora central y no se sabía el ordenador desde el que se mandó. Huellas encontraría muchas, casi toda la redacción pasaba por allí. No le quedaba otra que hablar con Alejandro, si era que al fin podía balbucear algo.
-Vamos a ver, chaval. No me creo que ese hijo de puta te haya escogido por casualidad.
-Nnnnoo seee.
-Tienes cara de culpable de algo, así que dímelo o te mato yo antes que lo haga ese canalla.
-Cepeda, no me sea bruto. El chaval está muy nervioso –le espeté.
-¡Nervioso! Éste lo que está es acojonado. O me lo dice a mí o le mata ese bastardo.
Con paciencia le hice contar a Alejandro que Justo le había mandado acercarle un sobre. En un principio no lo había abierto, pero después de algunos cagamentos de Cepeda contó que lo había mirado levemente, tan levemente que había visto unas fotocopias de tres pruebas de paternidad. Cepeda hizo su gesto de éxito y mando a sus esbirros que acompañaran a Alejandro a comisaría, allí le darían protección. Intervine de inmediato, he hice que le acompañaran Jengibre y Manu Sancero para que el chaval estuviera más relajado.
Mi móvil sonó. Me llamó el abogado. Se me había pasado la lectura del testamento. Tendría que coger un taxi e ir para allá. Me puse mi chaqueta y salí. Por la calle pasaba una manifestación. De pronto se oyó un disparo. Otro. La gente empezó a gritar. Corrían como locos. Aquello se parecía a los mejores tiempos de la dictadura. Mi camisa empezó a echar sangre a borbotones. Mis ojos dejaron de parpadear.
TÚ DECIDES
En la lectura del testamento algo se está leyendo en estos momentos:
A.- La ex mujer del señor don Antonio del Pino y Anzueta nunca había estado casada con él porque tenía ya un esposo antes de su boda, y todavía hoy en día lo tenía.
B.- Los hijos eran de un matrimonio anterior de su ex mujer y el señor don Antonio del Pino y Anzueta los había desheredado.
C.- El notario tenía unas pruebas de paternidad que demostraban que los tres no eran hijos del señor don Antonio del Pino y Anzueta.
Vaya, este terceto tiene pinta de ser niños pijos sin un pijo de pasta. ¿Cómo? Tú decides.
11/2/10
PARA MI HERMANO JUSTO
Próximas publicaciones:
18-2 Noticias del Diario de Independencia
25-2 Blognovela
-No me miren así, parece que fui yo el asesino - dijo el comisario Cepeda cuando se presentó en la cabaña.
-Es que ha llegado usted el primero y no estamos acostumbrados.
-Ya, ya. ¿Y no tendrá nada que ver con mi traje?
-Está usted increíble –disimuló Jengibre-, ese traje rosa le queda de maravilla.
-Querrá usted decir como a un maricona y la camisa malva como a una loca –su tono sonó más distendido que de costumbre-. Díganlo con tranquilidad, no voy a esconder más mi predilección sexual y si lo hago en una comisaría llena de supuestos machitos qué no voy a hacer con colegas periodistas.
-Mire que es usted fino llamándonos maricones a los periodistas –le espeté un poco enfadado-, me parece que no es momento para conversaciones triviales.
-Ya me dijo Rosita en nuestro nuevo nidito de amor que estaba un poco jocoso con los hetero –admitió-. Por favor, no pasen a la escena del crimen. Después les haré llegar todas mis pesquisas.
-Creía el ciego que veí… -casi dijo Jengibre.
-Señorita, no tendría que decirles nada y lo voy a hacer, así que cállese y desaparezca. Luego hablaré con usted Manuel, el nuevo Cepeda quiere trabajar en serio y codo con codo con ustedes.
-¿No nos quiere interrogar?
-¿Saben algo?
-No, señor Cepeda.
-Y si lo sabe, no me lo va a decir de momento. Comprendo que quieran ustedes que mueva ficha yo. Así lo haré.
Jengibre y yo nos dirigíamos a nuestro coche cuando bajaron del suyo Juan Duque, Manu Sancero y Nicolás. Corrían hacia nosotros incrédulos, esperando nuestras explicaciones y mis órdenes para remover toda la cabaña, mota de polvo a mota de polvo. No logré cerrarles sus bocas cuando les dije que Cepeda ya había llegado y que nosotros nos íbamos, que las camas estaban muy solas y la mía no me conocía. Quisieron ir para la cabaña pero yo no les deje, había algo en Cepeda que me daba confianza.
El portal apenas tenía encendidas las luces de emergencia, los vecinos, con velas en la mano, estaban por las escaleras charlando y de la puerta del sótano salía un humareda. El chaval del quinto había ido con sus amigos a fumar chocolate a los trasteros y de puro ciego se habían olvidado de apagar uno de ellos, que se había caído cerca de mis periódicos; los había acumulado allí afuera por falta de espacio cuando llegue a vivir al piso y se quemaron rapidamente.
Mi vecino de puerta se había apoderado de tres trasteros de más y no había quien le echara de ellos. Era el único que no había salido al rellano y se oía su antigua radio de pilas encendida a todo trapo. Entre este jaleo, vi que había una carta en mi buzón. Abrí. No tenía matasellos. La rasgué. Saque la carta. Era la letra de Justo. Su escritura había dejado de ser caligráfica. Decía conocer al asesino. Si intentábamos conectar con él, correríamos peligro. Sólo él podía hacerlo. Lo iba a matar. Mi corazón apenas latía en mi cerebro. Me decía que esperaba poder contárnoslo todo por la mañana. Salí del edificio. Metí la carta en un bolsillo de la chupa. Lloré. Empezamos juntos en el periódico. No nos habíamos ido porque no habíamos encontrado trabajo para los dos en el mismo diario. Era como un hermano. El hermano que nunca había tenido. El hermano que cuidaba de mi. Justo. Mi hermano. Entre en un pub a ahogar mis lágrimas en alcohol.
Va a aparecer una pista para que se sepa cual va a ser el próximo asesinado, ¿quién se la va a encontrar?
A.- Pedro el conserje, de vuelta de tomar un copazo, se la encuentra en su cuarto.
B.- La limpiadora se la encuentra entre sus productos de limpieza.
C.- El camión de la basura se queda trabado con ella.
¿No piensas opinar? ¿Te vas a quedar como un pasmarote? Tú decides.
18-2 Noticias del Diario de Independencia
25-2 Blognovela
-No me miren así, parece que fui yo el asesino - dijo el comisario Cepeda cuando se presentó en la cabaña.
-Es que ha llegado usted el primero y no estamos acostumbrados.
-Ya, ya. ¿Y no tendrá nada que ver con mi traje?
-Está usted increíble –disimuló Jengibre-, ese traje rosa le queda de maravilla.
-Querrá usted decir como a un maricona y la camisa malva como a una loca –su tono sonó más distendido que de costumbre-. Díganlo con tranquilidad, no voy a esconder más mi predilección sexual y si lo hago en una comisaría llena de supuestos machitos qué no voy a hacer con colegas periodistas.
-Mire que es usted fino llamándonos maricones a los periodistas –le espeté un poco enfadado-, me parece que no es momento para conversaciones triviales.
-Ya me dijo Rosita en nuestro nuevo nidito de amor que estaba un poco jocoso con los hetero –admitió-. Por favor, no pasen a la escena del crimen. Después les haré llegar todas mis pesquisas.
-Creía el ciego que veí… -casi dijo Jengibre.
-Señorita, no tendría que decirles nada y lo voy a hacer, así que cállese y desaparezca. Luego hablaré con usted Manuel, el nuevo Cepeda quiere trabajar en serio y codo con codo con ustedes.
-¿No nos quiere interrogar?
-¿Saben algo?
-No, señor Cepeda.
-Y si lo sabe, no me lo va a decir de momento. Comprendo que quieran ustedes que mueva ficha yo. Así lo haré.
Jengibre y yo nos dirigíamos a nuestro coche cuando bajaron del suyo Juan Duque, Manu Sancero y Nicolás. Corrían hacia nosotros incrédulos, esperando nuestras explicaciones y mis órdenes para remover toda la cabaña, mota de polvo a mota de polvo. No logré cerrarles sus bocas cuando les dije que Cepeda ya había llegado y que nosotros nos íbamos, que las camas estaban muy solas y la mía no me conocía. Quisieron ir para la cabaña pero yo no les deje, había algo en Cepeda que me daba confianza.
El portal apenas tenía encendidas las luces de emergencia, los vecinos, con velas en la mano, estaban por las escaleras charlando y de la puerta del sótano salía un humareda. El chaval del quinto había ido con sus amigos a fumar chocolate a los trasteros y de puro ciego se habían olvidado de apagar uno de ellos, que se había caído cerca de mis periódicos; los había acumulado allí afuera por falta de espacio cuando llegue a vivir al piso y se quemaron rapidamente.
Mi vecino de puerta se había apoderado de tres trasteros de más y no había quien le echara de ellos. Era el único que no había salido al rellano y se oía su antigua radio de pilas encendida a todo trapo. Entre este jaleo, vi que había una carta en mi buzón. Abrí. No tenía matasellos. La rasgué. Saque la carta. Era la letra de Justo. Su escritura había dejado de ser caligráfica. Decía conocer al asesino. Si intentábamos conectar con él, correríamos peligro. Sólo él podía hacerlo. Lo iba a matar. Mi corazón apenas latía en mi cerebro. Me decía que esperaba poder contárnoslo todo por la mañana. Salí del edificio. Metí la carta en un bolsillo de la chupa. Lloré. Empezamos juntos en el periódico. No nos habíamos ido porque no habíamos encontrado trabajo para los dos en el mismo diario. Era como un hermano. El hermano que nunca había tenido. El hermano que cuidaba de mi. Justo. Mi hermano. Entre en un pub a ahogar mis lágrimas en alcohol.
TÚ DECIDES
Va a aparecer una pista para que se sepa cual va a ser el próximo asesinado, ¿quién se la va a encontrar?
A.- Pedro el conserje, de vuelta de tomar un copazo, se la encuentra en su cuarto.
B.- La limpiadora se la encuentra entre sus productos de limpieza.
C.- El camión de la basura se queda trabado con ella.
¿No piensas opinar? ¿Te vas a quedar como un pasmarote? Tú decides.
28/1/10
BUSCANDO A JUSTO DESESPERADAMENTE
A partir de ahora será quincenal la publicación de Diario de Independencia. De este modo, una semana se publicará la decisión de TÚ DECIDES y a la siguiente el capítulo de la blognovela. La próxima publicación será el 11 de febrero.
Salí de la lectura del testamento y fui directo al periódico con el miedo de que los hijísimos hubieran actuado de espaldas a la legalidad. Vaya trío de salvajes movidos por la miserable moneda y la vida fácil, nunca trabajaron y piensan en nunca trabajar. Esta vez mis cálculos fallaron por alguna extraña razón, el diario funcionaba con toda normalidad y sólo se veían trabajadores moviéndose de un lado para otro. Me dirigí a mi despacho con el paso firme de quien está dispuesto a poner orden a varios días de acumulación de papeles a causa de una investigación loca que parece no tener fin. La verdad es que la intención era ésa, pero nada más entrar me encontré con la primera zancadilla a tan buenos propósitos. Encima de mi mesa, y tapando el correo y la carpeta de entradas, se encontraba un comunicado subrayado en rojo y con un añadido a letra grande y negra, ¡Léelo jefe, no tiene desperdicio!:
“Cansados de tanta inmundicia e infamia, la Mafia Rusa nos hemos reunido con nuestros corredores en bolsa y hemos perfilado toda una estrategia para enderezar nuestro negocio y alejarlo de los envites de la desidia y la curiosidad de tanto ciudadano que se dirige supuestamente a contratar nuestros servicios. Hacemos borrón y cuenta nueva, el pasado pasado está, no pensamos correr detrás de ningún cretino que se haya dirigido a nosotros con el fin de interesarse por nuestros servicios y hayan, supuestamente, dado marcha atrás. Pero hemos llegado a un acuerdo con la JAKUZA japonesa por el cual se encargarán de cobrarles a este tipo de morosos tanto en especies como en partes corporales. A partir…”
No había duda, nuestro caso estaba entre aquellos que habían prescrito por parte de esos asesinos cotizables en bolsa. Justo podía dejar de esconderse de aquellos villanos y volver al periódico donde tanta falta me hacía. Llamé a cuatro de mis colaboradores para que hicieran las pesquisas con objeto de descubrir dónde se hallaba nuestro colaborador. Juan Duque, el rey de la investigación por el móvil, se puso en aquel momento a llamar a cuanto conocido teníamos para ver si sabían algo de nuestro compañero. Manu Sancero, el artista de la ganzúa, se dirigió a su apartamento para abrirlo e investigar si estaba o no en él. Seguro que se cruzaba con Pedro, nuestro conserje, que había ido aquella tarde y nos había llamado para decirnos que no contestaba. Nicolás se iba a patear todos los servicios de urgencia donde hubiera güisqui y de paso entraría a preguntar por él en los centros de salud. Jengibre se iría conmigo a indagar en su cabaña de fin de semana, donde solía ir a escribir alguna entrega de su detective de papel. No había tiempo que perder.
La cabaña se encontraba alejada más por causa de la carretera local y el camino rural por los que había que circular, que por los kilómetros que había que recorrer. Jengibre me llamó a capítulo dos veces por mi vicio de pisarle al coche. Mira que es tranquila la chavala, pero mi forma de conducir acaba con todos.
-¿Queda mucho?
-Tranquila, dos curvas y estamos.
-Eso es lo que me temía.
Aminoré mi marcha, muy a pesar de mis zapatos a prueba de aceleradores tiquismiquis, y di mis luces largas para alumbrar bien la llegada a su cabaña.
-Eso, tú entregando tu tarjeta de visita a los pobrecillos de Hacienda.
-Perdona, tienes razón.
Apague las luces. Ya era tarde. La puerta de la cabaña se encontraba entreabierta. Jengibre se lanzó del coche todavía en marcha. Mi frenazo sonó por todo el valle. Corrí detrás de ella. Un grito me avisó. Sabía qué me iba a encontrar. Su cuerpo así lo demostró. Justo ya no escribiría ninguna crónica.
Esta semana ha ganado la opción:
B.- Le alquila un piso a Rosita y decide llevar su vida sin tapujos. Se compra un traje rosa y una camisa malva y se va a la comisaría a lidiar con los machos revenidos.
Ahora va la opción para la semana que viene. Justo ha enviado una carta a su director Manolo antes de morir y en ella:
A.- Se disculpa por su cobardía y dice que se irá para su pueblo a cuidar las vacas, animales más cuerdos que los hombres.
B.- Dice saber quién es el asesino y asegura que lo va a matar. Ruega que todos se alejen de él para su seguridad.
C.- Dice suicidarse, que él y sólo él es culpable de los dos asesinatos y que es una carga muy grande que no está dispuesto a asumir.
Cuál te parece más interesante, más adecuada, … Participa.
Salí de la lectura del testamento y fui directo al periódico con el miedo de que los hijísimos hubieran actuado de espaldas a la legalidad. Vaya trío de salvajes movidos por la miserable moneda y la vida fácil, nunca trabajaron y piensan en nunca trabajar. Esta vez mis cálculos fallaron por alguna extraña razón, el diario funcionaba con toda normalidad y sólo se veían trabajadores moviéndose de un lado para otro. Me dirigí a mi despacho con el paso firme de quien está dispuesto a poner orden a varios días de acumulación de papeles a causa de una investigación loca que parece no tener fin. La verdad es que la intención era ésa, pero nada más entrar me encontré con la primera zancadilla a tan buenos propósitos. Encima de mi mesa, y tapando el correo y la carpeta de entradas, se encontraba un comunicado subrayado en rojo y con un añadido a letra grande y negra, ¡Léelo jefe, no tiene desperdicio!:
“Cansados de tanta inmundicia e infamia, la Mafia Rusa nos hemos reunido con nuestros corredores en bolsa y hemos perfilado toda una estrategia para enderezar nuestro negocio y alejarlo de los envites de la desidia y la curiosidad de tanto ciudadano que se dirige supuestamente a contratar nuestros servicios. Hacemos borrón y cuenta nueva, el pasado pasado está, no pensamos correr detrás de ningún cretino que se haya dirigido a nosotros con el fin de interesarse por nuestros servicios y hayan, supuestamente, dado marcha atrás. Pero hemos llegado a un acuerdo con la JAKUZA japonesa por el cual se encargarán de cobrarles a este tipo de morosos tanto en especies como en partes corporales. A partir…”
No había duda, nuestro caso estaba entre aquellos que habían prescrito por parte de esos asesinos cotizables en bolsa. Justo podía dejar de esconderse de aquellos villanos y volver al periódico donde tanta falta me hacía. Llamé a cuatro de mis colaboradores para que hicieran las pesquisas con objeto de descubrir dónde se hallaba nuestro colaborador. Juan Duque, el rey de la investigación por el móvil, se puso en aquel momento a llamar a cuanto conocido teníamos para ver si sabían algo de nuestro compañero. Manu Sancero, el artista de la ganzúa, se dirigió a su apartamento para abrirlo e investigar si estaba o no en él. Seguro que se cruzaba con Pedro, nuestro conserje, que había ido aquella tarde y nos había llamado para decirnos que no contestaba. Nicolás se iba a patear todos los servicios de urgencia donde hubiera güisqui y de paso entraría a preguntar por él en los centros de salud. Jengibre se iría conmigo a indagar en su cabaña de fin de semana, donde solía ir a escribir alguna entrega de su detective de papel. No había tiempo que perder.
La cabaña se encontraba alejada más por causa de la carretera local y el camino rural por los que había que circular, que por los kilómetros que había que recorrer. Jengibre me llamó a capítulo dos veces por mi vicio de pisarle al coche. Mira que es tranquila la chavala, pero mi forma de conducir acaba con todos.
-¿Queda mucho?
-Tranquila, dos curvas y estamos.
-Eso es lo que me temía.
Aminoré mi marcha, muy a pesar de mis zapatos a prueba de aceleradores tiquismiquis, y di mis luces largas para alumbrar bien la llegada a su cabaña.
-Eso, tú entregando tu tarjeta de visita a los pobrecillos de Hacienda.
-Perdona, tienes razón.
Apague las luces. Ya era tarde. La puerta de la cabaña se encontraba entreabierta. Jengibre se lanzó del coche todavía en marcha. Mi frenazo sonó por todo el valle. Corrí detrás de ella. Un grito me avisó. Sabía qué me iba a encontrar. Su cuerpo así lo demostró. Justo ya no escribiría ninguna crónica.
TÚ DECIDES
Esta semana ha ganado la opción:
B.- Le alquila un piso a Rosita y decide llevar su vida sin tapujos. Se compra un traje rosa y una camisa malva y se va a la comisaría a lidiar con los machos revenidos.
Ahora va la opción para la semana que viene. Justo ha enviado una carta a su director Manolo antes de morir y en ella:
A.- Se disculpa por su cobardía y dice que se irá para su pueblo a cuidar las vacas, animales más cuerdos que los hombres.
B.- Dice saber quién es el asesino y asegura que lo va a matar. Ruega que todos se alejen de él para su seguridad.
C.- Dice suicidarse, que él y sólo él es culpable de los dos asesinatos y que es una carga muy grande que no está dispuesto a asumir.
Cuál te parece más interesante, más adecuada, … Participa.
21/1/10
EL TELÉFONO TENÍA UN PRECIO
No sé para que me acosté esa madrugada, apenas empezó el sol a calentar el teléfono sonó. No tenía fuerzas ni para arrojarlo fuera de la mesita; ni para pensar en coger la almohada y enrollármela por las orejas; ni para marcharme de la habitación, de la ciudad, del mundo… Al otro lado de la línea alguien tuvo la genial idea de colgar. Nunca me había sonado el teléfono tanto como los últimos días. Di media vuelta y me volví a dormir.
No sé para qué. Un cuarto de hora y vuelta a empezar. Lo mejor sería que contestara. Dicho y hecho.
-¿Dígame?
-Me van a matar, Manolo.
-¡Justo!
-Piense en reunir un millón de euros –la voz estaba desfigurada, seguro que Jengibre sabría tratarla para quitarle algún filtro que otro-, de lo contrario su…
-Justo, eres tú. Valió de juegos.
Sonido de colgar el auricular y el pi pi del comunicando. Era él. Vaya filtros de mierda. El muy cretino estaba cagado con lo de la mafia rusa y se hizo el montaje del secuestro para alejarse del escenario de la posible venganza. Con un resoplido de tranquilidad me volví a dormir.
La ducha me dejó ver el día soleado. Apenas hice una comida rápida y ya tuve que contestar de nuevo al teléfono. Esta vez era Pedro, nuestro conserje, el que me llamaba para darme un recado del abogado del periódico. Aquella tarde, a las cinco, se iba a leer el testamento del señor don Antonio del Pino y Anzueta en las oficinas de su notario don Segismundo de la Maza de la Plaza. Estaba entre los convocados a tal evento y se me rogaba puntualidad.
-Gracias, Pedro. Manda a alguien a casa de Justo cuando puedas.
-Es que está todo el mundo muy ocupado.
Le dije que no corría prisa y le conté por alto, y de una manera suave, toda la historia de esta mañana. Apenas colgado, tuve que salir a toda prisa para la notaría, ya que la convocatoria era apurada y un poco fuera de lugar, dadas las circunstancias que rodeaban al muerto, su periplo desaparecido y su espectacular aparición en la comisaría. Al dirigirme al garaje, alguien me pito de un coche aparcado en la entrada. Era Alejandro. No quería que me agobiara con todos los sucesos que estaban pasando, así que un dudó en ofrecerse como chófer. No me equivoqué al decirle que sí, conducía con gran tino, dominaba los atascos y ponía la misma emisora de radio que yo. Llegamos a la notaría a su hora justa.
-Los señores tienen copias del testamento en sus asientos. En cuanto las abran comenzaremos con su lectura.
En la sala estaban los hijos de nuestro jefe con su madre a la cabeza, el notario, nuestro abogado con lo que parecía ser un compañero de la firma y yo. Me aburría la voz del notario, tan anodina y lenta, capaz de hacerme cabecear y casi dormirme en el acto. Los hijos del finado me hicieron volver en mi con sus voces de júbilo cuando el notario leyó la parte en que decía que dejaba todos sus bienes a sus hijos legítimos en partes iguales. A partir de ahí apenas se oyó sus últimas palabras. Me miraron con desdén y me aseguraron que aquel iba a ser el último número del diario.
-No sean tan impacientes y esperen a escuchar lo que tienen que decir los demás –dijo enfadado el compañero de firma de nuestro abogado-. ¿De cuándo es este testamento?
-Es el último. Hace ocho años que lo redactamos para don Antonio y no nos ha mandado redactar ninguno nuevo.
-Será a ustedes. En mi notaría si lo ha hecho.
-¿Notaría? No le conozco, señor.
-Será porque soy de otra ciudad. Hace cerca de un año que don Antonio ha venido a nuestra casa y nos ha mandado redactar un nuevo testamento. Por cierto, muy distinto al que usted ha leído. Mañana, a la misma hora, será leído en el despacho de sus abogados.
Esta semana la decisión es la C. La semana que viene veremos reflejada vuestra opción en la blog novela. Recordemos qué habéis elegido:
C.-Cansados de tantos servicios que se echan para atrás y no pagan, han llegado a un acuerdo con la yakuza japonesa y a partir de ahora van a cortarle un dedo a todo aquel que intente tomarles el pelo.
Ahora vayamos con la decisión de esta semana. Tras haber encontrado el cadáver de don Antonio del Pino y Anzueta en la comisaría hubo mucha guasa con la nota que traía para el comisario Cepeda. Desde entonces, éste no descansa ni un minuto con los chascarrillos y las frases por su espalda. Ante esto, qué piensas.
A.- Se va a Cuba de turismo sexual y se encuentra con varios chocolatones que le cambian la vida.
B.- Le alquila un piso a Rosita y decide llevar su vida sin tapujos. Se compra un traje rosa y una camisa malva y se va a la comisaría a lidiar con los machos revenidos.
C.- Se lo llevan a un psiquiátrico a una cura de salud. Sus nervios no podían más y el estrés sube y sube de una manera galopante.
Ahora te toca a ti decidir.
No sé para qué. Un cuarto de hora y vuelta a empezar. Lo mejor sería que contestara. Dicho y hecho.
-¿Dígame?
-Me van a matar, Manolo.
-¡Justo!
-Piense en reunir un millón de euros –la voz estaba desfigurada, seguro que Jengibre sabría tratarla para quitarle algún filtro que otro-, de lo contrario su…
-Justo, eres tú. Valió de juegos.
Sonido de colgar el auricular y el pi pi del comunicando. Era él. Vaya filtros de mierda. El muy cretino estaba cagado con lo de la mafia rusa y se hizo el montaje del secuestro para alejarse del escenario de la posible venganza. Con un resoplido de tranquilidad me volví a dormir.
La ducha me dejó ver el día soleado. Apenas hice una comida rápida y ya tuve que contestar de nuevo al teléfono. Esta vez era Pedro, nuestro conserje, el que me llamaba para darme un recado del abogado del periódico. Aquella tarde, a las cinco, se iba a leer el testamento del señor don Antonio del Pino y Anzueta en las oficinas de su notario don Segismundo de la Maza de la Plaza. Estaba entre los convocados a tal evento y se me rogaba puntualidad.
-Gracias, Pedro. Manda a alguien a casa de Justo cuando puedas.
-Es que está todo el mundo muy ocupado.
Le dije que no corría prisa y le conté por alto, y de una manera suave, toda la historia de esta mañana. Apenas colgado, tuve que salir a toda prisa para la notaría, ya que la convocatoria era apurada y un poco fuera de lugar, dadas las circunstancias que rodeaban al muerto, su periplo desaparecido y su espectacular aparición en la comisaría. Al dirigirme al garaje, alguien me pito de un coche aparcado en la entrada. Era Alejandro. No quería que me agobiara con todos los sucesos que estaban pasando, así que un dudó en ofrecerse como chófer. No me equivoqué al decirle que sí, conducía con gran tino, dominaba los atascos y ponía la misma emisora de radio que yo. Llegamos a la notaría a su hora justa.
-Los señores tienen copias del testamento en sus asientos. En cuanto las abran comenzaremos con su lectura.
En la sala estaban los hijos de nuestro jefe con su madre a la cabeza, el notario, nuestro abogado con lo que parecía ser un compañero de la firma y yo. Me aburría la voz del notario, tan anodina y lenta, capaz de hacerme cabecear y casi dormirme en el acto. Los hijos del finado me hicieron volver en mi con sus voces de júbilo cuando el notario leyó la parte en que decía que dejaba todos sus bienes a sus hijos legítimos en partes iguales. A partir de ahí apenas se oyó sus últimas palabras. Me miraron con desdén y me aseguraron que aquel iba a ser el último número del diario.
-No sean tan impacientes y esperen a escuchar lo que tienen que decir los demás –dijo enfadado el compañero de firma de nuestro abogado-. ¿De cuándo es este testamento?
-Es el último. Hace ocho años que lo redactamos para don Antonio y no nos ha mandado redactar ninguno nuevo.
-Será a ustedes. En mi notaría si lo ha hecho.
-¿Notaría? No le conozco, señor.
-Será porque soy de otra ciudad. Hace cerca de un año que don Antonio ha venido a nuestra casa y nos ha mandado redactar un nuevo testamento. Por cierto, muy distinto al que usted ha leído. Mañana, a la misma hora, será leído en el despacho de sus abogados.
TÚ DECIDES
Esta semana la decisión es la C. La semana que viene veremos reflejada vuestra opción en la blog novela. Recordemos qué habéis elegido:
C.-Cansados de tantos servicios que se echan para atrás y no pagan, han llegado a un acuerdo con la yakuza japonesa y a partir de ahora van a cortarle un dedo a todo aquel que intente tomarles el pelo.
Ahora vayamos con la decisión de esta semana. Tras haber encontrado el cadáver de don Antonio del Pino y Anzueta en la comisaría hubo mucha guasa con la nota que traía para el comisario Cepeda. Desde entonces, éste no descansa ni un minuto con los chascarrillos y las frases por su espalda. Ante esto, qué piensas.
A.- Se va a Cuba de turismo sexual y se encuentra con varios chocolatones que le cambian la vida.
B.- Le alquila un piso a Rosita y decide llevar su vida sin tapujos. Se compra un traje rosa y una camisa malva y se va a la comisaría a lidiar con los machos revenidos.
C.- Se lo llevan a un psiquiátrico a una cura de salud. Sus nervios no podían más y el estrés sube y sube de una manera galopante.
Ahora te toca a ti decidir.
14/1/10
LA COMISARÍA DE LOS HERMANOS MARX
Apenas podía centrarme en los botones del ascensor. La cabeza se me iba para abajo a pesar de mis intentos de mantenerla erguida. Lleve un día de órdago y se me presentó una noche de rechupete. Salí del ascensor y, como si se tratara de una mañana cualquiera de eclipse, abrí inconsciente el buzón. Tras mi chasquido de lengua indicativo de mi equivocación, mis ojos se posaron en un sobre de color negro. No llevaba dirección. Lo rompí con un desgarro que lo partió en dos. De su interior salieron dos papeles. El primero estaba escrito con letras de periódico, al estilo detectivesco de arrabal. El segundo era una lista. Empezaría por el collage. Siempre admiré a la gente que tenía la paciencia y la capacidad de recortar y pegar letras. Decía:
Tengo a tú amigo. Como prueba te envió foto. Recibirás el tercer mensaje muy pronto.
Pero allí no había ninguna foto. Sólo venía aquella lista, que si no leía mal eran las propuestas de personal para el ascenso en el periódico: Juan Duque, Elwatio, Manu Sancero, Inmundo Dantés, Jengibre y Xio. No me pareció una equivocación. Más bien era un aviso. Lo mejor era contrastarlo con el comisario Cepeda.
A este paso conocería a todos los taxistas de la ciudad. Éste se merece una nota especial de lento pero seguro, le llevó el doble de tiempo el llegar de mi casa a la comisaría de policía, pero era rápido manejando el taxímetro, le debió de poner hasta el extra de día festivo. Cuando salí del vehículo vi que me esperaba Alejandro, ya no me acordaba que le había llamado antes de salir de mi piso.
-Hola Manolo, el comisario viene de camino.
-Vaya, es lo único que me alegra la noche, jodérsela a ese cabrón.
-¿Un cafelito? –me dijo como de costumbre.
-Si es tan malo como el del periódico bien, pero si es mejor no que me puedo acostumbrar.
-A éste no te acostumbras en la vida.
Y era cierto, era aún peor que el que servían en el café de enfrente del periódico que era achicoria pura. Me despertó con el primer puñetazo que tome. Fue al tercero cuando llegó Cepeda con cara de retorcerme el gañote.
-Yo voy al servicio –se retiró sigiloso Alejandro.
Cepeda me mandó sentar. Miró la carta y la mandó al laboratorio por si tenía huellas o cualquier otro rastro.
-Ese diario nos está saliendo un poco cenizo.
-Hombre, no será para tanto. Cree que la lista es una equivocación o un aviso.
-Una equivocación –me contestó después de lanzar una moneda a cara o cruz.
Se oyó un grito procedente del servició. Cepeda cerró los ojos y puso cara de resignación. Yo salí corriendo apenas lo oí. Era Alejandro. Cepeda me mandaba calma mientras abrí la puerta por el único lugar que no estaba escrita, la manilla. Por uno de los retretes sobresalía un féretro. Cepeda se pasó la mano por la cara y gritó que nos sacaran de allí o nos reuniríamos con nuestro jefe. Nada más romper el pestillo salió el féretro a presión y dejó ver pegada a él una carta que decía: A la atención del comisario Cepeda. Lloró como un niño. Gritó pidiendo la jubilación anticipada y se lanzó a mi cuello. Sus subordinados nos separaron. Alejandro abrió el mensaje. Los agentes lo miraron incrédulos mientras lo leía:
Cepedita, vaya juergas que corrimos en el mismo chiringuito de maricones. Invita a una ronda a todo el personal, en especial a Rosita, el chaval que prefería venir conmigo a pesar de tus piques.
Jengibre ha decidido con su voto que la opción B sea la ganadora esta semana. La que viene la veremos reflejada en nuestro capítulo:
B.- Justo que intenta hacer pellas para librarse de este modo de la venganza de la mafia rusa por contratarles en falso.
Ahora vamos con nuestra decisión de esta semana. La máfia rusa va a mandar un comunicado de prensa, que te parece que va a decir:
A.-Por culpa de la crisis bajan los precios de los servicios y después de tres asesinatos te dan uno gratis, además de un viaje en autobús con el comisario Cepeda.
B.-Tras su inicio en la cotización en bolsa de sus crímenes, ponen en marcha un nuevo paquete de acciones dirigida a los morosos que veran sus negocios inundados de clientes dispuestos a robarles hasta el importe de sus deudas.
C.-Cansados de tantos servicios que se echan para atrás y no pagan, han llegado a un acuerdo con la yakuza japonesa y a partir de ahora van a cortarle un dedo a todo áquel que intente tomarles el pelo.
No te cortes. Tú opinión será tomada en cuenta. Gracias por anticipado.
Tengo a tú amigo. Como prueba te envió foto. Recibirás el tercer mensaje muy pronto.
Pero allí no había ninguna foto. Sólo venía aquella lista, que si no leía mal eran las propuestas de personal para el ascenso en el periódico: Juan Duque, Elwatio, Manu Sancero, Inmundo Dantés, Jengibre y Xio. No me pareció una equivocación. Más bien era un aviso. Lo mejor era contrastarlo con el comisario Cepeda.
A este paso conocería a todos los taxistas de la ciudad. Éste se merece una nota especial de lento pero seguro, le llevó el doble de tiempo el llegar de mi casa a la comisaría de policía, pero era rápido manejando el taxímetro, le debió de poner hasta el extra de día festivo. Cuando salí del vehículo vi que me esperaba Alejandro, ya no me acordaba que le había llamado antes de salir de mi piso.
-Hola Manolo, el comisario viene de camino.
-Vaya, es lo único que me alegra la noche, jodérsela a ese cabrón.
-¿Un cafelito? –me dijo como de costumbre.
-Si es tan malo como el del periódico bien, pero si es mejor no que me puedo acostumbrar.
-A éste no te acostumbras en la vida.
Y era cierto, era aún peor que el que servían en el café de enfrente del periódico que era achicoria pura. Me despertó con el primer puñetazo que tome. Fue al tercero cuando llegó Cepeda con cara de retorcerme el gañote.
-Yo voy al servicio –se retiró sigiloso Alejandro.
Cepeda me mandó sentar. Miró la carta y la mandó al laboratorio por si tenía huellas o cualquier otro rastro.
-Ese diario nos está saliendo un poco cenizo.
-Hombre, no será para tanto. Cree que la lista es una equivocación o un aviso.
-Una equivocación –me contestó después de lanzar una moneda a cara o cruz.
Se oyó un grito procedente del servició. Cepeda cerró los ojos y puso cara de resignación. Yo salí corriendo apenas lo oí. Era Alejandro. Cepeda me mandaba calma mientras abrí la puerta por el único lugar que no estaba escrita, la manilla. Por uno de los retretes sobresalía un féretro. Cepeda se pasó la mano por la cara y gritó que nos sacaran de allí o nos reuniríamos con nuestro jefe. Nada más romper el pestillo salió el féretro a presión y dejó ver pegada a él una carta que decía: A la atención del comisario Cepeda. Lloró como un niño. Gritó pidiendo la jubilación anticipada y se lanzó a mi cuello. Sus subordinados nos separaron. Alejandro abrió el mensaje. Los agentes lo miraron incrédulos mientras lo leía:
Cepedita, vaya juergas que corrimos en el mismo chiringuito de maricones. Invita a una ronda a todo el personal, en especial a Rosita, el chaval que prefería venir conmigo a pesar de tus piques.
TÚ DECIDES
Jengibre ha decidido con su voto que la opción B sea la ganadora esta semana. La que viene la veremos reflejada en nuestro capítulo:
B.- Justo que intenta hacer pellas para librarse de este modo de la venganza de la mafia rusa por contratarles en falso.
Ahora vamos con nuestra decisión de esta semana. La máfia rusa va a mandar un comunicado de prensa, que te parece que va a decir:
A.-Por culpa de la crisis bajan los precios de los servicios y después de tres asesinatos te dan uno gratis, además de un viaje en autobús con el comisario Cepeda.
B.-Tras su inicio en la cotización en bolsa de sus crímenes, ponen en marcha un nuevo paquete de acciones dirigida a los morosos que veran sus negocios inundados de clientes dispuestos a robarles hasta el importe de sus deudas.
C.-Cansados de tantos servicios que se echan para atrás y no pagan, han llegado a un acuerdo con la yakuza japonesa y a partir de ahora van a cortarle un dedo a todo áquel que intente tomarles el pelo.
No te cortes. Tú opinión será tomada en cuenta. Gracias por anticipado.
6/1/10
A VUELTAS CON LA MAFIA RUSA
El periódico sonó a máquinas de imprenta, los redactores habían ido para casa en casi toda su totalidad, Alejandro siguió allí con dos becarios, Xio y Manu Sancero, escribiendo un artículo sobre todo lo sucedido aquella tarde. La luz invitaba a relajarse y yo hice lo propio. En mi escritorio había una botella de güisqui todavía etiquetada que el jefe me había regalado por mi cumpleaños y no la dejé por más tiempo descansar. Su sabor apenas puede permanecer en la boca, su desagradable aroma a alcohol destilado me hace escupirlo. Unos bombones endulzan la agresiva boca, revuelta aun por aquel desconocido mezcla de amargo y repelente. No tendría precio en las novelas policiacas de época donde fumar y beber güisqui eran sinónimos de eficacia y ligoteo, o eso me pareció a mi durante años. El abogado llegó con gesto molesto, como si le hubiera interrumpido algún plan social muy placentero.
-Amigo don Manuel, no me parece lógico que usted piense que soy abogado del periódico venticuatro horas al día.
-Lo primero, no me trates de usted, me suena rancio. En segundo lugar, su nómina en el periódico abarca la de tres redactores, así que si ellos tienen un horario de venticuatro horas, tú también.
-Son distintas profesiones la de abogado y la de periodista, pero ya que hay confianza le diré que los hijos de su jefe han sido enchironados por intento de asesinato.
-No son ellos los que me preocupan ahora –le expliqué todos los pormenores con la mafia rusa, desde nuestras sospechas hasta nuestros tratos-. Como comprenderás, lo de esta tarde adquiere un color más negro. No sé lo que hacer.
-No creo que pagar, el diario no está tan boyante como para hacerlo, al menos hasta que se lea el testamento, si es que se hace algún día. Me parece muy bien que sean echados para adelante, pero la próxima vez consúltenme antes de actuar. Déjemelo a mi, me parece que conozco al bufete que trabaja con esa empresa que cotiza en bolsa. De nuevo les salvaré el culo. Váyase para casa y duerma unas cuantas horas seguidas. Entre la declaración en policía por el tiroteo de esta tarde y su preocupación por la mafia rusa, tiene mala cara.
-A la policía ni la hora en este tema.
-Piensa que soy tonto.
Llamé a un taxi para irme a mi casa, no tenía la cabeza para conducir. Me debió de ver la cara de ser de afuera porque intentó darme una pequeña vuelta que desistió al amenazarle con pagarle de menos y sacarle en el periódico. Apenas pude poner la pierna en el portal cuando sonó mi móvil, lo apagué según me había mandado el abogado. El ascensor seguía arrascando cuando pasaba por el quinto de los querubines de la bruja. Mi puerta continúa tropezando por abajo y al cerrar debo de hacerle un poco de fuerza. Me fui para el baño con la intención de encender el grifo pero me conformé con poder tirar de la cisterna y llegar a mi cama. Sus sábanas me hicieron el amor apenas me rozaron. Comencé un duermevela que se vio interrumpido por el ring del teléfono fijo. Lo ignoré. Seguro que pensarían que no estaba en casa. Me ajusté la almuhada a los oídos hasta que acabó su rugido. Llegó de nuevo el duermevela y con él un insistente teléfono. Lo cogí.
-Déjenme en paz.
Iba a colgar cuando reconocí su voz.
-Manolo, no cuelgues. Soy Justo. Me han secuestrado, Manolo. No sé…
-Le volveremos a llamar.
El pitido no me hizo colgar. Nada me hizo moverme. Esa voz metálica no la reconocí.
Esta semana tenemos la respuesta B como la ganadora por 3 votos contra 1 de cada una de las otras respuestas. Así que la venidera se reflejará esta respuesta en su desarrollo:
B.- El los váteres del cuartel de policía con una nota de amor para el comisario Cepeda.
Ahora le toca el turno a la nueva pregunta. Justo ha resultado secuestrado, quién ha sido el responsable:
A.- La madre de esos tres hijos maravillosos que han intentado matar al jefe del Diario de Independencia, su padre. Lo ha hecho por venganza ante la publicación por parte del diario de que sus hijos mataron a su padre.
B.- Justo que intenta hacer pellas para librarse de este modo de la venganza de la mafia rusa por contratarles en falso.
C.- La policía, para que los intrépidos reporteros del Diario de Independencia se estén quietos con sus escarceos detectivescos y se dediquen a lo suyo, escribir noticias.
Veremos cuál escogéis. Si queréis matizar alguna de las respuestas o dar ideas para la blognovela estamos abiertos a ello.
-Amigo don Manuel, no me parece lógico que usted piense que soy abogado del periódico venticuatro horas al día.
-Lo primero, no me trates de usted, me suena rancio. En segundo lugar, su nómina en el periódico abarca la de tres redactores, así que si ellos tienen un horario de venticuatro horas, tú también.
-Son distintas profesiones la de abogado y la de periodista, pero ya que hay confianza le diré que los hijos de su jefe han sido enchironados por intento de asesinato.
-No son ellos los que me preocupan ahora –le expliqué todos los pormenores con la mafia rusa, desde nuestras sospechas hasta nuestros tratos-. Como comprenderás, lo de esta tarde adquiere un color más negro. No sé lo que hacer.
-No creo que pagar, el diario no está tan boyante como para hacerlo, al menos hasta que se lea el testamento, si es que se hace algún día. Me parece muy bien que sean echados para adelante, pero la próxima vez consúltenme antes de actuar. Déjemelo a mi, me parece que conozco al bufete que trabaja con esa empresa que cotiza en bolsa. De nuevo les salvaré el culo. Váyase para casa y duerma unas cuantas horas seguidas. Entre la declaración en policía por el tiroteo de esta tarde y su preocupación por la mafia rusa, tiene mala cara.
-A la policía ni la hora en este tema.
-Piensa que soy tonto.
Llamé a un taxi para irme a mi casa, no tenía la cabeza para conducir. Me debió de ver la cara de ser de afuera porque intentó darme una pequeña vuelta que desistió al amenazarle con pagarle de menos y sacarle en el periódico. Apenas pude poner la pierna en el portal cuando sonó mi móvil, lo apagué según me había mandado el abogado. El ascensor seguía arrascando cuando pasaba por el quinto de los querubines de la bruja. Mi puerta continúa tropezando por abajo y al cerrar debo de hacerle un poco de fuerza. Me fui para el baño con la intención de encender el grifo pero me conformé con poder tirar de la cisterna y llegar a mi cama. Sus sábanas me hicieron el amor apenas me rozaron. Comencé un duermevela que se vio interrumpido por el ring del teléfono fijo. Lo ignoré. Seguro que pensarían que no estaba en casa. Me ajusté la almuhada a los oídos hasta que acabó su rugido. Llegó de nuevo el duermevela y con él un insistente teléfono. Lo cogí.
-Déjenme en paz.
Iba a colgar cuando reconocí su voz.
-Manolo, no cuelgues. Soy Justo. Me han secuestrado, Manolo. No sé…
-Le volveremos a llamar.
El pitido no me hizo colgar. Nada me hizo moverme. Esa voz metálica no la reconocí.
TÚ DECIDES
Esta semana tenemos la respuesta B como la ganadora por 3 votos contra 1 de cada una de las otras respuestas. Así que la venidera se reflejará esta respuesta en su desarrollo:
B.- El los váteres del cuartel de policía con una nota de amor para el comisario Cepeda.
Ahora le toca el turno a la nueva pregunta. Justo ha resultado secuestrado, quién ha sido el responsable:
A.- La madre de esos tres hijos maravillosos que han intentado matar al jefe del Diario de Independencia, su padre. Lo ha hecho por venganza ante la publicación por parte del diario de que sus hijos mataron a su padre.
B.- Justo que intenta hacer pellas para librarse de este modo de la venganza de la mafia rusa por contratarles en falso.
C.- La policía, para que los intrépidos reporteros del Diario de Independencia se estén quietos con sus escarceos detectivescos y se dediquen a lo suyo, escribir noticias.
Veremos cuál escogéis. Si queréis matizar alguna de las respuestas o dar ideas para la blognovela estamos abiertos a ello.
23/12/09
PIM PAM PUM FUEGO
LA SEMANA DEL JUEVES 31 DE DICIEMBRE NO SE PUBLICARA EL DIARIO DE INDEPENDENCIA PORQUE TANTO LOS PERSONAJES COMO EL AUTOR ESTAREMOS DE FRANCACHELA
A nadie se le ha ocurrido poner la calefacción central por el pasadizo. Mis dedos quedan ralentizados simplemente al mantener una llamada telefónica con el abogado del periódico. Sin embargo la llamada me reconforta con sus propuestas, me manda marchar lo más rápido posible del diario y que él vendrá a pedirles todos los papeles a los interfectos y rogarles le digan quien les ha nombrado directores del diario para asumir una decisión tan drástica. Me recuerda que todavía no se ha leído el testamento y por lo tanto sigue en vigor mi cargo de director en funciones. Acaba diciendo algo que no fui a entender, arremete con la insolencia de estos y asegura que quizás se lleven una sorpresa cuando se lea el testamento. Intento meter el móvil en mi bolso con una respuesta negativa, lo único que hace es caer al suelo y abrirse en dos. Lo que me sobra es tiempo.
En la calle comienzo un peregrinaje por las calles, mirando escaparates por si alguien me sigue y bebiendo cañas que me hagan olvidar la posibilidad de que alguien me siga. Es tal mi ingestión de cerveza que apenas me acuerdo de pararme a comer, algo que suelen hacer las personas con dos dedos de frente, pero que yo había olvidado hasta de la existencia de algo que no sirviera para almacenar líquido. La verdad es que el lugar donde voy a comer me recuerda que además del lugar de acumulación de fluido de ambrosía es importante también mantener un lugar que se dedica a recibir los aromas y rechazar aquellos no adecuados. Demasiado tarde, el camarero viene con el bloc en la mano.
En el baño queda gran parte de lo ingerido allí y aquello que introduje con anterioridad. La salida a la calle me devuelve a los olores cotidianos. Puedo saltar de alegría por la dicha de vivir aun muy a pesar de los menús del lugar, pero debo de darme prisa para llegar al cementerio, quedaría muy feo no ir al entierro de un jefe. Allí veré a los hijos e intentaré entender un poco lo que el abogado me decía. Cojo un taxi que me haga no llegar tarde al evento y me de tiempo a dormir algo.
Aquella zona del cementerio está compartimentada en diferentes recovecos: la zona para los amigos de hijos y ex mujer, llena de camareros con bandejas repletas de champán; la zona de vecinos y gente del barrio del muerto, donde la charla es fluida y alejada de toda tristeza; la de sus compañeros de la prensa y empleados, donde las palabras salen más entrecortadas y se ve alguna lágrima; la de la policía, tan discreta y disciplinada con la fumarada. Entro por este lugar de una forma silenciosa y escudriñando donde se encuentran mis compañeros. De repente alguien me habla.
-Hombre, don Manuel –empieza bien con ese tratamiento tan estirado-. Soy el comisario Cepeda, el que lleva el caso de su jefe.
-Tanto gusto –le dije un poco forzado.
-Vaya juerga que se llevan estos días usted y sus subordinados –me imagino que se refiere a mis compañeros-. Bueno, bueno, ¿así que usted dirige a los Sherlock Holmes de gacetilla que nos están haciendo la competencia?
-No entiendo lo de gacetilla, ¿se referirá usted a los periodistas que encuentran pistas que vería hasta un ciego y ustedes dejan tiradas por los lugares cercanos al crimen?
-No hace falta que se ponga así. Aunque no fueron los que apretaron el gatillo, sus hijos tenían intención de asesinarlo, y ahora que lo ha publicado su diario va a ser difícil que ningún juez pueda dejarse influenciar por la familia.
-Comisario –le llama un joven policía descamisado-, han robado el cadáver.
-¿Qué? –su cháchara queda cortada por una salida fugaz.
Me dirijo hacia mis compañeros. En la zona del cementerio comienza a subirse un poco la voz. Es más, parece un paseo en hora álgida y no un camposanto. Con el ruido humano no se oye el de las balas. El cuerpo de Enrique se desploma y el griterío aumenta. Las carreras van de un sito a otro, hasta que las balas las coartan. Solo yo quedo quieto en el sitio.
Después del descanso del día 31 de diciembre, publicaremos el capítulo que va a tratar sobre vuestra decisión sobre la mafia rusa. Gracias a Xio y a Manu Sancero por su participación, con ella han decidido no pagar a la mafia rusa, a ver que ocurre. Ahora os dejamos con la nueva pregunta:
-Comisario –le llama un joven policía descamisado-, han robado el cadáver.
Con estas palabras conocemos de la desaparición del finado. ¿Dónde piensas tú que va a aparecer?
A.- En unas bodegas de vino, con unas cuantas botellas en el féretro.
B.- El los váteres del cuartel de policía con una nota de amor para el comisario Cepeda.
C.- En un escaparate de unos grandes almacenes, trabajando de maniquí.
En tus manos está la decisión. A la semana después de la decisión se publicara el capítulo.
En la calle comienzo un peregrinaje por las calles, mirando escaparates por si alguien me sigue y bebiendo cañas que me hagan olvidar la posibilidad de que alguien me siga. Es tal mi ingestión de cerveza que apenas me acuerdo de pararme a comer, algo que suelen hacer las personas con dos dedos de frente, pero que yo había olvidado hasta de la existencia de algo que no sirviera para almacenar líquido. La verdad es que el lugar donde voy a comer me recuerda que además del lugar de acumulación de fluido de ambrosía es importante también mantener un lugar que se dedica a recibir los aromas y rechazar aquellos no adecuados. Demasiado tarde, el camarero viene con el bloc en la mano.
En el baño queda gran parte de lo ingerido allí y aquello que introduje con anterioridad. La salida a la calle me devuelve a los olores cotidianos. Puedo saltar de alegría por la dicha de vivir aun muy a pesar de los menús del lugar, pero debo de darme prisa para llegar al cementerio, quedaría muy feo no ir al entierro de un jefe. Allí veré a los hijos e intentaré entender un poco lo que el abogado me decía. Cojo un taxi que me haga no llegar tarde al evento y me de tiempo a dormir algo.
Aquella zona del cementerio está compartimentada en diferentes recovecos: la zona para los amigos de hijos y ex mujer, llena de camareros con bandejas repletas de champán; la zona de vecinos y gente del barrio del muerto, donde la charla es fluida y alejada de toda tristeza; la de sus compañeros de la prensa y empleados, donde las palabras salen más entrecortadas y se ve alguna lágrima; la de la policía, tan discreta y disciplinada con la fumarada. Entro por este lugar de una forma silenciosa y escudriñando donde se encuentran mis compañeros. De repente alguien me habla.
-Hombre, don Manuel –empieza bien con ese tratamiento tan estirado-. Soy el comisario Cepeda, el que lleva el caso de su jefe.
-Tanto gusto –le dije un poco forzado.
-Vaya juerga que se llevan estos días usted y sus subordinados –me imagino que se refiere a mis compañeros-. Bueno, bueno, ¿así que usted dirige a los Sherlock Holmes de gacetilla que nos están haciendo la competencia?
-No entiendo lo de gacetilla, ¿se referirá usted a los periodistas que encuentran pistas que vería hasta un ciego y ustedes dejan tiradas por los lugares cercanos al crimen?
-No hace falta que se ponga así. Aunque no fueron los que apretaron el gatillo, sus hijos tenían intención de asesinarlo, y ahora que lo ha publicado su diario va a ser difícil que ningún juez pueda dejarse influenciar por la familia.
-Comisario –le llama un joven policía descamisado-, han robado el cadáver.
-¿Qué? –su cháchara queda cortada por una salida fugaz.
Me dirijo hacia mis compañeros. En la zona del cementerio comienza a subirse un poco la voz. Es más, parece un paseo en hora álgida y no un camposanto. Con el ruido humano no se oye el de las balas. El cuerpo de Enrique se desploma y el griterío aumenta. Las carreras van de un sito a otro, hasta que las balas las coartan. Solo yo quedo quieto en el sitio.
TÚ DECIDES
Después del descanso del día 31 de diciembre, publicaremos el capítulo que va a tratar sobre vuestra decisión sobre la mafia rusa. Gracias a Xio y a Manu Sancero por su participación, con ella han decidido no pagar a la mafia rusa, a ver que ocurre. Ahora os dejamos con la nueva pregunta:
-Comisario –le llama un joven policía descamisado-, han robado el cadáver.
Con estas palabras conocemos de la desaparición del finado. ¿Dónde piensas tú que va a aparecer?
A.- En unas bodegas de vino, con unas cuantas botellas en el féretro.
B.- El los váteres del cuartel de policía con una nota de amor para el comisario Cepeda.
C.- En un escaparate de unos grandes almacenes, trabajando de maniquí.
En tus manos está la decisión. A la semana después de la decisión se publicara el capítulo.
17/12/09
NOS CIERRAN EL PERIÓDICO
Esta semana cambiamos de juego, este es más sencillo y más participativo, unete a tomar decisiones en la blognovela.
El ruido de la apisonadora de la calle apenas me deja dormir a partir de las ocho de la mañana. Deberían de poner una hora más prudente para poder molestar a los vecinos con ciertos estruendos. A la fuerza ahorcan, me levanto y hago una cafetera mientras me ducho ligeramente. Estoy disfrutando de su sabor cuando suena mi móvil. Contesto.
-¿Es usted quién se nos ha puesto su anuncio en el diario? –espero un acento extranjero que para nada se corresponde con aquel que suena por mi auricular. Lo de la mafia rusa ha extendido sus tentáculos a los chelis de Madrid.
-Sí señor. Vaya rápidos que son ustedes contestando.
-Pues eso, que no se me enrolle. ¿Quién va a ser el finado?
Le doy el nombre de nuestro jefe, su dirección y su descripción, todo seguido y sin ningún titubeo, tal y como había ensayado toda la noche. Espero algún tipo de duda o de estupor en su voz. Me quedo con las ganas, el muy truhan me hace saber el número de cuenta donde debo de ingresar el anticipo y dice que una vez que haya pagado harán su trabajo prestos y veloces. Cuelga y me deja alelado, como si hubiera acabado un combate de boxeo lingüístico. No me queda otra que aguardar a que se pusiera en contacto con sus jefes y estos se dieran cuenta de la jugada.
Apenas me cuelgan el teléfono, me doy una ducha de verdad, me visto y voy para la redacción. Justo me está esperando a mi puerta con cara de ansia. Nos internamos en mi descabalado despacho y buscamos una silla que estuviera libre de papeles donde él pudiera sentarse. Habían buscado las ropas de los supuestos curas hasta el aburrimiento sin ningún tipo de suerte cuando vieron a dos indigentes revolviendo en un contenedor y sacando algunos ropajes.
-Los pobres quedaron con cara de alucine cuando empezamos a gritarles –sigue relatando Justo-. Corrimos para el contenedor y vimos si se trataba de lo tan buscado. Efectivamente, jefe, una ropa con algunos cortes pero sin sangre. Casi no lo percibimos en un principio, pero después fue Alejandro quien señaló que nuestro jefe estaba muerto cuando le dieron las cuchilladas. Por cierto, no apareció por ningún lado las navajas o los cuchillos o lo que coño fuera.
-Así que los hijos no fueron los que lo mataron. Pues ayer publicamos como segura su autoría.
-Intención, tenían. Si no fuera porque alguien se les adelantó, ellos acababan con el finado.
-Sí, pero eso no basta en un periódico serio. Teníamos que haber contrastado nuestras averiguaciones. Hoy no publicaríamos eso ni locos.
-Locos los hijos. Vaya desnaturalizados.
Pedro, el conserje del diario, me hace una seña y yo le contesto con el gesto que entre y me diga. Justo se retira a su mesa a continuar su labor.
-Señor don Manuel…
-Cuantas veces te tengo que decir que no me llames señor, que conmigo no hay ese tipo de estiramiento, que hay confianza.
-Manuel, unos policías vienen con unos abogados y los hijos del señor y dicen que tienen orden de cierre para el periódico.
-Anda que la armamos guapa. Diles que he salido, que vuelvan más tarde. Saldré por el pasadizo, para algo tienen que servir los edificios antiguos.
-Sobre todo en la época del franquismo.
La mafia rusa se ha puesto en contacto con Manolo:
"Espero algún tipo de duda o de estupor en su voz. Me quedo con las ganas, el muy truhan me hace saber el número de cuenta donde debo de ingresar el anticipo y dice que una vez que haya pagado harán su trabajo prestos y veloces."
Ahora te toca a ti decidir si Manolo va a ingresar el dinero o no. Envía tu opinión y súmate a la blognovela. Si envías SÍ tendrá unas consecuencias y si envías NO tendrá otras. Además puedes hacer llegar tu idea de lo que puede pasar tras la decisión. No te quedes quieto y anímate.
La próxima semana sabremos la decisión y a la siguiente saldrá en el capítulo correspondiente. ¡Ah! Por imperativo festivo saldremos el miércoles.
El ruido de la apisonadora de la calle apenas me deja dormir a partir de las ocho de la mañana. Deberían de poner una hora más prudente para poder molestar a los vecinos con ciertos estruendos. A la fuerza ahorcan, me levanto y hago una cafetera mientras me ducho ligeramente. Estoy disfrutando de su sabor cuando suena mi móvil. Contesto.
-¿Es usted quién se nos ha puesto su anuncio en el diario? –espero un acento extranjero que para nada se corresponde con aquel que suena por mi auricular. Lo de la mafia rusa ha extendido sus tentáculos a los chelis de Madrid.
-Sí señor. Vaya rápidos que son ustedes contestando.
-Pues eso, que no se me enrolle. ¿Quién va a ser el finado?
Le doy el nombre de nuestro jefe, su dirección y su descripción, todo seguido y sin ningún titubeo, tal y como había ensayado toda la noche. Espero algún tipo de duda o de estupor en su voz. Me quedo con las ganas, el muy truhan me hace saber el número de cuenta donde debo de ingresar el anticipo y dice que una vez que haya pagado harán su trabajo prestos y veloces. Cuelga y me deja alelado, como si hubiera acabado un combate de boxeo lingüístico. No me queda otra que aguardar a que se pusiera en contacto con sus jefes y estos se dieran cuenta de la jugada.
Apenas me cuelgan el teléfono, me doy una ducha de verdad, me visto y voy para la redacción. Justo me está esperando a mi puerta con cara de ansia. Nos internamos en mi descabalado despacho y buscamos una silla que estuviera libre de papeles donde él pudiera sentarse. Habían buscado las ropas de los supuestos curas hasta el aburrimiento sin ningún tipo de suerte cuando vieron a dos indigentes revolviendo en un contenedor y sacando algunos ropajes.
-Los pobres quedaron con cara de alucine cuando empezamos a gritarles –sigue relatando Justo-. Corrimos para el contenedor y vimos si se trataba de lo tan buscado. Efectivamente, jefe, una ropa con algunos cortes pero sin sangre. Casi no lo percibimos en un principio, pero después fue Alejandro quien señaló que nuestro jefe estaba muerto cuando le dieron las cuchilladas. Por cierto, no apareció por ningún lado las navajas o los cuchillos o lo que coño fuera.
-Así que los hijos no fueron los que lo mataron. Pues ayer publicamos como segura su autoría.
-Intención, tenían. Si no fuera porque alguien se les adelantó, ellos acababan con el finado.
-Sí, pero eso no basta en un periódico serio. Teníamos que haber contrastado nuestras averiguaciones. Hoy no publicaríamos eso ni locos.
-Locos los hijos. Vaya desnaturalizados.
Pedro, el conserje del diario, me hace una seña y yo le contesto con el gesto que entre y me diga. Justo se retira a su mesa a continuar su labor.
-Señor don Manuel…
-Cuantas veces te tengo que decir que no me llames señor, que conmigo no hay ese tipo de estiramiento, que hay confianza.
-Manuel, unos policías vienen con unos abogados y los hijos del señor y dicen que tienen orden de cierre para el periódico.
-Anda que la armamos guapa. Diles que he salido, que vuelvan más tarde. Saldré por el pasadizo, para algo tienen que servir los edificios antiguos.
-Sobre todo en la época del franquismo.
TÚ DECIDES
La mafia rusa se ha puesto en contacto con Manolo:
"Espero algún tipo de duda o de estupor en su voz. Me quedo con las ganas, el muy truhan me hace saber el número de cuenta donde debo de ingresar el anticipo y dice que una vez que haya pagado harán su trabajo prestos y veloces."
Ahora te toca a ti decidir si Manolo va a ingresar el dinero o no. Envía tu opinión y súmate a la blognovela. Si envías SÍ tendrá unas consecuencias y si envías NO tendrá otras. Además puedes hacer llegar tu idea de lo que puede pasar tras la decisión. No te quedes quieto y anímate.
La próxima semana sabremos la decisión y a la siguiente saldrá en el capítulo correspondiente. ¡Ah! Por imperativo festivo saldremos el miércoles.
10/12/09
OJO CON LOS HIJOS
Desde el funeral de nuestro jefe y las charlas que allí tuvimos con la portera y la vecina de puerta, nuestra tranquilidad nos abandonó por una infinidad de dudas. La visita obligada al vecindario fue fulminante, nos encontramos con la puerta de la azotea abierta y unos misales tirados en su entrada. Espero que haya huellas en esos libros, pero me parece que va a ser todo un acontecimiento en un caso donde todos son problemas y ninguna es solución. Carlos, nuestro especialista en ciencias y tecnología, mientras tanto, va a recorrer todos los cajeros y empresas con cámaras que pudieran recoger a alguno de los sospechosos. Cada tarea que le mandamos es más difícil de realizar, cualquier día nos manda a la mierda y ficha por uno de los grandes. O se convierte en el mote que le damos, el Correcaminos Estelar. Aunque Justo siempre lo vio más en el papel de Piolín, rápido y cabrón. El teléfono móvil me suena.
-Manolo al habla.
-¡Qué gilipollas eres! Pues yo soy el Enrique y estoy al escucha.
-No vas a cambiar, ¿eh?.
-Anda, vente para el bar de enfrente de la redacción, bueno, de tu redacción, tengo algo que contarte y el teléfono tiene muchas interferencias.
Enrique fue redactor en el Diario de Independencia hasta hace casi un año que se marchó para La Pación, donde le pagaban más y vivía mejor, eso sí, aunque un poco engrasado por tanta brillantina. El periódico no podía vencer al matrimonio y la necesidad de liquidez que éste te da, por eso nada más que quedamos los solteros.
El paseo en moto apenas duró diez minutos. Le doy el casco a Justo y marcho en dirección a mi despacho oficial de JB, donde siempre recibo a mis visitas bien rodeado de vidrio. Ángel, el dueño, siempre se lanza a mi vaso especial y me lo rellena apenas entro por la puerta. En miles de ocasiones casi nos cierran el bar para nuestras francachelas.
-Siéntate y escucha, Manolo al habla.
-Escucho, señor facha.
-Menos cachondeo, bastante tengo con trabajar allí. Hoy hemos recibido un anuncio para la mafia rusa, uno de sus trabajitos. Como le había avisado al que los recoge que me diera un toque si aparecía uno, me ha llamado. Hemos cambiado el teléfono de contacto por tu móvil, así que mañana te llamarán. Espero que sepas lo que haces, son gente que no se anda con bromas.
-Cuando llamen os los voy a re direccionar.
Nos vuelve a rellenar las copas mientras nosotros conversamos animados por el alcohol. Mañana será el funeral y todos los periodistas que trabajaron en el Diario de Independencia acudirán con un ramo enorme en el que se va leer “Tu verdadera familia no te olvida, te esperamos en la redacción”. Acorde a lo que se corre por todas las redacciones, según Enrique, su ex mujer tuvo tres hijos del mismo padre cuando él estuvo fuera en diferentes corresponsalías. Ni que decir tiene que ella no le acompañó a sus tres destinos, era muy chévere para lucir su cuerpo en el tercer mundo, aunque este estuviera en paz. Pobre diablo, mucho aguantó.
Nuestra despedida es rápida, contando que nos vamos a ver a la tarde siguiente. Entro corriendo redacción adelante, presuroso a dar los últimos retoques y a ver las galeradas. Encima de mi mesa veo sin embargo un vídeo con una nota que dice: “Ojo con los hijos”. Me lanzo a ponerlo. Está preparado en las imágenes donde se ve a los supuestos mormones pasando por un cajero cercano. Vienen marcados el día y la hora. Por lo menos es cierto lo contado por su vecina. Esos elementos hicieron su visita a nuestro jefe. Lo echo para adelante a ver si los veo salir, parece un trabajo en vano. Voy a quitar las imágenes cuando reparo en los dos hombres que circulan en la otra dirección. Son sus hijos, dos de sus tres hijos. Dos, el mismo número de mormones que habían subido a su edificio por el edificio de al lado. Un par de manos para acabar con una vida. Hablo con Justo por el móvil. Se fue con otros dos redactores a buscar el ropaje que acompañaban a aquellos misales. Llame a toda la redacción. Toca trabajar. Mañana va a salir la noticia que él tanto buscaba. Simpáticas circunstancias.
COMIENZA EL JUEGO
Esta vez, como la anterior, el título lo componen cuatro palabras que llevan el siguiente orden de colores:
PRIMERA SEGUNDA TERCERA CUARTA
Ahora debemos descubrir la palabra para cada color. La PRIMERA de la semana pasada podía ser:
hojas oídos sordera cuatro gafas ojo
Y la que aparecía en el título fue ojo.
Acordaros que la solución de la semana pasada fue: Ojo con los hijos.
25/11/09
EL FUNERAL ERA UNA FIESTA
-No olvides coger la carpeta de las declaraciones –me apunta Justo cuando nos vamos a subir al coche que nos lleva al tanatorio-. Es muy simpática. Todos dicen lo mismo. Es como que la policía tuviera rellenadas las hojas antes de entrevistarlos.
Doy media vuelta y me encamino para mi mesa. La resaca deja a uno espeso y no le permite reaccionar a tiempo. Justo llevaba todo el tiempo diciéndome que cogiera la carpeta con las declaraciones para estudiarlas y yo nada más tenía oídos para el rugir del alcaserse ese, o como coño se llame. Tanto cubata no me deja concentrarme ahora en la búsqueda de la dichosa carpeta, con lo que me concentró la noche anterior. Nada más llegar la vi, sin embargo en estos momentos parece como si se hubiera disuelto con la pastilla. ¡Ah! Ahí está. Al coche, que vamos con retraso.
Aprovecho el camino al tanatorio para leer por encima los informes. La verdad es que aquello se podía leer por encima y por debajo. Efectivamente, no hay ni uno que se salga del guion. Un par de fulanas, y transcribo fidedigno lo que allí trae, subieron al piso de los hechos y han aporreado la puerta hasta que ésta fue abierta por el fallecido. Poco más trae, al no ser por los adornos que cada uno añadió a los hechos, entre ellos que las fulanas tenían acento de Madagascar. Es increíble lo que la gente puede narrar con tal de dos minutos de gloria. Entre la gente preguntada, tal como Justo me digo, faltan dos personas: la vecina de puerta, de sordera permanente pero de gran visión por la mirilla, y la antigua portera, que conservaba aún su pequeño sótano de amplias vistas a todo lo que sucedía en el vecindario.
Nada más llegar, non encontramos con que la sala del tanatorio se había convertido en un aledaño al club de tenis donde sus hijos y ex esposa juegan al tute. Es más, parece el campeonato de tute que celebran cada año, tan elegante y snob como una botella de Dyc en casa de una Duquesa. El alboroto y las risas se entremezclan con la bebida y los canapés que sirven cuatro camareros de chaqué y pajarita. La ex mujer, casada después con un joven jugador de tenis, del que se divorció para casarse después con un director de banco, que dio paso a su cuarto marido, un empresario de muebles de cocina de alta calidad y baja pagadera, que dio paso a su último marido, un multimillonario de noventa años que está enamoradísimo de su franqueza, nos da la bienvenida.
-Beban y coman como si estuvieran en casa. El anfitrión no va a protestar.
Esta gente de la alta sociedad son simpáticos por naturaleza y engreídos por sus carteras, tan llenas como vacías están sus almas. La dejamos saludando a sus nuevos invitados, a los que parece que no ve desde hace siglos y a los que acompaña para presentarles a su actual marido.
En una esquina, casi al lado de la barra de los camareros, se encuentra la portera. Enseguida supimos que está allí por el gran vino que sirven más que por la hermandad que debería de profesar a los camareros proletarios.
-Aquella noche fue muy ruidosa. Me acuerdo que los del tercero estaban celebrando una fiesta para homenajear a su hija que se iba a casar de penalti con un jugador de tenis que hacía sus escarceos por el Club. Aprovechando el ruido, subieron por la escalera de servicio un par de hombres que hablaban raro, parecían rusos. Iban con gabardinas, gafas de sol y sombrero. Pero me acuerdo que la policía me dijo que no podían ser ellos, que mejor dijese que fueron un par de furcias. No quise, así que no me incluyeron en los interrogatorios.
La señora tiene cuerda para rato, así que dejo a Justo con ella y me voy para la entrada, donde está la vecina sorda gritando su gran dolor por la muerte de nuestro jefe. La verdad es que nadie la mira, en el fondo desentona hasta con las cortinas.
-¡Ui! ¡Qué ojo tiene la policía! Les dije que había dos hombres que bajaban del tejado y que tenían toda la pinta de ser mormones y..¿sabe lo que me dijeron? Que me olvidara de esos hombres, que no podían ser, que habían sido un par de pilinguis. Vamos, a mi me lo van a decir.
Se puso tan pesada que la lleve junto a la portera y a Justo y yo marché para la redacción.
COMIENZA EL JUEGO
Tienes 4 colores, que indican que la próxima semana el título se compone de 4 palabras. Adivina que 4 son y ordénalas correctamente.
Para que lo veáis mejor voy a hacer el proceso al revés. Imaginaros el primer título: Descanse en paz.
Son tres palabras y a cada una le asignamos un color:
Descanse en paz
Ahora nos toca enmascarar cada palabra con otras. Por ejemplo: Descanse
Comenzamos a poner de rojo varias palabras:
Descanse Arrascado Banco Canse
Así hacemos con las otras dos. Tú deberás elegir cual es la palabra correcta de cada color y luego ordenar el color:
En descanse paz
Su orden sería:
Descanse en paz
Gracias por estar ahí.
UNA PISTA MÁS:
verde naranja rosa azul
Esa es la combinación de color.
Doy media vuelta y me encamino para mi mesa. La resaca deja a uno espeso y no le permite reaccionar a tiempo. Justo llevaba todo el tiempo diciéndome que cogiera la carpeta con las declaraciones para estudiarlas y yo nada más tenía oídos para el rugir del alcaserse ese, o como coño se llame. Tanto cubata no me deja concentrarme ahora en la búsqueda de la dichosa carpeta, con lo que me concentró la noche anterior. Nada más llegar la vi, sin embargo en estos momentos parece como si se hubiera disuelto con la pastilla. ¡Ah! Ahí está. Al coche, que vamos con retraso.
Aprovecho el camino al tanatorio para leer por encima los informes. La verdad es que aquello se podía leer por encima y por debajo. Efectivamente, no hay ni uno que se salga del guion. Un par de fulanas, y transcribo fidedigno lo que allí trae, subieron al piso de los hechos y han aporreado la puerta hasta que ésta fue abierta por el fallecido. Poco más trae, al no ser por los adornos que cada uno añadió a los hechos, entre ellos que las fulanas tenían acento de Madagascar. Es increíble lo que la gente puede narrar con tal de dos minutos de gloria. Entre la gente preguntada, tal como Justo me digo, faltan dos personas: la vecina de puerta, de sordera permanente pero de gran visión por la mirilla, y la antigua portera, que conservaba aún su pequeño sótano de amplias vistas a todo lo que sucedía en el vecindario.
Nada más llegar, non encontramos con que la sala del tanatorio se había convertido en un aledaño al club de tenis donde sus hijos y ex esposa juegan al tute. Es más, parece el campeonato de tute que celebran cada año, tan elegante y snob como una botella de Dyc en casa de una Duquesa. El alboroto y las risas se entremezclan con la bebida y los canapés que sirven cuatro camareros de chaqué y pajarita. La ex mujer, casada después con un joven jugador de tenis, del que se divorció para casarse después con un director de banco, que dio paso a su cuarto marido, un empresario de muebles de cocina de alta calidad y baja pagadera, que dio paso a su último marido, un multimillonario de noventa años que está enamoradísimo de su franqueza, nos da la bienvenida.
-Beban y coman como si estuvieran en casa. El anfitrión no va a protestar.
Esta gente de la alta sociedad son simpáticos por naturaleza y engreídos por sus carteras, tan llenas como vacías están sus almas. La dejamos saludando a sus nuevos invitados, a los que parece que no ve desde hace siglos y a los que acompaña para presentarles a su actual marido.
En una esquina, casi al lado de la barra de los camareros, se encuentra la portera. Enseguida supimos que está allí por el gran vino que sirven más que por la hermandad que debería de profesar a los camareros proletarios.
-Aquella noche fue muy ruidosa. Me acuerdo que los del tercero estaban celebrando una fiesta para homenajear a su hija que se iba a casar de penalti con un jugador de tenis que hacía sus escarceos por el Club. Aprovechando el ruido, subieron por la escalera de servicio un par de hombres que hablaban raro, parecían rusos. Iban con gabardinas, gafas de sol y sombrero. Pero me acuerdo que la policía me dijo que no podían ser ellos, que mejor dijese que fueron un par de furcias. No quise, así que no me incluyeron en los interrogatorios.
La señora tiene cuerda para rato, así que dejo a Justo con ella y me voy para la entrada, donde está la vecina sorda gritando su gran dolor por la muerte de nuestro jefe. La verdad es que nadie la mira, en el fondo desentona hasta con las cortinas.
-¡Ui! ¡Qué ojo tiene la policía! Les dije que había dos hombres que bajaban del tejado y que tenían toda la pinta de ser mormones y..¿sabe lo que me dijeron? Que me olvidara de esos hombres, que no podían ser, que habían sido un par de pilinguis. Vamos, a mi me lo van a decir.
Se puso tan pesada que la lleve junto a la portera y a Justo y yo marché para la redacción.
COMIENZA EL JUEGO
Tienes 4 colores, que indican que la próxima semana el título se compone de 4 palabras. Adivina que 4 son y ordénalas correctamente.
Para que lo veáis mejor voy a hacer el proceso al revés. Imaginaros el primer título: Descanse en paz.
Son tres palabras y a cada una le asignamos un color:
Descanse en paz
Ahora nos toca enmascarar cada palabra con otras. Por ejemplo: Descanse
Comenzamos a poner de rojo varias palabras:
Descanse Arrascado Banco Canse
Así hacemos con las otras dos. Tú deberás elegir cual es la palabra correcta de cada color y luego ordenar el color:
En descanse paz
Su orden sería:
Descanse en paz
Gracias por estar ahí.
UNA PISTA MÁS:
verde naranja rosa azul
Esa es la combinación de color.
19/11/09
INVESTIGA COMO PUEDAS
Lo que me toca los cojones es que se ejerza de censor liberal. Cuando se intenta criticar a los demás sin que se toque a uno, eso es una villanía y una censura como una catedral de grande e injusta. La policía intenta hacer eso con nosotros, indicarnos por donde podemos ir y aconsejarnos que no nos salgamos del camino. No saben nuestro propósito de esclarecer sin dilación el caso, ni de que estamos dispuestos a acabar con toda intención de dejarlo en dique seco de buenas a primeras en cuanto los unten un poco. Las comisarías y los juzgados están llenos de historiales que sirven para quitarles a las mesas sus cojeras y a los baños rellenarles sus portarrollos, pero el de nuestro jefe no va a seguir su camino. Nuestro primer paso fue entrar en contacto con todos nuestros antiguos compañeros, hoy en día en diarios más rimbombantes a causa de la necesidad de dinero. Ellos están alertas a cualquier pista que aparezca en sus periódicos, tanto porque la policía intente usarlos de trampolín para sus triquiñuelas como porque a sus oídos llegue cualquier información sobre el caso.
Nuestros chivatos de la policía, normalmente algunos de los ingresados como nuevos en el cuerpo, fueron llamados en segundo lugar. Contamos con fotocopias de autopsia, declaraciones de testigos, pistas y pruebas del lugar. No nos ha dado tiempo a estudiar cada uno de los papeles pasados por nuestros amigos en la sombra, la autopsia nos ha enmarañado tanto que apenas pudimos darle vueltas a ella. Habla del cadáver como de un hombre apuñalado abundantemente después de ser torturado por un machete de la legión y un látigo con múltiples restos de corridas masculinas procedentes de un lupanar gay que hay cerca del domicilio del finado. Pero dice que existen algunos datos que introducen dudas fehacientes y que hacen cerrar el estudio ya que no existen pruebas fidedignas. No se puede ser más claro, el vino era Rioja, la coca colombiana y la belladona de un monte cercano a donde se realizó la autopsia. Estos son como los CSI pero sin laboratorio, sino el rioja no sería de garrafa de calimocho, la coca no estaría adulterada y la belladona no se parecería al perejil. Está visto que vamos a tener que echarle un vistazo al lugar de los hechos y sacar nuestras conclusiones. Justo, nuestro especialista en sucesos, se encarga de colarse en el domicilio y recuperar las pruebas que los policías suelen olvidar en el escenario del crimen, más por dejadez que por incompetencia. La policía no es mala, nada más que es un poco juguetona y se dedica a registrar los rincones de las bebidas y las revistas pornográficas. Con todo ello, no es de extrañar que se les olvide recoger algunos indicios tapados por la ceguera del momento. No se puede echarles la culpa a estos defensores de la ley, siempre tan cercanos a los malhechores y tan fáciles de corromper. Apenas dadas dos miradas, nuestro compañero ha encontrado unos casquillos en el cabecero de la cama y manchas de sangre en la almohada, donde se pueden ubicar algunos desgarros producidos por unas uñas. Mandaremos nuestras pruebas a examinar en la farmacia colindante con el periódico, que son nuestro CSI particular y cuyos laboratorios son más ancestrales que los de la policía, pero más eficientes.
En tercer lugar, hemos recopilado el trabajo de nuestro director durante sus últimas 24 horas, ojeando su ordenador que se había estropeado y se encontraba en el bar de enfrente a la espera de una evaluación rutinaria de nuestro especialista en ciencias y tecnología. Entre cubata y cubata iba mirando todo lo que había hecho el día anterior y lo iba cotejando con su libro de anotaciones, tan secreto hasta ahora. La noticia de las olimpiadas tenía muchos añadidos y una recopilación de los inventores del engendro, ya que la presidenta solo se dedicaba a conspirar dentro del partido. Analizado esto con más detenimiento, nos encontramos hoy con una noticia de teletipo que dice:
SE DOTA DE PRESUPUESTO AL ESTUDIO DE LA POSIBILIDAD DE UNAS OLIMPIADAS DE INVIERNO EN MADRID
Se ha dado el pistoletazo de salida para la carrera de fondo que se fija como meta el organizar las olimpiadas de invierno en Madrid. Como buenos gestores, el primer paso consiste en dotar de presupuesto a tan ardua tarea, tal decisión ha sido tomada. Cincuenta millones de euros es la primer partida presupuestada, que verá incrementada su cantidad una vez se haya decidido donde se va a producir el pelotazo urbanístico.
La empresa encargada de dar esos primeros pasos ilusionantes y crematísticos es MORROCONSULTING, gestionada por el yerno de antiguo presidente de gobierno, quien dijo:”Te lo juro por Arturo, ha sido una noticia increíble que ha llenado a mis trabajadores de gran alborozo y a mis bolsillos de unos cuantos departamentos más. Como siempre, gana la moda de España. Que ilu”. No deja de haber malintencionados que hablan de corrupción, pero para nada, no se sabía el nombre de la empresa ganadora hasta que se abrió el sobre que dictaminó el ganador. A este concurso solo se presentó una empresa, dada la premura de tiempo y lo especifico del trabajo, decidir en que banco se pone el dinero.
No cabe duda que nuestra cabeza se ha puesto a cavilar y ha alcanzado una decisión importante. El bar de Paco va a ser quien prepare nuestra francachela nocturna. ¿O hemos de decir solo su comienzo?
Nuestros chivatos de la policía, normalmente algunos de los ingresados como nuevos en el cuerpo, fueron llamados en segundo lugar. Contamos con fotocopias de autopsia, declaraciones de testigos, pistas y pruebas del lugar. No nos ha dado tiempo a estudiar cada uno de los papeles pasados por nuestros amigos en la sombra, la autopsia nos ha enmarañado tanto que apenas pudimos darle vueltas a ella. Habla del cadáver como de un hombre apuñalado abundantemente después de ser torturado por un machete de la legión y un látigo con múltiples restos de corridas masculinas procedentes de un lupanar gay que hay cerca del domicilio del finado. Pero dice que existen algunos datos que introducen dudas fehacientes y que hacen cerrar el estudio ya que no existen pruebas fidedignas. No se puede ser más claro, el vino era Rioja, la coca colombiana y la belladona de un monte cercano a donde se realizó la autopsia. Estos son como los CSI pero sin laboratorio, sino el rioja no sería de garrafa de calimocho, la coca no estaría adulterada y la belladona no se parecería al perejil. Está visto que vamos a tener que echarle un vistazo al lugar de los hechos y sacar nuestras conclusiones. Justo, nuestro especialista en sucesos, se encarga de colarse en el domicilio y recuperar las pruebas que los policías suelen olvidar en el escenario del crimen, más por dejadez que por incompetencia. La policía no es mala, nada más que es un poco juguetona y se dedica a registrar los rincones de las bebidas y las revistas pornográficas. Con todo ello, no es de extrañar que se les olvide recoger algunos indicios tapados por la ceguera del momento. No se puede echarles la culpa a estos defensores de la ley, siempre tan cercanos a los malhechores y tan fáciles de corromper. Apenas dadas dos miradas, nuestro compañero ha encontrado unos casquillos en el cabecero de la cama y manchas de sangre en la almohada, donde se pueden ubicar algunos desgarros producidos por unas uñas. Mandaremos nuestras pruebas a examinar en la farmacia colindante con el periódico, que son nuestro CSI particular y cuyos laboratorios son más ancestrales que los de la policía, pero más eficientes.
En tercer lugar, hemos recopilado el trabajo de nuestro director durante sus últimas 24 horas, ojeando su ordenador que se había estropeado y se encontraba en el bar de enfrente a la espera de una evaluación rutinaria de nuestro especialista en ciencias y tecnología. Entre cubata y cubata iba mirando todo lo que había hecho el día anterior y lo iba cotejando con su libro de anotaciones, tan secreto hasta ahora. La noticia de las olimpiadas tenía muchos añadidos y una recopilación de los inventores del engendro, ya que la presidenta solo se dedicaba a conspirar dentro del partido. Analizado esto con más detenimiento, nos encontramos hoy con una noticia de teletipo que dice:
SE DOTA DE PRESUPUESTO AL ESTUDIO DE LA POSIBILIDAD DE UNAS OLIMPIADAS DE INVIERNO EN MADRID
Se ha dado el pistoletazo de salida para la carrera de fondo que se fija como meta el organizar las olimpiadas de invierno en Madrid. Como buenos gestores, el primer paso consiste en dotar de presupuesto a tan ardua tarea, tal decisión ha sido tomada. Cincuenta millones de euros es la primer partida presupuestada, que verá incrementada su cantidad una vez se haya decidido donde se va a producir el pelotazo urbanístico.
La empresa encargada de dar esos primeros pasos ilusionantes y crematísticos es MORROCONSULTING, gestionada por el yerno de antiguo presidente de gobierno, quien dijo:”Te lo juro por Arturo, ha sido una noticia increíble que ha llenado a mis trabajadores de gran alborozo y a mis bolsillos de unos cuantos departamentos más. Como siempre, gana la moda de España. Que ilu”. No deja de haber malintencionados que hablan de corrupción, pero para nada, no se sabía el nombre de la empresa ganadora hasta que se abrió el sobre que dictaminó el ganador. A este concurso solo se presentó una empresa, dada la premura de tiempo y lo especifico del trabajo, decidir en que banco se pone el dinero.
No cabe duda que nuestra cabeza se ha puesto a cavilar y ha alcanzado una decisión importante. El bar de Paco va a ser quien prepare nuestra francachela nocturna. ¿O hemos de decir solo su comienzo?
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