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domingo, 15 de febrero de 2015

Invaders must die


Creo que no tengo nada que decir hoy.

Así que toca generar algo de la nada, lo cual no sería un problema si en mi cabeza estuviesen echando una partida sin incidentes Kasparov y Deep Blue, pero me parece que a la máquina le falta ventilación. El jaque está cerca.

En la habitación huele a humo, y me confundo pensando que sale de mi cabeza y no del cenicero, pero intento mantenerme fresco y seguir escribiendo al menos una frase más. Supone esfuerzo, esto no es un vídeo de ElRubius o un aprobado en los despachos. Pero a veces, idiota de ti, prefieres pensar que si algo cuesta puedes optar por evitarlo, y no todas las huidas son como la de Santiago Carrillo, cruzando la frontera vestido de mujer. Allá donde vayas, tus problemas te estarán esperando, porque no puedes escapar de tu propio ser, así que todo lo que hagas mientras trates de no afrontarte es perder el tiempo.

Un tiempo que otras personas hubieran deseado tener, pero su oportunidad se perdió igual que las lágrimas de Roy mientras se muere bajo la lluvia.

Supongo que vivir no es un derecho, sino un privilegio.

lunes, 8 de diciembre de 2014

La flama


Hace un rato me he acordado de aquel capítulo de Los Simpson en el que Homer, creyendo que es sábado, se dedica a vaguear en el sofá hasta que Marge le recuerda que no es sábado, sino miércoles, y le toca ir corriendo a la central nuclear. Luego, vuelve a aparecer descansando, y regocijándose en el placer de un verdadero sábado al mismo tiempo que maldice esos miércoles-sábado como el que casi le cuesta el empleo.

Hoy no es un miércoles-sábado, pero sí un lunes-domingo, y ambos son días de mierda por lo que conllevan per se, así que el malestar psicológico que causan se une a la rareza de pasar un lunes "a la fresca", tratando de ignorar una frase subconsciente que no para repetirse.

Deberías estar preocupándote por algo.

La confusión también es un motor de funcionamiento humano. Hacemos cosas raras para no sentirnos fuera de lugar, al igual que las hacemos precisamente por ello. Es como terminar un puzzle y ver que falta una pieza, como ver una peli en el ordenador y que el cursor no se haga invisible.

Es extraño.

Mucho.

De cojones.

Así que nos dejamos llevar por la confusión, con un estúpido sentido arácnido zumbándonos en el oído sin que ningún peligro real se manifieste, sin garantía de recuperación de las horas que pasan muertas y alejan algo que no conseguimos identificar.

Y un chute de energía para despedir-comenzar la semana y quitarse de la cabeza estas mierdas será La flama, canción que da nombre y abre el disco de 2004 de Obrint Pas.

Felices dudas.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Problemas técnicos (otra vez)


Hace cosa de un mes, mi ordenador decidió romper nuestra relación. No me dijo por qué, ni se extendió en dramáticas despedidas. Simplemente se fue.

Día 1:

Yo me resistía a dar nuestra relación por terminada. Intentaba volver a dejar las cosas como estaban, pero no había manera. ¡Ay! Ordenadores... ni puedes vivir sin ellos, ni puedes restaurar el sistema para eliminar fallos de hardware...

Día 2:

Desesperado, tuve que conseguir ayuda profesional. Llamé al servicio técnico. Fue duro asumir que lo nuestro estaba en las últimas, pero no me quedó más remedio. El técnico me dijo que, por la descripción que le había dado de nuestra crisis, seguramente se trataba de un fallo del disco duro. En una semana, tendría que rellenar un formulario para que vinieran a recogerlo. ¡Una semana! No sabía si podría soportarlo.

Día 4:

Encontré una solución temporal. Una especie de parche que ralentizaba la pérdida de sangre de la mortal herida de nuestra relación. Y es que conseguía unos minutos de autonomía si me conectaba en modo seguro con funciones de red. Al principio parecía funcionar, pero no tardé en comprender que no era suficiente. Si quería a mi ordenador, tendría que dejarlo marchar.

Día 9:

Al fin, la dichosa petición se tramitó y un tipo de DHL vino a recoger mi ordenador. Intenté utilizarlo por última vez, pero la cosa no acabó bien. La despedida fue amarga.

Día 10:

Me pasé toda la tarde en chandal, comiendo helado de chocolate mientras escuchaba una y otra vez "Time after time" de Cyndi Lauper, alternándolo de vez en cuando con "All by my self", de Eric Carmen y "Baby I love you", de Peter Frampton. Fue una suerte conservar algunos de sus recuerdos en un CD...

Día 15:

Algo había cambiado. Al principio tuve que conformarme con pobres sustitutos, como el ordenador de la biblioteca o la tele, pero un día, harto de todo, cogí un libro que llevaba tiempo dejando "para mañana" y me lo leí del tirón. Y eso no fue todo. En pocos días, adelanté trabajos para la universidad, volví a hacer cosas que llevaba meses haciendo solo a ratos. Empezaba a disfrutar de mi tiempo a solas.

Día 20:

Me pasaba el día fuera de casa. Decidí desempolvar los guantes de boxeo, volví a escuchar mis viejos discos, hice un montón de trabajos de clase... volvía a vivir. ¿Y qué si surgían algunas complicaciones? ¿Y qué si estaba algo menos informado? ¿Y qué si no sabía cómo llenar los huecos que mi frenética actividad dejaba vacíos? Era un hombre nuevo, un hombre felíz... un hombre libre.

Día 29:

Parecía que lo había superado. Y era cierto. Me movía por la biblioteca como pez en el agua, y había decidido que, ya que escuchaba mis viejos discos, también podía escuchar mis viejas cintas. Volví a sentir esas agujetas en los costados que se notan después de una hora con unos guantes de boxeo puestos. Pero llegó un mensaje. DHL me devolvía mi ordenador, ya reparado, en dos días laborables. Lo primero que sentí fue una alegría que brotó de lo más hondo de mi estómago, pero luego me preocupé. ¿Qué haría cuando mi ordenador volviese? Me prometí a mí mismo que seguiría como hasta entonces, disfrutando de una vida equilibrada y productiva. Luego, me puse los cascos y salí a correr.

Día 30:

Mi ordenador había llegado. Estaba radiante, como si viviera una segunda edad de oro. Tuve que contenerme ante el mensajero de DHL, pero, cuando se fue, saltaron chispas. Corrí a mi habitación y volví a conectarlo donde estaba. Fue cuando el Windows 7 inició sesión cuando comprendí que la promesa del día anterior iba a ser en vano. Había recuperado mi ordenador y todo volvería a ser como antes. No obstante, una voz en mi cabeza, la voz de mi subconsciente, dijo "¿Y qué?".
Lo primero que hice fue bajarme el Loquendo y hacerle prometer a mi ordenador que jamás volveríamos a pelearnos.

Y ahora vuelvo a estar aquí... ¿se puede ser más feliz?

miércoles, 24 de agosto de 2011

Policía Nacional Española, esos santos incomprendidos




A todos los que hemos visto "En el nombre del padre" se nos ha helado la sangre cuando vimos cómo aquel policía se inclinaba sobre Daniel Day-Lewis para susurrarle "Voy a pegarle un tiro a tu padre". Y la temperatura del mencionado fluido vital disminuía un par de grados más cuando descubríamos que dicha película narraba unos acontecimientos que realmente sucedieron. Sin embargo, en momentos de cándida inocencia, nos negamos a creer que haya gente tan horrible y manipuladora, y mucho menos pululando por los cuerpos y fuerzas de seguridad de cualquier Estado.

Pero, para esos momentos de ingenuidad, siempre hay un buen surtido de imágenes que sirven de dosis de realidad.

Las de arriba, concretamente, pertenecen a las tan en boca de todo el mundo JMJ (Jornadas Mundiales de la Juventud). Mientras los peregrinos (versión cristiana de los poligoneros) cantaban sus tonadas religiosas y se emborrachaban con el vino de la eucaristía, unos cuantos ciudadanos contrarios a la ostentación (y al gasto) que ha caracterizado este acto, e incluso dispuestos a recordar ese artículo de la Constitución que reconoce a  España como un estado no confesional, se manifestaban por los alrededores. Para "evitar el follón", la policía nacional se presentaba para disolver la manifestación (lo cual también es ilegal en un estado que tiene reconocido el derecho de reunión, y un sinsentido, porque nadie ha intentado echar a los de la JMJ del centro de Madrid), y ha acabado protagonizando un espectáculo más que lamentable.

En la primera imagen, un grupúsculo de hijos de la gran puta se cerraba en torno a una pareja de chicos que solo estaban sacando fotos, y, al grito de "¡A tomar por el culo!", se liaban a porrazos con ellos. Lo curioso de la escena es que la chica tenía más cojones que los policías (a poco), ya que no dudó en intentar defenderse (lo cual no consiguió). ¿Por qué estos policías, gente supuestamente con preparación psicológica para no perder la calma bajo ninguna situación, atacan a porrazos a una pareja de fotógrafos? Pues la respuesta también es una conjetura, pero está cobrando bastante fuerza: atacar a dos críos les convierte en machos alfa, y eso les pone muy cachondos. Entraron en la policía, pero no para proteger y servir a los ciudadanos, sino para sentirse como Harry "el sucio", o aquel agente apasionado por las armas en "Loca academia de policía".

La segunda imagen no necesita mucha explicación: es una carga policial. Curiosamente, cuando aparecen algunos mensajes que estos elementos dejan en sus redes sociales, descubrimos que también les proporciona gustillo dar un buen par de hostias a unos cuantos "perroflautas" (lenguaje que ellos mismos utilizan). ¿Qué haría un machote de estos si tuviese que enfrentarse en igualdad de condiciones a un tío de características físicas similares a las suyas?

La tercera imagen se da justo después de la primera. Los mismos "machos ibéricos" que se desfogan con una pareja de críos simplemente por "estar ahí", se detienen para ponerle las pilas a otro fotógrafo y, tras arrinconarle contra un cajero automático, le hacen un traje de moratones para que no pase frío con este clima tan poco típico de agosto.

Sobran las palabras, pero van a tener que encajar, porque no puedo dejar de decir que se ha visto la verdadera cara de nuestro estado de derecho, y el verdadero poder de los ciudadanos. Sin embargo, lo que más me molesta después de ver cómo los que supuestamente tienen que protegernos vulneran de forma sistemática nuestros derechos fundamentales, es que haya gente que siga defendiendo a ciegas esta institución, sin plantear ni un solo argumento al respecto. Es de suponer que ellos están dispuestos a aceptar que, el día que las porras caigan contra sus costillas, la policía estará cumpliendo con su deber.

En fin, lo dicho, me gustaría conocer a los evaluadores psicológicos que dan el visto bueno a alguien que le  dice a un detenido "voy a pegarle un tiro a tu padre".



sábado, 26 de marzo de 2011

Wikitrolls


Hace un tiempo, por motivos que, por un lado no recuerdo, y por otro no vienen al caso, estaba en Wikipedia, leyendo la entrada de Bill Clinton.

Quizá podría haberme esperado leer algo más subido de tono que de costumbre, relacionado con cierta becaria (desde el famoso Mamada-Gate, si me dan una beca lo suelo decir con la boca pequeña... para que no entren según qué cosas, más que nada), pero lo que no me esperaba en absoluto era que, en el apartado de "frases célebres", en primer lugar, pusiese algo así como: "Los nuevos aumentos presupuestarios de la sanidad entran dentro del paquete de medidas de esta legislatura, y a quien no le guste ME PUEDE COMER LO QUE VIENE SIENDO LA POLLA."

Después de leer aquello, estuve tentado de ponerlo como frase del msn, pero no cabía... la frase.

El caso es que esto me lleva a reflexionar: ¿por qué nos fiamos de todo lo que pone en la Wikipedia como si fuese una verdad incuestionable? ¿Acaso la parte del cerebro encargada de la voluntad se anula al leer uno de los artículos de esa página? ¿O es, más bien, nuestra infita necesidad de ir a lo fácil, ya sea para hacer un trabajo o para tirarse el rollo en el bar?

Al fin y al cabo, el ser humano es hedonista por naturaleza... o eso dice la Wikipedia.

viernes, 4 de marzo de 2011

Cuando la lucha de un hombre empieza dentro de sí, ese hombre vale algo


En 1942, cuando Ucrania fue invadida por el Ejército Nazi, se celebró un partido entre el F.C. Start (equipo formado por prisioneros de guerra, los cuales eran, en su mayoría, ex jugadores del Dínamo de Kiev) y el equipo de soldados de la Wehrmacht.

Los jugadores del F.C. Start fueron amenazados de muerte en caso de que ganaran, de modo que hicieron lo que les pareció más lógico… mearles. El resultado fue 5 a 3 a favor de los prisioneros de guerra, y los alemanes cumplieron con su amenaza. A este hecho se le conoce como “el Partido de la Muerte”.


¿Cuál puede ser el cocktail del que salga un hecho semejante? ¿Valor? ¿Nada que perder? ¿Principios? Alguien dijo que ninguna idea era absurda si había alguien lo suficientemente loco como para morir por ella, y mis neuronas, de nuevo resacosas, se arrastran por mi cerebro como gusanos de seda, intentando ayudarme a comprender.

Pero hay algo claro: si ante una situación injusta decides no arriesgarte, no defender al oprimido, no plantar cara, equivale a ponerse de lado del opresor.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Coged las rosas mientras podáis…


En la fotografía, Charles Bukowski, bebiendo licor en una habitación que es básicamente la pesadilla de cualquier madre.

La normalidad es un ser viejo y desfigurado, con el rostro marcado por el estigma de la rutina y el tedio. La normalidad es el enemigo natural de la vida, de la pasión y de las verdaderas aspiraciones, sepultadas por el criterio de quien nos domina. ¿Quieres ser normal? La normalidad acabará contigo, devorará tu carne y escupirá tus huesos. No seas normal, solo tienes que ser tú.

“No podemos remar en contra de nosotros mismos,
eso transforma la vida en un infierno.”


Walt Whitman

martes, 1 de marzo de 2011

Camino al olvido

En Lo que me toca los cojones (de donde procede esta imagen) lo tienen bien claro.

Quien haya leído la novela de George Orwell 1984, sabrá que su argumento es el concepto en el que se basa el programa Gran Hermano. ¿Cuánta gente se pregunta cómo ha podido ser esto posible? Es como si yo fabricase una máquina que convierte un kilo de miel en uno de mierda sin pasar por sistema digestivo alguno.

Curiosamente, los participantes de este concurso (el cual, curiosamente también, en este Estado ha tenido más ediciones que en ningún otro… que por algo sería, señores de Telecinco) tienen una particular forma de asumir su regreso a la rutina cotidiana.

Como poseídos por un particular Síndrome de Estocolmo, eta gente se aferra a la vida mediática como las sanguijuelas a la piel.

Pero bueno, no me sorprende. Después de todo, a nuestra cultura de masas le encanta crear ídolos de barro para luego condenarlos al abismo. Y es que poca gente reconoce que ve el Sálvame, y si lo hace, lo reconoce con la boca pequeña, al igual que los que admiten a regañadientes que se sometieron a una revisión de la próstata.

Pero nada distingue en su cometido a un aspecto de otro de la cultura que nos venden medios y empresas. Todo sirve al mismo objetivo: alienar.

Es de suponer que, de estar vivo, Orwell ya se habría encerrado en su despacho para, después de vaciar una botella de whisky, volarse la tapa de los sesos.

viernes, 25 de febrero de 2011

Monerías varias


No recuerdo en qué curso de primaria estaba cuando nos llevaron de excursión al zoo. Es más, el transcurrir de aquella visita hace mucho que voló de mi cabeza casi en su totalidad.  Solo un detalle se salvó de la quema.

Al llegar a la jaula de los monos, tanto mis compañeros de clase como yo pudimos contemplar atónitos cómo un buen puñado de adultos, hombres y mujeres hechos y derechos, se dedicaban a señalar a los monos, a hacerles muecas de burla y a gesticular de forma exagerada, mientras se reían y decían cosas como “¡Mira los monitos, qué ricos son!”.

Nosotros, al igual que los monos, no quitábamos ojo al espectáculo que nos brindaba el ser humano moderno, mientras nos preguntábamos quién coño había pagado la entrada allí, si ellos o los monos. Ahí me di cuenta de que, por mucho que la especie haya evolucionado, no somos tan distintos… solo ha cambiado el tipo de mierda que nos tiramos unos a otros.