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sábado, 21 de marzo de 2015

Pressure drop


Se me acaba el mes y resulta que apenas he publicado.

Hace poco me dijeron una frase que quería compartir sobre cierto tipo de bloggers: Personas que terminan sacando una entrada para su blog de cada cosa que les pasa. En cierto modo es una verdad incuestionable, pero tiene muchas lecturas.

Por ejemplo, cada cosa que me pasa no es algo exclusivo de mi vida, sino que también han participado otras personas de un modo u otro. Cada cosa que me pasa tiene que ver con alguien, y nunca es solo fruto de mí mismo encerrado en la habitación y con la vista pegada a la pantalla. Pero existe una diferencia fundamental entre que te suceda algo y hacer que algo suceda, por lo que puede que un día acabes preguntándote cuál de esos dos tipos de persona quieres ser.

Hoy es el cumpleaños del conocido aquí como PSY, y bien podría ser el protagonista de una buena parte de esta semana en el blog, porque le pasan cosas, y porque hace que pasen cosas, y porque es uno de mis mejores amigos y estoy orgulloso por cada anécdota que tengamos en común.

Y como no tengo ni la más remota idea de qué música le gusta en realidad, pongo el Pressure drop, del genial directo de los Toots, muy recomendable si quieres un desahogo y un plus de ánimo para el día tan largo que te espera.

martes, 24 de febrero de 2015

Agotado


Has necesitado muchas cosas: madrugar más de la cuenta, vivir un día extenuante y más largo de lo necesario, desviarte para cumplir con más obligaciones añadidas, caminar hasta tu casa, dejar caer la mochila y sentarte frente al ordenador. Todo eso para llegar a una simple conclusión.

Estás agotado.

De todas las formas posibles.

Llevas así ya demasiado tiempo, sabiendo que la gasolina que regaba tus arterias estaba diluida en otra sustancia de la que no se podía sacar nada. ¿Sabes lo que pasa cuando ves un camino y el resto de fuerzas del mundo te empujan a otro? Está bastante claro.

Sin ganas de nada, miras la pantalla con ojos de besugo, cerca de una muerte cerebral por sobredosis de información que no necesitas repasar, pero es que hay tantas cosas que no necesitas...

¿Cómo dices? ¿Un antidoto? Eso está hecho. Los británicos Aswad diseñaron allá por 1982 un método infalible para desconectar tus pensamientos y mandarlo todo a la mierda. Porque Not satisfied, aunque parezca tu lema de cabecera ahora mismo, hará que te relajes lo bastante como para decidir que nada tiene ahora mismo importancia.

Y ya puedes decirle al mundo que te deje en paz un rato.

Si en realidad soy como la versión generosa de Flex: solo pienso en tu descanso, pero lo hago gratis. Incluso añado una letra más a su eslogan: Tu caLma es el lugar más importante del mundo.

De nada.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Los Wailers sin Bob


Si revisas el móvil y esta es la mejor foto que tienes de un concierto, mala señal...

La historia empieza hace unos meses, cuando un amigo me dice que vienen los Wailers a las fiestas de este año. En la misma ciudad cuyo alcalde diría unos meses después que es peligroso meterse en un ascensor con una mujer, el ayuntamiento incorpora en su programa de fiestas un concierto gratuito del mítico grupo que acompañó a Bob Marley en su andadura musical. Tócate los cojones. Aunque faltaran unos meses para la fecha señalada, mi amigo y yo nos abonamos al plan, y lo comentábamos cada vez que surgía la ocasión, incluso contando las horas para presenciar tan atípico espectáculo por estos lares.

Le tocó currar y se lo perdió.

Pero esta baja no me hundió la moral, sino al contrario. Yo, un blanquito sin rastas y con menos pinta de jamaicano que Angela Merkel, me reuní en la calle con otro colega como si estuviésemos en las calles del mismísimo Kingston, y este, con un aire muy poco rasta, me dice:

"¿Unas jarras antes?"

La verdad es que no nos robó mucho tiempo bebernos las cervezas, dar un paseo hasta el centro, aprovisionarnos con un par de litros y seguir hasta la música, aunque al parecer sí fue suficiente para perdernos una batería de canciones que iba desde "Get up, stand up" hasta el "Stir it up". Mientras caminábamos, nos decíamos que no habría mucha gente, que el reggae tampoco tenía tanto público aquí y todo eso, aunque nuestras palabras no evitaron que la plaza estuviese petada como nunca habría imaginado que lo estaría un miércoles por la noche.

Saludos de rigor a conocidos, buscar un buen sitio donde ver el panorama y acomodarnos un poco bastaron para hacer tiempo hasta que el "Could you be loved" invadiera la plaza. Los Wailers tal vez ya estaban en caliente y se entregaban, intercalando temas con breves speeches en un castellano un pelín trambólico.

Y entonces vino la primera bocanada a nuestras jetas.

Fue en el "Is this love". Las rodillas y los hombros empezaban a menearse solos en el típico baile que hace todo el mundo en un concierto de reggae, y el murmullo del "is this love, is this love that I'm feeling" recorría el público como un zumbido sordo. Tomamos aire para respirar al mismo tiempo, yo satisfecho por acariciar ese pedacito de historia musical aunque fuese de forma un tanto indirecta, mi colega no sé si por eso o porque necesita respirar para vivir. El caso es que ahí estaba. 

Colocación perfecta.

En todos los sentidos.

Miramos a nuestro alrededor y nos vimos rodeados por un grupo de chimeneas andantes, expulsando humo de forma que siempre parecía pasar por nosotros dos antes de fundirse con el aire (que ya empezaba a estar un poco viciado). Tras el primer impacto y las risas, nos fuimos concentrando más en el concierto y en los litros; pero entonces llegó el "Buffalo Soldiers", y al primer "woy yoy yoy" supe que algo raro pasaba.

Un simple vistazo me indicó que mi colega iba por el estilo, y la prisa que se daba en beber me confirmaba que tenía la boca pastosa. Fumada por contagio. El ambiente espesaba, los ojos picaban y el tiempo pasaba con una lentitud placentera. En un momento dado, tras un "Jammin" en versión extendida con solo de bajo incluido, los Wailers hicieron la típica pausa pre bises, y así se lo hice saber a quien pasase por ahí y le diera por escucharme, solo porque me entraron ganas de decirlo en alto, y mi amigo que se nota la boca seca y yo mientras que me está dando un poco de dolor de cabeza y entonces sale Al Anderson y se pone a tocar la guitarra y a todo el público se le viene el mundo encima porque estamos ya medio cocidos y sabemos que nos quiere distraer mientras el resto del grupo se pone tibio. En estas que le digo a mi colega que anda que no molaría que aprovechasen que lo que está tocando Al se tira un aire y empezasen a cantar la de "siempre quise ir a L.A.", y mi amigo descojonado, que cómo van a hacer eso, y yo que ya sé que no pero anda que no molaría.

Y por fin, cuando todos nos estamos acordando de toda la linea ascendente del guitarrista hasta llegar a sus bisabuelos, reaparecen los Wailers y todo el mundo está entregado, porque Valladolid lleva dentro un pedacito del primer y más puro reggae. Levantamos las manos y coreamos lo que sea que está sonando, porque empezamos a estar tan ciegos que ni terminamos de reconocer los temas. Pero entonces llega el "Exodus".

Y se acabó.

Los Wailers se van tan rápido como nosotros habíamos llegado, y yo me empiezo a descojonar del primer amigo que me dijo que quería venir y le tocó currar, porque me da que no nos vamos a ver en una igual en nuestra vida. Además, empiezo a estar convencido de que si el concierto llega a ser en un espacio cerrado nos tienen que sacar de allí en camilla.

Apenas estuvimos allí una hora.

martes, 4 de marzo de 2014

Cuando el reggae era reggae


Mi relación con el reggae se remonta a mi más tierna infancia, pero de un modo peculiar. Yo, un "yo" de unos cuatro años, corriendo por el salón mientras mi madre y mi tía hablan en la cocina. Han pedido pizza, y va a ser la primera vez en mi vida que la pruebe. Pero eso ahora no importa, ya ves tú. La cuestión es que mientras esperan han puesto música, y entonces soy demasiado pequeño como para distinguir entre lo que está sonando y la canción del Colacao, pero aunque en ese momento no lo sé, hay un sonido grave y aterciopelado, soltando un patrón de notas y dejándose querer por una batería tocada muy suave, casi con miedo a romperse. Un bajo.

Un puto bajo.

Si diese un salto desde entonces hasta los dieciséis años, es posible que me encontrase a mí mismo en casa de un amigo, preguntándole qué coño es lo que sale de sus altavoces. Por un lado una base de sampler. Por el otro un rapero con anginas rimando en spanglish. Mi amigo me mira, sonríe con el típico rictus beatífico del que piensa que eres idiota y, como si explicase que dos y dos son cuatro, contesta:

—Es reggae, tío.

Sinceramente, creo que el problema aquí es andar etiquetando géneros a lo loco. El rap en sus orígenes tiene que ver con el reggae, y los estilos sucesivos que vuelven al reggae también tienen que ver con el rap, pero llamar como un género antiguo a un género nuevo es hacer un flaco favor a ambos, teniendo en cuenta que tal vez hables con alguien de reggae y tú estés pensando en Toots y los Maytals (quienes por cierto eran el grupo que sonaba en la cocina mientras esperábamos la pizza) mientras quien tienes enfrente se refiere a Swan Fyahbwoy.

 La música evoluciona, surgen cosas nuevas. El tipo que anda poniendo etiquetas a todo lo que suena está condenado a convertirse él mismo en una, igual que el típico gordito asustado por el cambio que vota al partido republicano en EE.UU., o el más típico todavía señor mayor que dice que todo lo que había antes frente a su casa era campo y solo campo.

Termino con Under Me Sleng Teng, una de las pioneras, además del reggae no instrumental, de la propia historia que os cuento. Disfrutad: