Las alas de tu alma elevan la pasión que surge de nuestro encuentro, y mi corazón… no, es coña, no me refiero a esa acepción de la palabra “corazón”… y probablemente tampoco me refiero a esa acepción de la palabra “lógica”.
Hoy, antes de venir a la tienda, pasé por el salón y me encontré a mi madre, que, como información adicional, es una persona bastante inteligente, viendo el “Sálvame”, y, por algún motivo que escapa a mi control, me quedé allí plantado un par de minutos, contemplando una discusión entre Paz Padilla y una señora que, o era imitadora de Gracita Morales, o no controlaba demasiado bien el tono de voz.
Al cabo de esos minutos, lo único que entendí fue algo así como:
PAZ PADILLA: A ti lo que te pasa es que tienes envidia de la Trapote.
GRACITA JUNIOR: Envidia me tiene ella a mí.
Como ya he dicho, mi madre es una persona inteligente, así que me giré hacia ella y traté de expresarme como si yo mismo fuese también una persona inteligente:
YO: Mamá, ¿qué es lo que se puede sacar en claro de esta discusión?
MI MADRE: Nada, están todos locos.
YO: ¿Pero tú vas con alguien, o esperas alguna aportación trascendental o algo?
MI MADRE: No, hijo, yo voy con el espectáculo.
Pues eso, que una cosa es intentar hablar como una persona inteligente, y otra cosa es serlo. Por lo menos ya aprendí a no juzgar a la gente por su alienación, sino a enfrentarme a quien nos aliena. Así que, tras comentarle a mi madre que debo ser gilipollas perdido, cogí las llaves y me fui, pero que sepáis una cosa, si hay alguien a quien la Trapote tenga envidia, es a mí, porque yo lo valgo.