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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Renacido


No es necesario recibir y superar el ataque de un oso para tener una profunda experiencia vital, o eso se supone, porque si no casi nadie tendría nunca la posibilidad de pasar por eso.

A veces hace falta mucho menos.

Desde un punto de vista filosófico, el antropólogo americano Lewis Morgan habló en su obra Las Sociedades Primitivas de tres estadios de evolución social (salvajismo, barbarie y civilización), influyendo luego en Engels para desarrollar más el concepto de materialismo histórico, en busca de una interpretación de la evolución social alejada de esquemas burgueses.

Sin osos ni nada.

Por otro lado, la evolución del ser humano como ser social, más allá de conceptos sacados del darwinismo, se basa en cambios de paradigma debido a hechos a gran escala (guerras, revoluciones, invasiones y demás respuestas sosegadas); aunque hayamos acabado en una versión algo más siniestra y autocomplaciente de 1984.

En ambos casos significaría que estamos sujetos o bien al capricho de la evolución o, peor aún, a las consecuencias de cambios a gran escala. Seríamos ramas arrastradas por la corriente, sin capacidad de reacción o interferencia con el mundo; pinceladas húmedas en el lienzo de una rígida obra de David, simplemente esperando a secarnos y pasar a formar una parte imperceptible de un canon invariable.

Por eso mismo, comprender hasta dónde llega el control que ejerces sobre tu vida es una forma de renacer sin que te ataque un oso. Cada paso cuenta, y la dirección hacia la que lo das la decides tú.

Como dijo Clint Eastwood, hay dos tipos de personas, las que tienen un arma y las que cavan.

¿De qué tipo quieres ser tú?

martes, 10 de febrero de 2015

Premios 20Blogs: No quisiera ser pesado, pero...


Acaban de ser los premios Grammy. De acuerdo, acabo de cumplir con la acotación mínima necesaria, ¿podemos olvidar ya el tema?

Casi calcando un pensamiento de mi profesora de Últimas Tendencias en el Arte, podemos echar un vistazo a la historia de la música y ver que, al igual que el resto, al liberarse de las directrices de sus comitentes (los que ponían el dinero, vamos), adquiere una autonomía que acaba cayendo en la aplastante dinámica capitalista.

Bueno, le he dado mi toque...

El caso es que una mercantilización del arte supone lo propio con la música, y una gala de la talla de los Grammy acaba (y prácticamente empieza) siendo un ejemplo de fabricación de ídolos. Es más, si a pesar de todo queréis enteraros un poco mejor de cómo fue la cosa, me limito a pasaros este genial enlace al blog Algo Más Que Rock And Roll, con nombres propios, imágenes, momentos destacados... una joya, vamos.

Y hablando de mercantilismo, ¿no queréis saber quién participa en los premios 20Blogs? 

Nah, es coña. 

Simplemente dejo aquí el enlace a mi candidatura, por si alguien decide votarme así como quien no quiere la cosa, y os dejo con esta preciosa canción de Adele que no se queda en lo superficial y plastificado de las grandes galas, merced también a su poderosa voz, que no corresponde a un talento artificial: Set fire to the rain.

Con letra y todo, para que luego digáis que no os cuido.

En el próximo capítulo: ¿Por qué todo el mundo odia a Peter Frampton?

martes, 23 de diciembre de 2014

Paraisos artificiales


Una frase.

Una simple frase es lo único que ha impedido que la canción prevista viniera con esta entrada, la previa a la 200.

La verdad, soy una persona bastante enfrentada a la dialéctica, y me gusta mucho más esta posición después de andar leyendo a marxistas muertos que ensalzaban a la misma clase obrera a la que párrafos después tachaban de hatajo de borregos estúpidos. ¿Y las palabras son su arma? Si pueden hacer eso con el lenguaje, es que Daniel Day-Lewis tenía razón y las palabras en realidad no significan nada.

Pero las palabras sí que tienen sentido. Un simple sonido puede convertirte en un ente en perpetua caída como el miliciano de Robert Capa, congelado en el momento exacto en el que la frontera entre tu mundo y otro se disipa. Da igual si algo tiene peso o no, porque ahora todo y nada lo tiene al mismo tiempo. Son días de lo efímero, donde las apariencias valen más que el resto, porque no importa lo rico, culto o viajado que seas; sino que lo parezcas más que nadie. Todo es artificial y los conceptos se difuminan, pero las fronteras siguen más patentes que nunca. Vivimos en el mal chiste que le contaría Jimenez Losantos a un internacionalista.


Basicamente es como Rob fingiendo ante Liz que le cuesta decir "te quiero" mientras se dice a sí mismo que solo a un gilipollas le costaría decir algo así. Y es cierto en muchos más sentidos. Decir algo no cuesta nada. Montar revueltas en Twitter es muy fácil. Hasta ese punto hemos banalizado el lenguaje.

Y mientras tanto las calles vacías.

Tal vez sea que el tiempo nos afecta a todos, que nuestra mente moldea las palabras con un torno distinto cada vez. Dan ganas de asomarse a la ventana y ver cómo la propia calle pasa por delante sin hacer nada. Tal vez los edificios que hay delante se derrumben con el tiempo y así seas capaz de notar algo, porque parece ser que lo tangible es inútil.

De momento yo no puedo con una sola frase y me quedo a la espera de la siguiente entrada con ella en la garganta. Sin salir por mi boca, sin traspasar la frontera de mis labios. Vigilante cual personaje de Alan Moore.

¿A veces ser feliz qué poco cuesta? No, a veces cuesta tanto...

viernes, 25 de marzo de 2011

Diez cosas que todos sabemos, pero no nos importan demasiado


1- Elvis está muerto, y no me refiero a que niegue la teoría de que ha fingido su propia muerte para escapar de su apabullante fama, y vivir el resto de su vida en una isla desierta sin complicaciones, sino a que, si la mañana del 16 de agosto de 1977 lo que hubiesen encontrado inconsciente en su cuarto de baño hubiese sido a un doble casi idéntico y con prácticamente su mismo ADN, teniendo en cuenta su adicción a la farlopa y su estado de salud a aquellas alturas, no habría durado mucho tiempo con vida en la isla desierta.

2- Prácticamente todas las multinacionales que se empeñan en ser conocidas por fabricar refrescos, hamburguesas o incluso juguetes para niños, se empeñan precisamente en que solo se les conozca por esto, y se pase por alto su actividad deforestando el Amazonas, o explotando a los nativos de algún país con una economía de subsistencia. Pero hablar de esto es muy triste, prefiero hacerlo sentado al lado de un payaso amarillo y comiéndome una suela de zapato con kétchup.

3- La emulsión de una película, dependiendo de la temperatura, puede quemarse o congelarse. En “Lawrence de Arabia”, tuvieron que filmar una puesta de sol falsa, porque si apuntaban con la cámara al Astro Rey, la película se quemaba. Sabiendo esto, y que, en la Luna, la temperatura puede oscilar entre los 180 y los -180 ºC, no es difícil suponer que la emulsión de la película se quemaría o se congelaría en el momento en el que saliese del sistema de refrigeración adecuado y comenzase a utilizarse. Con esto no niego que el Apolo 11 llegase a la luna en 1969. Lo que quiero decir es que lo más probable es que el vídeo, con frase para la historia incluida, sea un teatrillo a posteriori.

4- El grito de Tarzán es una mezcla del canto de una soprano y los sonidos de varios animales, entre ellos varias hienas, reproducidos al revés. Como dijo Leonardo Sbaraglia en “Concursante”, esto le hace a uno pensar qué se supone que gritaba Johnny Weissmüller mientras pululaba por los pasillos de un manicomio en México antes de morir.

5- Phil Collins no se retira, pero, como reza el título de esta lista, a estas alturas a nadie le importa. Después de todo, ¿quién escucha a Phil Collins hoy en día?

6- Leonardo DiCaprio es un buen actor, pero todos los que hemos visto “Titanic”, y el efecto que causó sobre las féminas (y algún que otro hombre), conocido como la “Leomanía”, hizo que comenzásemos a odiarle. Sin embargo, todos los que hemos odiado a Leo y, aun así, hemos decidido darle una segunda oportunidad, viendo “Infiltrados”, “Gangs of New York”, “Atrápame si puedes”, “El Aviador”, “Diamante de Sangre”, “Red de mentiras”, “Shutter Island”, “Revolutionary Road” u “Origen”, nos hemos dado cuenta de que nuestro odio era injustificado… pero esa epifanía dura exactamente hasta el momento en que recordamos las carpetas forradas con sus fotos. Luego, invariablemente, volvemos a pensar: “¡Será cabrón!”.

7- Con respecto al punto anterior, además de a DiCaprio, son muchos los actores a los que, en algún momento, acabamos minusvalorando: Brad Pitt, Johnny Depp, Viggo Mortensen, Tom Cruise… ¿qué tienen todos estos en común? Pues tampoco hace falta darle muchas vueltas para saberlo.

8- El mayor éxito de Stephen King no es una novela de terror, sino una saga de siete libros de fantasía épica llamada “La Torre Oscura”. Sin embargo, le seguiremos asociando con el género de terror hasta, como solía decir mi madre, que San Juan baje el dedo.

9- “Dragon Ball Z”, “Campeones” y “Doraemon” son series que trascienden la barrera generacional. Las han visto hermanos mayores y medianos, y ahora las están viendo los pequeños, y, curiosamente, a lo largo de ese lapso de tiempo, los padres han aguantado sin suicidarse.

10- Nobita, que así se llamaba el protagonista de “Doraemon”, no era un niño comatoso con una enfermedad terminal que lo soñó todo. Esto es un bulo que surgió en su momento, y llevó a la gente incluso a protestar ante los estudios de televisión, y a los creadores a emitir un comunicado asegurando que eso era mentira. En todo caso, uno de ellos murió, así que la serie no tiene final.
De forma idéntica a la anterior, pero con respecto a la serie “Campeones”, se generó una leyenda urbana que decía que Oliver Atom, en realidad, era un niño al que un camión había atropellado, quedando sin piernas como resultado del accidente, y que todo lo ocurrido en la serie era producto de su imaginación. Esto también es mentira, pero lo más seguro es que, la próxima vez que estemos en un bar, tomando una cerveza con un colega, le digamos: “¡Oye! ¿Sabías que Oliver Atom en realidad era un niño sin piernas que lo soñó todo?”.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Coged las rosas mientras podáis…


En la fotografía, Charles Bukowski, bebiendo licor en una habitación que es básicamente la pesadilla de cualquier madre.

La normalidad es un ser viejo y desfigurado, con el rostro marcado por el estigma de la rutina y el tedio. La normalidad es el enemigo natural de la vida, de la pasión y de las verdaderas aspiraciones, sepultadas por el criterio de quien nos domina. ¿Quieres ser normal? La normalidad acabará contigo, devorará tu carne y escupirá tus huesos. No seas normal, solo tienes que ser tú.

“No podemos remar en contra de nosotros mismos,
eso transforma la vida en un infierno.”


Walt Whitman