Mostrando entradas con la etiqueta mentiras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mentiras. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de enero de 2015

Hipócrita


Hoy toca dedicatoria otra vez.

Definió el lingüista Noam Chomsky la hipocresía como el hecho de no aplicar en nosotros mismos unos valores que sí aplicamos en los demás, lo cual es bastante honesto si tenemos valor para pensar que todos podemos ser hipócritas en algún momento.

Pero por mucho que trates de evitar enfrentarte a algo, no vas a poder esquivarlo. Tarde o temprano estaremos cara a cara, y me pregunto si entonces serás capaz de mirarme, porque vas a seguir debiéndome unas cuantas respuestas. ¿Crees que vas a hacer desaparecer todo lo que quiero saber y no me has dicho? ¿Que te miraré y se me olvidará todo?

Tu silencio dice más de lo que crees. Dice que no me puedo fiar de ti, que tu mentira sería mucho menos obvia si tuvieras valor para decirla, que te importa una mierda todas las veces que he visto cómo te sentías vulnerable, o dolida, o desesperada. Que puedes quitarte las lágrimas con la misma facilidad con la que te quitas una máscara.

Que no eres más que una hipócrita.

lunes, 11 de abril de 2011

Parental advisory


La forma habitual de educar a los niños entraña una curiosidad a la que no parece prestársele la atención merecida: mientras que, por un lado, se trata de inculcar un rechazo hacia la mentira, pasando desde casposas elocuciones como "las mentiras tienen las patas muy cortas" o "con la verdad se llega a todas partes" hasta castigos que penalizan dicha práctica; por otro lado se les miente constantemente.

Ya es un hecho tradicional el de hablar a los más pequeños de cosas como la existencia de seres (a veces tres, a veces uno, a veces humanos, a veces roedores...) que juzgan mágicamente su comportamiento y actuan en consecuencia, las vanas promesas sobre una futura ausencia de venganza física por algo que han hecho, o las titubeantes respuestas sobre el proceso de creación de un infante.

Por ejemplo, uno de los recuerdos que me acompañan desde primaria es un pacto que hizo mi padre conmigo: "si lo apruebas todo con buena nota te compro un ordenador". Nada más lejos de mi intención que presumir de mis habilidades académicas (las cuales parecen ya perdidas de forma irremediable) o menospreciar la visión de conjunto de mi progenitor, pero alcanzar dicha cota no representaba mucha dificultad para mí. El caso es que, cuando me presenté en casa con unas notas impolutas, os podéis imaginar cual fue la respuesta de mi padre.

Sobornos, mentiras, manipulación de mentes aún por formar... ¿y con este panorama a alguien le extraña cómo está el patio? Se puede aprender tanto de las generaciones pasadas...