Como dependiente de una tienda de discos, debería estar preocupado por internet. Si algunos "artistas", creadores de música, cine, libros... temen perder sus poderosas fortunas y su patrimonio a causa de los bandidos sin escrúpulos que os escondéis detrás de vuestras pantallas para robar, yo, que no soy más que un mindundi, debería estar ya escondido bajo la cama.
Una vez oí un ejemplo muy claro: cuando se inventó el vehículo motorizado, los fabricantes de carromatos no intentaron pararlo, quejándose de que "el coche está matando la industria de la carreta de bueyes". ¿Qué quiere decir esto? Que internet es una poderosísima herramienta, donde interactuamos millones de PERSONAS (lo cual a alguno de esos "artistas" se le ha olvidado de tanto utilizar calificativos como "internautas" o "piratas"), y que ofrece un montón de posibilidades (como la de comentar día a día mis desvaríos a quien le interese leerlos). Sin embargo, son cosas como esas las que podrían costarle el empleo a un vendedor de discos... o a un multimillonario intérprete.
Recientemente se ha unido a Spotify y demás aplicaciones por el estilo 24Symbols, un proyecto que propone el intercambio de ebooks entre sus usuarios, a cambio de algo de publicidad o del pago por una cuenta premium. Es un cambio en el modelo de mercado.
Estas salidas, junto al reaccionarismo de quienes creen en estancar el modelo de consumo, no son más que elementos superficiales. El cliente no tiene la capacidad de apropiarse del trabajo, sino que lo hace el empresario al convertirlo en mercancía. El productor discográfico, la plataforma de difusión, son lo que se lucra de la producción.
El problema no es el progreso, sino el capitalismo.