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domingo, 27 de marzo de 2011

Un día malo

Hoy he tenido un día malo. De esos en los que uno está pensando constantemente "¿para qué habré salido de la cama?". Sin embargo, no había causas concretas para ese malestar. Simplemente, al igual que parecía sucederle a todo el que se cruzaba conmigo, me sentía... desubicado.

No he tardado en atribuír esto al cambio de hora, ya que solo tengo esa sensación tan concreta sin causa justificada en dos ocasiones al año, y siempre coincide con el momento de atrasar o, como en este caso, adelantar relojes.

La cuestión es que había decidido utilizar este tema para mi actualización diaria. Entré en "Google imágenes" y escribí las palabras "mal día", en busca de una imagen que ilustrase mi entrada, y no he tenido que esforzarme mucho para encontrarme con esto:


Y, cuál ha sido mi sorpresa cuando, tras contemplar durante un par de segundos a Lady Gaga con el bañador de los vigilantes de la playa aderezado con un par de ceñidores, los guantes sacados del vestidor de Michael Jackson (q.e.p.d.) y la caperuza de caperucita roja (valga la redundancia), y con las piernas cubiertas con lo que parece un montón de pieles de pollo crudas (y eso que en esta foto no sale particularmente "arreglada"), me he dado cuenta de que ya no me sentía tan desubicado.

Así que mi briconsejo es el siguiente: cuando os sintáis raros, como si no fueseis vosotros mismos, hallaréis la cura inmediata al contemplar a alguien más raro todavía.

viernes, 11 de marzo de 2011

Humanidad propagandística

No hace mucho, en una entrevista, la famosa intérprete Mariah Carey dejó la siguiente perla para la posteridad: “Siempre que veo la tele y veo esos pobres niños hambrientos en todo el mundo, no puedo evitar llorar. Quiero decir, me encantaría ser así de flaquita, pero no con todas esas moscas, y muerte, y esas cosas”.

Ante semejante demostración de humanidad y de inteligencia, me ha dado por pensar en las ocasiones en las que la gente famosa trata de hacer un comentario que les vincule, aunque solo sea de palabra, con algún suceso terrible, y acaba metiendo la pata. La gente, que es jurado, juez y verdugo, aprovecha estas “cagadas humanitarias” para formarse su opinión sobre el famoso en cuestión, y el susodicho acaba quejándose por la reacción de los demás.

Como ejemplo más claro, famosos son ya los conocimientos de David Bisbal sobre la cultura egipcia y la situación del norte de África y Oriente Próximo, que nutrieron en Twitter el hashtag #turismobisbal (desatando también el ingenio de más de un componente de esta red social).

No está de más recordar que son productos de la cultura mainstream, serviles al sistema que les ha creado, cagándola, pero lo que de verdad debería analizarse es vivir en el sistema que genera todas estas miserias.

El caso es que a este tipo de famosos les gusta estar en boca de todos por sus aciertos, pero no soportan que se hable de ellos por sus errores, aunque el motivo por el que hayan cometido dichos errores sea para que se hablase de ellos por sus aciertos. En fin, ser famoso es un lío… ¡con lo bien que se está sin que a nadie le importe lo que digas o dejes de decir!