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sábado, 2 de mayo de 2015

Cumpleaños


Desde siempre ha habido dos clases de niños (visto a través de este prisma). Están los de los cumpleaños en cualquier mes menos Julio y Agosto, con sus fiestas multitudinarias y su tarta para todos. Y luego los demás, celebrando cada cumple en soledad porque todo el mundo está de vacaciones y la ciudad se ha convertido en Mordor después del señuelo.

Yo era (y soy) del segundo tipo.

Pero hay más clases de cumpleaños si nos ponemos en el lado del que felicita en lugar del felicitado. Los hay, por ejemplo, de compromiso, que gracias a las redes sociales se pueden resolver con un simple "¡Felicidades! Pásalo bien" (con carita sonriente opcional dependiendo del grado de compromiso). 

Hay también cumpleaños de famosos, que básicamente sirven para que la gente dé la nota en Facebook felicitando a un artista famoso que nunca lo va a leer y demostrando un gran bagaje cultural... o eso se creen.

Y cumpleaños de amigos y gente importante en nuestra vida, que de verdad significan algo, como el de ayer de Janis Joplin o el de hoy de Jello Biafra.

Hoy, si hay un cumpleaños que quiero recordar es el de mi tío, uno de todos los que tengo, pero con el mayor problema de fechas sin duda. Nació en abril, pero mi abuelo no estaba muy por la labor de ir al registro y se pasó un par de días, de modo que su cumpleaños, a efectos legales, acabó cayendo en 2 de mayo.

Esta vez es el primer cumpleaños de mi tío sin mi tío, y no quiero utilizar la típica frase de "allí donde estés", porque no sé si estará en algún sitio. Si hay un "allí donde estés" para la gente que vamos perdiendo, es en cada recuerdo, así que este es el mío para hoy, un tema de uno de sus discos favoritos

Felicidades. A los que están y a los que no.

sábado, 21 de marzo de 2015

Pressure drop


Se me acaba el mes y resulta que apenas he publicado.

Hace poco me dijeron una frase que quería compartir sobre cierto tipo de bloggers: Personas que terminan sacando una entrada para su blog de cada cosa que les pasa. En cierto modo es una verdad incuestionable, pero tiene muchas lecturas.

Por ejemplo, cada cosa que me pasa no es algo exclusivo de mi vida, sino que también han participado otras personas de un modo u otro. Cada cosa que me pasa tiene que ver con alguien, y nunca es solo fruto de mí mismo encerrado en la habitación y con la vista pegada a la pantalla. Pero existe una diferencia fundamental entre que te suceda algo y hacer que algo suceda, por lo que puede que un día acabes preguntándote cuál de esos dos tipos de persona quieres ser.

Hoy es el cumpleaños del conocido aquí como PSY, y bien podría ser el protagonista de una buena parte de esta semana en el blog, porque le pasan cosas, y porque hace que pasen cosas, y porque es uno de mis mejores amigos y estoy orgulloso por cada anécdota que tengamos en común.

Y como no tengo ni la más remota idea de qué música le gusta en realidad, pongo el Pressure drop, del genial directo de los Toots, muy recomendable si quieres un desahogo y un plus de ánimo para el día tan largo que te espera.

martes, 3 de febrero de 2015

Hoy va de cumpleaños


Y además por partida doble.

En primer lugar un gran amigo que nunca lee mi blog, así que ni se va a enterar. Cada vez que llega un día de estos me doy cuenta de lo viejos que nos vamos a hacer, aunque tú vayas en cabeza. Pero también se me ocurre que no nos haremos mucho más viejos si seguimos privando tanto... o qué coño, todavía somos jóvenes (tú ya no tanto).

En segundo lugar la enemiga del patriarcado, la que tiene su cafetal y tú ya no tienes nada, la chica con las articulaciones hechas puré de patata, la que vive en nuestra facultad aunque sea de otra, pero viene y nos canta canciones para alegrarnos el día (o no, según entone) porque sí, porque ella es así. 

Y ya sabéis mi querencia por los seudónimos, así que... Feliz cumpleaños a Erich Honecker (no era músico, pero bueno...) y Bob Dylan de joven (aunque con más pelo).

Os deseo lo mejor con este himno inmortal de los cumpleaños:

jueves, 14 de julio de 2011

Cumpleaños: la frontera que separa un regalo de un castigo


Hoy, queridos usuarios, cumplo 21 años. 

En un principio, pensé que no iba a poder actualizar, pero, entre el barullo de llamadas y mensajes típico de este día, he encontrado tiempo para sentarme frente al ordenador y vomitar estas líneas bajo la atenta mirada de Gizmo. Al fin y al cabo, ¿qué mejor ejemplo de regalos que más valdría no recibir jamás que una de estas criaturas?

La regla de oro de un cumpleaños, o de cualquier fiesta en la que sea habitual recibir algún obsequio, es que siempre vamos a recibir algo que:
A- Jamás necesitaremos.
B- Jamás utilizaríamos en nuestro sano juicio.
C- Ni nos hace falta ni lo querríamos llegado el caso.

En más de una ocasión, se trata de regalos hechos por gente que te conoce lo suficiente como para hacerte un regalo, pero no tanto como para saber qué regalarte. ¿Cuál es el resultado habitual? Un cenicero con un rastafari de arcilla y un problema menos para cuando llegue el momento en el que nos encontremos en la tesitura del emisor (no os engañéis: por mucho que intentéis evitarlo, ese momento llegará).

Sin embargo, y lo más raro de todo este asunto, es que la mayoría de las veces este tipo de regalos; como en la propia Gremlins, del popularizador del estilo "Burton-pre-Planeta-de-los-Simios/Raimi-pre-Spiderman/Jackson-pre-Criaturas-Celestiales" Joe Dante; provienen de alguien tan cercano que el propio hecho de haber recibido semejante lo-que-sea soprende más que el objeto en sí.

Pongo como ejemplo a mi primo, que puedo decir sin temor a equivocarme que conoce todo mi fondo de armario (que ni es tan extenso como el de Paris Hilton ni tan reducido como el de Barragán), e incluso que compartimos cierta afinidad al vestir. Pues va el tio (es decir, primo) y me regala unos pantalones de pitillo, prenda que no he utilizado en mi vida, ni siquiera en mi etapa "puro heavy metal".

La pregunta que os hacéis todos, y estáis esperando que yo mencione, es esta: ¿cómo reaccionar a semejante "zas, en toda la boca"? Pues solo hay dos opciones:
1- Asumir que entre tú y tu familiar/amistad/pareja hay la suficiente confianza como para que puedas ser tú mismo y decir sin miedo a represalias que el regalo no te gusta, pero que agradeces su intención, ya que en el fondo lo más importante es el detalle que ha tenido esa persona de, aunque solo sea por un efímero instante en su vida, hacer algo por tí con la única pretensión de hacerte feliz. Esta opción, sorpresas de la vida, está en desuso.

2- Poner la mejor cara que puedas y rezar para que el ticket esté en la bolsa. Logicamente, esta es la más utilizada, porque sí, tú te llevas un regalo de mierda, ¿pero te imaginas la cara de satisfacción que pondrás cuando le entregues a esa misma persona, por decir algo, un disco de los Pitufos?