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jueves, 1 de septiembre de 2016

Lavados de cara


El otro día hice algo que llevaba pensando hacer bastante tiempo.

Todo empezó hace ya siete años, cuando yo; un yo más joven, uno que pensaba que estudiar Derecho sería genial para poder entender el sistema y cambiarlo (es curioso, pero abunda la gente más o menos del rollo que quiere ser jurista), y cosas así; empezaba mi primera semana, no solo como estudiante universitario, sino también como alumno de Derecho, justo lo que quería. Fue una hostia limpia, sin atenuantes.

Creo que nunca he tardado menos en desilusionarme por algo y dedicarme a pintar el pupitre pensando en mis mierdas.

La verdad es que, siendo justo, todo me parecía bastante curioso: Había personajes de todos los tipos, un poco de gente maja, mecheros del PP, tacones de aguja resonando en la biblioteca, un montón de clasismo, peña del Opus… El caso es que empecé a escribir una especie de diario en el que, básicamente, me dedicaba a detallar las cosas más raras que me pasaban cada día. Llevaba un ritmo rápido, y un mes después ya tenía un texto de unas cien páginas de Word repleto de chorradas. Pero lo dejé. Se me quitaron las ganas de seguir con eso, y al cabo de más tiempo se me quitaron las ganas de todo. No soportaba a la mitad de la gente de por allí, y a la mayoría de la otra mitad ni siquiera la conocía, pero lo que veía no me gustaba una mierda. Pronto empecé a tener pesadillas sobre pasar el resto de mi existencia encerrado en un cubículo gris, tramitando a saber qué día tras día hasta que desapareciese cualquier deseo de vivir.

Parece mentira que haya pasado tan poco tiempo, la verdad.

Lo que importa es que no tardé en cambiar de carrera y conseguir que me volviera un poco la camisa al cuerpo, tanto que, cuando por 2010 encontré el enorme archivo con el diario de mi primer mes en Derecho, no me deprimí pensando en la mierda que me parecía todo por entonces, sino que me reí. Me gustó tanto que decidí aprovecharlo para escribir sobre una persona aparentemente normal, pero bastante jodida por dentro. Un estudiante de derecho. Uno que trabajase en algo que a mí siempre me hubiera gustado tener, como una tienda de discos, y que pareciera poseer las sencillas cosas que tal vez hubiesen hecho feliz a cualquier otro, pero no a él.

Así nació Diario de un dependiente, la novela y el blog. Me gustaba el personaje, y la música más todavía, así que decidí jugar a creérmelo un poco, y por eso monté este espacio.

Desde entonces hasta el otro día, esto se ha mantenido así, con un montón de placenteras divagaciones sobre gilipolleces que no tenían que ver con nada, pero también con música, mucha y de muchos tipos (y muy música). Vídeos, análisis de conciertos, videoclips, géneros… Incluso una estética relacionada con discos, y un logotipo bien chulo para estar hecho con el Paint. Me gustaba, pero llevaba tiempo pensando en cambiarlo por un motivo principal (aparte de porque me daba la gana): este sitio ya no es así. Ya no es solo eso. No es una pequeña ventana abierta al interior de un personaje inventado, ni un simple sitio en el que hablar de música en plan random y nada más. Este lugar tiene que contemplar muchas más cosas que Diario de un dependiente, y espero que yo también.

Además, es que me daba la gana, joder.

Por lo pronto, ya tengo una nueva novela terminada y corregida, a la espera de unos últimos detalles para su publicación. Con el paso del tiempo os iréis enterando de más cosas al respecto; pero de momento quiero regalaros algo.

Hasta nuevo aviso, en el enlace que pondré al final de esta entrada se podrá descargar de forma totalmente gratuita la versión revisada de mi novela Diario de un dependiente, en formato pdf, con nueva cubierta incluida.

Además, iré recordando periódicamente el enlace tanto en Twitter (hipervínculo con enlace a mi cuenta) como en Facebook (hipervínculo a la página de mi blog).

Por último, le he dado igual más bombo del que tiene, porque es un simple cambio de imagen y leve cambio de nombre (¿Por qué Diario de Mr. Rig? Pues porque es mi nombre de usuario, y ya está), así que quiero aclarar que no va a haber un cambio drástico en mis publicaciones. Yo sigo siendo quien escribe, así que el resultado poco va a variar, digo…

Por último, muchas gracias a todas las personas que me habéis acompañado desde 2011 en este blog, y espero que sigáis pululando por aquí. A quienes lleguéis de nuevas, tenéis mi más sincera bienvenida. Espero que disfrutéis tanto leyendo como yo escribiendo, por lo menos.

Y a quien no le guste…

martes, 16 de febrero de 2016

Frances Farmer Will Have Her Revenge on Seattle


Hace un montón de años, había en mi barrio un señor mayor, don Paco, que odiaba que lo llamasen así.

Don Paco, no señor mayor, aunque a lo mejor en sus oídos sonaba igual.

El caso es que un día, un amigo mío no tan mayor como hoy se cruzó con él por la calle y, como tantas y tantas veces, saludó “buenos días, don Paco”, a lo que el carcamal, sin cortarse un pelo, respondió con un bastonazo dirigido a la sien de mi colega, que apenas lo hubo esquivado tuvo que dar un salto, porque el mismo bastón volaba esta vez hacia sus tibias.

Dejando a un lado los días en los que un anciano podía ir por la calle agrediendo niños ajenos con total impunidad, supongo que su ira se debía a ese gesto de deferencia como algo propio de la edad, un recordatorio de que ya no era un niño de los que hacían enloquecer a los viejos chochos del barrio en los tiempos en los que todo era campo.

A nadie le gusta sentir que sus días han pasado, da igual que ahora tengas la edad que tengas tienes más esperanza de vida que un recién nacido de hace doscientos años, porque el cerebro te pide que vivas lo que sea mientras que la naturaleza trata de suprimir tu anormal longevidad.

Así que haz como don Paco (que a día de hoy ya estará muerto) y aprovecha cada minuto, negándote a consumirte del todo... pero no pegues a los niños si algún día te recuerdan lo que eres.

In memoriam:

viernes, 2 de noviembre de 2012

De rama en rama


Hay momentos que te marcan de por vida. Es un hecho innegable.

En 1932, sale al público, de la mano de la entonces todopoderosa MGM, "Tarzán de los monos", con el famoso nadador estadounidense (aunque de raíces austriacas) Johnny Weissmüller en el papel principal. El campeón y recordman olímpico se gustó en el papel de Tarzán, y no solo eso, sino que también caló en el público. Acabó protagonizando una docena de películas sobre el rey de los monos, además de convirtiéndose en su intérprete más famoso.

En los últimos momentos de su vida, el deportista y actor deambuló por los pasillos de un psiquiátrico, con la salud destrozada y arrastrando una potente demencia, pues su personaje más célebre acabó por poseerlo. El antaño rey de la selva, convencido de seguir siéndolo, se dedicaba a aterrorizar al personal de la institución mental, profiriendo una y otra vez su famoso grito en forma de gemidos agónicos.

Un simple hito marca la diferencia entre el ascenso y la caída, y, mientras rodamos cuesta abajo, no dejamos de preguntarnos si podríamos hacer algo que pusiera fin al descenso, que nos devolviese de nuevo a esa cumbre que ya nunca alcanzaremos.

Hay momentos que te marcan de por vida.

jueves, 19 de mayo de 2011

Reveses políticos


El sábado pasado (15.05.11), una serie de manifestaciones se sucedieron en todo el país. Sus participantes no eran afiliados a una etiqueta (llámala "ideología", llámala "partido"), sino gente de variada opinión, cuyo deseo era (y es) una mayor implicación de los ciudadanos en la democracia.

En primer lugar, esto llega tarde. Varios siglos tarde. Incluso algún milenio, si nos ponemos tontorrones. No habría sido necesario indignarnos ahora si, cientos de miles de generaciones atrás, las cosas se hubiesen hecho un poco mejor... pero claro, eso es mucho remontarse. De nada sirve pensar en lo que pudo haberse hecho en el pasado.

En segundo lugar, hacer una socialdemocracia más participativa no soluciona nada, dado que es el Estado y la burguesía quien nos oprime. Comparto que haga falta por lo menos un mínimo cambio, y animo a la gente a que participe y se signifique, pero no desterremos signos políticos, ni confundamos la política con el Juego de Tronos institucional.
Me alegra el cambio, tal vez por lo menos podamos partir de eliminar el régimen heredado del franquismo y cambiar nuestras condiciones materiales para poder luchar. Pero no es un movimiento apolítico, no puede serlo, porque el apoliticismo no existe. Todo lo que hacemos es político, porque somos seres sociales.

No sé, parece que hay una cierta conciencia despertando en la gente, y eso siempre resulta emocionante de algún modo.