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Mostrando las entradas etiquetadas como VALENTE

“A las niñas les crecen largas piernas..."

¿Me apoyo en mi poesía para meditar o medito como apoyo a mi poesía? No lo sé. En todo caso, sí que percibo que antes del poema hay un silencio hermoso, y que el poema en su cauce me lleva de nuevo a ese silencio después de las palabras, brillando con su forma en el papel blanquísimo. ¿Es el poema, entonces, el silencio que lo trajo y el que lo dejó atrás… o es el plazo en el que se hace dibujo de palabras como un frenesí? A mí me gustaría que el poema fuese todo: el silencio, el coito de la mente con el trazo, el silencio otra vez, la recreación por otro o por mí mismo, la interpretación por otro o por mí mismo, el silencio de nuevo y una muerte plural que lo deshaga. ••• Mi problema es el tiempo [este tiempo en el que intento multiplicarme y me divido o me sustraigo]. Querría estar pensando y escribiendo doce horas diarias, pues es mi fortaleza y mi salvación como hombre, pero me puede esta labor de taxista/taxidermista/hombreparatodo mediocre en la que estoy metido. Para ejemplo, un...

Lunares.

Hay lunares para todos los cuerpos de faralaes. Por ejemplo, amigo Pablo, el par de lunares de E. Medel [enormes sobre el cuerpo embikinado de su poesía- –proesía–]… o los lunares móviles del cuerpo bizantino y muerto de Pepe Hierro [que no era peor que José Ángel Valente, pero sí mucho más majete]… o el lunar de la Pizarnik cuando escribe “no sé si amo u odio… eres muy capaz de suicidarte, no por lo que eres sino por lo que no eres…”… o esa galaxia de lunares itinerantes que corren desde tu hermano Diego hacia mí y luego regresan [entrañables lunares que más que de melamina están hechos de silencios]… o los lunares blancos de aquel grito Pavese en forma de pregunta [“¿O no es quizá la verdadera caridad este lanzamiento violento de sí mismo?”]… o ese lunar canalla que corola algún pecho de mujer deseada… o el lunar del rijoso personaje mediocre que medra y lo tatúa… o el lunar infinito de Youssouph o Malick… o el lunar del dinero [postizo y practicable, como la peor poesía]. Conozco mi...

Zhao Jingshen

Ayer, a última hora, vinieron a visitarme Mari Sol, Urceloy y su hija Julia –encantadores, como siempre–, como los Reyes Magos, cargados con un delicioso queso de Cabrales y con una botellota de tequila reposado «Mayorazgo» que Mari Sol me ha traído de su periplo mejicano... también traían un recorte de prensa graciosísismo en el que mi libro «El gato sólo quería a Harry» figuraba como el cuarto más vendido en el apartado de poesía durante el mes de agosto –ja, ja, ja....–, nada menos que por delante de Edmond Jabes, Valente y el colega de Cuenca... Para partirse el culo o para darse cuenta de que uno tiene colegas por ahí que le cuelan de mentirijilla en estas listas. Salimos de marcheta corta –estábamos todos derrotaditos– y pillamos cama a la primera excusa. Me acordé un montón de mi Morante –cómo le echo de menos últimamente. (11:30 horas) Murió Hilario Camacho y en mi casa hay otro vacío pequeñito en el que aguardarle. Su recuerdo permanece vivo en mi discoteca breve y en mi álbum...