Aún andan cayendo los pétalos incompletos de la flor de Tomas Moro, aquella que tomó el nombre de utopía [luego existió como Ìtaca] y que nos ha servido para seguir andando, a pesar de que cada paso que das hacia ella te separa otro paso más. Yo siempre fui seducido por su eco, captado por su promesa y muerto de fe. Hoy vuelvo a necesitarla, vuelvo a necesitar que me impela su potencia y que me ilusione su consecución, vuelvo a necesitar su pulsión y esa tensión que siempre va pareja a ella. Ahora quiero ‘intención’, la necesito para empezar de nuevo, y la tendré. Necesito idear una alternativa rebelde para creer y crecer en ella, trabajar ya en el ‘podría ser’ para que mis músculos pillen de nuevo el tono... y es que siento insatisfacción por todo mi cuerpo, insatisfacción y abulia [solo debe servirme la insatisfacción, solo ella]. Debo buscar lucidez para imaginar una realidad nueva, y ponerme a trabajar en ella como un jodido poseso, caminar, no parar nunca hasta conseguir un sueño ...
Bitácora de Luis Felipe Comendador