Declarar el gusto por algo dicho o escrito por otro es una concesión por parte de quien lo declara, y también una debilidad. Ahí nace la alienación, en ese justo lugar y en ese justo instante… de ahí procede la creencia y el espíritu de la secta, de mostrar y demostrar el gusto por algo que dijo o escribió otro y de defenderlo ante los demás hasta llegar a no conceder espacios de crítica. Esto es muy sutil en literatura o en arte, pero en el campo de la política o en los campos espirituales de las religiones se hace muy patente con altas dosis de intolerancia y mucho énfasis puesto en la toma de poder. Expreso esto porque ayer tuve oportunidad de asistir a una disputa que fue creciendo y, gracias a los hados, terminó solo en malas caras. El ancianito recalcitrante y solitario de siempre, el que me trae loco con su soledad mal llevada, se acercó a mí con el recorte de un artículo de opinión publicado en ABC para que lo leyera. Yo me excusé porque no llevaba mis gafas de leer, pero mi co...
Bitácora de Luis Felipe Comendador