Metáfora y concepto, pensamiento y poema, realidad y placer, razonamiento y sueños… la Poesía y la Filosofía dialogan constantemente, a pesar de la tendencia [presuntamente] imitativa de la primera y de la empecinada y seca búsqueda de la verdad de la segunda [Platón ya admiraba a los poetas de verdadera inspiración porque eran capaces de decir “cosas de tanto precio y valor” sin tener que esperar a la prueba de validez que aporta la razón, otorgándoles una suerte de lucidez irracional cercana a “la locura de los dioses”… y a más fue Hölderlin cuando enunció en ‘Hiperión’ que “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa”]. En el decurso del tiempo, las verdades poéticas [a veces mejores que las del filósofo] llegan sin pensar, es decir, por ‘inspiración’, circunstancia que se produce por un estado alterado del espíritu y no por un proceso racional y metódico… y desde aquí se llega [se debe llegar siempre que, hablando de un poeta, hablemos de un buen poeta, y no de otr...
Bitácora de Luis Felipe Comendador