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Mostrando las entradas etiquetadas como PEDRO CUBINO

O me rompo o reluzco.

Ayer me quedó relatar el peloteo magnífico con un balón de fútbol de Manolo Pavón y Pedrito Cubino junto a otros sesentones en la Plaza Mayor [los jacintos], mientras el gachupino del balcón sobre el segundo arco tenía puesta a tope su música jevilona con las puertas abiertas hasta atrás.. una estampa para haberla fotografiado, coño… pero no llevaba mi cámara. ••• Asiduos de esta patria, gente buena que extrañamente juega a desfigurarme recibiéndome, os quiero hacer partícipes de que el próximo amanecer me haré de porcelana con dos faunos polícromos de trazo delicado esmaltando mi espalda a puro fuego de horno. Tomo esta decisión porque estoy agotado de ser de carne y huesos, de envejecer al costado sombrío de los árboles y de perder mi cabellera con los días. No cambiará demasiado mi voz, aunque habrá un eco interior imperceptible. Seré de piedra hecha, artificial entero, igual que un arlequín vaciado en Castro o una taza de Petri. Contendré lo que llegue, pues ya seré vasija, y tende...

Deliciosos Delinqüentes [disco dedicado para Antonio G. Turrión, Lorena Pajares y Alberto Hernández]

••• "... te digo que no, yo no puedo quedarme aquí, si tú quieres, quédate tú, esta vida no es para mí. Yo quiero vivir... Busco libertad, amigo mío, tengo que volar Tengo que volar, tengo que volar..." ••• Por fin me desaté y dejé que mi cabello volase con el viento de la noche, mientras unas breves gotitas de lluvia me ponían justito en las ganas precisas. Los Delinqüentes me arrancaron de bien adentro el optimismo y las ganas, y salté, y bailé, y me pensé sin problemas y sin cuitas, mientras Guillermo me decía agotadito: “¿cuántas canciones quedan, papá?”. Béjar y su comarca han estado en la calle como nunca, disfrutando… y yo casi me lo pierdo. Hoy, para rematar, comeré con mi amigacho Paquito Ortega [que me ha invitado] y luego asistiré a su concierto con el alma abiertita de par en par para quedarme con ese ‘más’ que me dará energía para unos meses. Y a primera hora, pues que me llamó Albertito (Halarberito) desde Xi’an, donde se encuentra ahora para asistir a la reunió...

“Maldita mosca… ¿de qué crees que viven?”

“Maldita mosca… ¿de qué crees que viven?” [de “La ofensiva de Tembleque”. Novela aleatoria de José Mayoral] Hay cierto azar de los cigarros usados en los ceniceros que me vuelve loco: ninguno igual y todos a medio incinerar, tal que los hombres, apilados sin orden como un contador de mi tiempo mucho más exacto que el reloj… y mejor, pues los cigarros convertidos en colillas resumen siempre tiempo real, tiempo vivido, tiempo fumado. No tengo tabaco, joder, y ya estoy poniéndome nervioso… bueno, sí, aún quedan las veintitrés colillas aparcadas en el cenicero. Una destaca sobre las demás [dos centímetros de blanco antes de la arruguita grisácea de apagado] y la pillo goloso para encenderla con mi Zippo del 76. ¡Hostia!, qué rica… hummm… a veces es extraordinario dejar un cigarrillo a medias para asegurarse un poquito el futuro. Y estaba nublado, pero no arrancaba a llover, y me desabroché los dos botones superiores de mi camisa negra y con la mano ensortijé el vello de mi pecho [quizás al...

Las soledades que saben agradecer la compañía pequeñita.

Cuando Paquito Ortega me dijo que somos soledades que saben agradecer la compañía pequeñita, ya andaba el concierto Serrat&Sabina con el pirata cojo con pata de palo, con cara de malo… Yo me quedé pensando como colgado entre las palabras sentidas de mi amigo y la letra machacona de la canción… el pirata solo, con cara de malo, sin pata de palo… el pirata cojo, con cara de malo, con pata de solo… el pirata rojo, con cara de solo… Me divertí como hacía meses, disfruté de mi gente especial, salté, grité, bailé y pillé cierto puntito entre cándido y salvaje… el pirata solo, con cara de raro. Entre la multitud –que lo era– me topé con un poeta antiguo del que no pude recordar el nombre ni antes [ayer] ni ahora [iba con una moza que se empeñó enseguida en dejarme claro que era la directora de Tribuna… encantado, coño, encantado… y salí pitando, que me da canguelo todo lo que huele a prensa]; achuché a Paco Novelty y a su eternamente bella Marina [una dulzura mágica la de esa mujer], fumé...

Eso...

Las cenas pantagruélicas de otros, el alcohol del estío, la rodilla derecha que se duerme por falta de riego, el pan a las dos, el circo de la gente, el calor asfixiante de mi local a veces, la carita de niña de mi hija, el ardor en la esquina siguiente, la prisa para todo en un ‘pornada’, la ingratitud aneja, el sabor a sordina de algunas ‘amistades’, la presión a deshora, el culo memorable de una mujer que caminó delante de mí esta tarde, lo gris en todas partes, un poema de Rilke que no atino a entender, el recuerdo de un antes que ya se ha hecho nunca, las sonrisas más falsas, el rencor como salida extraña, la política, el sudor frío de ayer, soñar en alto igual que anteanoche, el fresco de las sábanas, un cuerpo, la voz de cada uno, la de todos, el tridente del Barça, castañuelas, olivas con anchoas, Cubino por la tarde gesticulando un poco, el ardor, el amor, las canciones de Madeleine y un poco de rubor para la cena. De LECTORAS

Hasta donde lleguemos...

Ayer comí con Paco Ortega [y su mirada canalla], con Anita [y su generoso escote] y con Pedrillo Cubino [bienhechor del sarao –mil gracias–]. Y dio la cosa para un ratito de relax molón, pues, entre otras cosas, a Paco le llamó la bella Mónica Molina cuando iba a arrancarse en un florerito de anécdotas con protagonismo Sabina en el escenario de su biblioteca [también hubo lugar para Camarón, el taxista de Camarón y la floripondista María Jiménez]… y Ana en tiernecito mirando a un bebé [yo también me encandilé del crío], y Pedrito gesticulando, como para alzar el vuelo, mientras nos relataba su gatomaquia y su murcielagofobia con ese énfasis magnífico y cubinero que siempre pone en las cosas. Las viandas, a fuer de raras, no estaban malas [solo memoricé del menú la palabra “reno”], y mira que yo soy especial para esto del meter por boca. El caso es que los colegas propiciaron que mi estresado mosqueo tomase itinerancia y cogiera descanso [no en vano llegaba de una reunión tensa con los ...

Dos no riñen si uno no quiere...

Un silencio forzado de tres días que me han dolido tanto como un jodido dolor de muelas. Todo culpa del trabajo estresante y de algunos tocapelotas empeñados en medrar con cosas insignificantes [el buen medrador lo hace todo a lo grande]. En fin, que me jode el silencio diarístico igual que me jode sentirme mayor por las mañanas o mirar a una mujer bella y no sentir nada. El resumen de los tres días pasados es casi de monografía hostelera [mejor decir hospedera]. Tensión para llegar al final de un principio que iba a salir bien se hiciera lo que se hiciera . El caso es que escribí hace dos días una entrada fallida al respecto que encorcheto debajo, pues me parece idóneo recuperar palabras: [Cuando llega don Francisco es la revolución con toma de La Bastilla incluida… todos anudan sus corbatas y ponen en tensión sus músculos, hay carreras y rumores, absurdos aires de cambio y mil ridículos temores, actos de fe y demasiadas oraciones lanzadas a no sé dónde… Yo, sin embargo, no conozco a ...

hoy no ha pasado nada...

Quitando que me escribió Higinio Cascón con afecto desde su envidiable refugio mallorquín, que me llamó Cesarín con risas y algún guiño, que tomé café con un Albertito descuidado [eso decía él], con Ana y con Pedrito Cubino; que me visitó Antonio G. Con sus cosas de siempre, que me llamó Paquito Ortega para enchufarme afecto, que me acordé de Belén un par de veces, que me besaron mis mariángeles y mis chicos cuando llegué a casa, que comí con mi hermana macarrones con queso, que me llamó mi madre desde el centro de Oviedo, que pillé una edición hermosísima y vieja de un cómic de ‘El Capitán Trueno’, que me reí de ver cómo el Rey se mosquea por los chistes del príncipe, que se fue don Piqué del PP neofascista, que Ricardo se fue de viaje a Zamora, que cobré algo de la extra, que diseñé con prisa dos cubiertas y una carta menú de lujo nubio, que vi unas bragas rosa oreándose tranquilas en una ventanuca de la calle Mayor, que me fijé en la nieta de Sacho (+) [¡vaya moza!], que me senté en...

Paquito... tan de nosotros siempre...

Estuvo mi Paco Ortega, ‘tan de nosotros’, paseando con su sonrisa la perla roja. Vino el colega a verme desde el merengue que lleva siendo Madrid desde hace días y comimos rechulo en el Cubino con la corrobla cipriana y mi Ricardo fiestero. Hablamos de la ciudad, de su futuro, de la fuerza que viene… tan necesaria, de sembrar con razones raíces largas y del afecto exacto que nos reúne. Tocamos sin querer a Jesús Márquez, cartero eventual que canta a ratos; hablamos de Sabina y de Wyoming, de Jeager y del buen Amancio Prada… Trotamos la ciudad sin estridencias, con sonrisas abiertas al futuro, y vimos que en el centro de la nada hay algo que nos une aunque sea tarde. Se fue y me prometió volver ya mismo con su jopo de fiesta y sus canciones, que siempre se resuelven en delicias. Fue perfecto el encuentro, entre otras cosas, porque Paco es experto en ser amigo. De Tontopoemas ©...

Hay que mirar lo positivo de lo negativo... y viceversa.

Anoto como recibido el libro “Relatos relámpago”, de la colección ‘La Gaveta’, con prólogo de Luis Landero y textos de José Mª. Cumbreño, Pilar Galán, Elena García de Paredes, Francisco Rodríguez Criado y Juan Ramón Santos. La edición es gustosita y el contenido parece chulo [estoy leyendo]. Gracias a José Mª. Por acordarse de este lector extraviado. (17:36 horas) Entre tarjetas de boda, una encuadernación y tres clientes despistados se me jodió la mañana creativa que tenía prevista. No importó, porque me llamó mi Ángeles para que fuera a saludar al monjerío, que hoy celebraba medalla municipal con merienda incluida [felicidades a las monjitas y a seguir creciendo]. Me acerqué al sarao con el fin de abrazar a mi sor Pino, una mujer de danza flamenca y reaños guardeses con la que me llevé de maravilla mientras colaboramos en eso que se ha dado en llamar ‘comunidad educativa’. Estaba guapa y feliz. Junto a ellas, las fuerzas vivas a tope y a saco [unos y otros], de domingo y de uniforme…...

Nunca se me caen los anillos... porque no llevo.

Me encanta que mi David Torres esté vivo y veloz, con más cintura que su púgil literario, pero con el mismo encaje. Sí me jode que meta en el mismo saco a la marasma fascista y a los colegas sociatas, pero me rasco y ya está, porque reconozco puntito de razón en la crítica. Un beso para el tipo duro [sé que a los tipos duros les joden los besos de ositos como yo... ja, ja, ja...] y mi perseverancia de que le den bien por el culo a «El Mundo» y al cacho carne baboso que lo dirige [PJR]. Ojo, pero eso no quita la simpatía, el afecto y la afición que le tengo yo a mi vicenadalino de letra clara y de palabras lúcidas [sobre todo en los programas Dragó telemadriles con noble hierático]. Queda en pie ese encuentro bejarano con ron añejo y patatas bravas. Besos otra vez, tío. (18:05 horas) A las cuatro y media llegué a la sobremesa del cocido Hontiveros [me había invitado el hombre y pasé, que no me gusta nada comer fuera de casa]; allí estaban José Luis Rodríguez Antúnez [este tipo está crec...