Quiero detenerme hoy un poquito más, que tengo algo de tiempo, en mi percepción del trabajo de La Negra y de su concierto en Béjar, ya que ayer expresé que ‘me dejó un poquinín fus’. Lo primero es que el público yo creo que no era el adecuado [quizás hasta me incluya], pues la oferta artística es difícil y hasta arriesgada [con todo lo que ello conlleva de valor]. Si tomo el trío de músicos que acompañaba, solo puedo decir que me parecieron magníficos, sobresalientes; y si hablo de la voz de La Negra, a pelo, puedo calificarla como sugerente, hermosa, elegante [me emocionaban esos finales de fraseo que la artista dejaba en puro susurro de aire saliendo]. Hasta aquí, todo perfecto. Pero hay algo que me chocó [quizás por mi poca formación musical], y fue cierta rotura en el contrapunto que la voz ofrecía a la música y, sobre todo [yo nado en las palabras cada día], un repertorio en el que las letras no estaban a la altura de aquella voz y de aquel sonido instrumental. La Negra es grande,...
Bitácora de Luis Felipe Comendador