Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como MIGUEL D'ORS

El jodido número cincuenta y tres.

Me desperté pensando en el número cincuenta y tres, así, sin más. Aguanté en la cama como un cuarto de hora mientras oía el golpeo feroz de la lluvia en el tejado, y en mi cabeza seguía con el número cincuenta y tres estableciéndose en cábala... “53... 5+3=8... 8=un cero subido a un cero... 0+0=0... 5x3=15... 1+5=6... el 6 es un 9 invertido, que es mi número de la suerte, el que siempre llevé en las camisetas de basket cuando hacía deporte... 5-3=2... 2=1+1... 1= YO... 2=YO+YO...”... así el cuarto de hora despierto en mi cama... luego me levanté. La lluvia proseguía atacando al tejado con fiereza. Una ducha, un desayuno frugal, un cepillado de dientes mirándome el rostro en el espejo del baño... y a la calle. Van a ser cincuenta y tres años atado a este paisaje y a esta gente, cincuenta y tres años en los que solo puedo contar pequeñas huidas y algunos ataques de inestabilidad, pero no me siento mayor si dejo de lado el rastro de los avisos de la física y la química de mi cuerpo, pues...

John Keats

Llamada de Morante con promesa de visita en las fechas navideñas –¡¡¡Albricias!!!– y con el comentario de que Miguel d’Ors anda molesto conmigo porque no ha salido su libro «Virutas de taller», que era una edición de la colección «4 Estaciones» dirigida por Lara Cantizani y perteneciente al ayuntamiento de Lucena. Por dejar aclarado el asunto, apunto en estas páginas mi visión de la jugada: 1. Se me encarga como impresor –por llamada directa de Lara– la edición de ese libro hace aproximadamente un año y medio, circunstancia que le comunico a Antonio Garrido con el fin de que atienda a la maquetación hasta arte final del mismo –yo apenas estoy en el asunto, pues mis labores en la imprenta son otras. 2. El libro se maqueta a partir de un original enviado directamente por Miguel d’Ors a Lara en un documento word que no resulta compatible con el sistema operativo de Mac, que es el que utilizamos en la imprenta, perdiéndose en el tratamiento tipográfico realizado por el autor todas las curs...

Mencio

Me llamó José Luis Morante y lo agradecí un montón, pues andaba con muchas ganas de volver a conectar con mi amigo del alma -yo le había llamado varias veces a su casa, pero andaba de vacaciones y fue imposible el contacto–. Le percibí con ganas, con muchas ganas, pero con el jodido peso de un montón de «demás» a cuestas. hablamos de la vida –de nuestras vidas–, del comienzo del curso, de la responsabilidad del enseñante y de cómo una decisión en los cursos menores puede truncar la vida de un chaval o cambiarla en un giro de 180 grados, de la cuesta familiar que son los hijos y los padres, del tiempo que nos queda, de los «amigos» que sólo resultan ser conocidos accidentales con un puñal en la mano, de buscar un día para vernos y charlar. También me recordó a Lara Cantizani, del que no sé nada desde hace un montón de tiempo a pesar de que tengo un libro de su colección listo para entrar en máquinas desde hace meses sin recibir el visto bueno –es un libro de Miguel D’Ors, un diario de c...