Fue un enredo previsible el de la obra de Sir Alan Ayckbourn [“Un enredo casi familiar”], un enredo en el que los actores estuvieron más o menos bien para ser una representación en provincias, bastante mejor, en todo caso, que lo que el libreto podía dar de sí, que era muy poco... así las cosas, la noche quedó entre el gozo visual que suponía la figura de la joven actriz Cristina Peña, una delicia blanquísima; los excesos gestuales de Jorge Muñoz [era chulo ver cómo y cuándo el tipo sobrepasaba la naturalidad expresiva de la escena] y el magisterio de Jaime Blanch y Mª Luisa San José [la blandura de la obra no fue capaz de minimizar sus tablas]... y como hecho más sobresaliente, pues que una señora entrada en años se cayó dos veces durante la representación en un escalón no señalizado del anfiteatro del Teatro Cervantes bejarano, con el consiguiente estruendo [todo sin mayores consecuencias]. La lástima es echarle horas de gente con potencias importantes a una vaciedad como la de Sir A...
Bitácora de Luis Felipe Comendador