Me produce indignación la consideración que tiene del ciudadano el político de hoy, especialmente el político de derechas, una consideración cruel que le lleva a actuar como un pastor de ganado. Cada una de las reses [nosotros] está determinada por un pasado, por un presente y por un egoísmo [podría haberlo llamado futuro, pero cuadra mucho mejor el término “egoísmo”], y el político sintetiza y aúna corrientes de opinión que rocen [arañen] de una forma común al rebaño que pastorea. Así, trabaja con ideas simples [absolutamente contradictoras con el complejo armatoste que es la sociedad], con agresiones directas, con proposiciones maniqueas y con símbolos reconocibles y muy marcados [banderas comunes, himnos, lazos…]. Tal rol de simplezas, que por sí solas producen sonrisa lánguida, encierran una terrible realidad de perversión y mentira que es capaz de enfrentar a familias, amigos y compañeros de trabajo. A ello [a esta perversión] se une la poca o nula capacidad que viene siendo norma...
Bitácora de Luis Felipe Comendador